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domingo, 22 de enero de 2012

Héroes y villanos



Heroes and Villains - The Beach Boys

No, claro que los dueños de Megaupload no son héroes de Internet ni defensores de la cultura libre. Lo de Kim Dotcom, con su pinta de hijo repudiado de Kim Jong Ill, su colección de bólidos, su helicóptero privado y sus mansiones en Nueva Zelanda no era sino un proyecto de enriquecimiento que, de forma colateral, fomentaba la difusión de productos culturales. Iban a por la pasta aprovechándose de legislaciones absurdas e industrias caducas. Pero piensen un momento, si Kim Dotcom ganaba tanto dinero con Megaupload, y la industria del entretenimiento no ha sido capaz de crear sus propias plataformas para universalizar el acceso a sus producciones, con un precio justo -no sirven iTunes Store y similares- y ganando aún más dinero, habrá que pensar que dicha industria está regida por patanes... además de mafiosos.


Como Megaupload hasta mi padre lo manejaba con soltura pese a ser un recién llegado a Internet, en los medios se ha hablado muchísimo de su cierre y, claro, se ha dicho una estupidez tras otra. Se te revuelven las tripas cuando una vez más lees eso de 'descarga ilegal' cuando no existe tal cosa, ves a Canal Sur consultar sobre el cierre de Megaupload a expertos como el triunfito Manuel Carrasco, y claro, la criatura dice lo que le han enseñado. Muchos como él y bastante más talluditos repiten el mismo discurso inquisidor pese a que cada vez más artistas entienden que liderar las descargas les convierte también en líderes en ventas. En el otro bando se suceden las invitaciones a reclamar por los archivos legales subidos a Megaupload que han quedado bloqueados -yo tenía unos cuantos-, pero si has subido algo a la nube sin guardar copia es que eres un tarugo.

El FBI entró en Megaupload como elefante en cacharrería. La operación policial fue ridícula, pero también demostró que a la policía para actuar le bastan las leyes ordinarias, sin necesidad de que normas de excepción que como las norteamericanas SOPA y PIPA o nuestra Ley Sinde-Wert abran puertas a las tinieblas del recorte de la libertad y el control de lo que decimos, escribimos, vemos, escuchamos y hasta pensamos. Normas impuestas al dictado de los lobbies, los villanos de esta historia, que buscan quitar de en medio a la Justicia y saltarse la ley porque no les dan la razón. En los EEUU ocurrió que Obama también tenía su Clan de la ceja y Hollywood  pasaba factura por su apoyo a los demócratas, de ahí que a los republicanos se les llene la boca de poco creíbles defensas de la libertad en Internet- Ocurrió en España con un PP que abanderó la derogación del canon digital con que Rodríguez Zapatero contentaba a sus creadores de cabecera, y lo derogaron, sí, pero acto seguido decidieron asumir la Ley Sinde y sacarla adelante contra viento y marea.


La operación Megaupload fue una rabieta, una venganza torpe y fanfarrona ante el éxito del apagón con el que un día antes la comunidad de Internet protestó contra estos proyectos de Ley, pero al día siguiente de la redada la aprobación de la SOPA en el Senado estadounidense quedó aplazada sine die ¿De quién es la victoria entonces? Ahora, además, las fuerzas están más igualadas; Google, Facebook y hasta Wikipedia son  ya tan  poderosos como la industria del ocio. Google sirve para localizar archivos protegidos con derechos de autor ¿la cerrarán también? La Ley Sinde sanciona “que lo publicado pueda causar un daño patrimonial al sector industrial cultural”. Podrían perseguir este articulo y cerrar este blog.


El cierre de Megaupload ha desatado una carrera armamentística sin sentido. De poco sirve ver caídas por unas horas las webs del FBI o de la RIIA, de la SGAE o de Alejandro Sanz -en España nos la dieron con queso en Twitter con el supuesto ciberataque a una falsa página del Ministerio de Cultura, un absurdo fake-; en todo caso sirve para que Anonymous -esos cuya cúpula habían desarticulado, ¿recuerdan?- luzca su capacidad ofensiva. No, la guerra es contra Sindes y Sopas, no por Megaupload; no es por bajarse gratis la última de la saga 'Crepúsculo', sino por el derecho a compartir la cultura y liberarla de las garras de la industria. La tienen perdida quienes protegen intereses particulares a costa de derechos fundamentales. La industria cultural ha de sucumbir para que la cultura sobreviva.

La operación policial fue también inútil. El cierre de Napster, hace doce años, estimuló la aparición de cientos de nuevos servicios para compartir contenidos en la red.  El golpe a Megaupload será una raya en el agua. Hay docenas de servidores parecidos, se renovarán los programas P2P y el almacenamiento en la nube. El streaming ya supera a las descargas, pero hay una industria cultural que no ve más allá de su codicia: Esos artistas y discográficas que se retiran de Spotify porque sus márgenes no les reportan las ganancias millonarias a que están acostumbrados, esos editores que nos niegan el derecho a prestar un libro electrónico como hacemos con el de papel, o las disqueras que limitan el uso o inserción de vídeos de Youtube. No hace tanto tiempo que las discograficas pretendían cobrar a las televisiones por emitir los videoclips, que no eran sino herramientas promocionales de sus productos, anuncios ¿Se imaginan a Dixan cobrando a Telecinco por anunciar su detergente? De locos.

El título de este artículo es el de una canción de los Beach Boys, de su álbum 'Smile', una obra maestra de 1967 que su compañía se negó a publicar porque los músicos se pasaron de plazos -y de algunas otras sustancias- y que 43 años después se ha editado en una lujosa y carísima caja cuyos contenidos realmente imprescindibles, la música, todavía pueden descargarse desde Filesonic, Fileserve, eMule, o escucharse en Spotfy, Deezer, Last FM...


domingo, 6 de noviembre de 2011

Patentados

Grave revés para la ciencia, alarma entre la comunidad científica mundial, freno retrógrado al progreso... Había en la prensa una unanimidad tan sospechosa como en el linchamiento mediático a Papandreu. El toque a rebato era por la decisión del Tribunal de Justicia de la Unión Europea de que los tratamientos o las investigaciones científicas que empleen células madre embrionarias no podrán ser patentados.
Los medios recogían la inquietud de una supuesta comunidad científica internacional: La prohibición de patentar terapias surgidas de células madre desincentivará la investigación, dejará sin esperanza a los enfermos de parkinson o alzeimer y promoverá la fuga de investigadores europeos a Asia y América.


Veladamente las informaciones vinculaban la decisión judicial con las ideas reaccionarias de sectores ultracatólicos, que evidentemente han aplaudido la sentencia. Pero, ¡vaya!, la denuncia no partía de ninguna secta religiosa, sino de Greenpeace que, al contrario que los integristas, no se opone a la investigación con células madre, sino que pretende evitar que los resultados se privaticen y sus beneficios queden fuera del alcance de los países más pobres. Miren por donde no preocupaban los enfermos, preocupaban los mercados.


No comparto el fundamentalismo antitransgénicos de los grupos ecologistas –con la mejora genética de los alimentos, desde la iniciativa pública y con un estricto control pueden obtenerse victorias contra el hambre-, y reconozco que la explotación de patentes estimula la investigación y recompensa costosos trabajos científicos, siempre que se patente lo razonablemente patentable. Pero desconfío de las empresas privadas que mercadean con dichas patentes.


El intento de patentar células humanas es otra vuelta de tuerca en la aplicación de la propiedad intelectual a las especies, cerrando el cerco en torno a la nuestra. Como ocurrió con la creación cultural tras la irrupción de Internet, el concepto y las normas de propiedad intelectual se han quedado obsoletos ante los intentos de las multinacionales para patentar plantas, microorganismos, animales, procesos biológicos o segmentos genéticos humanos

Ríos de tinta han corrido respecto al agresivo monopolio alimentario de Monsanto, que deja a Microsoft y Apple como unos angelitos. Patenta semillas que las comunidades rurales llevan siglos cultivando y mejorando, venden las semillas, castradas para que produzcan plantas estériles –las famosas Terminator-, y compra las cosechas imponiendo precios y prohibiendo a los agricultores que comercien con el producto vegetal. Hace cinco años
Monsanto controlaba el 10% del mercado de semillas de soja; hoy tiene el 90%. Los piratas biológicos despliegan a sus bioprospectores por todo el planeta recogiendo saberes milenarios que patentan como si fueran hallazgos propios. No cuesta imaginar los mismos métodos aplicados al desarrolllo de la vida humana y al tratamiento de las enfermedades de quien pueda pagarlo. No, esto no es contra la ciencia, es contra el mercado. 

domingo, 26 de diciembre de 2010

La puerta de atrás

Esta Navidad hay que brindar por la debacle de la Ley Sinde, pero no porque se queden sin regular las descargas de material sujeto a derechos, ya que eso más pronto o más tarde deberá estar legislado, esperemos que mejor. Hay que celebrar que por ahora se evita que el cierre de medios de expresión pueda estar en manos de una agencia gubernamental, con la intervención de los jueces como mero trámite, pues eso equivale al restablecimiento de la censura. Pero sobre todo celebrar que al Gobierno le hayan dado en las narices con la misma puerta de atrás por la se está acostumbrando a legislar.

Vemos a menudo que las leyes de acompañamiento a los presupuestos son el coladero de todas las
medidas impopulares que afearían las cuentas oficiales; las disposiciones adicionales a las leyes permiten colar de rondón asuntos que nada tienen que ver con el cuerpo de lo que se legisla. Esta práctica, o el probable uso del decreto sin consenso previo para recortar las pensiones, dicen muy poco de la calidad democrática del gobierno de Rodríguez Zapatero, que a cada nuevo revés reacciona con más autoritarismo. Seguimos en estado de alarma, y todo el mundo lo atribuye a la crisis de los controladores, pero lo que no todos saben es que las medidas que modificaban la jornada de trabajo de dicho colectivo se aprobaron horas antes del plante camufladas como disposición adicional a un decreto ley de medidas liberalizadoras de la fiscalidad y para la creación de empleo. Si las incluyen en la Ley de Erradicación de la Tuna habría dado igual. De igual modo, se compensará a las compañías adjudicatarias de las autopistas de peaje de las pérdidas causadas por su mala gestión empresarial con 80 millones de euros de nuestros impuestos, y semejante regalo se incluye ¡en la Ley del Servicio Postal Universal!. Será que el cheque se les envía por correo.

La Ley Sinde es otro ejemplo. Al ir encajonada en la Ley de Economía Sostenible, pese al nombre del engendro, la ministra de Cultura se come el marrón pero el paladín es el titular de Industria Miguel Sebastián. Es el personaje más siniestro del Gobierno, conocido por sus manejos desde que colocó a su novio Maurici Lucena de director general del Centro de Desarrollo Tecnológico Industrial. Por los papeles de Wikileaks sabemos que, atendiendo a presiones de la embajada estadounidense, Sebastián convocó un concurso fuera de plazo a medida de la firma californiana Solar Reserve para construir una planta termosolar de 50 megavatios en La Mancha. Wikileaks reveló también que la Ley Sinde-Sebastián responde a los intereses de la industria audiovisual norteamericana y a las presiones de la Embajada. Por la puerta de atrás anda el Gobierno convirtiendo en leyes los intereses de las élites financieras y empresariales, incluso las extranjeras.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Delitos y faltas


Publicamos sin pestañear esa nota en la que la Policía Local se vanagloria de haber detenido este año año a 62 personas por delitos contra la propiedad intelectual e industrial e incautarse de casi sesenta mil productos falsificados: ropa, música o cremas faciales. Aceptamos que se valore el material en tres millones de euros y repetimos sin preguntar unas cuentas falseadas que traducen lucro cesante (no probado) en pérdidas para la industria legal: A 2,14 millones de euros asciende el quebranto económico para las empresas. Hace unos días también publicamos unas pérdidas de la industria musical a causa de la piratería falseadas del mismo modo. Pero los periodistas somos de letras, dicen, y con las cifras se nos engaña que da gusto.

Contabilidad aparte, jamás compartiré la jactancia de nuestras fuerzas de seguridad y los políticos a su mando respecto a operaciones en las que no trabajan al servicio de la sociedad sino de intereses empresariales, y que acaban en cacerías de sin papeles que se ganan la vida vendiendo en una acera copias de unos productos cuyas versiones legales llegan al mercado gracias a la explotación del trabajo inhumano de hombres, mujeres y niños en cualquier remoto lugar de Asia o África. Es simple; comprando la marca colaboramos a esa cadena de explotación; pagando por la copia ayudamos a sobrevivir a alguien que lo tiene realmente difícil. ¿Que detrás de estos últimos hay mafias? Seguro, pero son inofensivos raterillos comparados con las mafias que operan con amparo oficial. Se trata al fin y al cabo de un delito, me dirán. ¿Cuál? En el caso de aquel supuesto outlet que en Zacatín vendía ropa falsificada haciéndola pasar por legal, podríamos hablar de estafa, pero ¿hay delito cuando el comprador, víctima de la logolatría que nos afecta, sabe perfectamente que adquiere una copia y paga por ello conscientemente?



Si unos padres no saben evitar que sus hijos, por mimetismo o por no sentirse excluidos del grupo, sean insaciables devoradores de marcas, permitámosles que puedan contentar al crío a un precio asequible en el mercado paralelo. En la situación que están atravesando muchos inmigrantes en esta crisis, comprarles un falso Lacoste es más solidario que esos bolígrafos que anuncian infantas y futbolistas.

¿No será que estamos ante lo de siempre y los vendedores de las aceras son peligrosos porque son pobres? También se jactan policías y concejales de haber multado a no sé cuántas prostitutas callejeras. Es el orden de las cosas: Los jerseys de marca cosidos por niñas indonesias y las fulanas en burdeles de lujo bien esclavizadas e higienizadas al servicio de la gente de bien. Ir de putas no es lo mismo cuando lo hace un alcalde o un coronel como no es tan reprobable la pederastia si la ejercen un cura o Fernando Sánchez Dragó.



lunes, 16 de agosto de 2010

Que inventen ellos


En los EE.UU. se venden ya más libros electrónicos que de tapa dura, pero en España su implantación está fracasando. Y no se crean nada cuando les digan que la culpable de que nos quedemos al margen de esa revolución es la piratería -hoy más bien es la única alternativa-, ni tampoco un apego fetichista al papel. Confieso haber padecido síndrome de Diógenes cultural; podía montar con los ojos vendados una estantería 'Billy' para acumular más y más libros, discos y películas, pero con la música y el cine acabé por curarme. Guardo los viejos vinilos, cedés y deuvedés, pero han dejado de aumentar y desde hace unos años todo lo tengo en digital. Por eso mismo, y pese a que adore el tacto y el manejo de un libro, sé que ese fetichismo también tiene cura.

Sin embargo a los españoles una estúpida alianza entre el Gobierno y los libreros nos va a dejar al margen del salto al libro electrónico, que ha entrado en el Diccionario de la RAE pero no en el mundo real. Ponen en la calle un producto incómodo para el comprador, caro y con restricciones que estimulan a ir a un sitio pirata más que comprar el libro... La cosa se llama Libranda, el pretendido portal del libro electrónico en español y catalán. El engendro nació con una declaración de intenciones de su directora, Arantza Larrauri, que lo dice todo: “Evitar la piratería es el gran reto”, no la compatibilidad de formatos, no ofrecer un catálogo de obras amplio, no brindar precios competitivos frente al libro tradicional... Resultado: En Libranda no se venden libros, has de peregrinar trabajosamente desde el portal a las webs de los libreros y pasar por un farragoso registro; la oferta de títulos es ínfima; publica con un mecanismo anticopia, el DRM de Adobe, incompatible con los dos lectores líderes del mercado, el iPad de Apple y el Kindle de Amazon, y cuyo encriptamiento los piratas han hecho saltar al primer intento -¿gran reto o gran hazmerreir?-. Los precios son apenas más bajos que en el libro de tapa dura, y tributan el 18% de IVA, no el superreducido de los libros en papel.

¿Son tan estúpidos o lo hacen mal adrede? Es lo segundo, no les quepa duda. Han visto que se les acaba el chollo. En Amazon ya cualquier escritor puede autoeditarse sin intermediarios y se promociona mediante las redes sociales. Con el libro electrónico ya no sirve eso de que el autor se lleve un ínfimo 5 ó 10 por ciento. Nuestros editores, que, por algo será, no se han molestado en reclamar al gobierno la rebaja del IVA, plantean un boicot encubierto; buscan que la opción electrónica no pase de minoritaria y al cabo de unos meses dirán que lo han intentado pero los españoles somos unos piratas sin remedio. Los autores seguirán a dos velas y a los lectores no nos quedará otra que aprender idiomas o recurrir al mercado 'paralelo'.

domingo, 28 de marzo de 2010

La Ley y la trampa

La Audiencia Provincial de Castellón ha condenado a dos hombres a un año de prisión por sustraer un pollo vivo cada uno, lo que para el tribunal constituye un delito de robo con fuerza. En la misma jurisdicción Carlos Fabra emula a Vito Corleone con impunidad sin que un solo juez le hinque el diente. No se puede ir por el mundo robando a pecho descubierto. Los ladrones de pollos necesitan abogados que les enseñen que ocultando micrófonos entre las plumas de las aves pueden forzar una nulidad por escuchas irregulares; economistas que calculen cuantos pollos hay que robar para sumar los 375 euros de una escobilla de retrete de diseño, marca Lulú, rapiñada en este caso a las arcas públicas, y solicitar una proporcionalidad con la pena que recaerá sobre el ex ministro Jaume Matas por el presunto latrocinio.


Con la Ley amparando un derecho a la defensa distinto para según qué delitos, o promoviendo penas diferentes para la misma falta según si quien la comete es terrorista, político corrupto o ciudadano de a pie, era lógico que la delincuencia -la que puede pagarse buenos abogados, no los robapollos- se adaptara a ese trato desigual para salir de rositas. Y no es extraño que el ciudadano se pregunte si lo correcto no será delinquir. Cuando el Papa cita el "quien esté libre de pecado tire la primera piedra" a propósito de los curas pederastas, casi me avergüenzo de no haber violado todavía a un crío y escondo mi guijarro. Cabe también la desigualdad ideológica: Contra los proetarras se crea ex profeso una Ley de Partidos en cuyo enunciado se prohiben las organizaciones que justifican la xenofobia y la violencia, como las neofascistas, pero jueces que juraron lealtad a Franco apoyan a la Falange contra otro juez por investigar crímenes cometidos por franquistas y falangistas.



La ley y la trampa caminan juntas. Obama propone penar con cárcel la piratería y el Gobierno español, que legisla para conseguirlo, aplaude. Entonces va un hacker y desvela que del Ministerio Sinde se han bajado dos díscos y una serie de televisión sin pagar derechos; que desde Defensa se lo bajan todo: música, películas, videojuegos, números de serie para piratear programas y fotos de una modelo de Playboy. Y no adivinarían qué se han descargado ilegalmente desde la Moncloa: Un juego para teléfonos móviles para entrenar la capacidad cerebral. ¿Todos a la cárcel? Apuesten a que no.

El político, el cura o el magnate son ejemplos en los que se mira la sociedad... para hacer trampas y salir impunes. La Justicia acude a ese ejemplo. El Tribunal Supremo español rebajó en 23 años la sentencia de cárcel a un padre acusado de introducirle los dedos en la vagina a su hija de dos años argumentando "que la Historia informa de excelentes políticos autores de prácticas sexuales poco ortodoxas".

lunes, 7 de diciembre de 2009

Último artículo publicado en Granada Hoy

Top de mantas

Me aburre este Gobierno que se rectifica a sí mismo todos los días o en cuanto le sacan las uñas, sea el Rey de Marruecos, Rouco Varela, Promusicae o todita Internet. Sus dudas no me aflijen. Si en las escuelas cuelgan cruces o ristras de ajos, ambas sirven para espantar vampiros. Me da igual si es un juez, la Telefónica o el Santo Oficio quien me corta Internet por descargar archivos. De nada me sirve tanta forzada transparencia y tanta mesa de diálogo si el resultado va a ser el mismo. Ya no me escandaliza que interesadamente se confunda música con industria discográfica, que se diga cultura queriendo decir corporaciones, que se hable de creación cuando se trata de propiedad in
telectual. En este siglo no cabe defender otra que la cultura libre y ésta será necesariamente gratuita. No pierdo el tiempo con debates ya superados ni me bajo de la mula.

Es solo que llevo una semana sin poder aguantar las carcajadas. Y me remuerde reírme de esos artistazos que se plantaron ante el Ministerio de Industria pretendiendo que tenían hambre y necesitaban cariñitos y que, pobrecitos, tres días después fueron arrollados por el maremoto de la gente, la que ha obligado a Zapatero a dar marcha atrás y ha puesto a Gonzalez-Sindescargas a los pies de los caballos.




Qué penita daba oírles gimotear que la música –¡no el negocio, la mismísima música!- se muere. Pero leo la lista y no puedo... me da la risa: Alejandro Sanz, El Canto del Loco, Conchita, Antonio Carmona, Pereza, Chambao, Estopa, Enrique Bunbury, Ana Belén, Víctor Manuel, Camela, Coti, Rosario, Felipe Campuzano, Antón García Abril, Malú, Edurne, Aute, Pedro Guerra, Sidecars, Jaula de Grillos, David de María... ¡Menudo top de mantas! Repaso la lista y me dan ganas de descargar toda su música a ver si es cierto que desaparecen. Sólo echo de menos a Bosé y Sabina, lo mismo que echo de más a Kiko Veneno; tal como lo ha tratado la industria, definitivamente lo suyo es masoquismo.

Comencé a comprar discos a los doce años, cedés después. Con lo que me cobraron de más en tantos años, la arruinada Rosario hija de defraudadora a Hacienda- podría dar de comer a sus hambrientos churumbeles. Puestos a pedir ayudas, los usuarios de Emule deberían cobrar subvenciones por difundir obras musicales que sin ellos el mercado mantendría en el olvido.
Pienso como Tote King, uno de los buenos músicos que no se ha unido al circo: Nunca, en la vida, desde que la grabación de cassettes TDK forjó mi cultura musical, nunca, repito, se me ha antojado un disco de Camela, Loquillo, Antonio Carmona, Chenoa, Alejandro Sanz o quien demonios sea la tal Conchita. Porque son malos con avaricia, unos mantas sin talento, productos prefabricados sin gracia, comida rápida indigesta o viejas glorias sin pasado glorioso, y no venden discos porque tampoco nadie les piratea ni quiere compartir su música en su ordenador; ni verlos sobre un escenario, ¿Quién va a pagar por entrar a un concierto de la tal Merche o la cual Virginia? Ahora que acuden a pasar factura a Zapatero por tanto dedo en la ceja en las campañas electorales, para su desgracia los socialistas se dan cuenta de que el voto del artista vale lo mismo que el del usuario de Internet, y los segundos somos muchos más.

En las fotos de la protesta estos currantes de la música nos desafiaban en una pancarta: "Internet libre para todos. Queremos entrar en tu cuenta bancaria". Qué aguda ironía. Yo también quiero entrar en las cuentas de Alejandro Sanz, las de aquí y las que tiene en paraísos fiscales, mucho más jugosas sin duda.

lunes, 22 de junio de 2009

Último artículo publicado en Granada Hoy


Postales desde Persépolis

Ying Liang, el joven cineasta chino que dirigió Good cats, film injustamente excluido del palmarés de Cines del Sur, nos describió los mecanismos censores con que el Gobierno chino impide a cualquier obra sospechosa acceder a los canales de distribución masivos. Tras el advenimiento del capitalismo a China, un órgano censor fundado por Mao en 1949 se coordina con las leyes de un salvaje mercado libre para impedir que cine, música o literatura creados desde la independencia puedan llegar a la generalidad de la población.

Ying, cuya película costó sólo diez mil euros y a quien nadie subvenciona, no es como los cineastas mendicantes de este reino, incapaces de estrenar la mitad de la basura subvencionada que producen. Por el contrario este joven creador chino reclama su derecho a vender deuvedés casa por casa, a colgar su obra en Internet, a recurrir a la piratería con tal de dar a conocer su trabajo.

En Irán los periodistas extranjeros ya no pueden informar sobre la revuelta contra el supuesto fraude en las elecciones. Pero la milenaria Persépolis se ha puesto manos a la obra para informar al mundo y romper el muro de silencio del régimen teocrático, y gracias a los mensajes en Twitter, los vídeos en Youtube y las fotos en Flickr sabemos de esa revolución verde –con todas mis reservas hacia las revoluciones de colorines que suelen tener a la CIA detrás- con la que buscan salir del pozo del jomeinismo. Entre quienes informan desde Teherán hay fotógrafos profesionales que, renunciando a ganancias, publican en la Red bajo una licencia Creative Commons que permite la reproducción citando la fuente. Es cierto que tal como está el panorama laboral en las empresas de comunicación, éstas se ahorran un pico en sueldos de fotógrafos y periodistas obteniendo gratis la información de Internet; y que la ausencia de un control de calidad banaliza y resta credibilidad a esa información. Pero también se demuestra lo importante que es la libertad en la web para tener una sociedad libre. Gracias a esa libertad –siempre más importante que los puestos de trabajo-, hoy conocemos lo que ocurre en Irán, pero cualquier día nos puede tocar a nosotros.



Hay que impedir que los gobiernos controlen la información que fluye por Internet, y con el
actual desarrollo tecnológico me resulta incomprensible que –salvo que existan acuerdos tácitos entre proveedores, buscadores y gobiernos- en China o Cuba pueda existir una Internet censurada sin que haya forma de burlarlo. En España un lobby antipiratería, que para dar penita se ha bautizado como Coalición de Industrias en Declive, pretende hacer de nuestro país una China donde se pueda cerrar una página web por decisión de un órgano superior. Y si queremos vivir en un país libre no podemos permitir que eso ocurra.

lunes, 4 de mayo de 2009

Último artículo publicado en Granada Hoy


Virus

Albert Camus en La peste observaba escéptico la euforia de los habitantes de la ciudad de Orán que, ignorando la naturaleza del mal que creían vencido, se veían para siempre libres de la plaga. Hoy no podemos desconocer lo que sucede más allá de las murallas; las enfermedades que se ceban en los humanos no se distinguen de los virus que atacan a los sistemas informáticos y son siempre pandémicas en un mundo cuya metáfora es el centro comercial, donde es imposible perderse pues siempre estará Burger King, Decathlon o Swarosky, aunque de puertas afuera esté Seul, Caracas o Granada.

Es ésta una sociedad viral, un mundo contagioso; y todavía hay estúpidos que piensan que restringiendo vuelos o cerrando fronteras se controlan plagas tan universales como una camiseta del Real Madrid. Lo pide Sarkozy, pero también los solidarios Castro y Correa quieren poner a México en cuarentena, para que se mueran de gripe ellos solitos sin contagiar al resto. La epidemia de Gripe A que en 1918 se llevó por delante a cincuenta millones de personas se bautizó española no porque atacara con mayor virulencia a la Península Ibérica, sino porque la neutralidad de España en la Gran Guerra facilitó que aquí se pudiera informar con relativa libertad de los efectos y cifras de aquella pandemia mientras las potencias en conflicto censuraban cualquier información de efecto desmoralizador. Hoy ese silencio impuesto es impensable. Hierven las redes sociales y los foros, expertos y legos discuten -a veces con idéntica frivolidad- en debates mundiales si las mascarillas sirven para algo, si se dará rápidamente con una vacuna o qué laboratorios se enriquecerán con la supuesta plaga. Información y desinformación corren tan libres como el virus; ¿cuál es más rápido? Parece obvio que los periódicos tienen la batalla perdida, pero también los comunicados oficiales de los ministerios de Sanidad. Twitter y los sms son las sirenas antiaéreas de mañana mismo.

¿Quiénes caerán como chinches? Esperen a que la pandemia llegue a África. Quienes se quedan fuera del mundo interconectado están al alcance de las plagas globales, pero no de las soluciones globales. Habrá vacuna, pero para ellos será cara. A los más pobres les matan los virus, pero también los derechos de autor científicos, las patentes farmacéuticas. Hay que piratear, convertir el antídoto en software libre, robar las fórmulas y colgarlas en Internet para que cualquiera pueda reproducirlas. Sólo si derribamos las barreras del conocimiento y lo distribuimos libremente, las nuevas redes serán armas revolucionarias. Cuando la información sea un suministrador de anticuerpos a los males comunes la propia sociedad tendrá en sus manos todas las curas; de lo contrario seguiremos corriendo el riesgo de que –Camus dixit- “un día la peste, para desgracia y enseñanza de los hombres, despierte a sus ratas y las mande a morir en una ciudad dichosa”.

domingo, 26 de abril de 2009

Último artículo publicado en Granada Hoy*

Ramoncín o Veneno

He buscado en las principales tiendas on-lineDisco-Web, FNAC, iTunes Store- los discos de José Ignacio Lapido: Sólo están disponibles dos o tres de sus trabajos como solista y ni uno sólo de 091. Leo el artículo La hoguera publicado por José Ignacio el jueves pasado, en el que critica la reacción ante el nombramiento de Ángeles González-Sinde como ministra de Cultura y defiende el actual sistema de gestión de derechos de autor frente a las descargas de Internet, y me pregunto: ¿Prefiere Lapido que todos esos chavales que te miran como a un marciano si les hablas de comprar un disco se queden sin conocer la mayor parte de su música porque se les prohíba descargar toda aquella que a la industria no interesa mantener en circulación? Yo que tengo –muy gastados por el uso- todos los discos de vinilo de 091 y los cedés de Lapido ¿Debo volver a pagar los derechos de autor –y a toda la caterva de intermediarios que parasitan la música- por bajarme esa misma discografía o por transformarla en mp3 para mi iPod?

Entendería a Lapido si fuera Bisbal, La Oreja de Van Gogh, o cualquiera de esos músicos a los que todo el lobby de discográficas, emisoras, distribución y gestión de derechos promociona en régimen de cuasimonopolio. La música de Lapido, como la de la mayoría de las bandas que van a ver 120.000 personas en Benicassim, no suena en las radios, sus lanzamientos no se programan desde el grupo Prisa. Sin MySpace, sin los blogs musicales, sin las descargas que crean públicos libres que no compran en el economato de los lobbies, y que seleccionan según sus criterios, los amigos o las redes sociales y después van a los conciertos, ya no existiría. Si no me las bajo no puedo ver Man on Wire, Déjame entrar, Control o La buena vida, las mejores películas de la cartelera española y que los exhibidores no traen a Andalucía. Si quiero comprar anticipadamente entradas para un concierto de Lapido casi con seguridad deberé pasar por el aro de Ticketmaster, monopolio de facto de la venta de entradas, que casualmente se ha fusionado con Live Nation, que controla la organización de conciertos. Internet es lo que nos salva por ahora de que nos impongan unos pocos discos o películas objetivo como único plato de lentejas. Frente a esto no estamos cuatro frikis fundamentalistas digitales sino una sociedad que quiere acceder a la Cultura con poder de decisión. No es una demanda frívola para poder bajarnos música gratis, es una guerra económica en la que unos se juegan dividendos y otros libertades. Y en esta guerra no están autores contra piratas: Gracias a la Red, primer medio de comunicación auténticamente bidireccional de la Historia, todos somos autores y podemos generar contenidos.

No es una cuestión de titiriteros ni paniaguados; la ultraderecha usa este debate con fines muy diferentes a los defensores de internet. La clase política se alinea con todo lo que sean mecanismos de control porque tiene pavor al maravilloso caos que representan millones de opiniones que se expresan y organizan libremente. Esa bidireccionalidad asusta. No es por sus opiniones -estaría bueno- por lo que tantos consideramos peligrosa la presencia de González-Sinde en Cultura. Es que su nombramiento cae en buena parte de las incompatibilidades recogidas en la Ley 5/2006 de regulación de los conflictos de intereses de los miembros del Gobierno y los Altos Cargos.


No hay ministros ni leyes que paren la evolución. Las descargas sustituyen a los discos de manera natural e inevitable. Los creadores no pintan nada defendiendo un modelo de gestión de la propiedad intelectual, el establecido en el Convenio de Berna, que no protege la Cultura, sino el negocio de los vendedores de copias, un negocio que está muerto, se pongan como se pongan, pues copias podemos hacerlas todos. Los que os consideráis creadores deberíais ver en Internet a vuestro aliado, no vuestro enemigo: Os brinda la autopromoción, MySpace, el copyleft - un modelo de derechos de autor que elimina las restricciones de modificación y distribución de copias- o las licencias de Creative Commons, que garantizan la libertad de cita y reproducción con restricciones como no permitir el uso comercial o respetar la autoría original.

Los artistas, José Ignacio, podéis estar en el bando de Ramoncín, como perros de presa de la SGAE; o en el de Kiko Veneno, que rompió con su discográfica publicando el Manifiesto Liberación, que denunció los abusos de la heredera de Rafael Alberti cuando frustró un festival de homenaje al poeta exigiendo una millonada por el uso de sus versos, y que defiende el copyleft desde la Plataforma de Autoeditores (PAE). Ramoncín o Veneno, no hay color.

*Lo publicado este lunes en el periódico era algo más corto. No tengo más remedio que quedarme por debajo de los 2.900 caracteres en las columnas.

martes, 7 de abril de 2009

González-Sinde, una enemiga de Internet en Cultura

Ministra, Pírate!


Me las prometía muy felices esta mañana. De que la Eternidad no existe daba una muestra más el fin de un eterno. Chaves se va a Madrid -ZP le da el puesto de la ministra ante la que se dejó colar un zurullo en lugar de la cacareada y cansina deuda histórica, y de paso pone freno a su empeño de sucederse a sí mismo con el viejo truco de la patada hacia arriba-; además Chaves se lleva con él a Gaspar Zarrías, el malvado visir Iznogud de Andalucía y quien durante todos estos años ha convertido a Canal Sur en el principal sostén propagandístico del Régimen. Con la comparecencia del presidente para explicar la crisis de Gobierno, pese a lo del hermanísimo Gabilondo y lo de Trini la pija, llegan más alegrías: ZP echa al Maligno; el nefasto, fatuo, pedante y soberbio César Antonio Molina, quien se convirtió en ariete de las entidades gestoras de derechos de propiedad intelectual, quien había puesto la Policía y los bienes públicos al servicio de los intereses privados de la SGAE y otros infames, -por no hablar de su fomento del amiguismo, el enchufe y los estómagos agradecidos- hacía caso a lo que se ha convertido en consigna entre internautas y defensores del conocimiento libre: ¡Molina, Pirate!.

Pero la alegría duró sólo unos segundos. La realidad se tornó espantosa: ZP echa a Molina por blando, y coloca al frente del Ministerio de Cultura a una directora de cine con pinta de mosquita muerta, miembro destacado de los artistas de la ceja, la directora de la Academia Ángeles González-Sinde, que se ha caracterizado hasta ahora por sus declaraciones apocalípticas en defensa del Canon Digital y la implantación de duras cortapisas a las descargas en Internet. La ministra de Cultura en España ha llegado a defender que no era necesario ofrecer conexiones a Internet con mayores velocidades, ya que solo aumentaba el consumo de contenidos piratas; ha defendido que se deje de innovar en tecnología con tal de defender el chollo de las entidaes gestoras. Internet ya está que trina con el nombramiento y no es para menos, conociendo la agenda de Zapatero respecto a Internet, sus deudas con los artistas de la ceja, los precedentes sueco y francés y la próxima presidencia de la UE.

El enemigo puede cambiar de nombre y de sexo, pero es igual o peor. Desde ya: ¡González-Sinde, Pírate!.

lunes, 6 de abril de 2009

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El pirata Obama

Rupert Murdoch
, el magnate dueño de News Corporation, se pregunta: "¿Deberíamos permitir a Google y Yahoo que roben todo nuestro copyright? La gente está leyendo las noticias gratis y eso tiene que cambiar”. La espesura mental de Murdoch y su incapacidad para entender en qué mundo vive, se contagian, y de ese calibre son los argumentos que se emplean para cercenar el acceso al conocimiento libre. Financiado por la Motion Pic
ture Association of America -es decir, seis grandes estudios de Hollywood-, el informe llamado Piratería de películas, crimen organizado y terrorismo proclama que “la piratería de DVDs es un negocio usado por grupos terroristas y bandas del crimen organizado para financiarse”. Genial.

La Asamblea francesa ha aprobado la Ley Antipiratería, para frenar las descargas ilegales de la Red de películas y canciones -incluidas las de Carla Bruni-. Es un sistema de tres avisos al pirata que llega hasta la supresión temporal de su conexión a Internet. En España es inminente el acuerdo auspiciado por el nefasto César Antonio Molina entre la SGAE y las demás gestoras privadas de derechos y las operadoras Telefónica, Vodafone, Orange y Ono. El movimiento de resistencia en la Red ya informa sobre cómo darse de baja de dichas compañías, a las que les puede salir cara la broma; en Francia las operadoras se quejan de que el usuario sancionado sin red no deberá pagar su conexión durante ese tiempo y, claro, es un dinerito... En Suecia la prohibición de las redes P2P hace una semana ha producido un efecto devastador en el uso de Internet, que ha caído un 33%. Pero además de fomentar la desalfabetización digital, Estados y compañías privadas pasarán la factura al contribuyente. En Francia el encargado de dar los tres avisos será un nuevo cuerpo de burócratas... En España las operadoras ya han avisado de que controlar las descargas P2P costará 100 millones de euros al año. Una de ellas, la gallega R, entiende que los operadores no deben ser vigilantes de sus clientes y anuncia que no entrará en el juego. Que cunda el ejemplo.


Molina pírate! from MOLINA PÍRATE! on Vimeo.

Las leyes son absurdas cuando se demuestra que son imposibles de cumplir. Y en el caso de las leyes que cercenan el conocimiento libre en nombre del copyright, se dan casos cómicos: A su llegada al Reino Unido el presidente Barack Obama regaló al primer ministro Gordon Brown un estuche con 25 películas clásicas en DVD... codificadas para la Región 1; para verlas en el reproductor de su casa, Brown deberá romper la protección geográfica, es decir, vulnerar la Ley. Peor lo tiene Isabel II, pues Obama ha convertido a Su Graciosa Majestad y a sí mismo en delincuentes al regalarle un iPod cargado con música y vídeo, contenidos que según las leyes de propiedad intelectual no son poseídos sino licenciados, y el comprador no tiene derecho a venderlos o regalarlos.