lunes, 30 de noviembre de 2009

Isla Cristina mete a sus yonquis en el cementerio


La mierda bajo la alfombra

A pocos días de los Difuntos nos llevaba mi abuelo al pinar de Isla Cristina, junto al cementerio, donde en la Edad Oscura estuvo el campamento de la OJE y después un inmenso camping, un pinar que el ladrillo y la ambición cateta dejó reducido a la mínima expresión. Íbamos en busca de piñas piñoneras cuyos piñones tostaba mi abuelo en un gran perol. Era costumbre que para principios de noviembre se reuniera el pueblo en aquel pinar para comer castañas, nueces y piñones. Cuando hacía calor me encantaba mojar los pies en la playita minúscula, como una playa de juguete de una arena blanquísima, que daba a la ría, justo detrás del pinar, que en el pueblo se conoció siempre -supongo que desde aquella posguerra de enfermedades, suciedad y hambruna- como el Matapiojos.

El nombre debió marcar el destino del lugar. Años después la heroína fue devorando por igual inteligencia y mediocridades, reduciendolo todo a un cenagal de antiguos amigos destruídos, miradas perdidas, ¿tienes veinte duritos que dejarme?, temporadas en el talego, el parabrisas roto y el cassette birlado, siniestras comunidades donde cambiaban la jeringuilla por el mercadeo cristiano y al hablar pastoso del yonqui se le unía la jerga del iluminado, y un fatalismo en el que el pueblo entero ha terminado por sentirse cómodo. Fue una plaga que marcó para siempre a un pueblo que hoy se comporta como un lobotomizado, encantado de sí mismo en su estupidez bobalicona: analfabetismo funcional, explosiones de violencia irracional, degradación ética, vandalismo, mafia, ostentación hortera del dinero sucio, destrucción sistemática de paisajes y formas de vida, fracaso en todos los ámbitos y, por supuesto, toda clase de adicciones, las de siempre y las nuevas que vayan llegando. No me sorprende enterarme, por la noticia que paso a comentar, de que el ayuntamiento tiene un concejal de Familia y Adicciones; quien lo haya ideado debe padecer un empacho de manuales de autoayuda con catequesis, pero no deja de tener una siniestra lógica.

Vuelvo al pinar, pues tras los tiempos más duros de la heroína aquél acabó por convertirse en el refugio de los muertos vivientes, un asentamiento de chabolas habitadas por yonquis, enfermos de Sida muchos de ellos, donde fueron a parar los desahuciados entre los desahuciados y donde casi hasta la fecha sobrevivió un cierto mercadeo de caballo y otras sustancias; algo muy residual, zombies alimentando a zombies, el verdadero negocio está en otras zonas y pasea en Audis y hasta Lamborghinis por barrios de VPO.

Allí se quedaron, docena y media de chabolas en un paraje todavía precioso, invisibles para quienes no querían mirar, que eran casi todos, incluídas las sucesivas corporaciones. municipales La que ahora gobierna, socialista para más señas, la del concejal de Adicciones ¡¡que se apellida Raya!!, ha decidido intervenir. Hace algo más de una semana las grúas y excavadoras tomaron la zona y derribaron todas las chabolas. Según relatan los periódicos de la provincia meses antes se había estado construyendo una tapia de cuatro metros a espaldas del cementerio. lo que muchos tomaron como la anunciada ampliación de éste no era tal, sino una especie de patio anejo, donde se han instalado unas casetas de obra, módulos prefabricados a los que se ha trasladado a los yonquis que habitaban las chabolas, un recinto convenientemente amurallado para alejarlo de las miradas, y que a la par de conseguir que el pueblo y sus visitantes no vean sus propias miserias, acerca un poco más a sus desdichados inquilinos al cementerio, literalmente. Protestaron algunos vecinos de urbanizaciones cercanas y responsables de un hotel, pero lo que les molestaba era que, al fin y al cabo, sus antiestéticos vecinos se quedaban en los alrededores. Todo se desarrolló "con normalidad dentro de lo posible" dijo el concejal Raya; después se aprobó una moción para instar a las consejerías de Salud e Igualdad y Bienestar Social de la Junta de Andalucía a que se hagan cargo de los zombies y si se dejan y no muerden los metan en algun centro donde se les vea aún menos; a otros con el (los) muerto (muertos o casi), y la alcaldesa, a inaugurar azulejos, que es lo suyo.



Yo me podría ahora hacer el ignorante, pretender no haber leído las noticias, simular que no sé qué se esconde tras la nueva tapia del cementerio, volver a pasear encantado por el Matapiojos de mi infancia, pensando en mi abuelo Federico y en piñones, creyendo que las autoridades han recuperado el bosque de pinos en nombre del medio ambiente, ignorar incluso lo que acertadamente planteaba un comentario en la web de Huelva Información a una de las informaciones aparecida sobre el tema: "Si pretenden instalar casas prefabricadas en un anexo al cementerio, es probable que estén dentro de la llamada zona de protección del Dominio Público Marítimo Terrestre (de anchura 100 metros a partir de la ria), por lo que incumplirian la vigente Ley de Costas. Por tanto, seria denunciable ante Dirección General de Costas". Si otros toman ejemplo pronto dejarán de verse los asentamientos en Lepe y Palos en los que pasan hambre -literalmente- casi doscientos inmigrantes africanos que no logran trabajo en la fresa porque ahora los españoles lo necesitan. Un muro, unas casetas de obras, y nadie hará preguntas. Por ignorancia o por cortesía nadie levanta la alfombra para descubrir la mierda escondida debajo.

Fotografías de Huelva Información

Último artículo publicado en Granada Hoy



Beautiful people

No se pierdan Celda 211, la película de Daniel Monzón. Este drama carcelario violento y duro tiene un dinamismo, una acción y una credibilidad inéditos en el cine de aquí –si triunfa y es elogiada señalando que “no parece española”, alguien debería tomar nota-, pero sorprende también por su ausencia de maniqueísmo, el empleo de los puntos de vista y porque aborda sin complejos un silenciadísimo tabú: los privilegios de esos intocables de las cárceles que son los presos de ETA.



En Celda 211 a los funcionarios de Interior y al mismísimo ministro se les abren las carnes al saber que los presos amotinados tienen como rehenes a los reclusos etarras. Que nadie les toque un pelo se convierte en principal prioridad por encima de la seguridad y las vidas de los demás implicados, funcionarios e internos, y éstos aprovechan en su favor el miedo del Gobierno a que a los terroristas vascos les pueda ocurrir algo.

Nada que no sepan todos en las prisiones. Los llamados presos vascos son la beautiful people de las cárceles y aún así la trasnochada política de dispersión fomenta su victimismo, la mejor arma propagandística de ETA. Cuando en la prisión de Granada, construida para poco más de mil reclusos, se sobrepasaron los 1.900 internos se nos dijo que a dos presos por celda aún sobraba sitio. Los etarras disfrutan de mazmorra individual; no hay masificación para ellos. A los gudaris no les falta la suscripción a Gara, se les permite tener ordenador, en algunos casos han disfrutado de menús especiales y si a los demás se les construye unas pistas de squash para quemar adrenalina, a los chicos vascos se les paga un frontón con dinero público para que mantengan las esencias jugando a la pelota; ocurrió en la cárcel de Huelva.

Respecto a ETA, como con cualquier tema en el que la alarma social se mida en votos, se hace política de gestos. La ridícula campaña de retirar las fotos de etarras de las herriko no resistió el primer filtro judicial -si yo puedo tener en mi bar fotos de Charles Manson o de Bokassa, ¿por qué no una de De Juana?-, pero fue jaleada por valiente. Ningún gobierno insular ha subvencionado a las familias de cientos de presos canarios que están en la Península para que les visiten como sí hicieron los gobiernos del PNV con la parentela de los etarras. ¿No sería lógico que en lo posible todos estén cerca de sus casas eliminando tanto los tratos de favor como las discriminaciones? Pero no, si se devuelven los presos a Euskadi y alrededores se considerará una cesión inadmisible y la tendremos liada. Un asesino es un asesino, sea terrorista, maltratador o delincuente común y merece la misma pena. Tan injustos son los privilegios de unos presos respecto a otros como el diferente trato penal, pero no intenten razonar contra lo que se decide de cara a la galería.


martes, 24 de noviembre de 2009

Último artículo publicado en Granada Hoy


Cabildeo

Según el organismo independiente Public Campaign 400 legisladores estadounidenses han recibido en los últimos cinco años cerca de once millones de dólares de mecenas partidarios del embargo económico a la isla de Cuba. El bloqueo es, por tanto, una decisión económica y no ideológica. El último candidato republicano a la presidencia, John McCain, fue uno de los beneficiados. Sólo en Bruselas quince mil personas trabaj
an para grupos de presión empresariales o ideológicos con el objetivo de orientar el voto de los europarlamentarios en asuntos que afectan a los intereses a los que dichos lobbies representan. En sólo un año 2.100 grupos de interés se han inscrito en un registro abierto por la Comisión Europea en nombre de la transparencia. El registro es voluntario, luego, un pálido reflejo del entramado.

En cuanto un gobierno anuncia que quiere regular un sector, se ponen en marcha los grupos de presión de dicho sector. Pocos ciudadanos que no estén en política –y que siguen llamando democracia al sistema que les gobierna- conocen esta realidad porque, aunque desde los lobbies se hable siempre de transparencia, sus actividades no tienen regulación ni publicidad, son socialmente invisibles y todo lo que les rodea despide olor a corrupción.

En Estados Unidos la compraventa de voluntades se entremezcla públicamente con la política. Los medios informan con naturalidad de quién se reúne con quién y para qué. Aquí aprendemos rápido a asumir como normal lo que en español atinadamente se llama cabildeo. Leo en diarios económicos quejas porque España emplea poco el cabildeo en sus negociaciones con otros socios comunitarios.
Penalmente sólo están tipificadas conductas extremas como las amenazas, los sobornos o el tráfico de influencias. Pero hay un inmenso territorio sin delimitar en el que todo vale, un espacio en que la democracia representativa se diluye en democracia corporativa, controlada por personas a quienes nadie elige y cuyo programa de gobierno es totalmente opaco.


Según escribe Joaquín Vidal “Los lobbies españoles no son sino la actualización de una forma caciquil de poder que consistía en tener contactos y hacer pasillos, algo tan ibérico”. El cabildeo se enquista allí donde una regulación puede dar pie a un suculento negocio. Por algo nuestro diccionario tenía preparada una alternativa al barbarismo. Lo desolador es que estas prácticas que podrían parecer ligadas a los programas ultraliberales y al capitalismo sin doma, se consideran ahora correctas y útiles por sectores progresistas, y así aparecen lobbies gays, feministas o ecologistas del mismo modo que Hazte Oír o el Foro de la Familia son poderosos lobbies ligados a la extrema derecha y la Iglesia Católica o que el más antiguo e influyente de los lobbies es el Opus Dei. Algunos siguen llamándolo democracia.

lunes, 16 de noviembre de 2009

El Nukeometer, estadística para paranoicos


El misil que me apunta

Por si no era suficiente con tener en las carteleras un nuevo fin del mundo made in Roland Emmerich; por si no dieran bastante miedo las potencias más contaminantes que, para no contradecir a Emerich, frenan cualquier acuerdo sobre el clima y se limitarán a hartarse de arenques en Copenhague; por si no acojonaba bastante vivir justo encima de la falla sísmica más activa del Mediterráneo, sometido a la interacción de las microplacas de Alborán e Ibérica con la placa Africana, por si no había material con qué alimentar la paranoia, el bloguero británico Adam Charnock nos ofrece un sencillo instrumento para medir la vulnerabilidad del lugar en que habitamos a un ataque nuclear a gran escala: El Nukeometer.

Introduciendo el pueblo o la ciudad en que nos encontramos y el país al que pertenece sabremos en décimas de segundo al alcance de cuántas cabezas nucleares nos encontramos; de qué potencias atómicas proviene la amenaza e incluso si los megatones que nos desintegrarán provienen de misiles de largo alcance o de cercanías, si caerán de los bombarderos que nos sobrevuelan o emergerán de submarinos nucleares.



Qué alivio saber que sólo estoy al alcance de 6.645 cabezas nucleares, sólo puedo morir 6.645 veces por deflagrafión o radiación. Qué suerte conocer la procedencia de las bombas atómicas que en cualquier instante me pueden caer encima o la identidad del mandatario que apretará el botón. Hay 1.264 posibilidades de que sea Barack Obama, 4.568 de que se apellide Mendevev; no creo que le dé tiermpo a Gordon Brown a lanzar sus 192 bombas -aunque tal vez se plantee que para lo que le queda en el convento...- Sarkozy puede dispararme 300 veces mientras escucho los discos de su señora, el chino Hu Jintao, en cambio, sólo tiene 121 misiles con los que poder alcanzarme, mientras Benjamin Netanyahu puede machacarme con sus 200 bombas kosher, eso sí, nunca en Sabbath.

Y no crean que estoy en tantos puntos de mira porque viva en la vieja Europa, siempre tan a tiro. Busco en el Nukeometer la ciudad más remota que se me ocurre, Hottentotspunt, en la árida Costa de los Esqueletos, en Namibia, y resulta estar al alcance de 2.892 armas nucleares. Ushuaia, en el extremo Sur de la Patagonia, puede ser destruida por 3.535 bombas estadounidenses, rusas y británicas -será por si les vuelve a dar por recuperar las Malvinas-. Compruebo que a Isla Cristina, además de las olas que la arrasarán cuando suba el nivel del mar, le pueden caer encima 6.645 bombas... No nos libramos por mucho que nos escondamos.

El Nukeometer es en realidad un hallazgo de The Guardian, que lo presentó en su nada tranquilizador informe
The world in active nuclear weapons. Para disfrutar del apocalipsis cómodamente en su ordenador.

Último artículo publicado en Granada Hoy



Enajenación

En Valencia se precisan psiquiatras. Cuentan que su presidente no está bien, que anda acusando a la oposición de querer darle el paseo nocturno. La mirada piadosa de Francisco Camps ya no apunta hacia donde habitan los ángeles, su sonrisa bobalicona de talla de San Antonio se volvió rictus, ese que comparte con Rodríguez Zapatero y que expresa en mitad de la tempestad que aquí no pasa nada. Cuentan que la tensión le pasa factura, que sufre crisis de ansiedad, que se refugia en su familia y en su director espiritual.

La mente humana, ni siquiera la de los místicos como Camps, no está preparada para tanta contradicción. Cada domingo ante la Virgen de los Desamparados el president se queda sin respuestas, nunca antes se había planteado que su fe chocara con la rapacería, tantos años creyendo observar los mandamientos para darse cuenta de que se ha estado pasando por el forro del traje el séptimo, el octavo y el décimo. Pero tampoco hallo raciocinio en la fidelidad ciega de los valencianos hacia alguien como Camps; yo desconfiaría siempre de su beatería, llevo muy mal esa empalagosa cursilería o ese amaneramiento blando de curita que me hacía evitar toda cercanía física al profesor de religión, no me fío de un heterosexual casado defensor de la familia tradicional con tantísima pluma. Por eso dudo si la de Camps, de existir, no será una locura contagiosa.

No parecía Camps un orate, sino un canalla, cuando se lanzaba a destrozar la reputación del sastre José Tomás, no era un majadero sino un cacique cuando ordenaba destruir los repetidores de TV3 en territorio valenciano. Si fue locura y no chulería el intento de impartir ciudadanía en ingles, docenas de políticos, maestros y pedagogos le siguieron la corriente ¿Cómo están de la cabeza los diputados del PP valenciano que aplaudieron a rabiar la intervención en que su jefe se veía asesinado en una cuneta? Si locura es perder el contacto con la realidad ¿qué ocurre en una Comunidad cuyo inexistente idioma oficial, el valenciano, es una invención política, pero tiene académicos de la lengua? ¿Fue tronado Mariano Rajoy a la plaza de toros de Valencia para celebrar con Camps la sentencia del juez que era más que amigo mientras todos sabíamos que no cegaba ni mucho menos la ciénaga de Gürtel?



Tal vez como a la pobre Ingrid Bergman de Luz que agoniza haya quienes estén llevando a la locura a la gente. No cuesta reconocer al malvado Charles Boyer en ese magma mediático de la ultraderecha -Intereconomía, La Razón, Es Radio, Periodista Digital, La Gaceta, El Mundo...- que arrastra a miles de incondicionales a un delirio en el que ven conspiraciones y repiten hipnotizados las consignas. Habría que preguntarse por la cordura de un electorado –dicen que de los dos millones no baja- que vota a una Comunidad endeudada y ruinosa, a las regatas y la Fórmula Uno, a líderes sacados de El PadrinoFabra- o de Ocean’s 11 Costa-, a los regalos y los amiguitos del alma, a la devastación de la Sanidad y la Educación públicas.

lunes, 9 de noviembre de 2009

20 años, 20 muros


¿Qué andan contando de la caída de un muro?

Menudo circo están siendo las celebraciones de los 20 años del derrumbe de la RDA, la fuga de los alemanes del Este y el posterior derribo del Muro de Berlín. Estamos ante otro de esos insoportables consensos globales con sus espejismos de concordia y buenrollismo universal. Miles de periodistas, centenares de cámaras, innumerables testigos dispuestos a vanagloriarse de haber sido parte de un momento irrepetible, de sentirse historia contemporánea.



No voy a negar que el final de un sistema que convirtió a los ciudadanos en prisioneros fue una gran noticia, ni discutir la épica de tantas escapadas al otro lado -con final feliz o trágico- como se documentan en el fascinante Mauermuseum de Friedrichstrasse, junto a Checkpoint Charlie, pero, harto de ecuchar en la radio el Another Brick On The Wall que Roger Waters no dudó en asociar de forma oportunista a la pared que dividía Berlín y que nada tenía que ver con las temáticas de su disco de 1979, echo de menos que tanto coleccionista de fragmentos del muro, tanto narrador de lugares comunes y tanto fan de Good bye, Lenin! no repare en que la tapia de hormigón levantada en 1961 por el ejército soviético de ocupación fue en realidad un ejemplo, el primero -si no contamos la ridícula e inútil Línea Maginot- de una serie de barreras con las que los regímenes más diversos se defienden a sí mismos o dicen defender a sus ciudadanos de a saber qué enemigos. El Muro de Berlín fue un modelo, un ensayo de un mundo tapiado. 20 años después, la sección internacional de 20 Minutos ha seleccionado otros tantos muros que hoy siguen en pie sin que nadie haga demasiado ruído por derribarlos:



I. Palestina

Construido por el Gobierno de Israel, se extiende en un 20% a lo largo de la Línea Verde internacional y en un 80% en territorio cisjordano palestino, donde llega a adentrarse hasta 24 kilómetros con el fin de incluir asentamientos israelíes. Cuando esté terminado, el 10% del territorio cisjordano quedará en el lado israelí y aislado del resto de Cisjordania. Según las autoridades israelíes, el muro es una "medida defensiva diseñada para impedir el paso de terroristas, armas y explosivos al estado de Israel". La Corte Internacional de Justicia dictaminó el 9 de julio de 2004 que la construcción de la valla-muro israelí en Cisjordania es ilegal según el derecho internacional y pidió su derribo. El muro rodea localidades y pueblos palestinos enteros, aislando entre sí a comunidades y familias y separando a los campesinos de sus tierras y a los palestinos de sus lugares de trabajo, centros educativos y de salud y otros servicios esenciales.

II. Frontera entre Estados Unidos y México

EE UU comenzó a construir en 1994 un muro metálico en un tercio de su frontera con México para evitar la entrada de inmigrantes indocumentados. Según la Comisión Nacional de Derechos Humanos de México, en estos 15 años han muerto más de 5.600 inmigrantes sin papeles intentando cruzar la frontera, la mayoría, debido a las altas temperaturas del desierto. Son 70 veces más que los caídos intentando cruzar el Muro de Berlín.

III. Vallas de Ceuta y Melilla

A mediados de los años 90 el Gobierno español levantó 8,2 kilómetros de alambrada en Ceuta y 12 en Melilla para evitar el paso de inmigrantes sin papeles desde Marruecos. En 2000, el sistema se reforzó con tres vallas paralelas y en 2005, tras las avalanchas que causaron la muerte de 14 personas, se aumentó la altura hasta 6 metros, se colocaron cámaras infrarrojas, difusores de gases lacrimógenos, sistemas que impiden el uso de escaleras, un laberinto de cables trenzados y piquetes de hasta 3 metros de alo. Una de las consecuencias de estas vallas es haber obligado a muchos inmigrantes subsaharianos a buscar la peligrosa alternativa de entrar en la UE por mar, a traves de Canarias.



IV. Irlanda del Norte

En Belfast, Derry y otras ciudades de Irlanda del Norte se han levantado barreras para separar a los nacionalistas católicos de los unionistas protestantes. Empezaron a construirse en 1970 y se las conoce con el eufemismo de "Líneas de Paz".

V. Las dos Coreas

Una franja de 4 kilómetros de ancho y 250 de largo divide Corea del Norte y Corea del Sur desde el final de la guerra entre ambos países, en 1953. Es la zona desmilitarizada y, pese a los avances hacia la reconciliación, sigue siendo una de las barreras más impenetrables del mundo.

VI. Arabia Saudí

Con el objetivo de defender sus grandes reservas de petróleo, el reino saudí está fortificando su frontera de 9.000 kilómetros (buena parte de ella, con países tan candentes como Irak o Yemen) con una de las barreras de seguridad más largas del mundo, a un costo estimado de 3.000 millones de dólares estadounidenses, informa la BBC. Se trata de un proyecto de alta tecnología. La barrera será física en algunas zonas y virtual (satélites, radares, infrarrojos), en otras.

VII. Sáhara ocupado por Marruecos

Alegando la necesidad de defenderse de los ataques del Frente Polisario, el Gobierno de Rabat empezó a construir en 1980 una barrera en el Sáhara Occidental (antiguo territorio español ocupado por Marruecos) cuya longitud alcanza ya los 2.720 kilómetros, y que está formada por muros de piedra y arena de hasta 2,5 metros de alto, alambradas, campos de minas y zanjas.

VIII. Línea Verde de la ONU en Chipre

Una Línea Verde gestionada por la ONU divide Nicosia, la capital de Chipre, en dos partes, una septentrional bajo el poder de la autodenominada República Turca del Norte de Chipre (turcochipriotas), y la parte meridional bajo el control gubernamental reconocido internacionalmente de la República de Chipre (grecochipriotas). En 2007, el gobierno grecochipriota comenzó a derribar parte de la Línea Verde en "una señal de buena voluntad". La alambrada tiene 180 kilómetros.

IX. Bostwana y Zimbabue

En 2003 el gobierno de Bostwana levantó en la frontera de este país con Zimbabue una cerca de alambre de púas de 2,5 metros de altua y 500 kilómetros de largo. Botswana indicó que el objetivo es impedir la propagación de la fiebre aftosa entre el ganado. Para Zimbabue, sin embargo, la razón es impedir el paso de inmigrantes indocumentados de este último país, devastado económicamente.

X. India y Pakistán

Los dos países (ambos con armas nucleares) están separados por muros y alambradas en aproximadamente la mitad de su frontera común (2.900 kilómetros).

XI. Cachemira

Medio millar de kilómetros de alambrada se extienden a lo largo de la disputada Línea de Control en la zona de Cachemira controlada por India. El objetivo: evitar el tráfico de armas y la infiltración de separatistas cachemiros con base en Pakistán.

XII. India y Bangladesh

India está construyendo a lo largo de 4.000 kilómetros de su frontera con Bangladesh una verja de seguridad para evitar el tráfico de armas y drogas y, especialmente, que Bangladesh se convierta en un santuario de terroristas supuestamente apadrinados por Pakistán.

XIII. Irán y Pakistán

En su frontera con Pakistán, Irán está levantando un muro de cemento de casi un metro de grosor y más de 3 metros de altura. La razón: impedir el tráfico de drogas, de inmigrantes sin papeles y de terroristas. El muro causa graves problemas a la población de la región de Baluchistán, presente a ambos lados de la frontera.

XIV. Irak y Kuwait

La barrera tiene 190 kilómetros y fue construida al término de la primera guerra del Golfo por orden del Consejo de Seguridad de la ONU, para impedir una nueva invasión del emirato por parte iraquí. Se trata de una cerca electrificada, con alambre de púas , muros de arena y zanjas.

XV. Uzbekistán

Uzbekistán ha optado por defender su territorio a base de vallas. En el norte, una gran verja de alambre de espino le separa de Kisrguistán y de posibles radicales islamistas procedentes de este país. En el sur, un alambre electrificado (380 voltios) y campos de minas cubren parte de la frontera con Afganistán.

XVI. Tailandia y Malasia

En los años 70 ambos gobiernos acordaron construir muros de cemento coronados de alambre a lo largo de parte de su frontera común. Desde 2007 Tailandia construye un muro de 75 kilómetros para impedir a supuestos terroristas entrar en sus conflictivas provincias de mayoría musulmana en el sur. La construcción de este muro, de más de 2 metros de altura en algunos puntos de la línea de demarcación que divide la provincia tailandesa de Satun y los estados malayos de Kedah y Perlis, cambió las vidas de muchos tailandeses que habitan en la región.

XVII. Favelas de Río de Janeiro

El Gobierno regional de Río de Janeiro (sede de los Juegos Olímpicos de 2016) comenzó a levantar el pasado mes de marzo muros para cercar algunas favelas y evitar su expansión en áreas de bosque protegido. Está previsto construir 11 kilómetros de muros. El presupuesto asciende a 17 millones de dólares, y la mitad de esta cantidad es para la favela de la Rocinha, célebre por extenderse entre dos de los barrios más ricos de Río y por ser una de las mayores de Brasil, con cerca de 200.000 habitantes. Varias favelas ya contaban con vallas protectoras, pero muchas de ellas han sido destruidas o ignoradas por los vecinos, que han continuado construyendo en lugares antes ocupados por bosques tropicales.



XVIII. Bagdad

El ejército estadounidense comenzó a construir en 2007 una barrera de 5 kilómetros de largo y 3,6 metros de alto en la capital iraquí, rodeando el distrito de Adhamiya, predominantemente sunní, y con el fin de separarlo de las zonas de la ciudad donde los chiíes son mayoría. Washington lo justificó como un modo de evitar la "violencia sectaria". Sus críticos destacan que contribuye a acrecentar la división ya existente y a "cantonalizar" la ciudad.

XIX. Brunei

Para tratar de evitar el contrabando y la inmigración ilegal, el sultanato de Brunei está construyendo una verja de seguridad a lo largo de sus 20 kilómetros de frontera con la región malaya de Limbang.

XX. Egipto y Gaza

La separación en el paso de Rafah, entre la Gaza palestina y Egipto fue construida por los gobiernos egipcio e israelí tras el tratado de paz que ambos países firmaron en 1979. En 2007, tras la victoria del movimiento islamista Hamas en Gaza, Israel cerró la frontera por completo, incluyendo el paso de personas, bienes y servicios. En 2008, miles de palestinos cruzaron a Egipto después de que un grupo derribara una parte del muro.

domingo, 8 de noviembre de 2009

Último artículo publicado en Granada Hoy


2.183 días

No comparto del todo ese aserto de que al desaparecer un periódico perdemos parcelas de libertad de expresión. La palabra encuentra siempre rincones donde florecer; como la energía, se transforma para seguir viva. No se mide la libertad en número de periódicos, emisoras o cadenas. Podría haber mil cabeceras que dijeran lo mismo y sirvieran a los mismos, y no seríamos libres. A la gente puedes arrebatarle su megáfono pero quien tiene algo que decir hallará la forma de hacerse oír. Tal vez sin ataduras laborales seas más libre que cuando, en la rutina diaria, las presiones ideológicas, los intereses empresariales, la autocensura y la prudencia trazan unos claros límites y dan lugar a un producto que gusta de proclamarse libre, independiente y riguroso mientras quienes lo fabricamos no sentimos lo mismo.

Trabajas para un periódico, eso dices, pero por pudor callas que trabajas para una jerarquía, un grupo empresarial, unos anunciantes, un mercado, unos grupos políticos e ideológicos, unos consensos sociales… Respondes a tantos jefes que te asfixia y te paraliza el temor a ser prescindible para cualquiera de ellos. Es probable que te paguen mal, que nunca sepas cuándo acaba tu jornada y tu puesto siempre esté en el aire. O puede que disfrutes de un puesto fijo, pero bastará con echar el cerrojo y mañana se habrá esfumado. Y siempre habrá una crisis a la que quienes jamás padecen las crisis se agarrarán para tratarte como lastre.




Nadie que se pretenda humano se alegrará de contar con un competidor menos, aunque habrá corruptos contentos de que sean menos quienes denuncien sus tropelías. Nadie que se proclame decente, especialmente si trabaja para este negocio llamado periodismo, puede sentirse hoy lejano o ajeno a cuarenta y cinco personas, a sus familias, a quienes de la noche a la mañana el futuro se les ha desdibujado. Yo echaré en falta las caras, las conversaciones, se me hará corto el repaso a los titulares de cada mañana en la radio, no me sentiré menos libre, sino más sólo en un mar frío y plagado de tiburones.




No, esto no va de libertad de expresión. Va de clases y no de castas, de enterarnos de que somos unos asalariados más, ni profesionales liberales ni depositarios de valores que duran lo que se tarda en decir “estás despedido”. Va de subsistir, de sacar adelante una familia, de aspirar a una cierta calidad de vida, de que vivir en el filo no sea el pago por haber ofrecido un puñado de noticias, unos ratos de entretenimiento, unas opiniones, un producto hecho con honradez y dignidad durante 2.183 días. De lo que escribo es de un sistema productivo que mide todo ese trabajo honrado en términos de beneficio, riesgo y valor añadido. Defender la libertad de expresión es hacer saltar por los aires ese sistema... y contarlo en el periódico de mañana.

La foto es de Miguel Ángel Molina para EFE


sábado, 7 de noviembre de 2009

La leyenda del Niño Miguel





Aquél "Dicen de mí que me amenaza el tiempo, dicen de mí que si estoy vivo o muerto" que sirvió de doloroso autorretrato de los últimos años de Camarón, cobra significado en una figura artística que vive -sí, vive, aunque en algunos momentos no he estado demasiado seguro de ello- entre lo legendario y el realismo sucio. Miguel Vega, el hijo de Miguel el Tomate, el tío de Tomatito, arrastra su desdicha entre el anonimato, el vago recocimiento, teñido de compasión de los cada vez más escasos de sus paisanos que sobre los cartones en el hueco de un cajero automático o en un banco de la Avenida de Andalucía de Huelva reconocen aún al genio a quien Paco de Lucía consideró la mejor guitarra española de la historia, el Niño Miguel.


A veces aún lleva su guitarra tullida, con las tres cuerdas que siempre le bastaron para dejar sin respiración a quienes alguna vez tuvimos
la suerte de escucharle antes de que saliera corriendo a ocultarse en un rincón donde buscarse las venas hambrientas de heroína. Ayer sábado, su ciudad le quiso echar una mano con un concierto en el Palacio de Deportes de Huelva para el que más de cinco mil onubenses agotaron las entradas a la venta. Todo lo recaudado irá para un Miguel de 57 años que como esos yonquis encallecidos que aguantan el tipo hasta que se nos antojan inmortales, se niega a apagarse. Allí estuvieron José Mercé, Estrella Morente, Pepe de Lucía, Carmen Linares, el Pele, Manolo Sanlúcar, Pepe Habichuela, Tomatito, Juan Carlos Romero, José Luis Rodríguez, Miguel Ángel Cortés y Eva la Hierbabuena. Todos se han rendido ante la genialidad quebradiza de un músico, tan grande o más como compositor que como instrumentista, siempre ajeno a su propia grandeza, arañado desde pequeño por las garras de la esquizofrenia, arrasado después por la heroína, ahogado en el alcohol y que aún así tuvo tiempo de hacer la revolución en los 78 minutos que suman ‘La Guitarra de Niño Miguel’ -1975-, y ‘Diferente’ -1976-. Bastaron para colocarle en el escalón más alto de la jerarquía del flamenco durante aquel breve período, antes de precipitarse de cabeza al abismo.



“Su música es un grito que pide que le saquen de un cuerpo que no le corresponde”,
así le describe José Luis Rodríguez, otro guitarrista onubense también genial pero menos herido. Desde su infierno de callejones, bancos helados y fandangos por un par de euros en la Plaza Niña... con su rostro afilado, la barba cana y la voz pastosa de los yonkis, rasgos en los que la mirada huidiza es el único recuerdo del joven guapo y tímido que fue, y aun hoy siempre inventando compases, improvisando, con la mente en otro sitio, como si le llegaran destellos de grandes piezas que aún hoy yacen sepultadas en el fondo de un pozo de desgracia pero sin renunciar a ver la luz alguna vez.


Cuentan que el Niño Miguel, que ayer salió al escenario, está mejor, que anda medio recluido en el Hospital Juan Ramón Jiménez donde intenta salir adelante, y que a finales de este mes en el Festival de Cine Iberoamericano se podrá ver un documental de Annabelle Ameline, Benoît Bodlet y Chechu García Berlanga sobre el Niño Miguel, que sus autores han titulado La sombra de las cuerdas.

martes, 3 de noviembre de 2009

López Vázquez, patrimonio nacional

Un admirador, un amigo, un esclavo, un siervo



Se otorga con tanta alegría la consideración de genio a cualquier mindundi con suerte, que el término suena vacío cuando alguien lo merece de verdad. En el caso de José Luís López Vázquez, el talento innato se unía a su capacidad de representarnos a todos y a haber sido un currante incansable de la mañana a la noche de su vida.

Estos son los especiales que le dedican
El País, El Mundo, y otros dos vídeos de López Vázquez, en El Pisito y en una de sus comedias de los sesenta que no logro identificar. El de arriba es de Atraco a las tres y el de abajo, de Megatón ye-yé

Él perdurará, los cretinos, imbéciles, mamelucos, desdichados, chupagomas, altos, melenudos y yeyés, lo tienen más difícil:


lunes, 2 de noviembre de 2009

Último artículo publicado en Granada Hoy


La estepa

No me cuenten más historias. Nadie puede ya sostene
r la leyenda de Granada, ciudad de cultura. Hoy basta quitarse las gafas de ver tópicos para concluir que habitamos una estepa y que el desierto avanza rápido. Lo demás son milongas. Cierto es que los mitos se erigen sobre cimientos de realidad, y que las cosas no fueron siempre así. Que hubo una ciudad con festivales de teatro referenciales, con dos salas de cine en versión original –Alhambra y Príncipe- que el público llenaba, que los festivales de Jazz y de Música y Danza están entre los más antiguos del país, que por el Planta Baja pasaban todas las bandas que importaban algo, que la muchachada universitaria aún demandaba más. Pero eso ocurrió en otra era, en la que, viniendo de donde veníamos, éramos –en teoría- menos libres y menos cultos.

Es verdad que el secano no es sólo cosa de Granada, máxime en unos tiempos en que llamamos cultura a los videojuegos y las tapas, el toreo es una de las bellas artes y Miguel Bosé es medalla de oro de la música. Pero lo nuestro es caída libre.


¿A quién culpamos? ¿Qué nos convirtió en un Mar de Aral con barcos varados en la arena? Con la cultura presa del dinero de las instituciones, la racanería es la norma y lo que nos queda sobrevive gracias a técnicos y voluntarios y por la explotación laboral de su entusiasmo. Es demasiado cómodo responsabilizar a los políticos, lo ponen fácil: Un concejal de Cultura se vanagloria de que se galardone al Festival de Poesía, que sale adelante no por su compromiso sino porque Dani Moya y Fernando Valverde se patean la ciudad, pegan ellos mismos poemas en los autobuses, se dejan la piel en ello, mientras su político de turno convoca ruedas de prensa. Un delegado de Cultura de la Junta monta a gritos un escándalo ante el pasmado público del Festival de Jóvenes Realizadores porque en las invitaciones y saludas está la foto del alcalde y no la suya, y la concejala pide disculpas por logotipos que no aparecen y ausencias que nadie echa en falta a una audiencia que se pregunta atónita de qué demonios hablan estos ‘frikis’ y quienes descodificamos la realidad paralela de los políticos sólo podemos exclamar ¡Qué nivel!. La realidad de la ciudad de la cultura se puede medir con cifras y datos: La programación del Teatro Alhambra reducida a la mitad, recortes del 40% a los presupuestos del Festival de Música y Danza y Cines del Sur, se construye un gran teatro mientras el Isabel la Católica y el Isidoro Máiquez son tristes salones de actos, la quincalla interactiva sustituye al verdadero museo; si quieres ver cine fuera de los festivales nuestros arriesgados exhibidores te darán a elegir entre Scary Movie 5 y A Todo Gas 4 y 1/2...



Pero no son ellos los únicos responsables; nunca como ahora vino al pelo el insulto con el que Kaka De Luxe epataban en la España pre-punk: “Pero que público más tonto tengo”. No hay más cultura porque nadie la pide, porque el material humano que sustentó el parnasillo granadino, la población universitaria, desertó en masa. Ya no llena las calles el día del espectador, búsquenla en Tuenti. Los estudiantes granadinos de hoy son una masa lerda y alcohólica cuya única aportación a la ciudad es la que se quedan los caseros y las tiendas chinas que surten el botellón, pero no les debe nada una vida cultural que, despreciando cuanto ignoran, ni entienden ni quieren entender. Ahora que otros hagan demagogia sobre cómo han llegado a esa situación.