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lunes, 16 de febrero de 2015

Soy ehpañó y andalú, cazi na

Juan Manuel Moreno Bonilla, flamante candidato del Partido Popular a la presidencia de la Junta de Andalucía en las absurdas elecciones anticipadas que Susana Díaz ha convocado para el próximo 22 de marzo, se ha descolgado en los últimos días con una insólita propuesta programática: la creación de una Real Academia de la Lengua Andaluza (RALA) -Él mismo sí que parece de perfil ralo,  seis de cada diez andaluces ni siquiera lo conocen a estas alturas del partido-. Moreno Bonilla -por otra parte una razonable elección de la vicepresidenta Sáenz de Santamaría frente al alcalde corrupto de Tomares José Luis Sanz defendido por Javier Arenas- olvida que en ningún caso se puede hablar de una lengua andaluza, e incluso mencionar un habla de los andaluces es ser demasiado generosos.

La descacharrante proposición me ha hecho recordar un episodio que me tocó vivir cuando trabajaba en Granada: En febrero de 2010, hace ahora cinco años, Padul -perdón, Er Paú según los entonces convocantes- acogió la quinta Huntad’ehkritoreh en andalú, extravagante encuentro de quienes mantienen que el habla andaluza, o mejor dicho, las diversas variedades fonéticas que el idioma español adopta en Andalucía, merecen una norma común para su transcripción a la escritura. Junto a lecturas de la obra de quienes escriben en ese andalú de ficción se presentaron ponencias tan llamativas como una que explicaba Er sihnifikáo sosio-kurturà i er komportamiento morfo-sintáhtiko de la ahpirasión andalusa. Establecer una gramática para un inexistente andalú común se antoja tan carente de interés como imposible. El propio enunciado del congreso se transcribía en sus documentos de cuatro maneras diferentes; unos defendían el ceceo por considerar el seseo cosa de señoritos, otros iban todo el rato haciendo eses. El propio organizador de la cosa, Huan Porrah -no se rían, que lo de Gorka Reondo (loh de Birbao nasemoh onde noh da la gana) es aún peor- opta directamente por defender el empleo de incorrecciones más próximas al analfabetismo funcional que a un mínimo común culto: rempuhà, bemoh tenío en kuenta, golé, munxo... Quienes nos hemos ganado la vida ante un micrófono nos rebelamos en su día contra que nos obligaran a hablar un castellano de Burgos y al mismo tiempo abominamos del andaluz impostado pero la idea de una ortografía andaluza diferenciada me recuerda a aquella pegatina en la popa del Seat 127 con la que papá nos avergonzaba: Zoy ehpañó y andalú, cazi na. Sea como sea, la charlotada tenía el encanto de su candidez friki si se compara con el caso valenciano, donde la política se inventó un idioma que no existe y abrió una Academia de la Lengua. El supuesto valenciano, que no llega ni a dialecto propio pues es el mismo catalán de la desembocadura del Ebro, es hoy uno de los idiomas que se hablan en el Senado con su traducción simultánea y todo.

Los intentos de cambiar la realidad mediante la modificación del lenguaje son recurrentes. Muchos piensan que con 1984 George Orwel escribió un manual de instrucciones en lugar de una advertencia y a aplicarlo se dedican. Es ese el empeño del llamado lenguaje no sexista, parte esencial del corpus ideológico del género, que ni con el apoyo del poder político ha conseguido que las niñas dejen de pedir por Reyes princesas vestidas de rosa ni ha avanzado demasiado en igualdad real -esa que nada tiene que ver con cuotas ni despachos paritarios-. También las religiones hacen uso ideológico del lenguaje. La obligatoriedad del latín en la liturgia católica era una forma de evitar la herejía, o la simple interpretación personal de preceptos y creencias. Hoy la corrección política, reflejo de una nueva beatería de izquierdas, es el principal agente de modificación del lenguaje. Parece que esta vez es un político de derechas quien ha tomado ese camino, aunque su dirección le lleve al choque frontal con las urnas.

Segundo párrafo inspirado en un artículo publicado en un artículo publicado en Granada Hoy en 2010

Vídeo: Johnny Thunders - Born to loose

jueves, 20 de junio de 2013

Speaking in silver




Para quien aún no lo sepa, se llama speaking in silver o fromlostiano a una forma de inglés inventado consistente en traducir literalmente al inglés frases hechas o dichos  exclusivos del español. Así, De perdidos al río se diría From lost to the river o, más difícil  todavía, Didn´t you want soup? then take two cups sería la traslación improbable de ¿No  querías caldo? pues dos tazas.  El fromlostiano se circunscribe practicamente a lectores de El Mundo Today y  Meneame.net y otros gamberretes de la lengua.

Cuando entramos en la posmodernidad sin haber pasado por la modernidad, se extendió como mancha de  aceite el empleo del eufemismo ¿Recuerdan? en aquella forma de orwelliana neolengua hablábamos de desaceleración o de crecimiento negativo. Nunca debíamos  pronunciar la palabra crisis por si era como nombrar a Candyman y se aparecía -No es cierto, delante del espejo  sólo mentas a la madre del perfumero que te vendió  la crema antiarrugas a base de moco de troll, y ni ella ni el cabrón de su hijo se dignan a dejarse ver-.

Ahora vivimos en una especie de pos-posmodernidad -en una evolución  hacia ninguna parte, ya sólo entendemos de estrellas Michelín y de la guía Peñín. Ni cavernícolas ni hombres de las tabernas, a un sitio donde tapear lo llamamos gastrobar; ignoro si porque la comida te produce problemas gástricos o porque conviene tener mucho estómago para entrar, y el eufemismo ha dado paso al barbarismo -basicamente se trata de anglicismos porque, por  suerte, a nadie le ha dado por importar barbarismos procedentes del chino-. El empleo masivo del anglicismo reina, sobre todo, en el mundo de los negocios, especialmente en consejos de administración y juntas generales de accionistas. En esos templos de la libre empresa conviene hablar con cuidado.  Has de ponunciar decenas de veces palabras como briefing o target, y ni se te ocurra pedir un momento, que  voy a desayunar -tú haces un break para el lunch,; no sales a comer,  encargas un catering- , ni digas tampoco que después del trabajo vas a correr un ratito -de eso nada, tú haces running-. A este paso, en el próximo Domund la iglesia católica asegurará que ella no invita a practicar la caridad; lo suyo es crowdfounding. Quedará divina de la muerte y la gente lo atribuirá al nuevo estilo del papa Francisco.

Próxima entrega: ¡Y un jamón! (en breve)