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sábado, 9 de mayo de 2020

Los payasos y los monstruos


Entierros masivos en Sao Paulo

Sí, es nuestra culpa, es el mundo que hemos construido. 
Hace diez mil días yo estaba aquí y pensaba ¡ya está, misión cumplida! tenemos un
 mundo agradable. Felicidades Occidente, lo hemos conseguido, hemos sobrevivido 
¡qué idiota! era una ilusa incapaz de ver a los payasos y los monstruos 
que acechaban en la esquina, saltando unos sobre otros, sonriendo 
¡Por Dios, menudo carnaval! y no hizo falta más. diez mil días.
 Algunos ya no están, nos libramos de ellos, pero esperad, te libras de un monstruo 
y acto seguido otro sale de su cueva.
 Cuidado con esos hombres, los de la eterna sonrisa, los bromistas y los payasos.
Del monólogo final de Muriel Deacon (interpretada por Anne Reid),
 abuela de la familia Lyons en la serie Years and years (HBO, 2019)

En su discurso ante el Foro de Davos de 2015, Larry Fink, presidente del gigantesco fondo de inversión Blackrock, definió textualmente elejercicio democrático como "la elección del candidato correcto, el que fuera capaz de adoptar las decisiones adecuadas", lo que en aquel momento de crisis y austeridad denominó reformas estructurales. Tras este mensaje, tan simple como críptico, yacía un subtexto tecnocrático que puede justificarlo casi todo y que marcaba un camino que estamos recorriendo a gran velocidad: los dirigentes democráticamente elegidos necesitan legitimarse a partir del acuerdo con quienes financian las democracias. La democracia tiene propietarios y las decisiones políticas han de rendirles un respeto.

En La doctrina del shock Naomi Klein se detenía en el caso del Chile de 1973, cuando los economistas de la Escuela de Chicago llevaron al extremo su premisa de que el poder político debe estar de acuerdo con quienes lo financian incluso si para ello era preciso sacrificar la propia democracia y sustituirla por un fantoche como el general Pinochet que aplicara fielmente las políticas económicas de Milton Friedman y sus compinches de Chicago: el infausto monetarismo.

En estos tiempos de pandemia no sufren y mueren tan solo las personas, sino que es la vida en libertad la que está en peligro. También el autoritarismo se contagia. Rosa María Artal  dijo muy claro con su lucidez de siempre en un reciente artículo que la mayor amenaza a la que hoy nos enfrentamos no es microscópica sino grande y antigua, aunque para muchos es invisible y lo son sus síntomas: el fascismo: "Los titulares alarmantes sobre la epidemia del coronavirus pueden servir para ilustrar la ligereza con la que se abordan amenazas mucho más graves. No, no hay organismos que alerten de la extensión del fascismo, ni "planes de contingencia" para hacerle frente, ni se aísla a los portadores, ni bajan precisamente las bolsas". Sobre el fascismo vuelvo a recurrir a palabras de La educación católica, la novela de Edoardo Albinati que ya cité en la anterior entrada de este blog, la que dediqué a la pandemia de mentiras y bulos:

¿Por qué -me pregunto desapasionadamente-el fascismo resulta tan ridículo si lo sometemos a un análisis profundo y racional? Grandioso quizá, terrible o trágico a veces, 
es posible, incluso admirable, pero en todo caso ridículo. Cada vez que leemos testimonios, vemos grabaciones o escuchamos discursos, nos quedamos de piedra. Surgen espontáneamente 
las ganas de parodiarlo, pero como si el fascismo mismo fuera el principio consciente y 
burlón de esa mofa. No parece posible que semejante payasada haya generado tantas esperanzas 
y tragedias, haya agitado tantos corazones, bastones, puñales, bombas de mano y vehículos blindados. Pero sí, fue posible y quizá siempre lo sea. Lo que significa que cuando al fascismo 
se lo ilumina con la luz de la razón, se lo descubre, desvela o extrae de la 
materia concreta de la acción histórica para escrutarlo bajo la razón y la crítica, 
muta su esencia a esqueleto carnavalesco que sólo sirve para asustar y hacer reir. 
Como un pez de los abismos que pierde su misteriosa luminosidad en la superficie, 
donde sólo parece un mísero monstruito. ¿Era ese chisme el que suscitaba tanto miedo 
o un entusiasmo tan desenfrenado? De la tragedia y la épica sólo quedan montones de ceniza,
y lo poco que sobrevive presenta el aspecto de una escenografía teatral al final del espectáculo: 
árboles pintados, espadas de cartón y pollos de yeso.

Los peligrosos payasos de los que habla la abuela Muriel en Years and years no se parecen nada a Fofó o Milikito, pero son clavaditos al presidente filipìno Rodrigo Dutarte
Rodigo Dutarte, disparar a matar
, ese bajo cuyo mandato han muerto asesinados dieciseis periodistas y que ha ordenado disparar a matar a quien se salte el confinamiento. No lo lllamen populismo -el premio Nobel de Economía Paul Krugman avisa de que, en cierta forma, el término sugiere que quienes asi llamamos están haciendo algo por las personas y no es así. no se queden en hablar de autoritarismo. Tampoco empleen prefijos -ni post ni neo, ni progno-. El historiador asturiano Francisco Carantoña gusta de usar los términos con precisión, y señala que la amenaza que ya es una realidad al comenzar la tercera década del siglo XX-o terminar la segunda, ustedes eligen-hay que llamarla fascismo, ni más ni menos.

Sigamos dando la vuelta al mundo del fascismo y detengámonos en Brasil. Desde el Palacio de la Alvorada de Brasilia, el presidente, ex capitán y exterrorista frustrado Jair Bolsonaro rompe a menudo el confinamiento que desprecia y ante cientos de sus hoolligans amontonados y enfervorizados amenaza con un golpe de estado aún sabiendo que cada vez son más los militares de su país que no ríen sus payasadas y están hartos de su irresponsabilidad criminal que hace abrir cada día nuevos cementerios para acoger los cadáveres de víctimas del Covid-19.

Dios los cría...
En pleno corazón geográfico e histórico de Europa, el primer ministro húngaro Viktor Orban está quemando puentes tras atravesar los límites entre autoritarismo y fascismo y aprovecha la pandemia para otorgarse poderes extraordinarios indefinidos -¡ojo a este segundo adjetivo! que le permiten ordenar y mandar orillando al Parlamento -aunque según Santiago Abascal reparte mascarillas para todo quisque-. Que alguién me explique la diferencia entre esto y una dictadura fascista, y sobre todo que alguién se lo explique a la Unión Europea a la que Hungría aún pertenece.
Orban, hermanita de la caridad



Ni China, ni Rusia, ni Irán; pese a lo que muchos ingenuos y estafados piensan, los regímenes autoritarios no están gestionando mejor que las democracias la lucha contra la pandemia y sus poblaciones tienen la desventaja añadida de la falta de transparencia. Por el contrario la peor amenaza para los países democráticos  enfrentan ahora otro riesgo: que el miedo aliente los discursos autoritarios y populistas, hablando clar, el fascismo. Eso ya es más que una posibilidad, es presente.

Pero dejemos ya de vagabundear por el mundo y centrémonos en el fascismo de casa. A quienes les asusta, sorprende o escandalice escuchar a Pablo Casado en el Congreso desplegar los discursos más extremi stas y faltones exigiendo el fin del estado de alarma y acusando a Sánchez y su gobierno de un sinfín de delitos basados en los últimos bulos que le han llegado les bastarìa un poco de edad o hemeroteca -les aconsejo que consulten noticias de los últimos mandatos de Gonzalez y los dos de Zapatero- para darse cuenta de que no hay invención, giro o cambio alguno y que la estrategia de crispar y desestabilizar son marca de la casa popular desde hace treinta años, es seña de identidad deuna derecha, la española, .que no soporta la democracia salvo que ella gobierne. Si en todas ocasiones en que se rozó la desestabilización del Estado buscando el acoso y derribo de gobiernos rivales contó con el apoyo de empresas mediáticas, periodistas poderosos, gran parte de la jerarquía católica y un sector del poder judicial. Miembros destacados del brazo periodístico de lo que Felipe González llamó el sindicato del crimen como Luis María Ansón y Pedro J. Ramírez   han confesado en alguna ocasión cómo se diseñaron esas estrategias y quienes participaron en ellas en los primeros noventa. El error de Casado que le puede llevar al precipicio -además de querer jugar en el terreno de Vox- es seguir todo lo que le dicta la FAES de José María Aznar,que también le impone nombres -Álvarez de Toledo en el Congreso, Timmermans, Miguel Ángel Rodríguez y Fernández Lasquetti en la Puerta del Sol, tiburones maquiavélicos salidos de tiempos Aznrianos que sin problemas ante las formas que tensionan la democracia con tal de volver al poder-. Definitivamente, la nueva pandemia es vieja y se llama fascismo.






sábado, 13 de enero de 2018

El norte indomable



En octubre de 2016 el vendedor ambulante de pescado Mouhcine Fikri, de 31 años, murió en Alhucemas triturado por un camión de la basura cuando intentaba recuperar la mercancía que le había confiscado la policía, pez espada cuya captura está prohibida en esa época del año. Su muerte, que recuerda a la inmolación del vendedor tunecino Mohamed Bouazizi a finales de 2010 que desató la primavera árabe meses después, provocó en Alhucemas cierres de comercios y manifestaciones que se extendieron a otras ciudades como Casablanca, Fez, Tánger, Nador, Marrakech, Uchda, Agadir y Rabat. Pero no estamos ante otra revuelta nacional democratizadora como aquella. Ésta. que más de un año después se mantiene, aun siendo también una demanda de más democracia, nace y se concentra en el Rif, una región con zonas montañosas y zonas verdes del norte de África, con costa en el Mediterráneo, que abarca desde la región de Yebala hasta Kebdana (Nador) en la frontera con Argelia. Se trata de una región tradicionalmente aislada y desfavorecida. Sus habitantes son bereberes, también llamados agmaziges, aunque esta etnia, la más antigua y numerosa del norte de África, muy anterior a las invasiones árabes, se extiende desde el desierto egipcio hasta el Atlántico y en el pasado llegó a Canarias, pues eran agmaziges los habitantes autóctonos de las islas, los desaparecidos guanches. Algunos lingüistas emparentan el idioma bereber con otras lenguas no menos extrañas como el euskera y el turco, aunque no parece muy creíble porque la norteafricana sí es una lengua de origen indoeuropeo, en concreto de la rama camítica. La rebeldía y la protesta son actitudes y comportamientos naturales en esta tierra, por eso da tanto miedo en Rabat y cuando el Rif se levanta tiembla el trono de Marruecos. Hablaré de esta revuelta rifeña del siglo XXI  cuyas raíces no están en la muerte de un vendedor ambulante hace quince meses, sino en el agravio, el abandono y la represión que viene sufriendo esta región desde al menos el siglo XIX, por no remontarnos más atrás pues esto no es un ensayo histórico.

En las manifestaciones de Alhucemas y otras ciudades rifeñas no suele verse una sola bandera de Marruecos. Sin embargo, abundan los símbolos amaziges. También aparecen, aunque mucho menos, los emblemas de la República del Rif (1921-1926), fundada por Muhammad Ibn 'Abd el-Karim El-Khattabi (Abdelkrim) tras aplastar a los colonialistas españoles en Annual. Viendo esas banderas, podría pensarse que los manifestantes aspiran a la autodeterminación o a la separación respecto al reino de Marruecos pero, de hecho, la palabra separatista es considerada un insulto por los rifeños. Identidad, tierra y lengua son las tres columnas sobre las que se asienta el orgullo bereber y según Nasser Zafzafi, el desempleado devenido activista que, casi involuntariamente, lidera este movimiento de indignados (lo que le ha costado convertirse en preso político), sus reivindicaciones no deberían hacer temblar al Estado marroquí: son sociales, económicas y culturales, porque se trata de decir basta a “una política de marginación, discriminación y vulneración sistemática de los derechos humanos” del Estado respecto al Rif 

Abdelkrim fue una estrella internacional
en la prensa de su época
Lo que históricamente ha alimentado la rebeldía rifeña es el sentimiento de humillación de los más débiles ante las tropelías del Estado, lo que en el árabe dialectal marroquí se conoce como la hogra, un concepto que, por miedo al contagio, aterroriza a los medios españoles bienpensantes. Vale que hay zonas de Marruecos más pobres y con menos inversión de fuera que el Rif pero “allá ellos sí quieren seguir siendo sumisos y vivir en la Edad Media”, dicen representantes destacados de estas protestas. Probablemente lo que explica tanta ira acumulada está en la historia del Rif: Entre 1921 y 1927 el Ejército español empleó en el Rif gases asfixiantes prohibidos, entre ellos el gas mostaza. Casi un siglo después, la mayor parte de  enfermos de cáncer atendidos hoy en día en el hospital de oncología de Rabat proceden de la misma zona bombardeada por la aviación española. Precisamente la construcción de un hospital oncológico en el norte del país es una de las peticiones de los indignados.

Cada vez que se trata de aplacar los disturbios rifeños, los españoles, franceses o los marroquíes lo han hecho a través de guerras sucias y de una represión brutal. En 1958, tras la independencia de Marruecos, las provincias del Rif se sublevaron contra el monarca Mohamed V. El entonces príncipe Mulay Hassan, padre del actual rey, se encontraba al mando de las fuerzas armadas y desde un helicóptero dirigió la represión en la que Hassan usó napalm. Los muertos se calculan en ocho mil. Convertido ya en rey, Hassan II volvió a aplastar otra rebelión rifeña en 1984. Se trataba de las revueltas del pan, que habían comenzado tres años antes, movilizaciones y huelgas contra la escasez y la carestía de los productos básicos (a la crisis económica internacional se había unido un elevado gasto militar del Estado, sufragado mediante la presión fiscal y los recortes, para hacer frente a la guerra del Sáhara). La respuesta del régimen marroquí fue utilizar del aparato policial y judicial para perseguir y acabar con toda amenaza que pudiera venir de la oposición política. Para ello no se dudó en emplear contra la población civil artillería, tanques, helicópteros y ametralladoras, todo valía para sofocar las manifestaciones. Uno de los protagonistas de aquellas revueltas dice de las de ahora “Nosotros le plantamos cara a Hassan II en los años ochenta. Pero no conseguimos nada. Estos chicos del Hirak (Movimiento), sin embargo, son más inteligentes que nosotros porque piden cosas concretas que llegan al pueblo: un hospital, una universidad. Nosotros andábamos perdidos con causas internacionales y también en discusiones teóricas como la Guerra Fría, la teoría del socialismo o cómo tenía que ser la relación entre los sindicatos y los partidos. Pedíamos también la independencia de Palestina, pero estos chavales reclaman soluciones a los problemas del día a día”.

Hassan II nunca visitó el Rif y condenó a la región a la pobreza más profunda. La única salida fue la producción de hachís y la emigración. En 1999 llegó al trono su hijo, Mohamed VI, y decidió emprender su primer viaje oficial a Alhucemas, pero durante su época como príncipe heredero en el norte sólo era visto montado en motos de agua en las exclusivas playas de Kabila.

Noches de Alhucemas
De nada ha servido prohibir las manifestaciones y encarcelar incluso a los periodistas que las cubren; los rifeños no han parado de salir a la calle, pero la mayor crisis del reinado de Mohamed V ha acercado más a los gobiernos español y marroquí: el CNI están ayudando al gobierno que preside Saadeddine Othmani a identificar los apoyos que los rebeldes reciben desde España. El Rif siempre ha sido un quebradero de cabeza para ambos reinos ¿por qué creen que cuando Marruecos dice reclamar Ceuta y Melilla lo hace con la boca pequeña? Ambas ciudades históricamente ocupadas por Españas y en concreto el comercio y el contrabando con ellas son válvulas de escape imprescindibles para que no estalle la olla a presión rifeña, En cambio la monarquía alauita no tolera que se dude de la marroquinidad del Sáhara Occidental: aunque el nacionalismo liderado por el Frente Polisario tiene una imagen más cool y atrae a famosos y familias españolas solidarias con sus niños, es débil, carece de aliados potentes y está desperdigado. El Rif es una roca.

Desde que Mohamed V visitaba la Alhambra y departía amigablemente con el general Franco hasta que los borbones y los alauíes se tratan cariñossamente de primos, la derecha española y su prensa han exaltado una amistad, a veces inventada y siempre interesada entre los dos reinos separados por el Estrecho con la que no han podido ni la guerra de Ifni ni la marcha Verde ni la guerrita de Perejil. Por eso sus cabeceras tratan de desprestigiar y difamar las protestas rifeñas atribuyéndole una violencia que nunca han ejercido, pero, por mucho que les duela, el Hirak sigue vivo e incluso podría extenderse al resto de un país cuyo rey  y cuyo gobierno no puede seguir ni un minuto más sin mirar a su indomable norte.




viernes, 20 de octubre de 2017

Tratado del mal gobierno



En épocas remotas -existen en este sentido textos del siglo VI antes de Jesucristo- 
se afirmaba como verdad indiscutible que la estirpe determina al hombre 
tanto en lo físico como en lo psíquico.
Y estos conocimientos que el hombre tenía intuitivamente -era un hecho objetivo que los hijos de "buena estirpe" superaban a los demás-
han sido confirmados más adelante por la ciencia:
desde que Mendel formulara sus famosa "Leyes"
nadie pone ya en tela de juicio que el hombre es esencialmente desigual,
no sólo desde el momento del nacimiento sino desde el propio de la fecundación.
(Mariano Rajoy Brey,
diputado de Alianza Popular en el Parlamento gallego
Faro de Vigo, 1983)

"Incompatibilidades, fijación de horarios rígidos, impuestos -cada vez mayores y más progresivos-. igualdad de retribuciones... En ellas no se atiende a criterios de eficacia, responsabilidad,capacidad, conocimientos, méritos, iniciativa y habilidad. Sólo importa la igualdad, el fin al que se subordinan todos los medios". Esto también decía un Rajoy de veintiocho años y desde entonces no parece haber cambiado mucho su discurso sobre la estirpe (eso de la esencial desigualdad de los seres humanos, que los divide entre superioes e inferiores es una idea antigua que está detrás de alguna que otra guerra y persecución) y no me extrañaría que el presidente del gobierno español durante los últimos seis años aspire a que a su retiro el rey le premie con un título nobiliario con el que inaugurar su propia estirpe aristocrática -¿no lo consiguió Suárez?-. A tenor de lo que le escuchamos el pasado 3 de octubre, Felipe VI le otorgará gustoso ese honor -otra cosa es que nosotros lleguemos a ver la retirada de Rajoy-. Adonde es seguro que el pontevedrés non grato en su ciudad y sus reprobados gobiernos pasarán es a la borgiana Historia Universal de la Infamia. Todos ellos han estado redactando incansables un grueso tratado del mal gobernar.

Por proximidad en el tiempo y por gravedad he de referirme a la cuestión catalana como el más claro ejemplo de lo que no se debe hacer desde el Consejo de Ministros y que los gabinetes presididos por Mariano Rajoy han hecho. Lo del pasado 1 de octubre (el ridículo del referendum supuestamente desmantelado -no se votará, decían-, la represión, la catalanofobia) fue narrado de muy distinta forma en los medios de comunización extranjeros y unos cuantos digitales de aquí de como lo hizo la mayor parte de la prensa española seria. También es casi imposible encontrar una versión no sesgada de lo ocurrido inmediatamente antes (unos brutales atentados terroristas que fueron utilizados políticamente por unos y otros y con mala fe desde un Ministerio del Interior que recurrió a la policía política creada por Fernández Díaz  para boicotear y difamar a la Policía Autonómica, calles tomadas, detenciones y citaciones) y lo que vino inmediatamente después (las diferentes interpretaciones de lo ocurrido, la guerra de banderas, la declaración de independencia con freno y marcha atrás, la respuesta de Moncloa, lenta y blanda para algunos como Ciudadanos y El Mundo, una fuga de empresas lógica ante el despropósito  y el delirio independentista que está siendo incentivada por el Ministerio de Economía y magnificada por los medios de comunicación del establishment unionista, las llamadas al diálogo en los oídos de sordos, las amenazas gangsteriles de Babyface Casado- Incluso hay algún lunático iluminado. deseoso de ver los tanques entrando por la Diagonal, para quien Mariano Rajoy y su prensa -¡La Sexta, Cuatro y RTVE!- conspiran con el independentismo para romper España. ¡Es tan tierno Federico!.
Hostias como panes
En Madrid los partidos de orden (PP, PSOE y C's) se han puesto las orejeras y han decidido intervenir Cataluña sin que les importe lo que diga su president (no hace falta ser Hércules Poirot para deducir de su última epístola a los genoveses que no puede haber declarado la independencia quien advierte que la declarará si no hay diálogo). Nos da igual lo que diga un señor que está fuera de la ley, declararon a coro Martínez-Maillo, Girauta y Ábalos (Apoyaremos cualquier cosa que el gobierno decida hacer, sea lo que sea, declaró Rivera con adhesión inquebrantable). Hablando se entiende la gente, vamos.

Parece que en España no hay hoy otro asunto que Cataluña, pero Mariano Rajoy lleva seis años al timón y antes estuvo otros siete al frente de la oposición más irresponsable y vandálica que pueda tener un país democrático, y en todo este tiempo mirando pasar las nubes y pronunciando frases incomprensibles para salir en los memes, de Cataluña sólo le interesaba lo que publicaba el Marca sobre el Barça, mientras sus asesores en la Moncloa y en los medios amigos avivaban el fuego de Cataluña para producir humo tras el que esconder corruptelas, recortes y mala gestión.

Las verduras de la escalivada

Emplear el secesionismo catalán como cortina de humo no es una practica exclusiva de Mariano Rajoy, su gobierno y su partido. Artur Mas, el político que nunca creyó en la independencia -ese concepto anticuado y oxidado, decía hace quince años-,un buen día,  cuando se veía en apuros por los registros en las sedes de su partido, los procedimientos judiciales del 3% y la impopularidad de sus recortes, se fijó en las multitudes que llenaban las calles cada Diada y mentalmente tradujo el número de asistentes en votos. Como Saulo al caer del caballo, Artur vio la luz de la independencia. Este concepto se convirtío en el principal y único de sus programas electorales. Aún así en las elecciones de 2012 le salió el tiro por la culata: pocos se creyeron la súbita conversión de un hijo, nieto y bisnieto de la vieja burguesía catalanista, esa de fábricas textiles, torres en Pedralbes y somatenes. De modo que se alió con sus rivales naturales de Esquerra Republicana, hizo con la extrema izquierda independentista un pacto de no agresión tan chocante como el de Molotov y Von Ribbentrop en 1939 y otorgó a las siguientes autonómicas un autoproclamado caracter plebiscitario. Ni aún así ganó el presunto plebiscito; así que, para garantizar para su partido las altas cotas de poder que estaba acostumbrado a disfrutar, tuvo que refundarlo y rebautizarlo y él mismo sacrificarse: el independentista converso Mas cedió el protagonismo al independentista de cuna Puigdemont que pilota el Procès hacia la separación dirigido como un títere por un par de colectivos a los que no ha elegido nadie (Assemblea Nacional Catalana y Òmnium Cultural) y prisionero de unos gamberretes con indigestión de trotskismo y ultranacionalismo a la kosovar (la CUP,  cuyo idioma no es el catalán ni el castellano, sino la okupación, la algarada y la quema de banderas y fotos). La habilidad de tan excéntrica alianza ha estado en lograr que millones de catalanes compren la quimera de una república independiente próspera, europea, reconocida por todo el orbe y que camina sin lastres hacia la felicidad.

¡Ojo!.aún hay más verduras en la escalivada, porque en la otra trinchera también aviva el fuego alguna asociación de guardias civiles -la Unificada- que desdoran la labor de esos compañeros suyos que vigilan y detienen a los corruptos, fiscales y jueces a quienes la palabra independencia les suena a swahili y un grupo de catalanes a quienes tampoco ha votado nadie y piensan que para representar a la sociedad civil basta con bautizarse como Sociedad Civil. Estos otros no electos gritan que quieren dejar de ser la mayoría silenciosa, aunque nunca han demostrado ser la mayoría. Su Puigdemont a prisión de hace dos domingos me recuerda tanto a aquel Tarancón al paredón de hace cuarenta años. Puede que la historia no se repita pero rima.

Aquellos maravillosos años

Hasta el párrafo anterior me he estado refiriendo al Nuevo Testamento  de esta historia (Los hechos de los gobiernos de Rajoy, a los que volveré), pero para entender la actual crisis de Estado hay que retrotraerse aún más.  En el haber de Mariano Rajoy constará siempre haber encendido la mecha del polvorín. En el principio estaba él: En 2007 el Govern presidido por Pasqual Maragall presentó una amplia reforma del Estatut de autonomía aprobada mayoritariamente en el Parlament y ampliamente refrendado por el pueblo catalán. El Congreso de los Diputados también le dio el visto bueno tras una rebaja bipartidista de su graduación que el infame Alfonso Guerra calificó de cepillao. No era bastante para un PP insaciable que surfeó sobre una ola de catalanofobia en el resto de España (el primer boicot al cava, por ejemplo) con la que abrío el camino a su mayoría absoluta (como siempre se trataba de ganar votos minando la estabilidad y la paz). El propio líder de la oposición salió a la calle y sus fieles le ayudaron a reunir cuatro millones de firmas (no sé si la cifra tiene la fiabilidad
 del recuento de votos en la consulta del 1 de octubre), con las que apoyó un recurso de inconstitucionalidad. Los plazos del Tribunal Constitucional son los que son y en 2010 llegó la sentencia que de un texto con amplio refrendo democrático eliminaba fueros que sí permanecen -y con manga más ancha incluso- en otros estatutos de autonomía reformados como los de Andalucía y Valencia. Por tanto Cataluña lleva siete años con un Estatut recortado y siendo menos autónoma que otras comunidades que se consideran nacionalidades históricas. Y todo gracias a un registrador de la propiedad pontevedrés y a  jueces de su misma pasta.

Tiempo de gobernar

Arreciaba la -hasta ahora- última crisis del capitalismo cuando Mariano Rajoy llegó al Palacio de la Moncloa gozando de una amplia y cómoda mayoría absoluta en el Parlamento, mayoría de la que apenas necesitó alardear, pues durante su primer mandato recurrió a menudo al decreto ley. Con la economía del país hundida por culpa del hundimiento financiero global y el estallido de la burbuja inmobiliaria local, era imprescindible una intervención económica internacional (a la que el ejecutivo socialista anterior ya había abierto las puertas). Aunque en el entorno gubernamental y sus altavoces mediáticos la palabra rescate fue proscrita, la inyección de dinero a la Banca española alcanzó una cifra que puede ir de 40.000 a 60.000 millones de euros que supuestamente no iba a repercutir en los contribuyentes pero que seguirá saliendo de nuestros bolsillos durante décadas. La salida del pozo, hundida la construcción, fue encomendada a otro monocultivo, el turismo, y el país de albañiles se convirtio en un país de camareros, mal pagados, con contratos precarios y a menudo fraudulentos (que no pueden sostener el sistema de pensiones) y sin apenas derechos laborales. La Reforma Laboral de 2012 legalizó un nuevo esclavismo. La otra hormona del crecimiento económico. (empleada en distinta escala, por todos los gobiernos desde Felipe González) fue la privatización de casi todo: AENA, los ferrocarriles, la seguridad de las prisiones, además de los sucesivos intentos de privatizar la salud púbica (la Justicia tumbó a medias algunas decisiones en las comunidades de Madrid y Valencia, pero siguen adelante practicas privatizadoras como las del gobierno nacionalista catalán y el socialista de Andalucía). Los canarios no podrán olvidar las prospecciones petrolíferas de Repsol impuestas a la fuerza por el entonces ministro Soria, ni los tarraconenses los terremotos causados por el almacén de gas por cuyo abandono ahora tenemos todos que indemnizar ¡! a ACS.
Se salió de la recesión, sí, y aseguran que hemos dejado atrás la crisis. Esto último es más que discutible, pues no hay milagro económico; detrás de las relumbrantes cifras de las que cada primero de mes alardean el portavoz del gobierno y la ministra de empleo, lo que hay son salarios y pensiones que prácticamente no suben y pierden poder adquisitivo, niños que van al cole sin desayunar y trabajadores que saben bien lo que es la pobreza.

 No todas las calamidades de estos seis años han sido económicas. Sin querer hacer una crónica exhaustiva de estos tiempos, recordemos tan solo que también han estado la LOMCE  de Wert, que subvenciona escuelas segregadas y españoliza a los niños catalanes (se me olvidaba que los que adoctrinan son los independentistas), la Ley mordaza y la policía patriótica de Fernández Díaz y, lo más vistoso de todo, la corrupción que todo lo pringa.

El humo ciega tus ojos

La cuestión catalana sirve ahora para que se olviden estas cosas como perfecta cortina, pero antes era precisamente lo que Mariano Rajoy quería que pasara a la desmemoria colectiva ¿cómo? no haciendo nada: ha pasado seis años arrellanado en su despacho confiado de que la gente se olvidaría de los tiempos en que el entonces opositor en jefe se dedico a aventar la catalanofobia por los secanos de España para arrancar votos, apoyado por la fuerza manipuladora de TVE y los medios de comunicación controlados por la vicepresidenta, la que da y quita licencias de emisión y publicidad institucional (especialmente los medios del grupo Planeta, teledirigidos por el siniestro Mauricio Casals desde el vestíbulo del Palace, y, en menor medida, Mediaset, más interesada en la telerrealidad y el chafardeo). Esta coraza le protegió cuando salió a la luz que cobraba sobresueldos, que su partido está financiado irregularmente mediante comisiones y reforma sus sedes con dinero negro. ¿le seguirá sirviendo? Es probable, si hasta en los espacios deportivos de Antena 3 y La Sexta se habla más de Cataluña que de fútbol.

El milagro de la multiplicación de los independentistas

¡A por ellos, oe!
¿Panes y peces? Eso es calderilla, cosa de principiantes. En seis años de gobierno Mariano Rajoy ha conseguido lo que ningún nacionalista catalán pudo en la historia de la democracia: llenar las calles y las instituciones de independentistas. Cuando él llegó al poder sólo podía considerarse independentistas a once diputados del Parlament; ahora son 72 y tienen la mayoría.

El juego de la gallina

El problema no estaba en el 1 de octubre, una encuesta sin validez que habría pasado sin pena ni gloria ni consecuencias si desde Madrid no se hubiera respondido con sobreactuación, violencia e invocando a un patriotismo herido. Si había que intervenir en Cataluña para restaurar la legalidad debió ser después del 7 de septiembre, cuando en el Parlament esa mayoría independentista no sólo atropelló la Ley sino el propio reglamento parlamentario. Pero entonces ¿para que quería el gobierno central el famoso artículo 155 y la convocatoria electoral anticipada? A Rajoy le traen al fresco unas elecciones catalanas donde sabe que su partido, en el peor de los casos, quedaría reducido a fuerza extraparlamentaria y, en el mejor, se quedaría como estaba. Además unas elecciones entonces, tras el juego tramposo de los independentistas, eran terreno abonado para los partidarios del diálogo y los equidistantes.

Información ¿deportiva?
De la desidia que confiaba en las soluciones mágicas, el presidente del gobierno de España pirómano, cuando el mundo miraba a Cataluña, se vistió de bombero, pero ya había quemado todos los puentes e inutilizado los extintores. Sólo le quedaban la fiscalía (la misma que se chivaba a sus correligionarios corruptos cuando la UCO iba a por ellos: Sánchez-Maza, Catalá y otras ilustrísimas), las porras y las balas de goma (por cierto, prohibidas en Cataluña), Policía y Guardia Civil desplegadas  de forma tan desproporcionada como demuestra un ejemplo muy reciente: La Administración central ha enviado seiscientos efectivos a apagar el fuego en Galicia; a encenderlo en Cataluña envió diez mil. Al comprobar que nadie se creía su disfraz de apagafuegos, Rajoy volvió a encender el mechero y los suyos enarbolaron la bandera borbónica animando a la Policía a los sones de Manolo Escobar (ignorando que su "Y viva España" lo cantó primero una señora alemana) y el "¡A por ellos, oe!". Su más reciente paso hacia el precipicio (por el que no caerá él; nos precipitará a todos) ha sido cargarse la separación de poderes presionando para encarcelar a líderes independentistas y acosar al major de los Mossos, añadiendo gasolina al fuego (el mundo abertzale sabía cuán útil le era tener presos dispersos por todo el territorio para enarbolar sus fotos en manifestaciones. Todo nacionalismo necesita sus víctimas).

Es cierto que otras partes (independentistas y neutrales) pecan de una ingenuidad infinita creyendo que, escandalizada por las fotos de violencia policial en las portadas, Europa acudirá rauda a salvar a una Cataluña golpeada. Esa misma Europa que teme que las brasas del incendio catalán se expandan a Flandes, Córcega y otros territorios insurrectos. La misma a la que no preocupa tanto que la xenofobia y el fascismo florezcan en su seno. La misma que calumnia a las oenegés que salvan vidas en el Mediterraneo diciendo que fomentan una invasión migratoria (el ministro de Rajoy José Ignacio Zoido puso su voz a esa mentira), la Unión Europea que creó y financia matones libios que atacan a esos cooperantes.

Cálculo electoral

Claro, a Mariano Rajoy no le interesaban elecciones y calma cuando más necesaria era (haber intervenido para calmar las cosas después del despropósito parlamentario del 7 de septiembre). La paz no da votos y él no dialoga con quienes no son de la "buena estirpe". Los desprecia intelectualmente. Es mejor servirse de ellos ahora para destruirlos electoralmente después. Sabe que el seguidismo es la tumba del PSOE y que la gente no compra la equidistancia y la indefinición en que está Podemos. Los datos estadisticos de que dispone Rajoy señalan que alimentar el ultranacionalismo español le permitirá recuperar el apoyo de la extrema derecha -la militante y la sociológica cuñadil- que su anterior inactividad le ha hecho perder; así hace el camino a recuperar la mayoría absoluta en las próximas elecciones generales.

Azuzando los odios territoriales Mariano Rajoy, a quien le importan un bledo Cataluña y España, logra que no se hable de sus corruptelas y su mala administración, pero nos lleva hacia el abismo. Gracias a la irresponsabilidad de nuestro presidente y de los gobiernos del Partido Popular, Cataluña y España están más alejadas que nunca y el terreno de juego tan arrasado que no hay otra solución , ni cercana ni lejana, que un referendum pactado, algo que tampoco quieren Ciudadanos ni los socialistas. Estamos viendo que estos últimos (para ésto no te votò la militancia, Pedro) no están por la única solución sensata para que Cataluña siga siendo parte de España: sacar al actual presidente de la Moncloa.

Los políticos con amplitud de miras y vocación de servicio son la excepción: los mediocres abundan en todo el mundo. En España los malos políticos son la norma. Un escritor poco sospechoso de progresismo, Arturo Pérez-Reverte, describía un país de bravos soldados con mandos torpes y codiciosos al servicio de gobernantes corruptos donde el mal gobierno, más que una práctica, es una tradición y una costumbre. No lo pudo expresar mejor el anónimo autor del Cantar de Mio Cid:

 Dios que buen vassallo si oviesse buen señor







lunes, 5 de diciembre de 2016

La ambición rubia del sur



Ni Monroe ni Ciccone; en el siglo XXI y en España la nueva ambición rubia se apellida Díaz Pacheco. Es una sevillana de 41 años que, antes de entrar en política siendo una adolescente y desde entonces dedicarse a lo institucional como única actividad conocida y reconocida, sólo consta en los anales como bética, catequista y distribuidora Avón. De hecho, en el curriculum con el que se presentó a aquellas elecciones primarias para la secretaría general del PSOE de Andalucía que no llegaron a celebrarse por falta de avales de sus contrincantes aseguraba que ya era miembra (sic) de las Juventudes socialistas antes de cumplir los cieciocho años; durante la mitad de su vida la señora Díaz sólo se ha apeado de coches oficiales. Ahora su ambición ha traspasado la frontera natural de Despeñaperros y aspira a expandirse por toda España haciéndose con la secretaría general del Partido Socialista, algo que dudo que necesite pues ya mangonea a su antojo en la organización. Veamos qué tiene a favor y qué en contra en su empeño.

Díaz ha venido actuando como correa de transmisión de la vetusta guardia de los suyos -González. Rubalcaba, Corcuera, Ibarra...-, determinada prensa -PRISA- y los poderes financieros y empresariales, tan alérgicos como ella misma a mirar a su izquierda cuando se necesita sumar apoyos. Ya lo hizo adelantando elecciones en 2015 para desprenderse de Izquierda Unida y ha vuelto a hacerlo año y medio después al dirigir la defenestración de Pedro Sánchez, a quien ella había impulsado al liderato creyendo que sería un títere manejable en sus manos. A su servicio tiene también una gestora dócil que se extralmita en sus funciones castigando a quien desobedece órdenes y gobernando el partido sine die cuando su cometido debía ser convocar un congreso extraordinario cuanto antes, disolviéndose de inmediato. A esto ha unido últimamente el apoyo velado del catalán Miquel Iceta logrado mediante la amenaza de dejar a los socios del PSC sin voz ni voto en los próximos procesos federales, después de que ellos tampoco acataran la abstención impuesta en la investidura de Mariano Rajoy. Con estas maniobras busca además cercenar la gira de reconquista emprendida por Pedro Sánchez, una peregrinación nacional tan condenada al fracaso que roza el patetismo; sin prestgio, escaño ni cargo interno, la de Sánchez es una carrera política amortizada y malogada. Hoy Susana Díaz defiende una  alternancia socialdemócrata (¿?)  que tranquilice a los verdaderos poderes, sometida más que coaligada, al gobierno del Partido popular en nombre de la razón de Estado. Así las cosas y si los socialistas se preocupan más de nombres y titulares que de lo realmente importante, un proyecto de izquierda diferente, combativa y competitiva, la única figura que hoy podría generar ilusión y mostrar solidez y credibilidad en las filas socialistas y en sus aliados naturales es curiosamente la de un político retirado, Josep Borrell. La suya ha sido la voz nás sensata que ha sonado durante la crisis del PSOE que estalló el 1 de octubre, pero El País ya se ha lanzado a neutralzarlo mediante titulares escandalosos; ya le hizo esa tarea al felipismo cuando Borrell le ganó al aparato las elecciones primarias de 1998.

Sin embargo, si la señora Díaz Pacheco quiere acceder a la secretaría general deberá superar las reválidas de unas elecciones primarias yun congreso de los de un militante un voto que se celebrarán cuando ella y sus pretorianos lo decidan, y lo único que de momento tiene garantizado son los avales, pero no desde luego la victoria. Es cierto que tiene los apoyos de la gestora, el eterno felipismo, PRISA y la nomenclatura andaluza, pero para grn parte de la militancia andaluza Díaz es un ángel exterminador y ni siquiera en su tierra las tiene ya todas consigo: Sus candidatos ya cayeron ante los de los populares andaluces en las elecciones generales del 26 de junio y en el interior del PSOE andaluz surgen pequeñas células de resistencia que ya no se esconden y están dando la cara en una suerte de plataforma anti-gestora presentada hace unos días. Vaya donde vaya Díaz contempla incrédula cómo los baños de multitudes de antes se convierten hoy en broncas y la desintegración que sus políticas están provocando en el sistema sanitario del que está tan orgullosa saca a la calle a miles de ciudadanos enfaddados. Puede que el camino de la noeva ambición rubia desde un emirato al califato llegue a puerto pero no será, ni mucho menos, un paseo militar.







miércoles, 20 de julio de 2016

Los niños con los niños y las niñas con las niñas (la política segregada)

Aquella famosa canción de Los Bravos que daba título a la película que protagonizaba el conjunto yeyé en 1967 -Los chicos con las chicas- nunca tuvo menos razón que en la política parlamentaria de esta naciente legislatura surgida de las elecciones generales del pasado 26 de junio. Está plenamente en vigor la Ley de Educación dejada en herencia por el exministro José Ignacio Wert -hoy disfrutando de su romántico y bien pagado retiro parisino-, esa que consagra que sean generosamente subvencionados colegios e institutos religiosos y privados en general aunque segreguen al alumnado según sexos -aquel viejuno los niños con los niños y las niñas con las niñas-; y dentro del Palacio de las Cortes todo se clarifica: las derechas con las derechas y las izquierdas contra las izquierdas dándose de bofetadas o poniéndose zancadillas; a eso debían referirse Mariano Rajoy y su amiga y protegida Ana Pastor al hablar de normalidad y estabilidad.

Todos volvemos a la casilla de salida, pero nadie quiere mover un dedo, Algunos preferimos dorarnos en la playa, otros fumarse un puro para no perder las buenas costumbres; otras irse a la cama.

Lo vimos en la  mismísima apertura de la legislatura y elección de la Mesa del Congreso: Ciudadanos, el partido de la regeneración, ha caído rápidamente en la red tendida por lo peor del PP a cambio de migajas -puestos en la mesa que ni siquiera le correspondían-. También los nacionalistas vascos y catalanes han demostrado ser gente de orden -es decir, de derechas de toda la vida-; las veleidades independentistas de algunos no deberían llamar a nadie a engaño. En cuanto a las izquierdas, en la misma votación Podemos ha decidido tropezar en la misma piedra de las manos llenas de sangre y el no me sale de ahí de las investiduras fallidas de Pedro Sánchez sacándose de la manga un candidato a tercera autoridad del país -Domenech- que sólo servía para otorgar al PP el control sobre todos los poderes del Estado ¿será eso la transversalidad?

Lo ocurrido en la primera sesión de la legislatura no es más que un reflejo de algunas actitudes vistas durante la primera ronda de conversaciones para lograr una investidura y posterior gobierno, planteadas por el presidente en funciones como un plebiscito de adhesión inquebrantable a su egregia persona y sus catastróficas políticas. Don Alberto -acabará castellanizando el nombre como Alex/Alejo Vidal Quadras- Rivera (dónde dije digo digo Diego) ha logrado que incluso en la dirección de los populares hayan alucinado con que un secretario general que en los debates electorales soltaba sapos y culebras contra Rajoy ahora le tienda alfombra roja hacia la presidencia -en forma de abstención, dicen- sin pedirles nada a cambio, ni regeneración, ni Ley Wert, ni ley Mordaza, ni cambios en la reforma laboral, ni esa nueva ley electoral por la que suspiran, ni la cabeza del ministro de Interior y Grabaciones Fernández Díaz ni la de Montoro el amnistiador de amiguetes. Sin duda lo próximo será un marcial ¡Señor, sí señor. A las órdenes de Su Excelencia!. Lo previsible, y yo diría que deseable, es que si esto acaba en unas terceras elecciones, su vergonzosa conducta lleve a Ciudadanos tras los pasos de UPyD y acabe en el limbo de la irrelevancia extraparlamentaria con tantos escaños como PACMA. Si finalmente hay que sacar de nuevo las urnas a los colegios ya puedo oír a la claque mediática del Régimen: toda la culpa será del PSOE por enrocarse en el bloqueo y el No es no ¡pretenden que los socialistas digan amén a la LOMCE y a la reforma laboral del trabajo basura y los sueldos de hambre!. Espero que hayan aprendido algo de su error de haber pactado con Rivera un programa liberal.

Así las cosas el único lugar donde estar será la oposición y fuera de los consenso impuestos por la gente de orden.



martes, 26 de enero de 2016

Sudar sangre (un acuerdo de oposición)




Resulta realmente penoso que en medios de comunicación, tertulias y charlas familiares la historia de la reciente constitución del Congreso de los Diputados la cuenten unas rastas y un bebé. Luego se escandalizarán si el respetable prefiere estar pendiente de los necios de Gran Hermano VIP, que a buen seguro se entretienen en cosas más interesantes que los opinadores de turno, y con éstos estalla el alboroto - y el alborozo- en Twitter y Facebook. La verdad es que sus mismísimas señorías colaboraron a propósito en el triste espectáculo no pensando en lo qué dirá la posteridad de su obra sino en lo que dirán las inmediatas tertulias televisivas y redes sociales sobre sus proclamas y gestos más histriónicos y sobre sus indumentarias. Por eso el aspecto de todos respondió a lo que se esperaba de ellos, a juego con la imagen pública proyectada  en el subconsciente colectivo a través de las cámaras de televisión: Cada cual con su uniforme. No busquen una corbata entre los de Podemos ni unas rastas entre los diputados electos por el Partido Popular. Hablando de cabelleras, la veterana -¿viejuna?- Celia Villalobos estuvo bastante cegata buscando piojos en cabezas rivales cuando entre sus propias filas tenía una enorme ladilla llamada Pedro Gómez de la Serna, claro que este ectoparásito iba tan elegante y formal... Días después leo a la derecha mediática -este concepto empieza a ser redundante- llevarse las manos a su repeinada cabeza porque Pablo Iglesias haya ironizado sobre el abrigo de pieles que  con orgullo patricio lucía una periodista del digital de Pedro J. Ramírez. ¡Basta de mariconadas, Pablo! Yo le habría rociado el abrigo con espray rojo. Los opinadores también se escandalizaron con que los socialistas prestaran votos a los independentistas catalanes para que tuvieran voz en el Senado. ¡Pero si éstos defienden un referendum de autodeterminación y el cierre de dicho estercolero! No puedo estar más de acuerdo con ambas cosas.

No sé si es más divertido o deprimente escuchar ahora a quienes antes de las elecciones reclamaban el fin del bipartidismo que, sintiendo vértigo e incertidumbre ante un panorama más abierto, piden la vuelta al anterior statu quo en forma de gran coalición; a favor de ésta maniobran los ancianos de la tribu socialista -González, Rubalcaba, Ibarra-, barones territoriales que deben sus sillones a Podemos -García Page, Fernández Vara, Puig- y algunos medios que nunca lo han disimulado -El País-. Incluso Europa advierte a la izquierda de que no juegue con el fuego de los grandes intereses económicos  de siempre si no quiere probar el mismo jarabe de palo que Tsipras.

Han calado en gran parte de la opinión pública los mensajes apocalípticos esparcidos desde ABC, El Mundo o TVE que vaticinan que si toca poder Podemos o un contubernio de izquierdas se desatará un Armagedón comunista y bolivariano de expropiaciones que ríase usted de la Lubianka. En cambio también hay voces que piden al Partido Socialista de Pedro Sánchez que no se deje atraer por cantos de sirena que hablan de responsabilidad queriendo decir sumisión; y las hay tanto fuera como dentro de sus filas; no todo está perdido.

-"Pedro, tú serás presidente y yo vicepresidente de Piedradura"
Pero Pablo, ¿qué hacemos con Betty y Wilma?"
-"Pues serán ministras"
Todo parece haber dado un vuelco desde que el pasado viernes Mariano Rajoy dio la espantada y renunció a presentarse a la investidura -por ahora, dijo-. Fue entonces cuando apareció Pablo Iglesias reclamando para sí la vicepresidencia y varios ministerios para los suyos -¿y dos huevos duros?-. De modo que se trataba de despachos y coches oficiales.

-"No me llega la camisa al cuerpo"
Se ha quitado del medio Rajoy -¿por ahora?- y de momento se ha puesto sordina a a la reclamación podemita de una jaula de grillos de grupos parlamentarios que acaparara más minutos ante los focos -el periodista Miguel Angel Aguilar se mostró en televisión partidario de dárselos "para que se ahorquen con su propia soga" dijo, y recordó que cuando tuvo mayoría absoluta el PSOE renunció a sus grupos catalán y vasco porque tener las voces dispersas era contraproducente-. Y ahora los partidos a la izquierda del PP -casi todos- andan enfrascados en lograr un acuerdo de gobierno que se me antoja inoperante con una mayoría de bloqueo en contra en el Senado. Y digo yo: ¿no sería más realista pactar un gran acuerdo de oposición que también incluya a Ciudadanos cuando los populares se desprendan de ese obstáculo que, también para ellos mismos, es Mariano Rajoy? Pienso en la idea de dejar gobernar a un PP con otra cara que no podrá engañar a nadie pero que deberá sudar sangre con el Parlamento en contra -como ahora Maduro en Venezuela-. Esa oposición deberá mantenerse unida para imponer la derogarción de la LOMCE, la reforma laboral y la Ley de Seguridad Ciudadana, sustituir la presidencia de RTVE y aprobar la Ley 25 de emergencia social presentada por Podemos, además de aprobar una reforma fiscal para incrementar los ingresos y se pueda cumplir con el equilibriopresupuestario que exige Europa sin más recortes. No dudo de que los partidos nuevos se pondrán de acuerdo en reformar la Ley Electoral y evitar que PSOE y PP vuelvan a repartirse los jueces del Constitucional y el Supremo. La reforma de la Constitución -que no se puede ni debe hacer de espaldas a los populares- deberá esperar un momento más propicio. poco tiempo porque este gobierno sólo duraría hasta que no pueda aprobar los presupuestos de 2017 y tenga que cinvocar nuevas elecciones; en un momento inmejorable porque previsiblemente será cuando un partido ya doblemente imputado deba sentarse en el banquillo, y eso en las urnas se paga caro. Hasta entonces, paciencia los unos y a sudar sangre los otros.