¡Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos! es sin duda una acertada exclamación falsamente atribuida al general Porfirio Díaz. Fue presidente mexicano durante treinta años en siete períodos separados entre sí y sus gobernados sufrieron sangrientas invasiones y saqueos de sus vecinos del norte, pero al menos se libraron de lidiar con el actual inquilino de la Casa Blanca. Es visto precisamente con los ojos de la Norteamérica de Trump como es el México de esta lista de canciones: una colección de tópicos turísticos, lugares comunes, folclore e historias más o menos legendarias que incluye playas paradisíacas en el Pacífico y el Caribe, narcotraficantes, bandoleros, revolucionarios de Villa y Zapata, masacres, cactus, divorcios rápidos y baratos, tequila y otros
duros tragos, comida picante y la Virgen de Guadalupe. Como cantaron Hidrogenesse, el muro de Pink Floyd y el de Berlín son cosas del siglo XX; el XXI es del muro de Donald Trump. Aunque esta lista está en realidad inspirada por Mexicana, un álbum de láminas turísticas y folclóricas de la editorial Taschen. Hay de todo, turistas y nativos. Disfrútenla, pinches.
1. Cake: Mexico
2. Julian Cope: Mexican Revolution Blues
3. Mano Negra: Viva Zapata
4. Lila Downs: La cumbia del mole
5. The Drifters: Mexican divorce
6. Chavela Vargas: En el último trago
7. Los Tigres del Norte: La reina del sur
8. Mariachi Mezcal: Contrabando y traición
9. Alaska y Dinarama: Lupita la trailera
10. Los Cuates de Sinaloa: Negro y azul (Ballad of Heisemberg)
11. Bruce Springsteen: Sinaloa cowboys
12. Jonaty García: Los pistoleros
13. Bob Dylan: Romance in Durango
14. The Four Tops: Loco in Acapulco
15. J.J. Cale: Teardrops in my tequila
16. Corcobado: Dientes de mezcal
17. Los Torrenciales de la sierra: Nariz inquieta
18. Kevin Johansen: Guacamole
19. Amanditita: La güera Televisa
20. La Mafia del Norte: El Chile Rosas
21. Tex Mex y Mex: La banda del carro rojo
22. Calexico: Entrenando a Los Tigres
23. Balkan Beat Box: Mexico City
24. Andrés Calamaro: Estadio Azteca
25. Los Intocables del Norte: Chapo Guzmán
26. Arturo Salas: Corrido de Tiburcio Calderón
27. Ry Cooder: Canción mixteca
28. Sun Kill Moon: Pancho Villa
29. Los Lobos: Carabina 30-30
30. Waylon Jennings: Ain't no good in Mexico
Era como si Dios hubiera resuelto poner a prueba toda capacidad de asombro,
y mantuviera a los habitantes de Macondo en un permanente vaivén
entre el alborozo y el desencanto, la duda y la revelación,
hasta el extremo de que ya nadie podía saber a ciencia cierta
dónde estaban los límites de la realidad.
(Gabriel García Márquez)
Una patrulla de las FARC
Cuando el 3 de octubre pasado los votantes -una minoría de los convocados- por una exigua diferencia de sufragios dijeron no al acuerdo de paz negociado por el gobierno colombiano y las FARC en Oslo y La Habana la sociología atravesaba una racha de fallos garrafales de las encuestas y las previsiones abierta en el Reino Unido con la victoria en referéndum del Brexit y que ha continuado en los EE.UU. con la victoria electoral de Donald Trump. De la mayor parte de estos fenómenos se han hecho múltiples análisis que prueban por qué no fueron tan sorpresivos, pero es curioso que en un país como el nuestro tan vinculado a América Latina no nos hayamos esforzado más en buscar explicaciones creíbles a lo ocurrido en Colombia, y menos aún desde que el premio Nobel de la Paz otorgado a Juan Manuel Santos ha disuadido a casi todos de hacerse unas preguntas cuyas respuestas no gustarán a casi nadie.
La mayoría de españoles, y no colombianos en general, no pueden explicarse que alguien pueda pronunciarse contra la paz y un medio de conseguirla que contaba con un amplio acuerdo. Cierto es que el exceso de expectativas puestas en el acuerdo sometido a plebiscito y la casi obscena manipulación de la información para obtener el sí quiero de los colombianos obligó a los promotores de la paz, tras recibir un doloroso no, a ser más humildes y a eliminar aquel aspecto de lo negociado que más rechazo causaba entre las víctimas: la impunidad para los crímenes de guerra, y a llegar a un acuerdo corregido que finalmente se firmó en Bogotá el 24 de noviembre sin tanta parafernalia y fue ratificado después por la Cámara de Representantes y el Senado de la nación,
pero lo que pocos analistas extranjeros tuvieron en cuenta en octubre es que lo que los colombianos han vivido durante más de medio siglo es una guerra de aniquilación que se ha mantenido tanto porque, además de doscientos cincuenta mil muertos y seis millones de desplazados,siempre ha habido ganadores: en primer lugar la extrema izquierda armada que son las propias guerrillas de las FARC y el ELN -esta última plenamente activa a día de hoy-, por otro lado la ultraderecha de los paramilitares auspiciados por los caciques locales y los usurpadores de tierras, ambos bandos generosamente financiados mediante el narcotráfico y ambos armados hasta los dientes por potencias y gobernantes con intereses heredados de la guerra fría. Sus respectivos botines se han medido en la superficie de tierra incautada -robada- al Estado -entre unos y otros el quince por ciento de la superficie total de Colombia-; las víctimas han sido principalmente civiles acusados, casi siempre sin pruebas, de trabajar para el bando enemigo y campesinos cuya tierra estaba en el camino de la deseada expansión territorial. A esta alianza de facto entre contrarios se han unido después cristianos ultraconservadores que mantienen un sueño de refundación de una patria de pesadilla ubicada en algún lugar de un pasado que se creía superado.
Crimenes de los paras
Si el rechazo a los crímenes de las FARC se ha convertido en aborrecimiento a cualquier forma de paz con ellas, igualmente detestable es la utilización porparte de los políticos del daño causado -algo que también sabemos hacer en España- para conseguir adeptos contra los acuerdos, argumentando una gran mentira -que otros líderes podrian negociar una paz mejor-, cuando ellos no necesitan negociar paz alguna: ya han ganado la guerra. Lo prueba su sangriento boicot a la Ley de Restitución de Tierras de 2011: se cuentan ochenta asesinatos de personas que han buscado recuperar sus tierras. El rechazo a devolver lo robado está íntimamente conectado al rechazo a la paz.
Sobre esa ultraizquierda sólo diré que me niego usar para ella ese nombre de regusto romántico que es guerrilla: son simplemente una banda terrorista como ETA, las Brigadas Rojas, la Baader-Meinhoff o Septiembre Negro cuyo fanatismo, crueldad y daño causado sólo ha superado Sendero Luminoso en América Latina, y Dáesh y las franquicias de Al Qaeda en el resto del mundo. Su guerra ha generado una cadena interminable y retroalimentada de crimen, venganza, odio y traumas personales. Si sumamos una arrogancia tan grande como sus crímenes, entenderemos que aquellos a quienes los guerrilleros despojaron de su casa y sus familiares, secuestrados, mutilados o asesinados, no quieran oir hablar de perdón, pese a lo cual las FARC pretenden pasar por este trance sin pagar mucho por sus crímenes. Da la sensación de que Colombia quisiera imitar la transición y la evolución de España, un país que sabe mucho de impunidad.
Pero ahora la amenaza de la extrema derecha es más peligrosa, porque va a estar ahí al margen de cualquier acuerdo incluso después de que las FARC entreguen las armas y se integren a la normalidad. El terrorismo de Estado que representan los escuadrones de la muerte ya existían antes de que las FARC se echaran al monte. El paramilitarismo lo creó el presidente John Kennedy cuando en 1962 envió a Colombia una misión militar encargada de lanzar la guerra sucia contra el enemigo interno al estilo de la teoría del dominó de aquellos tiempos de la guerra fría. Por tanto no es cierto que las actuaciones de los paramilitares sean una respuesta a las de las FARC: Ellos ya estaban ahí y no van a desaparecer cuando la banda se desmovilice; de hecho sus abogados y lo más duro y reaccionario de la cúpula militar pide a los escuadrones de la muerte que se mantengan preparados para atentar contra los comandantes guerrilleros cuando éstos se integren al sistema. Además los siguientes pasos de los paramilitares estarán condicionados por sus negocios y acuerdos con los narcos.
Ya he señalado antes que la extrema derecha cristiana ha vertido bidones de gasolina en la pira donde se quema Colombia. Sus tentáculos alcanzan todos los rincones y esferas del poder: uno de los grupos integristas más influyentes en Colombia es la fraternidad creada por el obispo francés Marcel Lefevre, excomulgado por Juan Pablo II y recomulgado por Benedicto XVI. A esta orden pertenecen funcionarios del Estado tan poderosos como el procurador Alejandro Ordóñez, famoso por intentar procesar a mujeres que abortaron siguiendo los supuestos legales en el país o recurrieron a la píldora del día después y por organizar quemas de libros -Marx, García Márquez y hasta biblias no católicas- al estilo del Berlín de 1936. Ni que decir tiene que Ordóñez fue un entregado activista del no en el plebiscito de octubre.
Santos y Uribe: eran otros tiempos
Aunque la cara del no a los acuerdos es la de un político que ha pretendido erigirse en la voz de las víctimas mientras tiene abiertos ciento ochenta y cinco procesos internacionales por delitos de lesa humanidad, y aún así su popularidad en el país no ha descendido un ápice: me refiero al presidente de Colombia entre 2002 y 2010 y actual senador Álvaro Uribe. Los éxitos macroeconómicos de su mandato no pueden silenciar las atrocidades cometidas a la sombra de este amigo de José María Aznar que puede estar entre los políticos más nefastos de América Latina: a casi 3.500 ascienden los asesinatos de Estado cuyas víctimas han sido falsamente catalogadas como guerrilleros por parte de miembros de las fuerzas armadas. Uribe alentó esta escabechina indiscriminada mediante una directiva de 2005 que promovía la caza de recompensas: ordenaba pagar casi cuatro millones de pesos por cada guerrillero muerto. El número de falsos positivos -campesinos, víctimas de la guerra, molestos rivales o gente que pasaba por allí- es incontable. Treinta dos mil personas desaparecidas en ese periodo siguen en paradero desconocido sin que nadie lo investigue; también en eso imitan a España. Un hermano del propio Uribe está siendo procesado por haber sido uno de los lideres del grupo paramilitar Autodefensas Unidas de Colombia. El mismo expresidente y senador fue alcalde de Medellín y gobernador de esta provincia en los años de esplendor del cártel que dirigía Pablo Escobar.
En Colombia los los líderes del rechazo a la paz son los ganadores de la guerra, y mientras el torturado país latinoamericano da un pso adelante y otro atrás en su merecidas aspiraciones de una vida mejor va teniendo que aprender que para que sea posible un acuerdo las partes han de ceder y que no hay acuerdo perfecto.
El Parlamento Europeo aprobó días atrás, durante un pleno celebrado en Estrasburgo, una resolución de condena a las violaciones de los derechos humanos en la Venezuela de Nicolás Maduro, con mención expresas a las detenciones del alcalde de Caracas, Antonio Ledezma y el líder opositor Leopoldo López, éste un civil en manos de un tribunal militar, y al asesinato a manos de la policía de un adolescente de catorce años. El documento fue aprobado por una amplia mayoría y entre quienes se pronunciaron en contra estuvieron los eurodiputados españoles de Izquierda Unida, Podemos, Compromis e ICV. A la hora de justificar su negativa Javier Couso echó manos de un imaginario intento de golpe de estado contra Maduro y unos también fantasiosos jóvenes disparando a la policía con armas largas. Por su parte Podemos alegó, con razón, que la sugerencia a la Comisión de adoptarmedidas lo es a estudiar sanciones, que es bien sabido que siempre las sufren el pueblo de los estados sobre las que recaen, y no se conoce ningún caso en el que hayan servido para solucionar una situación; habría que recordarles que toda propuesta es susceptible de enmiendas, modificaciones y vetos parciales durante su tramitación parlamentaria, y por tanto no hay por qué dejar sin censura alguna comportamientos antidemocráticos tan obvios como los del gobierno bolivariano, independientemente de quién proponga la condena y con qué espurios intereses.
Leopoldo López encarcelado en Muro Verde, Caracas
Por un lado he de decir que no me sorprende la actitud adoptada por IU en materias internacionales como esta, tras haber oído en ocasiones a algunos de sus dirigentes criticar al gobierno legítimo de Ucrania y defender a los separatistas prorrusos y conociendo sus simpatías declaradas por el castrismo; lo mismo pienso respecto al partido del círculo, dadas sus peligrosas amistades bolivarianas que podrían haber rellenado sus monederos; más me decepciona la actitud en esta cuestión de los representantes de ICV y Compromis, fuerzas a las que considero inequívocamente honestas y consecuentes y excelentes alternativas de gobierno en sus respectivos territorios. Por otra parte cada día estoy más habituado a la incultura histórica y política de la derecha mediática española, que se empeña en hablar de la dictadura venezolana; no, tarugos, Venezuela no es una dictadura; es una democracia, de bajísima calidad, tendente al autoritarismo, pésimamente gestionada y llena de arbitrariedades, pero que periódicamente celebra elecciones supervisadas por observadores internacionales que certifican su limpieza y su legitimidad; del mismo modo que el franquismo no fue un régimen totalitario sino autoritario, cuartelero y meapilas -hay que leer más historia-, y sé que esta analogía no gustará a nadie, como la Historia de laguerra civil de Eslava Galán. En fin, resumiendo, veo en estas materias algo despistadas a las izquierdas españolas. Y si esto es la izquierda, una de dos, o está desorientada o mi brújula ha perdido el Norte. Sólo sé que jamás se me ocurriría buscar la Estrella Polar en el cielo de Caracas.
El heredero de la dinastía borbónica que aún reina en la antigua metrópoli tenía cara de trágame tierra. Antes preferiría irse de copas con su cuñado que estar pasando tanta vergüenza ajena como no recordaba desde que el Ayuntamiento de Barcelona presentó el Cristiñaki, el logotipo de la boda de su hermana con el jugador de balonmano –cuatro rosas y un balón-. Al lado del príncipe, la primera dama de Nicaragua, Rosario Murillo, bailaba y agitaba los brazos como posesa en un aquelarre new-age .Era la ceremonia de entronización de su marido, Daniel Ortega, quien iba de abrazo en abrazo, al estilo fase tres de la borrachera – la de exaltación de la amistad- con Hugo, Machado –el vicepresidente de Raúl-, Evo y Mahmud. El iraní no se encontraba fuera de lugar en la romería castro-sandino-bolivariana por representar a una teocracia. Ortega y esposa hace algún tiempo que vieron la luz. Ahora son cristianos renacidos como el mismísimo George Uve Doble. Dios une a los enemigos, y en Nicaragua y otros países de Centroamérica hacen su agosto los predicadores evangélicos estadounidenses, que en el nuevo modelo de colonialismo siempre llegan como avanzadilla de las empresas petroleras, mineras o de transgénicos.
Ni siquiera dan la talla otros más moderados. Vean a la Kirchner reencarnándose en nueva Evitao cómo Lula y su heredera Roussef legalizan y bendicen la destrucción de la Amazonia a manos de las mafias. No se pierdan “Juan de los muertos”, película cubana de zombis ahora en cartelera, que identifica a la sonámbula sociedad del tardocastrismo con muertos vivientes –en el trailer no autorizado el mismísimo comandante es un zombi-, del mismo modo que la británica “Zombies party” asimilaba a los caminantes con la Generación PlayStation de treintañeros. Daniel, Hugo, Raúl, Evo... todos triunfarían en ella o en el Circo de los Horrores que en febrero visita Granada.
El sábado murió Ernesto Sábato. Murió ciego como Borges, su némesis literario y político. Además de su admirable obra narrativa y ensayística, Sábato será recordado también como presidente de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas que en su informe 'Nunca más' documentó el terror desatado por las Juntas Militares argentinas desde 1976. Aquel extenuante descenso a los infiernos certificó el plan de exterminio de parte del pueblo al que los militares decían servir. En su novela 'Sobre Héroes y Tumbas' Sábato incluyó su famoso 'Informe sobre ciegos', que habla de las actividades de la Secta Sagrada de los Ciegos, ejerciendo el gobierno del mal sobre la Tierra. Sábato pone el relato de dicha conspiración de tinieblas en labios de su protagonista, Fernando Vidal Olmos, un ser dado al cinismo, fanático y paranoico cuyo discurso apocalíptico se asemeja al de los tiranos de nuestro tiempo. Más tarde, en 'Abaddón el Exterminador', Sábato libera un quinto jinete del Apocalípsis abatiéndose sobre cuanto de bueno tiene el ser humano.
Viñeta de la adaptación al cómic del Informe sobre ciegos por Alberto Breccia
No cuesta identificar los ángeles exterminadores de las ficciones de Sábato y los ángeles de la muerte a las órdenes de Videla y Massera, con el ejército sirio que asesina primero y después masacra a los asistentes a los funerales por los asesinados, o el libio que ha matado ya a treinta mil compatriotas en nombre de un perturbado; con todos los que responden con sangre al pueblo que le sacude el trono.
Pienso en nuestro pasado, sometido al espurio revisionismo de los historiadores neofranquistas, leyendo 'El holocausto español' de Paul Preston, nuestro propio 'Nunca más'. Es un mastodóntico recuento de las atrocidades que se cometieron antes, durante y después de nuestra Guerra Civil; en ambos bandos pero sin buscar equidistancias dado que el terror franquista fue inmensamente mayor y peor que el republicano. Con la épica que al recuento de horrores otorgó Solzhenitsyn en su 'Archipiélago Gulag', el provocador rigor de Preston irritará a un Ejército que se ganó sus medallas masacrando a su propio pueblo; a una Iglesia partícipe de las mayores abyecciones; y también a quienes minimizan que la represión de las milicias izquierdistas causó mas bajas en su bando que la propia guerra. Sábato, Preston, pero también el Vasili Grossman que en 'Todo fluye' enumera las variedades de canalla que generó el estalinismo: informantes, envidiosos que acusan en falso, fanáticos, trepas que barren a quien les estorba. Y el Martin Amis que en 'Koba el temible' se pregunta por qué a la izquierda europea los crímenes, las hambrunas premeditadas y los campos de la muerte de Lenin y Stalin no le provocan la indignación y el estremecimiento que produce el nazismo. Y lo que vemos en directo sobre Siria, Libia, Yemen... Seremos ciegos si obviamos informes tan demoledores sobre cómo el poder se ejerce contra el pueblo y sobre los cadáveres del pueblo.
Ésta es una fotografía de encargo. La hizo el fotógrafo y cineasta argentino Horacio Coppola en 1936. Su título: "Plaza de la República, Día de la bandera". Pero como en todos los trabajos de un artista, aún vivo a sus 104 años, que fue el primero en el ámbito hispano que superó los límtes de la fotografía como herramienta documental para convertirla en forma de expresión artística que refleja la realidad a través del prisma de un autor, estamos ante una mirada crítica sobre lo que capta la cámara. Poco importaba que fuese un trabajo encomendado, el artista dejaba su huella personal y única.
Alrededor del Obelisco construido aquel mismo año de 1936 para conmemorar el cuarto centenario de la ciudad de Buenos Aires, y que fue el protagonista de un maravilloso documental del propio Coppola, se congregan tropas, próceres y público en uno de tantos actos de orgullo patríotico. Pero los fastos, los himnos y la grandilocuencia patriotera están acosados por la desolación. En el lateral derecho de la plaza vemos un barrio entero en ruinas, solares y medianeras desnudas sugiriendo la desaparición de cientos de historias familiares, sueños, tragedias y formas de vida que pronto serán sustituidas por otra cosa y olvidadas. En la otra esquina unos grandes almacenes anuncian en enormes caracteres: "Liquidamos totalmente. Cierre definitivo". En el centro el Poder vive su sueño triunfal.
No me he molestado en consultar quién gobernaba en aquel momento en Argentina. Habría sido igual con los Kirshner, los Perón, con Alfonsín, De la Rúa o el mismísimo Videla. Daría igual que fuera otro país cualquiera. Los políticos, los gobiernos, los militares, son una superestructura que celebra sus ritos, canta sus himnos e iza sus banderas sobre un gran solar en demolición en el que cada uno nos intentamos construir nuestra propia barraca. Artistas como Horacio Coppola son capaces de expresar todas esas contradicciones con una sola fotografía.
Now the sweet bells of mercy
Drift through the evening trees
Young men on the corner
Like scattered leaves
The boarded up windows
The empty streets
While my brother´s down on his knees
My city of ruins (Bruce Springsteen. The Rising, 2002)
Silencio. Van doscientos treinta muertos en Libia y la familia Gadafi amenaza con más represión aún, pero en Twitter, en Facebook, en los comentarios de las noticias que hablan de la masacre hay silencio. El clamor cibernético de cuando la calle ardía en El Cairo o en Túnez ahora se torna en mirar hacia otro lado. ¿Se ha cansado la Red de las revoluciones árabes? ¿Estamos preparados solo para celebrar las historias incruentas y con final feliz, y una revuelta sangrienta como la que está ocurriendo en Trípoli y Bengasi nos hace apartar la vista incómodos? ¿No será acaso que no nos gusta que a las revoluciones se las conteste con revoluciones? Puede que esa sea la clave: Un doble rasero de quienes sólo entienden la historia desde postulados maniqueos y para quienes, pese a todo, señores como Muamar al Gadafi entran aún en la categoría de quienes hay que reivindicar porque históricamente se han opuesto al imperialismo estadounidense. Importa menos que se trate de otro militar golpista, otro tirano que ha machacado sin piedad cualquier amago de oposición, otro corrupto cuya familia ha vaciado las arcas de su país, igual que -con matices- Mubarak, Ben Ali, Bouteflika o Mohammed VI. No tienen el glamour de los internautas de la Plaza Tahrir quienes contra este tirano y su familia de ladrones se dejan la vida acribillados por las ametralladoras y los morteros de los sicarios del régimen y por unos militares menos complacientes que los egipcios ¿Es por eso que casi todos callan?
Es curioso lo de Gadafi. Su imagen de reyezuelo medieval pasado por el botox y la cirugía, a diferencia de Mubarak, no provoca rechazo entre internautas, izquierdistas de salón y medios de comunicación altermundistas -algunos de los cuales, los muy zoquetes, siguen con la cantinela de que estas son revueltas orquestadas por la CIA-; y como ocurrió con Mubarak y Ben Ali antes de que su derrocamiento fuera un hecho consumado, él también ha contado en los últimos años -cuando cambió petróleo y gas por perdón- con la complicidad de los gobiernos occidentales.
Pascual Serrano hablaba de la conversión del régimen libio de paria a amigo citando los elogios del Wall Street Journal: "El coronel Muamar al Gadafi está al frente de una vasta reforma económica en su país reduciendo considerablemente la burocracia estatal, privatizando activos". Qué suerte la de Gadafi, querido por el sistema, tolerado y hasta aplaudido por los antisistema.
Telesur, la televisón panamericana promovida por Hugo Chávez -un modelo de credibilidad según el propio Pascual Serrano, que fue destacado asesor en ella- hablaba este domingo de las revueltas árabes y lo hacía con muy distinto rasero según de cuál se trate: En Libia son "manifestaciones a favor y en contra del régimen", en Bahrein "fuerte represión". Ya a la hora de escribir esto han cambiado los titulares y hacen referencia a los centenares de muertos pero queda una velada crítica a los manifestantes, unos vándalos que "incendiaron varias sedes locales de los comités revolucionarios, así como también unos siete vehículos policiales y han quemado neumáticos en diversos puntos de la ciudad, incluyendo en el aeropuerto de Bengasi, que se vio obligado a cerrar después de que un grupo de protestantes entrase a las instalaciones". Telesur habla de "choques violentos" como si hubiera equilibrio de fuerzas, no habla de represión por parte del dictador a quien Hugo Chávez regaló la espada de Bolívar.
Es cierto que como tanto ha denunciado Pascual Serrano hay una trama de intereses políticos, económicos y mediáticos que sesgan sitemáticamente cualquier información relativa a los regímenes de Cuba, Venezuela o Bolivia, otorgando a las informaciones un espacio muy superior a la relevancia real de esos pequeños países, propagando tópicos -el empeño en llamar dictador a un Hugo Chávez que, guste o no, ha ganado limpiamente todas las elecciones a las que se ha presentado- y amplificando las informaciones que hablaban de censuras y recorte de derechos muy parecidas a las que gobiernos democráticos europeos y amigos de estos realizan sin pudor sin que hatya más que unos cuantos Anonymous o Wikileaks dispuestos a leerles la cartilla. Y también es cierto que desde gran parte la izquierda se niega, se justifica o se silencia el pisoteo a los derechos cívicos, la tentación totalitaria, la retórica y la conducta cuartelera que se impone en esos mismos países, sus alianzas con regímenes tan impresentables como el de Muamar al Gadafi o el de Mahmud Ahmaninejad. El argumento es tan simple como que si eres enemigo de los Estados Unidos eres mi amigo.
La amenaza amarilla
La cita anterior de Wall Street Journal sirve para definir el compadreo de décadas entre las democracias occidentales y los tiranos de todo color que sirven sus intereses geoestratégicos o cuya pujanza es una amenaza que conviene tener de tu lado. El mito de la amenaza amarilla que simbolizaban las viejas películas de Fu Manchú -cuando lo oriental se vuelve tecnológicamente superior y, por tanto amenazador- ha sido convenientemente acallado cuando una potencia oriental, China naturalmente, se torna en inagotable fuente de negocios y más aún si, como está sucediendo desde el comienzo de la actual crisis económica, sus dirigentes se están convirtiendo en los dueños de nuestros bancos y empresas empleando la especulación más salvaje, convertidos en los temidos inversores buitre. Vemos como el Partido Comunista Chino se ha convertido en el mayor broker mundial, y no parece preocuparnos que si logran manejar resortes clave del poder económico mundial suyo será también el poder político. Tampoco Facebook ni Twitter se paran en la represión feroz con la que el régimen chino ha recibido un tímido amago de protesta en apoyo de la revolución egipcia. De nuevo echo mano de Pascual Serrano para retratar la complicidad de parte de la izquierda española y europea con un régimen que, dejémonos de bobadas, hoy representa lo peor del comunismo: burocracia, represión, delación, tortura y muerte; y lo peor del capitalismo: desigualdad, especulación, demolición de los sitemas públicos de educación y sanidad, insostenibilidad ambiental... Dice Serrano lo contrario, que "China está introduciendo cambios que, por profundos que parezcan, no modifican sustancialmente el caracter socialista del sistema" -pues sí que está irreconocible ese socialismo, casi como el español-; y se queja de un doble rasero que busca crear alarma sobre el poderío económico chino. Motivos para la alarma debe haber teniendo en cuenta lo que los medios occidentales jamás denuncian de China; como el propio Serrano reconoce, en este caso acertadamente, aquí no se habla de "la explotación acrecentada de los trabajadores, los despidos masivos, la disminución de los salarios, la privatización de empresas públicas, el deficiente gasto del Estado en sanidad, educación o seguridad social o su productividad desenfrenada irrespetuosa con la naturaleza y la salud. Quizás porque los beneficiarios de esas condiciones son los consumidores occidentales que logran acceder a productos made in China a precios reducidos". Prueba de esto es el baboso y complaciente reportaje que el Informe Semanal de TVE dedicó este sábado a la inversión china en España acorde con la cálida acogida al viceprimer ministro de China, Li Keqiang, cuando recientemente llegó a España cargado de yuanes para invertir. Parece que no queremos darnos cuenta de que la expansión de China, que ignora toda responsabilidad ética en el desarrollo, conlleva la universalización de esa falta de valores y de esas condiciones de explotación. Otro caso más de régimen insostenible que por motivos diferentes provoca complicidades en el sistema y en muchos de quienes reniegan del sistema. Son viejos camaradas y muchos aún piensan que les debemos un respeto.
8 de octubre: Tres cadáveres hallados en el coche de unos sicarios en Guanajuato; un hombre tiroteado y con huellas de torturas en Morelia; dos cadáveres calcinados bajo unos arbustos en Los Mochis; cuatro personas asesinadas en una peluquería de Ciudad Juárez... El blog del colectivo Menos días aquícuenta una por una y en presente a las víctimas de la violencia en México. Empezaron el 14 de septiembre y el sábado llevaban contados 743. En su novela de novelas '2666' Roberto Bolañorelataba 119 asesinatos de mujeres en una Ciudad Juárez renombrada Santa Teresa, “donde se esconde el secreto del mundo”.
Jorge Volpi sintetiza la América Latina de hoy en un par de Hummers negros que se alejan tras arrojar los cuerpos de varios jóvenes a un polvoriento desierto; muertos que nadie reclamará hoy y mañana engrosarán un nuevo record de víctimas. Correos, menudistas de drogas o aprendices de sicarios, carne de cañón al servicio de los cárteles. Son parte de un mapa humano que forman muchachas solas, pobres de solemnidad, que emigran en busca de un trabajo basura, un machismo ancestral, granujas que entran en los listados de millonarios de Forbes, jóvenes con tantas armas como tatuajes, capos luchando con capos, armas, dinero, corrupción... y al Norte del Río Grande el skyline de la opulencia, más dinero, expulsiones y guerras contra la droga tan fallidas como las guerras contra el terror. Deportados de California nutren las maras de Centroamérica. En ambas orillas un mismo sistema económico se alimenta de las diferencias.
Los delincuentes detentan ahora el monopolio de la violencia. El Estado se desintegra pero el sistema económico no: Fuera de la ley pero dentro de la economía, los objetivos de los bandidos están en simbiosis con el capitalismo. Tras el asesinato de uno de sus reporteros, el Diario de Ciudad Juárez se dirigió a los narcotraficantes como autoridades de facto: “Frente a esta realidad inobjetable, nos dirigimos a ustedes para preguntarles qué es lo que pretenden que publiquemos o dejemos de publicar".
Esa es la Iberoamérica del Bicentenario, la que pasó del genocidio a la explotación, de los paramilitares a las bandas; la que mandará mañana a sus tropas a desfilar en la vieja metrópoli en ese funesto día de la Hispanidad, antes de la Raza. La de la cita con que se abre '2666': Un oasis de horror en medio de un desierto de aburrimiento.