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lunes, 11 de noviembre de 2013

Barataria

Sancho Panza obtuvo el gobierno de la ínsula Barataria, prometido por su señor don Quijote, como pago por su lealtad y buen servicio al por entonces apodado Caballero de los Leones, aunque quienes como burla se lo concedieron fueron aquellos extraños duques de innombrado ducado de quienes nadie sabe cómo sufragaban sus ricos banquetes y agasajos y sus farsas teatrales con docenas de figurantes. Del mismo modo los virreyes de las autonomías españolas instalaron en los territorios bajo su dominios sus propias ínsulas con la coartada del servicio público y la forma de mastodónticas cadenas de radio y televisión; el resultado, útiles instrumentos de propaganda y manipulación de las masas al servicio de esos mismos virreyes. No se puede negar que esas empresas son necesarias para la vertebración de las sociedades y la creación de conciencia territorial; si me apuran incluso las televisiones locales son útiles porque lo es la información de cercanía, siempre que sean capaces de escapar al enaltecimiento de alcaldes y concejales, festejos populares y el rescate de tradiciones inventadas.

Hubo tiempos mejores en los que se llegó a aspirar a más. En Andalucía Canal Sur soñó con un tercer canal de noticias y se ha quedado en medio canal desnutrido, alimentado sólo de coplerío y Juan y Medio. Sancho abandonó el gobierno de Barataria cansado del mal comer, el poco dormir y los ingratos retos a los que le sometía su cargo; pero, en estos tiempos de vacas flacas,  hay grandes diferencias con el extemporáneo cerrojazo a la Radiotelevisión Valenciana. Sancho dejó Barataria desgobernada, y ni siquiera era verdadera ínsula, pero sí ciudad o villa, con centenares de vecinos que retomaron su normalidad y sus rutinas, pero estos nuevos duques de nada no se han interesado por las mil setecientas familias que dejan a la intemperie, desamparadas frente a los vientos gélidos de la crisis. Y todo en el mismo reino donde hasta ayer mismo se soplaba el cuerno de la abundancia. A todos nos ha llamado la atención la desvergonzada demagogia del presidente valenciano Alberto Fabra -Con el dinero que se lleva la RTVV se construyen sesenta y tantas escuelas y no sé cuántos hospitales- ¿Y con el de un circuito de Fórmula Uno, un campeonato de vela, un Museo de Ciencias, una Ciudad de la Luz o un aeropuerto del abuelito?.  ¿De qué sirve la resistencia numantina de los trabajadores frente a una sentencia ya dictada que otros observan atentamente para imitarla? El presidente de Madrid Ignacio González ya ha puesto en manos de la docilidad de los sindicatos la continuidad de su propia televisión.

Es de lo más engañoso diferenciar entre las comunidades con lengua propia y las que no la tienen. La justificación en este caso era la defensa del idioma ¿un idioma inexistente como el valenciano? En Valencia se habla una variedad dialectal del catalán, el del Baix Ebre. Los valencianos podían captar una televisión en su lengua, TV3, hasta que el Govern de Francisco Camps ordenó la destrucción de sus repetidores en la CoMunitat para acallar voces que ellos no pudieran dirigir, siguiendo un ejemplo, no diré que de ETA, pero sí del terrorismo incruento de la Angry Brigade británica, que se cebaba con las torres de televisión.

Perdido el otro pilar de los poderes territoriales -las cajas de ahorros- sin las radiotelevisiones no podría sostenerse el Estado de las Autonomías al que se aferra el Partido Popular, ni nacer la federación que dicen propugnar PSOE e IU. No vamos a retroceder hacia la España recentralizada que en privado defiende UPyD, pero las instituciones regionales han sido y serán imprescindibles para el desarrollo y la civilización. Andalucía, sin ir más lejos, es un ejemplo; en muchos pueblos abandonados en el olvido y el desempleo, la apertura por la Junta de una biblioteca o unos talleres ocupacionales ha insuflado una nueva vida y compensa treinta años de monocromatismo político y el lenguaje hueco del emprendimiento y la implementación.

Lo más grave de lo ocurrido en Valencia no es tanto el qué como el cómo. Ha sido patético escuchar a la dimitida directora general que ha perdido la confianza en los dirigentes políticos sin atreverse a reconocer que durante meses ha sido obediente correa de transmisión de los mensajes del poder y el partido que lo detenta.

Nuestros dirigentes han de entender que un medio de comunicación público no es un juguete caro que pueden romper cuando se cansen, y los periodistas deben comprender que quien se deja manipular es porque quiere, que no es excusa la obediencia debida y que hace falta una rebelión tranquila y diaria para imponer la vocación y el deber a las presiones.

sábado, 3 de agosto de 2013

Nadie se disputa el voto del Sr. Cayo

Que fácil pasar de gran esperanza blanca a gran decepción encanecida, y eso suponiendo que para alguien resultara alguna vez esperanzadora la figura del señor Cayo Lara. Reconozco que algunos llegamos a creer en el potencial regenerador de Izquierda Unida, pero nunca mientras estuvo coordinada por este manchego que deja ver tan a las claras el pelo de la dehesa del aparato comunista. Al principio, en los tiempos de Gerardo Iglesias, las Convocatorias y las Iniciativas, fue una buena idea, pero no tardó en descubrirse que IU sólo servía para colgar geranios en los balcones del PCE.

El último barómetro del CIS deja claro que Izquierda Unida nunca ha ido ni irá más allá de su propio sueño. Junto a una abstención galopante, lo que más destaca de la intención de voto de los españoles es el hundimiento de los dos pilares del bipartidismo, pero de esa caída apenas rascan los minoritarios que ni siquiera sirven como bisagras. El Partido Popular no podría gobernar solo ni con UPyD, y a los socialistas no les bastaría con el apoyo de IU para hacerse con el gobierno. Sólo el bipartidismo en estado puro -un pacto PP-PSOE- odría garantizar la gobernabilidad, y será lo que las cancillerías europeas impongan. Con el sorpasso -adelantar a los socialistas por la izquierda- no se puede ni soñar.

¿Para que sirve un partido -una federación, perdón- que ni siquiera puede ser muleta de gobernantes cojos? Queda cada vez más claro que para que Izquierda Unida pueda ser tomada en serio como una alternativa no debe dudar para recluir al Partido Comunista en el museo de su gloriosa historia y desprenderse para siempre de unas siglas y unos símbolos que recuerdan demasiado al terror y la represión del estalinismo. Pese a los loables esfuerzos democráticos de Gaspar Llamazares, Almudena Grandes y otros hasta que esa higienización en profundidad se produzca, nadie se disputará el voto del señor Cayo, ¿para qué sirve?

La entrega Esperando a los bárbaros, próximamente en esta sala

domingo, 8 de abril de 2012

Cambio de régimen o coche oficial (IU ante la gobernabilidad de Andalucía)

La victoria parcial, fracaso total -como con muy mala baba titulaba el ABC de Sevilla- de Javier Arenas en las elecciones del 25 de marzo, dejó a la -autodenominada- izquierda tan feliz como descolocada. El perdedor José Antonio Griñán podía citar aquel glorioso número de Faemino y Cansado sobre Carlos Sainz, “mola mucho más ser subcampeón que campeón”, y quienes podían tirar cohetes eran los de Izquierda Unida, con unos resultados que les permiten duplicar su representación parlamentaria, pero que siguen estando muy por debajo del techo que marcó Julio Anguita.
Las direcciones nacional y regional de Izquierda Unida han dejado claro que no se va a permitir un gobierno en minoría del Partido Popular, como ocurrió en Extremadura tras las elecciones de mayo de 2011. Se impone, por tanto, negociar, sea investidura, acuerdo de legislatura o gobierno de coalición entre socialistas e IU. Al PSOE le toca dejarse querer y ceder en la negociación; es a Izquierda Unida a la que le corresponde adoptar las decisiones más delicadas y trascendentales para su futuro. Con todo el escepticísmo que uno quiera aplicar -mucho en mi caso-, este acuerdo, sea cual sea la forma que adquiera, abre un panorama de cambio esperanzador si lo comparamos con el cambio hacia atrás que proponía Arenas, y la posibilidad de hacer políticas más cercanas a las de la izquierda real, respondiendo a la crisis de manera opuesta a como lo hace el gobierno de Mariano Rajoy. Sin embargo se empiezan a ver síntomas muy preocupantes en la forma en que se está llevando el proceso de negociación, en el que Izquierda Unida corre el riesgo de dilapidar su crédito y traicionar la confianza que le ha sido dada.

Las opciones de IU

Las alternativas para Izquierda Unida son básicamente cuatro: Entrar a formar parte de un gobierno de coalición presidido por José Antonio Griñán; quedar fuera del gobierno y alcanzar un pacto de legislatura estable para sacar adelante los presupuestos y las principales leyes dotándolas de una impronta de izquierdas; apoyar la investidura de Griñán y retirarse a la oposición alcanzando acuerdos concretos; y la cuarta, abstenerse, lo que permitiría a Javier Arenas gobernar en minoría el tiempo suficiente para comprobar la insostenibilidad de su Gobierno y convocar nuevas elecciones o volver a lanzarle el anzuelo al PSOE. La asamblea de bases celebrada en Sevilla esta Semana Santa -y controlada por la CUT de Sánchez Gordillo y el SAT- ha rechazado toda opción que no sean estas dos últimas, pero no parece que esa vaya a ser la opinión de la mayoría en el conjunto de Andalucía.
 
El gobierno de coalición es una posibilidad sin duda arriesgada, pues el votante de IU no quiere ver a la formación como muleta que apuntale al PSOE -esa ha sido precisamente la advertencia hecha por Sánchez Gordillo- , pero asumir por primera vez responsabilidades en el Gobierno de Andalucía y hacerlo bien demostraría que es una opción de gobierno menos quemada por la corrupción y el apoltronamiento que el PSOE y demostrar también que son posibles y más efectivas políticas más de izquierda en tiempos de crisis; sería fundamental hacerse con consejerías como la de Medio Ambiente, cerrando el vergonzoso caso del Algarrobico, encargando el  aplazado durante décadas e imprescindible estudio epidemiológico sobre la industria química onubense y plantando cara al modelo turístico de golf y puertos deportivos que han promovido los consejeros socialistas malagueños; o aquellas que permitan realizar políticas sociales y redistributivas, caso de Igualdad y Bienestar Social o Agricultura.

El pacto de gobierno o de legislatura sólo beneficiaría al PSOE, aliviado de no tener que compartir Consejo de gobierno, y pone en bandeja volver a la retórica, falsa y victimista, de la pinza. La abstención, dejando paso a un Gobierno del PP es sencillamente inadmisible, y marcaría el suicidio y la ruptura total de IU, y no porque el PSOE no se la merezca, sino primero porque desde el principio se vendería como un pacto entre populares e IU, como ocurre en Extremadura donde, aunque tal acuerdo no existe y lo que ha hecho IU es dejar gobernar al más votado, es esa la imagen que se da. Segundo, porque la posibilidad de un poder absoluto del PP en toda España, Andalucía incluida, es aterradora, y tercero porque la derecha podría gobernar con normalidad Andalucía, es simple alternancia, pero no justo  ahora; las recetas del PP en la actual situación económica y social de la comunidad solo traerían la ruina y el hambre.

¿Qué hacer entonces? Lo primero que ha de asumir la coalición que lidera Diego Valderas es que no puede ser la misma después del 15-M. De hecho ante las citas electorales que han venido después de aquellas movilizaciones y acampadas, la formación ha querido abanderar aquél descontento y llevar a las cámaras legislativas la demanda popular de más democracia, más representatividad directa, limpieza y otras formas de hacer política. Es lo que, sin duda, le exigen muchos de sus votantes, y probablemente en su creciente cosecha de votos hay mucho 15-M. No puede, por tanto, mostrarse ni comportarse como un partido convencional, y eso condiciona la forma de pactar con un partido como el socialista que ha practicado y defendido políticas neoliberales, se ha aferrado a un sistema electoral injusto, ha blindado los privilegios de la clase política y del poder económico y ha albergado en su seno un insostenible poso de corrupción. A Izquierda Unida -y al PSOE si se convierten en socios- corresponde demostrar que las fórmulas liberales contra la crisis ni son las únicas posibles ni son las adecuadas, y callar a quienes interesadamente tildan de demagógico y utópico todo lo que se salga del catecismo del mercado, pero debe también asumir que su programa contiene propuestas cargadas de buenrollismo imposibles de llevar a la práctica.

Los políticos de siempre

¿Están los líderes andaluces de Izquierda Unida preparados y capacitados para ese cambio? En principio debía ser una buena señal el que Izquierda Unida anunciara la celebración de asambleas abiertas no sólo a su militancia, sino a quienes les dieron su voto el 25 de marzo, para que se pronuncien sobre el posible acuerdo con el PSOE para gobernar Andalucía. Lo malo es que esas asambleas en la mayoría de los territorios no se estén celebrando aún y sí ha comenzado la negociación por arriba, entre Valderas y Griñán. Se corre el riesgo de dar a militantes y simpatizantes un acuerdo ya hecho para que su opinión sea simplemente un plebiscito sobre los cambalaches que la élite dirigente haya hecho con el PSOE.
 
Y lo malo es que de esas negociaciones ya se han conocido algunos aspectos que hablan bastante mal de Diego Valderas y los suyos. Algunos medios han revelado que en un hipotético gobierno de coalición, IU aspira a conseguir tres consejerías, además de la Presidencia del Parlamento andaluz, una cuota de poder en Canal Sur y sobre todo manos libres para la contratación de personal en los departamentos que controle. Si esto es cierto, Valderas está jugando al mismo juego que ha hecho a buena parte de la sociedad abominar de la política y los políticos. Si Valderas tiene sueños de moqueta y coche oficial, si los suyos maniobran para disfrutar de los oropeles del poder, es que nos han engañado. En Granada tenemos una mala experiencia en la coalición IU-PSOE que hasta mayo pasado gobernó la Diputación,a la que no se le conocieron verdaderas políticas de izquierda, que sólo sirvió para usar y abusar de dietas y coches oficiales, colocar a un centenar de militantes de IU en el organismo, enredarse con asuntos como el legado de José Guerrero, y acabar bajo la sombra de la corrupción, con el turbio asunto de las facturas dobles de una feria comercial en Marruecos que puede acabar con algún dirigente del PCE imputado, y no olvidemos a Torrijos y Mercasevilla, o la alcaldesa de Manilva, tan amiga de sus amigos y familiares y tan suelta con la Visa.

Puede que el problema sea que Izquierda Unida sigue orbitando en torno a un partido a la vieja usanza, el PCE, que atesora los mismos vicios que hizo a la calle clamar la pasada primavera contra los partidos. Que Diego Valderas es un político convencional, que hace décadas que no vive de otra cosa que de la política y que no tendría de qué vivir fuera de la poliítica; que él y otros dirigentes no sirven para estos tiempos. Al margen de que esté o no en el próximo gobierno andaluz, Izquierda Unida en Andalucía debe plantearse a muy corto plazo un relevo de dirigentes y de formas de hacer política.

Izquierda Unida no debe entrar en el Gobierno Andaluz para meter a toda su tropa dentro, inflando aún más una administración que padece obesidad mórbida. Adelgazar la administración, corregir las duplicidades, hacer una poda sin piedad de altos cargos y de sus sueldos es impresicnidible y es más de izquierdas que engordar lo público sin ton ni son, porque lo que se ahorra en asesores, directores generales, delegados y sus respectivas cortes es dinero que puede ir a políticas sociales, a salud, a investigación... Eso que aseguran propone Valderas de mantener tal cual la tela de araña de agencias públicas es suicida.
Hay que simplificar, desburocratizar. ¿Crear empleo desde la administración? Sí, pero un empleo que sirva para algo, que produzca bienes y bienestar para los andaluces;  no lujosas revistas de autobombo con veinte fotos del consejero de rigor por número para tenerlas muertas de risa en los despachos; no productoras de televisión siguiendo a sol y sombra al consejero; no jefes de prensa, asesores, conductores... No se sostiene Andalucía con cuarenta mil teléfonos móviles en manos de personal de la Junta. Me temo que en Izquierda Unida ni siquiera se están planteando esa necesidad de adelgazar lo superfluo de la administración para reforzar su papel de reactivar la economía productiva, sino todo lo contrario. Una prueba la hemos visto en que en Granada IU se alineara con el PP y los empresarios de la capital para criticar el cierre adelantado de la temporada de esquí en Sierra Nevada, que bastante ha aguantado ya en un año de sequía. Lo pide en nombre de mantener unas semanas más unos empleos, es decir, dar trabajo desde una empresa pública porque sí, a costa de crear graves pérdidas en dicha empresa. Se dice defender lo público mientras se lo perjudica. Extrapolándolo a la macroeconomía, no se puede dar la espalda al control del déficit, se trata de no convertir el control del déficit en la medida de todas las cosas, pero sin que se nos vaya de las manos.

Hablo de un giro a lo práctico, de fórmulas que saquen a Andalucía del pozo. No se trata de un giro a la derecha o a la realpolitik. En determinados aspectos -no evidentemente en lo que se refiere a la cháchara castrista y chavista- Marinaleda -que representaría el ala más radical- es un ejemplo a seguir: Cómo han recuperado la tierra para ponerla a producir, su sistema de autoconstrucción de viviendas, el control de todo el proceso de producción, distribución y comercialización de los productos del campo no son ninguna utopía, son una realidad tangible y extrapolable a otros lugares; sin llegar a su modelo asambleario -además de nada operativa, la asamblea es el método más refinado de aplastar al disidente, como demostró la Revolución Cultural China-, es posible avanzar en una mayor representatividad. Ignoro si tiene la Junta de Andalucía capacidad de legislar una norma electoral para su territorio pero sería una posibilidad -recogida en el programa de IU- a contemplar.


La carta de compromisos firmada por los candidatos de IU antes de las elecciones andaluzas es un documento de propuestas posibles, razonables y necesarias, que el PSOE podría asumir. Yo me saltaría el primero de los puntos, toda esa pamplina andalucista e identitaria, pero la renta básica es imprescindible en la actual situación y es además un imperativo del Estatuto de Autonomía; la creación de una banca pública puede ser más útil en Andalucía que en cualquier otro territorio para que se mueva el crédito, siempre que su gestión sea profesional -que no quiere decir privada- y no se repita el nefasto modelo politizado y clientelar de las cajas de ahorros. La propuesta de eliminar las diputaciones también es positiva, otra cosa es que pueda hacerlo una comunidad autónoma. Lo son la presión impositiva sobre las viviendas vacías, el refuerzo de la inspección tributaria contra el fraude, dejando sin efecto en la medida de lo posible la amnistía fiscal como se ha hecho en el País Vasco, y, por supuesto, el obligado cumplimento de un código ético frente a la corrupción que comience por dejar fuera de la administración a todos los implicados en el fraude de los EREs. Sólo con que en el Parlamento puedan constituirse comisiones de investigación se habrá dado un golpe de muerte a un régimen caduco. Otra aportación que se le debería pedir a Izquierda Unida es la expulsión de la enseñanza de la religión de la escuela pública, ahora que el gobierno en funciones pretende que, junto a la católica, más confesiones entren en los colegios públicos, obligando a efectuar un gasto añadido en detrimento de la calidad de la enseñanza. Y respecto a la radiotelevisión pública es urgente poner de patitas en la calle a la actual dirección de Canal Sur, para acto seguido hablar con los profesionales sobre un modelo de televisíon y radio que en lo informativo esté libre de presiones políticas, en lo que a entretenimiento se refiere destierre lo chabacano y refuerce los valores culturales y formativos y que en cuanto a la gestión acabe con la dependencia de las productoras privadas y adelgace la empresa sobre todo por arriba, en directivos, sueldos y gastos supérfluos. No se trata de repartirse cuotas de influencia y poder. Ya tuvimos bastante en los gobiernos de coalición con el PA teniendo que seguir los antojos de los consejeros coaligados.

En cambio no pasa nada si a la hora de negociar con los socialistas IU se va olvidando de eso del banco de tierras -cuando bastaría con freir a impuestos los campos baldíos-, la legalización del cannabis y el cierre de bases americanas como si pudieran hacerse por cuenta y riesgo de Andalucía. Se puede prescindir de esa calderilla altermundista ante la posibilidad de hacer una política de izquierdas de verdad, gobernar una Junta de Andalucía más pequeña y cercana, ensayar fórmulas keyneisanas frente a la crisis, y no pensar en dónde coloca uno a los suyos. Mi temor es que para guiar ese camino la actual dirección de Izquierda Unida no sirve.

domingo, 10 de abril de 2011

El Trigo y la paja

Auguran que en las próximas elecciones municipales Izquierda Unida mejorará sensiblemente sus resultados, pero no se deberá a los méritos propios de una formación laminada hasta el mínimo común comunista por su cúpula, dirigida por el grisáceo Cayo Lara, sino a la pesca de restos del naufragio socialista.

Nunca compartí por injusta y demagógica la creencia extendida entre ciudadanos cabreados de que todos los políticos son iguales. Pero era la misma hora cuando en Madrid Lara y los suyos firmaban el llamado Compromiso Ético por la Regeneración Democrática, por el que los candidatos elegidos el 22 de mayo dejarán su cargo si son imputados por algún delito de corrupción, sin esperar a ser condenados; y en Sevilla su candidato a la alcaldía, Antonio García Torrijos, se negaba a renunciar tras ser imputado por la venta fraudulenta de terrenos de Mercasevilla. Los retruécanos con que Lara y Diego Valderas defienden a su candidato -lo hace también Sánchez Gordillo- son idénticos a las excusas del PP sobre su mascletá de imputados o a las de los eurodiputados a los que Twitter sacó los colores por negarse a volar en clase turista. Va a ser verdad que todos eran iguales y que un político siempre es un político. Porque los honestos que dentro de las organizaciones callan y tragan se vuelven deshonestos por omisión, y en Izquierda Unida pocos han alzado su voz frente al apoyo oficial a Torrijos o a la alcaldesa deManilva, Antonia Muñoz, de nuevo candidata, que contrató a 17 miembros de su propia lista así como a 57 de sus familiares. Camps lleva cinco imputados en sus listas, Valderas va por tres; de los Eres de Griñán he perdido la cuenta ¿la diferencia entre unos y otros es una simple cuestión de cantidad?

Para que ese Compromiso Ético no fuera un compromiso cómico, Izquierda Unida debió haberse desecho de García Torrijos el mismo día en que el teniente de alcalde se retrató en su blog ante la mariscada de mil euros que se zampó junto al director de Mercasevilla Fernando Mellet en un lujoso garito de Bruselas y que se cargó a la Visa de empresa de este último. Hay que cuidar la ética y la estética: El excoordinador general Gaspar Llamazares dimitió de su cargo orgánico ante los malos resultados de 2008, pero mantuvo el escaño, con el que se garantiza los años necesarios para cobrar una de las codiciadas jubilaciones de exdiputado.

¿Se acuerdan de Herminio Trigo? Al sucesor de Julio Anguita en la alcaldía de Córdoba le dejarontirado los suyos cuando fue condenado por prevaricación por el nombramiento del director del Gran Teatro, nada que ver con la corrupción. Ahora arropan a presuntos corruptos, como los demás, en lugar de marcar esa diferencia de la dicen enorgullecerse. Entre el Trigo y la paja se quedan con la segunda por mucha paja mental que se hagan para justificar lo injustificable.

domingo, 16 de enero de 2011

Demagogia

Me voy a permitir en estas líneas ser un completo demagogo. La demagogia es una práctica que el diccionario reserva en exclusiva a los políticos, pero éstos descalifican con ella a cualquiera que haga comparaciones incómodas. Por ejemplo, soy un demagogo si contrapongo el retraso en la edad de jubilación y las pensiones congeladas al retiro de 120.000 euros que el expresident José Montilla cobrará durante los dos próximos años, y de 90.000 para el resto de su vida y la de su esposa Ana Hernández, que ya cobra de quince cargos en empresas públicas y privadas.


Recuerdo que más de la mitad de los granadinos -que trabajan- no cobra ni mil euros al mes cuando la Comisión Europea pide recortar el seguro de paro y flexibilizar los salarios de los sobreprotegidos trabajadores españoles. De demagogo que soy creo que ya estamos tardando en salirnos de Europa. Y soy tan simplista que relaciono la subida del 10% en los recibos de electricidad y gas con los sueldos de 200.000 y 126.000 euros que percibirán José María Aznar y Felipe González de Endesa y Gas Natural respectivamente, y que se suman a sus pensiones vitalicias de 80.000 euros, oficina, coche oficial y seguridad por cuenta del Estado.
















Si fuera empleado de alguna de las firmas del Ibex-35 sería un demagogo irresponsable si me negara a cualquier recorte salarial pasteleado con los sindicatos a cambio de evitar despidos, con el argumento de que en plena crisis las retribuciones medias de sus consejeros subieron un 8%, y un 7% las de los directivos. Seré un demagogo -entre fascista y batasuno, según el Gobierno Griñán- si estoy con los funcionarios en que todas las modificaciones en el Decreto de Reforma de la Función Pública mantienen el blindaje del pesebre que garantiza el puesto a miles de enchufados del PSOE, gobierne quien gobierne. Pero mi demagogia no es bipartidista; fíjense en que mientras asisto a la firma del acuerdo para que el legado Guerrero se quede en Granada mi atención se va a los ocho gabinetes de prensa presentes en el acto y a la nutrida representación de los 120 empleados que Izquierda Unida ha colado en la Diputación de Granada.
Mientras calculo cuántos años he de cotizar para que mi pensión me dé de comer, leo que no se tocará el blindaje de los diputados y senadores: Dos legislaturas y ya tienen garantizada la pensión máxima. La demagogia se me dispara y sueño con lo que José Saramago describía en 'Ensayo sobre la lucidez': En mayo y en marzo del año que viene, mayoría absoluta para los votos en blanco. O sueño con irme a Túnez donde miles de demagogos han puesto de patitas en la calle al presidente tan querido del Banco Mundial; o a las calles de Londres para ver el terror en las caras de los príncipes herederos en su coche zarandeado por miles de estudiantes a quienes ciega la demagogia.

lunes, 21 de junio de 2010

Revolucionarios


"Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos; es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional; es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio; es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo; es luchar con audacia, inteligencia y realismo; es no mentir jamás ni violar principios éticos; es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas". El autor de esta hermosa cita acabó sepultando su sueño y el de quienes en él creyeron bajo una oxidada maquinaria burocrática al servicio de los mediocres, los delatores y los trepas. Es de Fidel Castro y la he recordado en la despedida de una de esas raras personas que pasan por la política siendo fieles hasta el final a ese concepto del revolucionario. Lola Ruiz, la concejala que se ha ido, dejando sin oposición al Ayuntamiento de Granada, es una de esas personas.

Es la integridad un bien tan escaso que demostrarla desde que cada mañana suena el despertador convierte en excepcional a quien lo practica. Lola se entregó al servicio de quienes la eligieron con una capacidad de trabajo que agotaría a cualquiera. Ella sola fue la oposición real, mientras otros desertaban rumbo a puestos menos ingratos o mejor pagados. Y a ella no se le puede ubicar en la nómina de dirigentes de IU que acaban en el redil socialista. Ha sido rompeolas de una izquierda granadina ahogada por su propia desidia y por la marea derechista de los rancios, los meapilas, los codiciosos y los catetos. Sin dogmatismo pero con tozudez, con un compromiso sincero con quienes peor lo pasan, durante estos siete años ha sido la voz disidente que irrumpía en un debate que basculaba de lo sórdido a lo siniestro, y a menudo se quedaba en lo hortera.

Y frente a esa excepcionalidad, la norma establece que las ideas propias se pagan caras. Lola Ruiz ha formado parte de un proyecto -en el que ha creído, en el que muchos en algún momento creímos-, el de Izquierda Unida, epítome de todas las frustraciones, que no ha sabido ser otra cosa que un PCE torpemente coloreado y ahora vende una refundación que apesta a electoralismo; que arrincona a los mejores: Inés Sabanés, Concha Caballero, ahora Lola... -¡Qué casualidad, todas mujeres!-; donde ganan siempre los mediocres y los de vocación burócrata. Porque el cargo tienta, sea la vicepresidencia de una Diputación o la consejería en un gobierno de coalición con el PSOE -si es que Arenas no arrasa- con la que sueña Diego Valderas. Y porque los ortodoxos -esos cuya idea de la izquierda es desempolvar hoces y martillos y organizar infames algaradas contra disidentes cubanos- son quienes al final se venden más barato. A esos, en su heterodoxia de librepensadora Lola Ruiz da una lección de ortodoxia revolucionaria, que no es otra cosa que servir al pueblo con honradez y no dejar de trabajar ni un solo día por transformar la realidad.