Perdido el otro pilar de los poderes territoriales -las cajas de ahorros- sin las radiotelevisiones no podría sostenerse el Estado de las Autonomías al que se aferra el Partido Popular, ni nacer la federación que dicen propugnar PSOE e IU. No vamos a retroceder hacia la España recentralizada que en privado defiende UPyD, pero las instituciones regionales han sido y serán imprescindibles para el desarrollo y la civilización. Andalucía, sin ir más lejos, es un ejemplo; en muchos pueblos abandonados en el olvido y el desempleo, la apertura por la Junta de una biblioteca o unos talleres ocupacionales ha insuflado una nueva vida y compensa treinta años de monocromatismo político y el lenguaje hueco del emprendimiento y la implementación.
lunes, 11 de noviembre de 2013
Barataria
Perdido el otro pilar de los poderes territoriales -las cajas de ahorros- sin las radiotelevisiones no podría sostenerse el Estado de las Autonomías al que se aferra el Partido Popular, ni nacer la federación que dicen propugnar PSOE e IU. No vamos a retroceder hacia la España recentralizada que en privado defiende UPyD, pero las instituciones regionales han sido y serán imprescindibles para el desarrollo y la civilización. Andalucía, sin ir más lejos, es un ejemplo; en muchos pueblos abandonados en el olvido y el desempleo, la apertura por la Junta de una biblioteca o unos talleres ocupacionales ha insuflado una nueva vida y compensa treinta años de monocromatismo político y el lenguaje hueco del emprendimiento y la implementación.
sábado, 3 de agosto de 2013
Nadie se disputa el voto del Sr. Cayo
domingo, 8 de abril de 2012
Cambio de régimen o coche oficial (IU ante la gobernabilidad de Andalucía)

Las opciones de IU
El pacto de gobierno o de legislatura sólo beneficiaría al PSOE, aliviado de no tener que compartir Consejo de gobierno, y pone en bandeja volver a la retórica, falsa y victimista, de la pinza. La abstención, dejando paso a un Gobierno del PP es sencillamente inadmisible, y marcaría el suicidio y la ruptura total de IU, y no porque el PSOE no se la merezca, sino primero porque desde el principio se vendería como un pacto entre populares e IU, como ocurre en Extremadura donde, aunque tal acuerdo no existe y lo que ha hecho IU es dejar gobernar al más votado, es esa la imagen que se da. Segundo, porque la posibilidad de un poder absoluto del PP en toda España, Andalucía incluida, es aterradora, y tercero porque la derecha podría gobernar con normalidad Andalucía, es simple alternancia, pero no justo ahora; las recetas del PP en la actual situación económica y social de la comunidad solo traerían la ruina y el hambre.
¿Qué hacer entonces? Lo primero que ha de asumir la coalición que lidera Diego Valderas es que no puede ser la misma después del 15-M. De hecho ante las citas electorales que han venido después de aquellas movilizaciones y acampadas, la formación ha querido abanderar aquél descontento y llevar a las cámaras legislativas la demanda popular de más democracia, más representatividad directa, limpieza y otras formas de hacer política. Es lo que, sin duda, le exigen muchos de sus votantes, y probablemente en su creciente cosecha de votos hay mucho 15-M. No puede, por tanto, mostrarse ni comportarse como un partido convencional, y eso condiciona la forma de pactar con un partido como el socialista que ha practicado y defendido políticas neoliberales, se ha aferrado a un sistema electoral injusto, ha blindado los privilegios de la clase política y del poder económico y ha albergado en su seno un insostenible poso de corrupción. A Izquierda Unida -y al PSOE si se convierten en socios- corresponde demostrar que las fórmulas liberales contra la crisis ni son las únicas posibles ni son las adecuadas, y callar a quienes interesadamente tildan de demagógico y utópico todo lo que se salga del catecismo del mercado, pero debe también asumir que su programa contiene propuestas cargadas de buenrollismo imposibles de llevar a la práctica.
Los políticos de siempre
Puede
que el problema sea que Izquierda Unida sigue orbitando en torno a un
partido a la vieja usanza, el PCE, que atesora los mismos vicios que hizo a la
calle clamar la pasada primavera contra los partidos. Que Diego Valderas
es un político convencional, que hace décadas que no vive de otra cosa que de la política y que no tendría de qué vivir fuera de la poliítica; que él y otros dirigentes no sirven para
estos tiempos. Al margen de que esté o no en el próximo gobierno andaluz,
Izquierda Unida en Andalucía debe plantearse a muy corto plazo un relevo de dirigentes y
de formas de hacer política. Izquierda Unida no debe entrar en el Gobierno Andaluz para meter a toda su tropa dentro, inflando aún más una administración que padece obesidad mórbida. Adelgazar la administración, corregir las duplicidades, hacer una poda sin piedad de altos cargos y de sus sueldos es impresicnidible y es más de izquierdas que engordar lo público sin ton ni son, porque lo que se ahorra en asesores, directores generales, delegados y sus respectivas cortes es dinero que puede ir a políticas sociales, a salud, a investigación... Eso que aseguran propone Valderas de mantener tal cual la tela de araña de agencias públicas es suicida.

Hablo de un giro a lo práctico, de fórmulas que saquen a Andalucía del pozo. No se trata de un giro a la derecha o a la realpolitik. En determinados aspectos -no evidentemente en lo que se refiere a la cháchara castrista y chavista- Marinaleda -que representaría el ala más radical- es un ejemplo a seguir: Cómo han recuperado la tierra para ponerla a producir, su sistema de autoconstrucción de viviendas, el control de todo el proceso de producción, distribución y comercialización de los productos del campo no son ninguna utopía, son una realidad tangible y extrapolable a otros lugares; sin llegar a su modelo asambleario -además de nada operativa, la asamblea es el método más refinado de aplastar al disidente, como demostró la Revolución Cultural China-, es posible avanzar en una mayor representatividad. Ignoro si tiene la Junta de Andalucía capacidad de legislar una norma electoral para su territorio pero sería una posibilidad -recogida en el programa de IU- a contemplar.
domingo, 10 de abril de 2011
El Trigo y la paja
e también Sánchez Gordillo- son idénticos a las excusas del PP sobre su mascletá de imputados o a las de los eurodiputados a los que Twitter sacó los colores por negarse a volar en clase turista. Va a ser verdad que todos eran iguales y que un político siempre es un político. Porque los honestos que dentro de las organizaciones callan y tragan se vuelven deshonestos por omisión, y en Izquierda Unida pocos han alzado su voz frente al apoyo oficial a Torrijos o a la alcaldesa deManilva, Antonia Muñoz, de nuevo candidata, que contrató a 17 miembros de su propia lista así como a 57 de sus familiares. Camps lleva cinco imputados en sus listas, Valderas va por tres; de los Eres de Griñán he perdido la cuenta ¿la diferencia entre unos y otros es una simple cuestión de cantidad? domingo, 16 de enero de 2011
Demagogia
Me voy a permitir en estas líneas ser un completo demagogo. La demagogia es una práctica que el diccionario reserva en exclusiva a los políticos, pero éstos descalifican con ella a cualquiera que haga comparaciones incómodas. Por ejemplo, soy un demagogo si contrapongo el retraso en la edad de jubilación y las pensiones congeladas al retiro de 120.000 euros que el expresident José Montilla cobrará durante los dos próximos años, y de 90.000 para el resto de su vida y la de su esposa Ana Hernández, que ya cobra de quince cargos en empresas públicas y privadas.Recuerdo que más de la mitad de los granadinos -que trabajan- no cobra ni mil euros al mes cuando la Comisión Europea pide recortar el seguro de paro y flexibilizar los salarios de los sobreprotegidos trabajadores españoles. De demagogo que soy creo que ya estamos tardando en salirnos de Europa. Y soy tan simplista que relaciono la subida del 10% en los recibos de electricidad y gas con los sueldos de 200.000 y 126.000 euros que percibirán José María Aznar y Felipe González de Endesa y Gas Natural respectivamente, y que se suman a sus pensiones vitalicias de 80.000 euros, oficina, coche oficial y seguridad por cuenta del Estado.



Si fuera empleado de alguna de las firmas del Ibex-35 sería un demagogo irresponsable si me negara a cualquier recorte salarial pasteleado con los sindicatos a cambio de evitar despidos, con el argumento de que en plena crisis las retribuciones medias de sus consejeros subieron un 8%, y un 7% las de los directivos. Seré un demagogo -entre fascista y batasuno, según el Gobierno Griñán- si estoy con los funcionarios en que todas las modificaciones en el Decreto de Reforma de la Función Pública mantienen el blindaje del pesebre que garantiza el puesto a miles de enchufados del PSOE, gobierne quien gobierne. Pero mi demagogia no es bipartidista; fíjense en que mientras asisto a la firma del acuerdo para que el legado Guerrero se quede en Granada mi atención se va a los ocho gabinetes de prensa presentes en el acto y a la nutrida representación de los 120 empleados que Izquierda Unida ha colado en la Diputación de Granada.
Mientras calculo cuántos años he de cotizar para que mi pensión me dé de comer, leo que no se tocará el blindaje de los diputados y senadores: Dos legislaturas y ya tienen garantizada la pensión máxima. La demagogia se me dispara y sueño con lo que José Saramago describía en 'Ensayo sobre la lucidez': En mayo y en marzo del año que viene, mayoría absoluta para los votos en blanco. O sueño con irme a Túnez donde miles de demagogos han puesto de patitas en la calle al presidente tan querido del Banco Mundial; o a las calles de Londres para ver el terror en las caras de los príncipes herederos en su coche zarandeado por miles de estudiantes a quienes ciega la demagogia.lunes, 21 de junio de 2010
Revolucionarios

"Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos; es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional; es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio; es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo; es luchar con audacia, inteligencia y realismo; es no mentir jamás ni violar principios éticos; es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas". El autor de esta hermosa cita acabó sepultando su sueño y el de quienes en él creyeron bajo una oxidada maquinaria burocrática al servicio de los mediocres, los delatores y los trepas. Es de Fidel Castro y la he recordado en la despedida de una de esas raras personas que pasan por la política siendo fieles hasta el final a ese concepto del revolucionario. Lola Ruiz, la concejala que se ha ido, dejando sin oposición al Ayuntamiento de Granada, es una de esas personas.
Es la integridad un bien tan escaso que demostrarla desde que cada mañana suena el despertador convierte en excepcional a quien lo practica. Lola se entregó al servicio de quienes la eligieron con una capacidad de trabajo que agotaría a cualquiera.
Ella sola fue la oposición real, mientras otros desertaban rumbo a puestos menos ingratos o mejor pagados. Y a ella no se le puede ubicar en la nómina de dirigentes de IU que acaban en el redil socialista. Ha sido rompeolas de una izquierda granadina ahogada por su propia desidia y por la marea derechista de los rancios, los meapilas, los codiciosos y los catetos. Sin dogmatismo pero con tozudez, con un compromiso sincero con quienes peor lo pasan, durante estos siete años ha sido la voz disidente que irrumpía en un debate que basculaba de lo sórdido a lo siniestro, y a menudo se quedaba en lo hortera.
Y frente a esa excepcionalidad, la norma establece que las ideas propias se pagan caras. Lola Ruiz ha formado parte de un proyecto -en el que ha creído, en el que muchos en algún momento creímos-, el de Izquierda Unida, epítome de todas las frustraciones, que no ha sabido ser otra cosa que un PCE torpemente coloreado y ahora vende una refundación que apesta a electoralismo; que arrincona a los mejores: Inés Sabanés, Concha Caballero, ahora Lola...
-¡Qué casualidad, todas mujeres!-; donde ganan siempre los mediocres y los de vocación burócrata. Porque el cargo tienta, sea la vicepresidencia de una Diputación o la consejería en un gobierno de coalición con el PSOE -si es que Arenas no arrasa- con la que sueña Diego Valderas. Y porque los ortodoxos -esos cuya idea de la izquierda es desempolvar hoces y martillos y organizar infames algaradas contra disidentes cubanos- son quienes al final se venden más barato. A esos, en su heterodoxia de librepensadora Lola Ruiz da una lección de ortodoxia revolucionaria, que no es otra cosa que servir al pueblo con honradez y no dejar de trabajar ni un solo día por transformar la realidad.














