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lunes, 13 de julio de 2009

Último artículo publicado en Granada Hoy


Malva y fucsia

Cualquier sábado noche las ventanas de los vecinos lanzan un reflejo de pantallas LCD en malva y fucsia. En algún momento realizadores y marcadores de pautas estéticas de la televisión decidieron que fueran esos los colores dominantes en escenarios y platós para espectáculos de variedades destinados a grandes audiencias, sean las galas producidas por José Luís Moreno, se llamen copla, se trate de concursos cazatalentos o del mismísimo Festival de Eurovisión. Es un estándar, y al ver esos colores en un rápido zapeo automáticamente cambio de canal por miedo a la segura dosis de vulgaridad encuadrada en tonos malvas y fucsia.

Dichos colores también sirven de escenografía para un funeral. Eran los de la gala mortuoria en homenaje al finado Michael Jackson televisada a todo el orbe y vivida in situ por los ganadores de un sorteo estilo pisos VPO. Además de para enterrar al difunto, el espectáculo sirvió para exhumar un tópico que desconcha el barniz de modernidad de la era Obama: la natural tendencia estadounidense a la horterada, la contradicción estética de un país en el que conviven las habitaciones de motel pintadas por Edward Hopper y las reinas de la belleza infantiles pintadas como puertas. Fue un show de estadio como las giras del inmóvil protagonista con apariciones de genios del pasado -Stevie Wonder, Smokey Robinson...- hoy espectros sin gracia, junto a mediocres del más aburrido mainstream a quienes el talento siempre fue esquivo -Mariah Carey, Jennifer Hudson...-. Malva y fucsia coloreaban lo rematadamente hortera de las actuaciones, la fraternidad empalagosa de "Heal the World" y de la carta de Mandela, los vástagos aferrados al ataúd de su padre y la poco creíble niña a la que Jackson jamás cuidó proclamándole "el mejor padre del mundo", todo tan ensayado... Pero más deprimente que el espectáculo fue su análisis en la prensa y televisiones de por aquí, que calificaban de emotivo y grandioso lo cursi, edulcorado, hortera y desmesurado. Ni crítica ni sarcasmo respecto a la infumable gala, no cabe esperarlos de una generación con el cerebro frito y el buen gusto destruido por la tiranía estética de Operación Triunfo, el retorno de los cantantes melódicos que antes exiliábamos a Latinoamérica y el melodrama cani de Andy y Lucas.

Sobre el cantante extinto no me extiendo. El soul es para mí la música por excelencia y adoro casi toda la producción del sello Motown en el que crecieron los hermanos Jackson, pero Michael me interesó menos cuando emprendió el crossover musical hacia el pop bailable. Me fascina en cambio su otro crossover, el físico desde la negritud a la indefinición racial y sexual; eso sí me parece una transgresión frente a los códigos identitarios que defiende de boquilla la comunidad afroamericana mientras los decolorantes de piel y los alisadores de pelo se agotan en los supermercados.

sábado, 16 de agosto de 2008

Eli "Paperboy" Reed And The True Loves



El renacer del soul


He perdido la cuenta de los años que llevo escuchando y coleccionando música de forma compulsiva, y por lo tanto estoy más que acostumbrado a los movimientos cíclicos de revivalismo de tal o cual género, a la progresiva aceleración de dichos revivals y, dado que jamás tuve la tentación de hacerme de esos que un día deciden no escuchar más música actual, no trabajo con la nostalgia. Es evidente que al crecer tu cultura musical echas la mirada cada vez más atrás, pero no hay nada de nostalgia en ello, sino pura curiosidad al descubrir que, si los sonidos de los sesenta fueron siempre los que más me marcaron, tenía que buscar sus raices en los cuarenta, los cincuenta, el blues, el jazz, el folk o el gospel. Nada que ver con M-80 y otros negocios del recuerdo.

Esto me permite distinguir las llamadas al pasado que se producen cuando escasean nuevas ideas en el presente, o a los jetas que le venden a un público musicalmente iletrado un simple rescate -ni siquiera actualización- de sonidos añejos como muestras de su propio e inexistente talento... distinguir estos fenómenos, digo, de la sorprendente e inesperada recuperación de la música soul que estamos viviendo en los dos últimos años. Aclararé que no se trata de ser más condescendiente con este revival que con otros porque el que se recupera sea mi género favorito; es más que eso. Lo que Amy Winehouse, Duffy -entre los productos de aceptación mainstream- o lo que Jill Scott, James Hunter, Ryan Shaw o Sharon Jones -con eco minoritario- están haciendo no se parece a un revival, sino a una resurrección. Es algo así como decir: "Señores, retomemos la historia donde lo habíamos llegado porque miren lo que nos hemos estado perdiendo durante todos estos años".

Es cierto, la del soul es una tradición rota. La disco music primero, la electrónica, el pop negro de Prince y Michael Jackson y esa aterciopelada y meliflua black music de los últimos años, son una ruptura, no corresponden a la evolución natural de la soul music que marcó una revolución racial y generacional y fue la banda sonora de la conquista de los derechos civiles en Norteamérica y del orgullo de ser negros. Ideológicamente, y espiritualmente, la antorcha la sostiene el hip hop, es además la forma musical que más fagocita del soul clásico en sampleos y citas, pero musicalmente no es lo mismo. El Northern Soul ha sido un culto con una indudable utilidad arqueológica, pero demasiado restringido y basado sólo en la recuperación de joyas perdidas del pasado, no en creación de nuevos productos. Los revivals como tal se han mostrado falsos: cantantes como Anita Baker o Alicia Keys derivaron rápidamente hacia sonidos acomodaticios para radiofórmulas adultas.

Esta recuperación de la soul music tal como se practicaba en los años dorados de Stax, Motown o Atlantic responde a una demanda: la necesidad de sonidos creíbles, con expresividad, corazón y alma. Estos nuevos soulmen y soulwomen, entre los que hay tantos intérpretes blancos como negros, no forman un grupo homogéneo. Al margen de haberse convertido en carnaza para la prensa amarilla, Amy Winehouse representa la contemporaneidad, suena a presente, mientras Duffy -mucho menos blanda de lo que algunos pretenden- opta por el revivalismo puro y no sólo de soul, sino de cierto folk-pop y pop-soul que en los sesenta se podía encontrar en Dusty Springfield, Lulú, o parte del catálogo de Bacharah & David. Otros han optado por recrear fielmente instrumentaciones e incluso métodos de grabación, lo cual mientras en
Sharon Jones and the Dap-Kings se queda en guiño nostálgico resultón, en el hombre que nos ocupa, Eli "Paperboy" Reed, nos proporciona el más excitante retorno a las raíces que podríamos imaginar.
Eli "Paperboy" Reed es blanco, bostoniano, regordete y con pinta blandita, entre Lloyd Cole y Brian Wilson, aunque se transforme en lo alto de un escenario. Pero cuando grita el comienzo de "Take My Love With You" crees que Sam Cooke ha resucitado en mitad del Harlem Square Club. Su forma de cantar -susurra como Otis Redding, grita como Aretha Franklin, tiene la alegría de Cooke y la energía de James Brown- te aplasta contra el suelo. No es el suyo un revivalismo sin más, por más que se pueda incluir en la categoría de los puristas. Sigue el camino trazado por otros como si no hubieran pasado cuatro décadas, y en su segundo disco, "Roll With You" -lo mejor que haya salido de las prensas de una discográfica en este 2008- aporta nuevas joyas a la historia del género, canciones de la talla de las de los maestros.

No ha salido de la nada, el suyo parece un camino trazado a propósito reproduciendo la formación musical que tuvieron los soulmen de los sesenta. Ha vivido en Clarksdale, Mississippi, y en Chicago, empapándose de blues y rythm'n'blues; en su Boston natal formó parte de coros de gospel, una calculada formación musical de la que su primer disco "Walkin' and Talkin'" forma parte, como producto de rythm' n' blues potente pero en el que su técnica vocal aún no está depurada. La maduración se ha completado con "Roll With You", un disco grabado con técnicas analógicas, en cinta, con instrumentos muy usados, con formación de septeto y cuyo sonido está marcado por una cuidada e infalible sección de viento, pero sobre todo por la voz de Eli "Papperboy" Reed, un cantante como los de antes.

"Roll With You" llega en el momento justo, es como un "aquí no ha pasado nada, seguimos haciendo la música que nunca debimos dejar de hacer". Me quedo con el espectacular arranque de "Stake Your Claim", la conmovedora melodía de "I'll Roll With You", o con el single -¿alguna canción no lo es?- "Take My love With You", pura herencia de Sam Cooke, y su increible saxo a mitad de la canción, o con la ortodoxa balada "It's Easier" o con un "Boom Boom" que es puro Little Richard, por citar algo en un disco en el que ni una nota es desaprovechable. Puede que sea una alegría momentánea o que junto a "Back To Black", "This Is Ryan Shaw", "The Real Thing" o "Rockferry", a los que supera en autenticidad y en garra, marquen una segunda edad de oro de la música soul.


lunes, 4 de agosto de 2008

Lo nuevo de Paul Weller

22 dreams, el Sgt. Peppers de Weller

...O su "Album blanco". Al cumplir 50 años Paul Weller ha puesto en la calle su disco más ambicioso, 22 dreams, barroco, complejo, largo, variado y brillante: soul, rock, electrónica, jazz, krautrock y hasta tango contiene en sus 22 piezas. El músico que llevó al pop británico a sus cotas más altas de calidad con The Jam y The Style Council no ha perdido un ápice de fiereza y combatividad y sin renunciar a la elegancia que bla, bla, bla... ya estamos con los tópicos. En fin, se trata de una obra magna, tal vez lo mejor que ha compuesto Weller desde Setting Songs, y para demostrarlo, sus dos primeros clips:

Have You Made Up Your Mind nos trae al Weller soul, que sobre una potente base de guitarras sitúa unos coros que Curtis Mayfield firmaría con los ojos cerrados. No he conseguido averiguar quién dirige el estupendo clip de animación.




El otro single que cuenta con vídeo de momento es el energético Echoes Round The Sun en el que aparecen las dos lujosas colaboraciones del tema, Noel Gallagher y Gem Archer de Oasis.


martes, 20 de mayo de 2008

Playlist nº 1: Las 20 joyas ocultas de la música soul:


1. Doris Duke: I'm a Loser (1972)
2. Millie Jackson: Caught Up (1975)
3. Arthur Alexander: Arthur Alexander (1972)
4.
Marie Queenie Lyons: Soul Fever (1970)
5.
Aretha Franklin: Hey Now Hey (The Other Side of the Sky) (1973)
6.
Chairmen of the Board: Skin I'm In (1974)
7.
Bobby Womack: Understanding (1972)
8.
Ann Peebles: Straight From The Heart (1972)
9. Swamp Dogg: Total Destruction To Your Heart (1971)

10. Mavis Staples: Only For The Lonely (1970)
11. Irma Thomas: In Between Tears (1973)
12. Barbara Lynn: Here Is Barbara Lynn (1968)
13. Honey Cone: Soulful Tapestry (1972)
14.
James Carr: You Got My Mind Messed Up (1967)
15. Odetta: Odetta Sings (1971)
16. Cornelius Bros. And Sister Rose: Big Time Lover (1974)
17. Valerie Simpson: Exposed (1971)
18. The Dells: The Dells (1974)
19.
The Staple Singers: Be Altitude (Express Yourself) (1972)
20. The Isley Brothers: Givin' It Back (1971)