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jueves, 27 de junio de 2013

¡Y un Jamón!


Los supermercados  El Jamón nacieron en la provincia de Huelva en los años noventa. Desde entonces se han extendido por  Andalucía occidental, ocupando practicamente toda la comunidad salvo el antiguo  Reino de Granada y compitiendo por el territorio con las cadenas   Covirán, El Árbol, la multinacional Spar y las grandes superficies. Se trata de una cadena privada aunque integrada en el grupo del Instituto de  Fomento de Andalucía, oficial. La empresa ha sabido capear los vientos de crisis.  En la actualidad posee 168 establecimientos y desde 2009 ha creado 280 puestos de trabajo, con lo que suma más de cuatro mil empleados. Además prevé obtener 255 millones de euros de beneficios a final de  2013.

Sin embargo, y a pesar de su envidiable situación, El Jamón  pretende imponer a sus trabajadores un drástico recorte de sus de derechos laborales, con una reducción salarial en torno al 20% y eliminación de horas extraordinarias. La decisión ha provocado una gran conflictividad laboral y la huelga parece inevitable. Sus propietarios han anunciado a los medios de comunicación una expansión aún mayor por Huelva y Sevilla y la irrupción en el mercado portugués. Pero no sería de extrañar que estos gorrinos  opten ahora por la deslocalización y por irse junto con los comercios a  Marruecos aprovechando que allí los haluf como ellos son intocables. Y ello a pesar de lo política y religiosamente incorrecto que sería vender carne halal con un nombre como El Jamón.

En el mismo diario gratuíto, Viva Huelva,  podemos leer también que el  Fondo Monetario Internacional exige a España nuevas vueltas de tuerca para endurecer aún  más la reforma laboral. Desde que reina la dinastía de los Merkel, austeridad y despido barato son dogmas de catecismo, obligatorios para creyentes y para escépticos.

Llama la atención que en plena bonanza los responsables de El Jamón derramen lágrimas de cocodrilo. No quiero imaginar cómo llorarían en el peor escenario posible para ellos, una ligera reducción de las ganancias que les impidiera dejarse ver a diario en sus yates frente a la marina de El Rompido. Sabido es que la condición de quejica es connatural a la de empresario y  que los ricos lloran su ruína por la borda de su velero.


domingo, 8 de abril de 2012

En el centro comercial



 
Ha sido el plan de la Semana Santa. Toda la familia pasando la tarde en el nuevo centro comercial. Sus pasillos y accesos se convertían en un infierno poblado por hordas de caris -”Cari, ¿me llevas al centro comercial nuevo?” “Claro que sí, gordi”-. Hoy ocio consiste en compras, cine de palomitas -o mejor expresado, palomitas acompañadas de alguna bazofia en 3D- y picoteo dentro de un espacio cerrado de luz artificial, multitudes y uniformidad. Un lugar desarraigado del territorio, donde no distinguimos si estamos en Granada o en Kuala Lumpur: Idénticas marcas, productos clónicos, reino de las franquicias.

Al centro comercial acudes a comprar sin saber qué; esperas que brote el deseo de consumir, porque entre sus paredes eres más manipulable que cuando acudes a un mostrador con las ideas claras.
Miras a la multitud y preguntas ¿dónde está la crisis? Pero te das cuenta de que la mayoría salen sin bolsas. En tiempos de vacas flacas hay que contar con  la imposibilidad material de consumir, pero en tal caso tampoco importa. El centro comercial es la plaza pública donde se estructuran las relaciones, la calle por donde la ciudadanía pasea, liga, se encuentra con conocidos, con una diferencia: No te puedes detener a menos que gastes.



Uno se reconoce consumista, pero prefiere el aire libre, el centro urbano, el lugar al que se acude a pie o en transporte público, aunque sea un paisaje conquistado también por las franquicias, y pide a gritos a las tiendas tradicionales que se pongan las pilas y sobrevivan. Existen otra clase de centros comerciales, agrupaciones de comerciantes individuales con una filosofía muy distinta: el Mercado de Fuencarral en Madrid o los Stables de Candem en Londres.
No es el caso de Granada, donde pronto abrirán otros dos monstruos despersonalizados, si no son ciertos los rumores de que Tomás Olivo no tiene un euro para seguir adelante con el Nevada.
A estos lugares el comprador acude en coche privado y se crea la falsa ilusión de pagar menos al no contabilizar los gastos de combustible, aparcamiento, y tiempos de desplazamiento. Por no hablar de los atascos. El centro abierto esta Semana Santa ha provocado retenciones y molestias que esta vez no han hecho a los vecinos colgar pancartas de protesta en los balcones como sí hacían contra el mercadillo de los sábados. ¿Será que estos no son vendedores pobres ni gitanos? Yo tras la apertura, no puedo evitar acordarme -y dejar aquí constancia- de otro daño colateral del nuevo recinto. Durante su construcción y larga paralización dos perrillos vigilaban las obras soportando fríos, lluvias y solanas. Hoy ya no hacen falta y, sustituidos por la habitual seguridad uniformada, vagan abandonados por los barrancos del Serrallo.



"Gran Superficie", documental completo (58')

lunes, 10 de enero de 2011

Obsolescencia programada



Comprar-Tirar-Comprar, fantástico documental coproducido por Arte, TVE y TV3 sobre las técnicas que se emplean en la industria para que los objetos de consumo tengan fecha de caducidad y deban ser sustituidos. Atención al apartado dedicado a Apple y sus iPods, aplicables también a los iPhones, teléfonos sin batería extríble que hay que tirar a la basura cuando ésta muere.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Ser un oxímoron

Yo se lo advertía a mis editores: ¡Cómo se os ocurre mandarme a cubrir la inauguración de las Jornadas de Turismo Gay de Granada, con las cosas que he ido escribiendo de este asunto! -el último artículo en Granada Hoy sin ir más lejos-. Y claro, pasó lo que tenía que pasar, que uno hace preguntas, que para eso le pagan, y se encuentra con que quien debe responderlas viene con la escopeta cargada después de leerle a uno. Por el jefe de prensa del Patronato de Turismo sabía que habían leído lo que pienso sobre estos saraos mercantilistas y respecto al segregacionismo fomentado por quienes han convertido lo gay en un gigantesco negocio. Resultado, que me veo convertido en oxímoron, en gay homófobo, que es lo que según los organizadores de la cosa es cualquiera que no se una al rebaño feliz y ose criticar ese modelo de sociedad homosexual divina de la muerte, rica, consumista, despreocupada y cerrada en sí misma que proporciona pingües beneficios a cierto empresariado, y coartada moderna y avanzada a mediocres politiquillos embaucados por ese mismo empresariado.


Y eso que no abrí fuego yo, que fue mi compañera Maite, de RNE, quien primero se topó con el tono de perdonavidas de los organizadores cuando preguntó de dónde se sacaban el supuesto perfil del turista gay -ya saben, gastoso, universitario, joven y culto-, si lo obtenían preguntando a los visitantes sobre su orientación sexual; ni siquiera pude hacer más de una pregunta, por las prisas propias de tener que contarlo en la radio al momento, por ser una rueda de prensa concelebrada en la que cada intervención era seguida por su traducción al inglés, y porque de pronto los periodistas autóctonos nos vimos rodeados de una intimidante fauna de reporteros invitados a las jornadas -las cejas perfiladas, los jerseys de colorines ajustados, las libretas en que tomaban nota de todo, la mirada de reojo del iniciado al profano y, claro, las acreditaciones les delataban- que te observaban como a un intruso de la prensa generalista, ignorante y portador de atávicos prejuicios, ¡y quien sabe si hasta heterosexual!.

Y uno va y pregunta lo típico, si todo esto del turismo gay -o mejor dicho LTGB, que hay que ser cursis- no tiene como consecuencia el aislacionismo, la endogamia, la renuncia a cambiar al conjunto de la sociedad y en definitiva el gueto. Y lo pregunta no opinando, que en una rueda de prensa lo que yo opine a nadie interesa, sino recordando las críticas que desde algunas asociaciones de nada desdeñable presencia -Colegas- se hacen hacia carnavales consumistas como Expogay o el propio concepto de turismo gay. Me responde -se notó que venía preparado para ello- el vicepresidente del Patronato de Turismo José López Gallardo diciendo nada menos que esas críticas responden a que entre las asociaciones y colectivos gays hay mucha homofobia encubierta, y revelan en quien las hace una homofobia con matices de progresismo (sic). O sea, que según el concejal de Laroles, si no te gustan los cruceros gays, no te gastas un dineral en depilación, no seleccionas a tus compañeros de viaje o los camareros de tu restaurante en función de su opción sexual, si no viajas con agencias LGTB y no llevas la bandera arcoiris colgada de la mochila -o mejor de la maleta Luis Vuitton- de nada sirve que te molen los de tu sexo, serás un homófobo retrógrado, un gay homófobo, un oxímoron.

Claro, una vez uno se ve convertido en oxímoron, no vuelve a preguntar, ni siquiera a otros oximorones como estos socialistas mercantilistas, y se limita a recoger la respuesta del político para que se retrate con sus palabras. Y uno se da cuenta de que su pecado ha sido cuestionar la invención de la que el concejal en cuestión se siente más orgulloso, pues todo comenzó cuando a López Gallardo en una rueda de prensa veraniega, hará dos años, se le ocurrió comentar que Granada como destino turístico había sido citada en algunos reportajes de revistas gays foráneas. Eso dicho en el desierto informativo de agosto fue amplificado por las agencias y de inmediato corrió como la pólvora el insensato bulo de que Granada era una ciudad codiciada por los turistas gays. Recuerdo a la pobre redactora de Canal Sur que cubría el turno desesperada porque desde Sevilla su descerebrado editor le conminaba a echarse a la calle a las cuatro de una tarde tórrida a buscar a gays con los que ilustrar el reportaje y algún restaurante de ambiente -el único de Granada estaba cerrado por vacaciones- que demostrara que a los pies de la Alhambra florecía la nueva Sodoma, aunque los patronatos de turismo de media España anden pretendiendo lo mismo de sus ciudades.



En fin, que el invento del concejal que pasó de la Alpujarra a la World Travel Market ha acabado en esta convención de 27 turoperadores de 14 países para vender eso del turismo segregado. Los políticos, el mentado y el delegado de Turismo de la Junta, repiten los datos con los que estos mercaderes les han embaucado para que desde los poderes públcios se promocione su negocio, que disfraza como una forma de inclusión lo que no es sino estrategia para incrementar ventas. Unos datos de origen desconocido y poco o nada creíbles: Según Turespaña en el país habría unos tres millones de gays y lesbianas, el 50% con estudios universitarios -al parecer la homosexualidad te libra del fracaso escolar y te sube la nota de selectividad-, con una media de ingresos por hogar superior a los 60.000 euros anuales, el doble de la media -ni mileuristas ni parados en el paraíso arcoiris, que los EREs son para heteros-, y que invierten el 47% de sus ingresos en consumo, ocio y tiempo libre - es decir que a ningún gay se le va más de medio sueldo en pagar la hipoteca-. Y el argumento que lo desenmascara todo: "El 78% prefiere comprar productos que se dirijan directamente a la comunidad LGTB". De eso se trata en definitiva, de que les compremos a los mismos mercaderes que han organizado el tinglado con apoyo del poder socialista, y la participación directa de algún destacado dirigente político en Chueca, S.A.. Recordemos a Pedro Zerolo animando a participar en la horrorosa Expogay de Torremolinos, pero recordemos mejor lo que en alusión a dicho encuentro decía Gonzalo Serrano, de Colegas: "Los homosexuales ni son mejores ni consumen más que otros sectores. Si estamos luchando por la igualdad al final lo que se lanza desde estos eventos es que somos diferentes, gastamos diferente y que nos preocupan cosas diferentes y eso ni siquiera es la verdad". Entonces Javier Checa, el organizador de Expogay le respondió que "las personas van encaminadas a una sociedad sectorial, de comunidades, y a esta solo quiere que se les respete". ¿Qué os decía el lunes del multiculturalismo y el gueto?

¿Por qué lo llamarán amor cuando quieren decir pasta?

lunes, 22 de noviembre de 2010

Multisexismo


Angela Merkel sentencia que el multiculturalismo ha sido un absoluto fracaso y la progresía global se escandaliza. Pero la Merkel se queda corta:
El multiculturalismo es una forma de racismo, un nefasto discurso que defiende lo identitario, el ‘juntos pero no revueltos’ y las excepciones a la Ley para minorías nacionales o religiosas. Eso sí ha fracasado, no el interculturalismo, que promueve la integración, el enriquecimiento mutuo y la mezcla: Aceptar las reglas de convivencia de la sociedad acogedora, familias interraciales, ni barrios ni escuelas segregados, ni sharías de tapadillo ni crucifijos en las aulas. Eso de cada uno en su gueto y de respetar hasta lo más sórdido de su cultura, pretendiendo lo contrario conduce al nazismo.



Una clase de multiculturalismo en boga es lo que llamaré multisexismo, el aislacionismo determinado por la opción sexual al que se apuntan quienes dicen representar a gays y lesbianas –LGBT, según lo políticamente cursi- y la oficialidad que los patrocina. A ese multisexismo responden esas Jornadas de Turismo Gay que organiza la Diputación de Granada. Restaurantes, cruceros, resorts gays... Guetos de entrada voluntaria –y sobre todo de pago- donde olvidar que políticos y activistas no han sabido erradicar la homofobia y la discriminación. Según Diputación casi todos los establecimientos hosteleros de la provincia se colgarán la etiqueta gay-friendly. Permítanme que sea escéptico ¿Saben a qué les compromete eso? Desde luego no sólo a respetar lo que se haga de puertas adentro. Si dos clientas de un hotel quieren besarse en el vestíbulo, no basta con no echarlas a patadas, tampoco vale disuadirlas educadamente, y si otro huésped se queja es a éste al que debe afearse su conducta. A ver cuántos hoteles o bares superan esa prueba del algodón.

Inventos como las Jornadas de Turismo Gay se basan en mitos: Que Granada es una ciudad atractiva para el turismo gay. No, Granada es atractiva para todo el mundo y lesbiana no es sinónimo de marciana. La oferta específica de Granada es cortita y con sifón, a años luz de Sevilla, Torremolinos o Madrid. Otro mito: El gay es rico, sibarita y consumista. Como si los homosexuales fueran inmunes al mileurismo y el paro, como si no hubiera cientos de transexuales –si escribo transgénero me da la risa floja- en la calle porque no les alquilan un piso o en la prostitución porque les niegan un trabajo. El sitio de ambiente, sea bar, sauna, playa, página web o bosquecillo oscuro sólo cumple dos funciones, protegerse de la homofobia aún dominante y facilitar el contacto y el ligue. Más allá de eso la perspectiva de unas vacaciones rodeado de endogamia vigoréxica y depilada es de pesadilla. El viajero busca lo nuevo, la inmersión en lo diferente, no autoafirmarse entre iguales. Para guetos con Varsovia hubo suficiente.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Delitos y faltas


Publicamos sin pestañear esa nota en la que la Policía Local se vanagloria de haber detenido este año año a 62 personas por delitos contra la propiedad intelectual e industrial e incautarse de casi sesenta mil productos falsificados: ropa, música o cremas faciales. Aceptamos que se valore el material en tres millones de euros y repetimos sin preguntar unas cuentas falseadas que traducen lucro cesante (no probado) en pérdidas para la industria legal: A 2,14 millones de euros asciende el quebranto económico para las empresas. Hace unos días también publicamos unas pérdidas de la industria musical a causa de la piratería falseadas del mismo modo. Pero los periodistas somos de letras, dicen, y con las cifras se nos engaña que da gusto.

Contabilidad aparte, jamás compartiré la jactancia de nuestras fuerzas de seguridad y los políticos a su mando respecto a operaciones en las que no trabajan al servicio de la sociedad sino de intereses empresariales, y que acaban en cacerías de sin papeles que se ganan la vida vendiendo en una acera copias de unos productos cuyas versiones legales llegan al mercado gracias a la explotación del trabajo inhumano de hombres, mujeres y niños en cualquier remoto lugar de Asia o África. Es simple; comprando la marca colaboramos a esa cadena de explotación; pagando por la copia ayudamos a sobrevivir a alguien que lo tiene realmente difícil. ¿Que detrás de estos últimos hay mafias? Seguro, pero son inofensivos raterillos comparados con las mafias que operan con amparo oficial. Se trata al fin y al cabo de un delito, me dirán. ¿Cuál? En el caso de aquel supuesto outlet que en Zacatín vendía ropa falsificada haciéndola pasar por legal, podríamos hablar de estafa, pero ¿hay delito cuando el comprador, víctima de la logolatría que nos afecta, sabe perfectamente que adquiere una copia y paga por ello conscientemente?



Si unos padres no saben evitar que sus hijos, por mimetismo o por no sentirse excluidos del grupo, sean insaciables devoradores de marcas, permitámosles que puedan contentar al crío a un precio asequible en el mercado paralelo. En la situación que están atravesando muchos inmigrantes en esta crisis, comprarles un falso Lacoste es más solidario que esos bolígrafos que anuncian infantas y futbolistas.

¿No será que estamos ante lo de siempre y los vendedores de las aceras son peligrosos porque son pobres? También se jactan policías y concejales de haber multado a no sé cuántas prostitutas callejeras. Es el orden de las cosas: Los jerseys de marca cosidos por niñas indonesias y las fulanas en burdeles de lujo bien esclavizadas e higienizadas al servicio de la gente de bien. Ir de putas no es lo mismo cuando lo hace un alcalde o un coronel como no es tan reprobable la pederastia si la ejercen un cura o Fernando Sánchez Dragó.



lunes, 16 de agosto de 2010

Que inventen ellos


En los EE.UU. se venden ya más libros electrónicos que de tapa dura, pero en España su implantación está fracasando. Y no se crean nada cuando les digan que la culpable de que nos quedemos al margen de esa revolución es la piratería -hoy más bien es la única alternativa-, ni tampoco un apego fetichista al papel. Confieso haber padecido síndrome de Diógenes cultural; podía montar con los ojos vendados una estantería 'Billy' para acumular más y más libros, discos y películas, pero con la música y el cine acabé por curarme. Guardo los viejos vinilos, cedés y deuvedés, pero han dejado de aumentar y desde hace unos años todo lo tengo en digital. Por eso mismo, y pese a que adore el tacto y el manejo de un libro, sé que ese fetichismo también tiene cura.

Sin embargo a los españoles una estúpida alianza entre el Gobierno y los libreros nos va a dejar al margen del salto al libro electrónico, que ha entrado en el Diccionario de la RAE pero no en el mundo real. Ponen en la calle un producto incómodo para el comprador, caro y con restricciones que estimulan a ir a un sitio pirata más que comprar el libro... La cosa se llama Libranda, el pretendido portal del libro electrónico en español y catalán. El engendro nació con una declaración de intenciones de su directora, Arantza Larrauri, que lo dice todo: “Evitar la piratería es el gran reto”, no la compatibilidad de formatos, no ofrecer un catálogo de obras amplio, no brindar precios competitivos frente al libro tradicional... Resultado: En Libranda no se venden libros, has de peregrinar trabajosamente desde el portal a las webs de los libreros y pasar por un farragoso registro; la oferta de títulos es ínfima; publica con un mecanismo anticopia, el DRM de Adobe, incompatible con los dos lectores líderes del mercado, el iPad de Apple y el Kindle de Amazon, y cuyo encriptamiento los piratas han hecho saltar al primer intento -¿gran reto o gran hazmerreir?-. Los precios son apenas más bajos que en el libro de tapa dura, y tributan el 18% de IVA, no el superreducido de los libros en papel.

¿Son tan estúpidos o lo hacen mal adrede? Es lo segundo, no les quepa duda. Han visto que se les acaba el chollo. En Amazon ya cualquier escritor puede autoeditarse sin intermediarios y se promociona mediante las redes sociales. Con el libro electrónico ya no sirve eso de que el autor se lleve un ínfimo 5 ó 10 por ciento. Nuestros editores, que, por algo será, no se han molestado en reclamar al gobierno la rebaja del IVA, plantean un boicot encubierto; buscan que la opción electrónica no pase de minoritaria y al cabo de unos meses dirán que lo han intentado pero los españoles somos unos piratas sin remedio. Los autores seguirán a dos velas y a los lectores no nos quedará otra que aprender idiomas o recurrir al mercado 'paralelo'.

miércoles, 2 de junio de 2010

Manzana podrida

Como siempre ocurre, los medios mayoritarios y generalistas relataron con la habitual mezcla de papanatismo, ignorancia y acriticismo las informaciones referidas al lanzamiento del inútil juguete de Apple, el horroroso iPad, todo un compendio de lo peor en lo que Apple se ha convertido: cerrado, exclusivista, caro, fachada sin contenido, solipsista, anticuado... Aunque sería justo admitir que la cobertura periodística fue acorde con la adoración ciega del Apple-fan, que no atiende a razones y quiere su juguete a toda costa aunque eso le cueste quedar, él y sus cuentas corrientes, prisioneros para siempre de la tupida red de "todo de pago" que está tejiendo Steve Jobs. En los tiempos en que, a pesar de los gobiernos, se impone la cultura libre y el intercambio, la entrega incondicional a los métodos de Apple es retrógrada y casi neoludista.

Servidor ha sido usuario y fan de las virtudes de los Mac, pero en la actualidad sólo conservo los iPod y empleo iTunes porque no hay un gestor mejor de las bibliotecas musicales, pero ahí me quedo.

Si a los
apple-fans es inútil pedirles que razonen sobre los errores y trampas de artefactos como el iPad, no intenten siquiera hablarles de los aspectos éticos de comprar artefactos cuya fabricación cuesta vidas y consagra condiciones de explotación cercanas a la esclavitud. El escándalo de los suicidios en las plantas chinas de Foxconn donde se fabrica el iPad y otros productos para Apple, Nokia y HP no ha hecho bajar las ventas de estos gadgets, incluso con informaciones tan contundentes como el reportaje de The Independent. Y menos aún cuando para el propio gran jefe Steve Jobs la cosa no pasa de preocupante.

Lo que muchos llevamos tiempo preguntándonos es si
Jobs no se ha convertido en Bill Gates. Y todo indica que, efectivamente, el CEO de Apple, está siguiendo todos los pasos que hicieron de Microsoft la encarnación del mal absoluto. Las prácticas monopolístas, los sistemas cada vez más cerrados, la obligación de pasar por caja para cada nueva aplicación, la apuesta por codecs de vídeo cerrados y pensados para hacer negocio con los derechos como el H.264, frente a Flash, en una feroz guerra contra Adobe, el empleo de los abogados como perros de presa ante la menor amenaza al copyright, la falta total de sentido del humor... Igualito que en los buenos tiempos de Windows.

Si le faltaba algo a Jobs era aliarse con la carcundia moral y abrazar con entusiasmo la censura, y ni siquiera por miedo a perder mercados como ocurrió con Google en China, sino por convencimiento. Da igual que se trate de contenidos políticos, satíricos o violentos o que se inscriban en la particular cruzada de Apple contra el porno, sus creadores pueden olvidarse de suministrar aplicaciones para iPhone o iPad. ¿Cómo pretende Apple hacerse con la hegemonía en el mercado del libro electrónico si además de tener que pagar por todos los contenidos los precios que unilateralmente fije el fabricante del soporte, muchos de esos contenidos pueden estar mutilados?

Es la sucesión en el trono del lado oscuro del negocio informático. Con Bill Gates dedicado a su fundación benéfica y Apple superando a Microsoft en la bolsa y el liderazgo del sector, Steve Jobs, aquel que en 1984 invitaba a pensar distinto y a combatir al Big Brother, es el nuevo Gran Hermano.



viernes, 29 de enero de 2010

iPad: Por qué 2010 será como 1984

La gran cagada de Steve Jobs

El 27 de enero fue el día de la carcajada global. La presentación del iPad, ni ordenador, ni teléfono, ni iPod, ni pizarrín, ha sido saludada por los medios que se lo tragan todo y por los irreductibles como la revolucíon de Internet, del ocio y de no sé cuántas cosas más, -revolucionario es el adjetivo que con más alegría se pronuncia últimamente- pero lo cierto es que cualquiera con dos dedos de frente y que no se deje deslumbrar por la capacidad de Apple para decidir lo que es cool, se ha dado cuenta del chasco.

El juguetito de Apple es un iPod Touch crecido hasta lo molesto y un ordenador más pequeño que el menor netbook -espero no verlo en manos del consejero de Educación valenciano-; no sirve para escuchar música -es mono- ; es un ordenador -es un decir- de limitadísimas capacidades y sin los programas de uso habitual -olvídate de instalar Firefox, apechuga con Safari; ni Word ni Open Office, sólo el cutre-works de Apple, de Photoshop o editores web ni hablamos-; un ebook que daña los ojos al leer; un aparato capado hasta la extenuación para hacerte depender para cualquier servicio de la compañía de Cupertino -MobileMe, Apps de pago, formatos de vídeo y audio o e-books sólo compatibles con iTunes...-; incapaz de hacer dos cosas a la vez -no es multitarea, como si fuera de 1984-; sin conexiones con el mundo exterior -ni cámara, ni usb, ni ranura de tarjetas, ni salida de vídeo-, diseñado de espaldas a la evolución lógica de Internet -sin flash, con posibilidad de restringir acceso a determinadas webs desde Apple-, y de la televisión -no es 16:9 ni HD-. el iPad es una patata brillante que, aunque no salga excesivamente caro -en su limitadísima edición básica, claro-, es tan incómodo de manejar que tiene enormes posibilidades de caerse y romperse a lo largo del primer año de uso.

Pese al descaro con el que se vende esta inutilidad, los incondicionales van a correr a comprárselo aunque haya cien aparatos más completos por menos precios -el nuevo teléfono de Google es mucho mejor que el iPhone, pero no tiene nada que hacer frente a él porque carece de su glamour, lo único que realmente importa al iFan-. Pero lo grave del caso es la confirmación de que Apple va mucho más allá de Microsoft en las prácticas monopolísticas, intentando consagrar un capitalismo de economato -aquellos pueblos mineros en los que los trabajadores debían comprarlo todo en la tienda de la compañía, con lo que sus sueldos volvían íntegros a sus empleadores- que pretende hacernos dependientes de los extras que vende la compañía a la que compramos el cacharro si queremos hacerlo funcionar.

No es sólo por la ausencia de multitarea en el iPad por lo que, invirtiendo el mensaje del archifamoso anuncio del primer macintosh, descubriremos por qué 2010 será como 1984.

Internet se está cebando con el iPad:

...Se hacen comparativas entre el ipad y un pizarrín:



PRESTACIONES IPADPIZARRÍN
3GNO No
GPSNONo
CámaraNONo
USBNONo
Lector de tarjetasNONo
Conexión HDNONo
MultitareaNOSI
Batería10h
Ni falta que le hace
Precio$49910€ como mucho

...Se analizan los fallos inexplicables que tiene el aparatito, 15 de momento

...Applefans explican por qué no van a comprarlo

....Otros satirizan el vídeo publicitario oficial:

The iPad - watch more funny videos

...Unos descubren que el iPad ya lo había patentado Fujitsu para un cacharro feísimo.

...Y otros que sí, que ya existía, pero tenía otra utilidad mucho más interesante:



Eso sí, es cool que te cagas... y eso es lo que importa, ¿o no?

lunes, 12 de octubre de 2009

Último artículo publicado en Granada Hoy

Trabajos perros

Un cocker de mirada triste con gorro de repartidor de pizzas es la imagen con la que Izquierda Unida ha convocado un concurso en el que ganan quienes menos ganan, y en el que parten con ventaja jóvenes, mujeres e inmigrantes. 108.000 granadinos, los atados a un contrato temporal, pueden participar en el Primer Concurso de Trabajos Perros. El premio es un fin de semana en un alojamiento rural.

Para tener un trabajo perro no hace falta ser mamporrero de ganado, mascota en torneos deportivos, limpiador de pozos ciegos, proctólogo, niño que cose balones en Malasia o niño cobaya para la vacuna de la gripe A en España. De trabajos perros sabemos mucho en la hostelería, la construcción, el cuidado de ancianos o el periodismo. Hay cinco millones de expertos, tantos como mileuristas, en el Estado que va a presidir la Unión Europea y que, según Eurostat, es el más desigual de los 27, con la mayor distancia entre los ingresos de la población de renta más alta y los de la más baja, el de fiscalidad más regresiva y donde los parados de larga duración tienen diez años menos de esperanza de vida que los ricos.

Curioso: Entre esos cinco millones de trabajadores perros se detecta mayor claridad de ideas, inteligencia práctica y salud mental que en la elite empresarial y bancaria que corta el bacalao: Ningún mileurista recomendaría la reducción del gasto público y la desregulación de los mercados de trabajo, santerías y supersticiones en las que sí creen banqueros, empresarios y economistas neoliberales. Sabido es que a mayor protección social e inversión pública, más productividad, crece el consumo y se dinamizan los mercados, y que el país donde despedir sale gratis se queda sin gente que compre, viaje, salga y dé cuerda a la maquinaria. Días atrás el presidente de la Cámara de Comercio de Granada, Javier Jiménez, defendía la flexibilidad laboral, los EREs y los procesos concursales como única salida para las empresas, y al mismo tiempo nos animaba a consumir "en la medida de nuestras posibilidades". Mientras, los sindicatos resaltaban que la crisis ha incrementado el ahorro en las familias granadinas en un 25%. Jiménez no entiende que ahorramos y no consumimos por miedo a él y a quienes defienden lo que él.

¡Los sindicatos!... "esas estructuras corruptas, inútiles, que solo defienden a sus afiliados y dominadas por vagos y advenedizos". Habrán oído mil veces esa cantinela en boca de los predicadores neoliberales pero nadie pone en duda la utilidad de la banca o la gran empresa, donde el catálogo de maleantes llenaría estadios. Esos inútiles sindicatos han ganado otra batalla: A los constructores granadinos la Justicia les ha condenado a devolver lo robado a sus empleados durante todo este año de incumplimiento de convenio. ¡Qué trabajo más perro el de empresario!

lunes, 31 de agosto de 2009

Último artículo publicado en Granada Hoy


El comunista consumista

Al ver los intereses en colisión de las grandes compañías e imperios del capitalismo pensaba “que se zurren entre ellos”, y disfrutaba del espectáculo. Pero hoy, con el carrito de la compra en la mano y ante las estanterías del Mercadona, que empiezan a parecerse a un economato soviético, me veo involucrado hasta las cejas en una de estas guerras intestinas del Gran Capital: Marcas blancas contra productos de marca. He de tomar partido, si me dejan, pues compruebo que han desaparecido de los estantes aquellos yogures Danone que unían la cremosidad a la ausencia de calorías y no hay ni rastro del payaso de Micolor.

Se me han apalancado en los hombros dos angelitos de la conciencia que me incitan a decantarme por uno u otro bando. El de la derecha, todo vestido de Nike, me advierte de que si compro marca blanca fomento el empleo precario y esgrime un informe de CC.OO. según el cual las empresas con marcas propias generan mejores condiciones sociales y económicas. El angelote de la izquierda, clavadito a Mao Tse Tung, detesta que la gran empresa le robe el discurso social y tras invocar el derecho a no pagar más por lo mismo, replica que difícilmente puede haber diferencias salariales cuando uno y otro producto son fabricados por las mismas empresas. Su rival contesta que si todos consumimos marcas blancas, las grandes superficies se adueñarán del mercado y se convertirán en un oligopolio que fijarán los precios a su antojo. “Marcas de productos de limpieza aparentemente rivales producidas por las mismas multinacionales ¿No son esos oligopolios?”, responde el angelito comunista.

El carrito de la compra sigue vacío y yo desorientado por las voces de mi conciencia. “La calidad se paga. Las marcas blancas son copias como las de los chinos”, me entra por un oído, mientras por el otro se me recuerda que en alimentación las normativas sanitarias fijan determinados estándares de calidad, comunes a unas marcas y otras. Las compañías aéreas low cost, por ejemplo, están sometidas a las mismas normas de seguridad que el resto... “¡Claro, compras un billete a cero euros y acabas pagando setenta de gastos, excesos de equipaje y comisiones, viajar es un lujo y como tal hay que pagarlo!”, vocifera el ángel del consumismo mientras planea imitando un Airbus. Ahí soy yo quien le responde que aunque facture un elefante indio disecado en una low cost pago menos que si vuelo en Iberia y de momento no se ha estrellado ningún avión de Ryanair.



Piensa en tu profesión, me insta mi conciencia consumista: "El periodismo de calidad no es barato y una industria que regala su producto canibaliza su capacidad para hacer buen periodismo". Esto... ¿No dijo eso Rupert Murdoch para justificar el cobro por los periódicos digitales? Pienso en todos los lobbies, industrias y marcas detrás de Murdoch mientras lleno el carrito de tetrabrikes de vino Hacendado con el que pienso acallar las voces de mi conciencia.