Mostrando entradas con la etiqueta Ecología. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ecología. Mostrar todas las entradas

martes, 20 de noviembre de 2018

Encapsulados



El pasado 13 de noviembre, con gran bombo mediático, responsables de la empresa Fertiberia, flanqueados por los de la asociación que une a las industrias químicas y afines del área metropolitana de Huelva, presentaron un plan -que nada tenía de nuevo-  para cubrir, que no  retirar, 720 de las 1200 hectáreas que ocupan las balsas de fosfoyesos acumuladas en las marismas del estuario del río Tinto a 500 metros de zonas pobladas  (tres de cuatro zonas); se prolongaría durante un periodo de una década, tras la cual garantiza la total recuperación del entorno y, -vaya novedad- que tiene el dinero (70 millones de euros) para llevarlo a cabo. No sé si a Villar Mir y otros consejeros les hará gracia rebañar esta minucia a sus pingües beneficios. Fertiberia y sus amigos -que tanta prisa se han dado en otras ocasiones en cumplir sentencias que no les favorecían- exigen ahora a las administraciones -Ministerio de Transición Ecológica, Consejería andaluza de Medio ambiente y Ayuntamiento de Huelva- que aceleren los trámites administrativos para aprobar su proyecto (el único viable, dicen)
 Éste comenzaría con el sellado de los canales de agua de la marisma  que evitaría el contacto entre los dos entornos; esta labor se haría con yeso lavado , arcilla compactada y con escollera "que impediría que incluso durante la marea alta, se llegara a filtrar ningún tipo de material”.
Con posterioridad se cubriría la zona con una lámina de polímero que tiene una vida útil de 400 años, seguida por una de arcilla de 60 centímetros que impermeabilizará la zona por completo y una última de 40 centímetros de tierra vegetal cultivable en la que se plantarían especies autóctonas compatibles con la vida en la marismas y su ecosistema. Los trabajos han sido encargados a la empresa Ardaman Associated  Según Fertiberia, aquí hasta ahora no se ha permtido hacer lo que Ardamán hizo en Florida "con tanto éxito" -tanto como para crear una alerta de contaminación del agua potable- por una "excesiva politización y desinformación en torno al proyecto; hay grupos que viven exclusivamente de ello". El encapsulado es, según Fertiberia, “la única alternativa posible para seguir los requerimientos de la Audiencia Nacional. Para apuntalar su posición, Fertiberia y sus industrias aiadas recurren sin pudor al miedo y a insultar lainteligencia de los onubenses: "deberíamos encontrar diez vertederos en otras tantas localidades de la provincia y trasladar todos los fosfoyesos a esos lugares, para lo que precisaríamos de 500 camiones durante 30 años éxageran descaradamente-. Después de ello, deberíamos clausurar esos 10 vertederos de una manera similar al encapsulado que proponemos ahora”. Callan que laprimera parte del proyecto Ardamán, los sellados de los canales de agua,  es similar aloque ya fracasó estrepitósamente.

Casco urbano de Huelva: 1100 ha.
Balsas de fosfoyesos: 1200 ha.


Pero ¿qué son lo sfosfoyesos? Vamos con la sección wikipédica: El fosfoyeso es un residuo blanco del yeso procedente de la producción industrial de ácido fosfórico, con contenidos variables de fases verdosas de fosfato de hierro y residuos puntuales de fosfatos de cobre que se caracterizan por un color azul intenso. En España, la acumulación de fosfoyesos junto a la ciudad de Huelva, en las Marismas de Mendaña, ha suscitado gran polémica por sus supuestas implicaciones en la salud de sus habitantes y en el medio natural. Estudios independientes sostienen que el nivel de radiación es 22 veces superior al límite, y se recomienda trasladarlos a un cementerio nuclear. ​Sin embargo​ la legislación española no contempla esta posibilidad. 
La roca fosfórica empleada en la factoría de abonos químicos de Huelva proviene, principalmente, de minas en el norte de África -de su presencia y explotación viene la histórica importancia estratégica del disputado Sáhara Occidental- . Los residuos de Fertiberia acumulados en estas inmensas balsas -que enlas fotografías de satélites se ven con una superficie similar a todo el casco urbano de Huelva- tienen concentraciones relativamente altas para el uranio, que suele encontrarse en equilibrio radiactivo con sus productos de desintegración, entre los que destaca el radio.

Las organizaciones ecologistas estuvieron 14 años realizando estudios y solicitando,  con éxito en los tribunales pero sin que la empresa y las administraciones hicieran caso, el cumplimiento de la Ley de Costas en el caso de Fertiberia: la restauración a su estado original del dominio público marítimo-terrestre de la marisma de Huelva, ocupado por las balsas de fosfoyesos de la empresa, hasta que  
en enero de 2014, ante el retraso de tres años en la restauración por parte de Fertiberia de la marisma de Huelva ordenada en 2011 por los tribunales , la organización ecologista WWF España presentó  un escrito ante la Audiencia Nacional reclamando el cumplimiento de las múltiples sentencias que obligan a la empresa a devolver la marisma a su estado original. La Audiencia Nacional dio la razón a la organización y ordenó que se garantice la restauración ambiental de las balsas de fosfoyesos de Fertiberia “en el plazo más breve posible”. Entonces Fertiberia y el Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente, controlado entnces y dirigido después por la ex consejera de esta empresa Isabel García Tejerina, presntaron un recurso de casación ante el Tribunal Supremo. Pero la Sección Primera de la Sala de lo Contencioso-Administrativo rechazó el recurso,amplió hasta 65 millones de euros la fianza impuesta a la empresa para la limpieza de sus balsas y acúmulos de fosfoyesos  e incuso condenó a Fertiberia al pago de las costas.



Un amplioinforme fechado en 20011 de varias asociaciones como la sospechosa y radical Greenpeace que  aquí pueden leer integramente califica el de los fosfoyesos del Tinto como el mayor caso de contaminación industrial
de Europa y narra lahistoria del problema desde el permiso inicial para vertir de 1968 hasta entonces sin obviar episodios como la rotura de una de las balsas en 1998 que vertió al río
Tinto, según las cifras oficiales, 50.000 metros cúbicos de aguas ácidas, metales pesados y otros
tóxicos como fluoruros, fosfatos y arsénico. 

¿Y si resulta que esa única solución viable -la que por las buenas o las malas pretende imponer Fertiberia-  no lo es tanto? 
Hace años que esta empresa  tiene sobre sus espaldas una sentencia que la obliga a restaurar la zona que ocupan esos residuos, pero al final fue un comité de expertos locales el que asumió esa labor, mientras la empresa se niega a retirarlos y aboga por soterrarlos.
En los cursos de la Universidad Internacional de Andalucía, Uno de esos expertos es Rafael Pérez, investigador principal del proyecto de Excelencia de la Junta de Andalucía“Fosfoyesos: de su evaluación ambiental como residuo a su revalorización como recurso”. Pérez pertenece a ese comité para el diagnóstico ambiental y la propuesta de medidas de restauración de la balsa de fosfoyesos de Huelva, designado por el rector de la Universidad de Huelva y aprobado por el Ayuntamiento de Huelva. A ese grupo, por cierto, no pertenece la propia empresa responsable de los vertidos. En  un curso en la Universidad Internacional de Andalucía  puso sobre la mesa su experiencia sobre este asunto, recordando que, por encima del soterramiento, “la empresa tiene la obligación de la restauración de las marismas afectadas por las balsas. La restauración, hay una a largo plazo, pero deberíamos hacer una serie de acciones a corto plazo, porque las balsas tienen problemas relacionados con la estabilidad y el potencial que tiene para contaminar el estuario”.
Con todo, aboga por “evaluar la situación actual de las balsas, ver algunas actuaciones preliminares, y ver si el modelo de actuación previsto es positivo a largo plazo”, recordando que, si la imagen por satélite es impresionante, más lo es el hecho de que, “lo que se ve es la zona sin restaurar, aunque hay dos zonas que se restauraron, y esas acciones preliminares de restauración no funcionaron, porque siguen produciendo contaminación al estuario”.  "Antes -dice-  se pensaba que la balsa producía contaminación. Hay que tener en cuenta que es una pila de yeso y encima tiene agua industrial altamente contaminante. Se pensaba que la contaminación procedía de ese agua de proceso, pero hemos visto, por un estudio geoquímico, que no procede de eso, sino de intrusión del agua del estuario, que entra con la marea alta, lava la contaminación y retorna al estuario contaminada”.
Con todo ello, considera que “hay que evitar la contaminación y garantizar la estabilidad de la balsa, garantizar primero la estabilidad física, porque en la zona 2 tiene   casi 35 metros de altura, y eso produce sobrepresión en la marisma. A corto plazo hay que garantizar estabilidad y que dejen de producir lixiviados. Hay que ver cuál es la contribución de la balsa al total de la contaminación, ya que sabemos que aporta arsénico y cadmio, en torno al 15-20 % del que llega al estuario, y el resto procede de actividad minera abandonada de las cuencas mineras del Tinto y el Odiel, pero son cifras muy llamativas, porque la balsa tiene 12 kilómetros cuadrados, pero las cuencas de drenaje del Tinto y el Odiel, unos 4.000”. De hecho, acudiendo a este experto ABC de Sevilla informó en marzo de este mismo año de que "El subsuelo de la marisma del Tinto se resiente por el peso del fosfoyeso" es decir, que  la cosa va a peor y que el encapsulado y supuesto aislamiento de las balsas permaneciendo donde estándonde están que Fertiberia propone en su plan definitivo no soluciona sino eterniza el problema e incluso podría tener consecuencias sísmicas.

Frente a la incredulidad de los expertos, Feritberia insiste en meter prisa a las administraciones. Dan por hecho que el informe de impactoambiental del gobierno central será positivo sin tener en cuenta que ya no tienen a una de las suyas sentada en el Consejo de Ministros (llevando además la cartera de Medio Ambiente; más fácil lo tiene con la Junta de Andalucía, siempre poco beligerante con las actividadesindustriales contaminantes mientras les bajen las estadìsticas del paro -en esta tierra el partido gobernate y los sindicatos mayoritarios siempre han comulgado con la falacia de que el lento envenenamiento por contaminación es el precio que deben pagar los onubenses por sus puestos de trabajo-; en el Ayuntamiento de Huelva encontrará Fertiberia el último escalón si supera los anteriores y en mayo hay elecciones municipales. Ya en la actual campaña de las andaluzas, la coalición Adelante Andalucía escogió el barrio de la ciudad más afectado y perjudicado por los fosfoyesos, Pérez Cubillas, para expresar su deseo de que se aborde la limpieza total de las balsas de fosfoyesos y que Fertiberia "asuma el coste". La Mesa de la Ría, Izquierda Unida y Participa Huelva, la marca con que Podemos concurrió a las municipsles de 2015, se están manifestando en el mismo sentido estosúltimos días. Cuando haya que constituir un  nuevo Ayuntamiento, a todos ellos corresponde exigir a los ocialistas -hoy el mayor de los grupos un pronunciamiento inequívoco y efevtivo  sobre lo fosfoyesos frente  a los intereses de Fertiberia y las iundustrias contaminantes. Mi insignificante voto va en ello.

Hace años el programa de TVE Línea 900, tanincómodo que no tardó en desaparecer de la parrilla, expuso por primera vez al conjunto de los españoles laescalofriante realidad delas balsas de fosfoyeso  y sus efectos en la salud de los onubenses, unos efectos siempre puestos en duda prque nunca se harealizado el estudio epidemilógico que el Libro Blanco de la Asociación de Inustrias Químicas -en el que participé- recomendaba en 1989. Imágenes de archivo deaquel Línea 900" junto con muchas otras nuevas, formaron parte del impresionante documental sobre el mismo tema "Un lugar diferente" cuyo contenido íntegro les dejo en el siguente vídeo.



<



.







domingo, 28 de febrero de 2016

Playlist nº 77: Cantándole al cambio climático

Una linda colección de coplas que en uno u otro sentido hablan de lo que se nos viene encima; de cómo defender la naturaleza y cómo destruírla de la forma más eficiente; de contaminación, radiactividad, malos humos, hielos que se derriten, bosques que arden y especies que se extinguen; de ecología pero no necesariamente pacífica. Disfrútenla los mayores de 18 años y menores acompañados; no apta para Al Gore y niñitos de Greenpeace.

1. Marvin Gaye: Mercy mercy me (The ecology)
2. Burrito Panza: Cambio de clima
3, Vainica Doble: Doñana
4, The Beatles: Mother Nature's son
5. Bobby Darin: Nature boy
6. Tito Puente: Agua limpia
7. Tachenko: Natural
8. Décima Víctima: Contra la naturaleza
9. Aviador Dro: Nuclear sí
10. Kings Of Leon: Radiactive
11. Cerrone: In the smoke
12. Beck: The new pollution
13. Pekenikes: Polución
14. Bomb The Bass: Smog
15, Explosión Suprema: Se contamina el barrio
16. Circle X: Compression of the species
17. Tom Waits: The Earth dies screaming
18. Cibelle: Melting the ice
19. Lloyd Cole And The Commotions: Forest Fire
20. Spoon: Before destruction

viernes, 5 de junio de 2015

Sacrificios ¿necesarios?




En la romería del Rocío que acaba de terminar,la de 2015, se han empleado más de dos mil caballos, burros y bueyes. Se ha sabido de la muerte de un número de caballos sin determinar, según distintas fuentes de diez a veinte
-la Guardia Civil sí ha hecho pública la denuncia interpuesta al propietario de un trailer y su detención por transportar a once de estos animales  sin licencia y en malas condiciones higiénicas-,
Un caballo de la Hermandad de Huelva
que no llegó a El Rocío
pero lo que es un dato contrastado es que desde la romería de 2007 a la de 2014 perecieron más de un centenar de caballos, obligados a recorrer jornadas de sesenta kilómetros con uno o más jinetes a los lomos en lo que es un sobreesfuerzo agotador. Asociaciones animalistas han publicado esta primavera fotografías y vídeos en los que se comprueba el maltrato que sufren los equinos, que sucumben al calor, la falta de agua y el agotamiento.

Es a la Junta de Andalucía a quién corresponde velar por el cumplimiento de su propia Ley de Protección Animal a través del Plan Romero, que no sólo sirve para garantizar la seguridad de peregrinos y visitantes y la limpieza posterior de los caminos que transitan. Siempre son los más débiles e indefensos quienes pagan el pato de unas tradiciones festivas y religiosas que no tienen en cuenta que parte de su vistosidad y atractivo se la deben a ellos, lo que, por lo menos, les hacen merecedores de cuidados y respeto. Triste es que mueran caballos -tomo prestada una reflexión que no es mía, la he leído y la comparto por completo-, pero también es desalentador que algunos tarados que van encima vuelvan a casa sanos y salvos.


El eterno -hasta el pasado 24 de mayo- Perico Rodri despidió caballos y carretas onubenses en su vigésimo año como alcalde de Huelva y las recibió en la vuelta como alcalde saliente, aunque se ahorró el triste espectáculo de la muerte por desfallecimiento en la misma puerta del ayuntamiento de un caballo que regresaba de la romería, hecho que sí ocurrió en una ocasión anterior. Las dos hermandades onubenses regresaron sin sus hermanos mayores, ambos enfermos; la de Emigrantes había sufrido una fuerte subida de presión tras tener que mediar y poner paz en peleas a puñetazos entre romeros beodos. Fue el penúltimo acto de Rodri en la alcaldía antes de entregar el bastón de mando;  el último fue la destrucción masiva de documentos municipales. Su incruento sacrificio, como el de Barberá, el de Aguirre, el de Cospedal, sí es necesario; el cruel sacrificio de las pobres bestias no lo es.
Fila de contenedores llenos de papeles comprometedores





viernes, 15 de noviembre de 2013

El truco final: El Prestige

Se suele invocar aquello de que los jueces son humanos y, por tanto, cometen errores. Añadiré que, como han demostrado el presidente y el tribunal de la Audiencia de Coruña, pueden ser tontos de remate. Su absurda e incluso criminal sentencia sobre el desastre del petrolero Prestige consagra la impunidad de armadores, petroleras y aseguradoras para envenenar el mar y contaminar las costas y de los gobiernos para tomar las decisiones más erróneas e irresponsables que agraven y extiendan una tragedia. Demuestra también  el absurdo de un sistema judicial que se toma once años para llegar a una decisión y da cinco días para recurrirla, así como la mala fe del partido que lo sostiene y ordena mandar al quinto pino unos hilillos de plastilina de crecimiento vertical.

Los perjudicados franceses de Bretaña y Las Landas ya han decidido actuar y denuncian la mala cabeza de su gobierno, que dejó la acusación en manos del español, el primer interesado en que la verdad quedara oculta bajo una opacidad tan negra como el fueloil derramado. Es vergonzosa la alegría con la que los dirigentes del PP celebran hoy la escándalosa sentencia. Tras unas elecciones surge siempre la estéril discusión sobre si el pueblo se equivoca o no -en 1933 los alemanes no se equivocaron, Hitler era quien tenía el mejor mostacho-;el pueblo español, se equivoque o no, tiene memoria de pez.
¡Me lo mandan al quinto pino!
En 2003, después de la marea negra y su gestión y de que medio país saliera a la calle contra la intervención en Irak, quienes gobernaban ganaron los comicios municipales. ¿Ocurrirá lo mismo ahora, tras esta peineta judicial y una cadena de equivocaciones y mentiras que nos mantiene en el fondo del abismo?

domingo, 6 de noviembre de 2011

Patentados

Grave revés para la ciencia, alarma entre la comunidad científica mundial, freno retrógrado al progreso... Había en la prensa una unanimidad tan sospechosa como en el linchamiento mediático a Papandreu. El toque a rebato era por la decisión del Tribunal de Justicia de la Unión Europea de que los tratamientos o las investigaciones científicas que empleen células madre embrionarias no podrán ser patentados.
Los medios recogían la inquietud de una supuesta comunidad científica internacional: La prohibición de patentar terapias surgidas de células madre desincentivará la investigación, dejará sin esperanza a los enfermos de parkinson o alzeimer y promoverá la fuga de investigadores europeos a Asia y América.


Veladamente las informaciones vinculaban la decisión judicial con las ideas reaccionarias de sectores ultracatólicos, que evidentemente han aplaudido la sentencia. Pero, ¡vaya!, la denuncia no partía de ninguna secta religiosa, sino de Greenpeace que, al contrario que los integristas, no se opone a la investigación con células madre, sino que pretende evitar que los resultados se privaticen y sus beneficios queden fuera del alcance de los países más pobres. Miren por donde no preocupaban los enfermos, preocupaban los mercados.


No comparto el fundamentalismo antitransgénicos de los grupos ecologistas –con la mejora genética de los alimentos, desde la iniciativa pública y con un estricto control pueden obtenerse victorias contra el hambre-, y reconozco que la explotación de patentes estimula la investigación y recompensa costosos trabajos científicos, siempre que se patente lo razonablemente patentable. Pero desconfío de las empresas privadas que mercadean con dichas patentes.


El intento de patentar células humanas es otra vuelta de tuerca en la aplicación de la propiedad intelectual a las especies, cerrando el cerco en torno a la nuestra. Como ocurrió con la creación cultural tras la irrupción de Internet, el concepto y las normas de propiedad intelectual se han quedado obsoletos ante los intentos de las multinacionales para patentar plantas, microorganismos, animales, procesos biológicos o segmentos genéticos humanos

Ríos de tinta han corrido respecto al agresivo monopolio alimentario de Monsanto, que deja a Microsoft y Apple como unos angelitos. Patenta semillas que las comunidades rurales llevan siglos cultivando y mejorando, venden las semillas, castradas para que produzcan plantas estériles –las famosas Terminator-, y compra las cosechas imponiendo precios y prohibiendo a los agricultores que comercien con el producto vegetal. Hace cinco años
Monsanto controlaba el 10% del mercado de semillas de soja; hoy tiene el 90%. Los piratas biológicos despliegan a sus bioprospectores por todo el planeta recogiendo saberes milenarios que patentan como si fueran hallazgos propios. No cuesta imaginar los mismos métodos aplicados al desarrolllo de la vida humana y al tratamiento de las enfermedades de quien pueda pagarlo. No, esto no es contra la ciencia, es contra el mercado. 

lunes, 4 de abril de 2011

Nuestra amiga la radiactividad



Nuclear, sí


Un sorprendente efecto de Fukushima ha sido la proliferación de físicos nucleares y expertos de toda la vida en radiación. Los hay en los dos extremos, el apocalíptico-hipocondriaco y el de los feligreses del átomo. Conforme lo de la central japonesa va superando a Chernobyl, los segundos se empequeñecen. Decían que “temer a la energía nuclear es como tener miedo a los eclipses” -Miguel Sebastián- y descubren que no había tal eclipse, tan sólo estaban ciegos. Es tan obvio que estamos ante lo incontrolabe que ya no rapea el personal de Garoña su “antes muertos que parados”. Fukushima ha llegado cuando empezaba a calar el sofisma de que frente al cambio climático, la única solución es la energía nuclear. Un vertiginoso cambio de chaqueta afecta a poderosos políticos hasta ahora al servicio de los lobbies nucleares como la Merkel. Claro que cuando hay delante unas elecciones, si es necesario hasta bombardeas a quien financió tu última campaña, ¿verdad, Sarko?




El último dogma que cae del argumentario pronuclear es el económico. Para Forbes la energía nuclear es el "mayor fiasco en la historia de la economía”. Estamos ante un clarísimo ejemplo del falso mercado libre, el capitalismo que al menor riesgo de que los beneficios privados puedan caer exige el apoyo del estado, el que rescata bancos cuando dice rescatar economías. Antes de Fukushima el mercado había disipado el sueño nuclear de la energía barataSólo es barata si la gran inversión requerida está amortizada y habitualmente en la construcción de centrales los costes se duplican o triplican respecto a lo presupuestado. Las centrales no han logrado subsistir si no es con subvenciones públicas. Las aseguradoras no les daban cobertura y sólo pasaron por el aro eximiéndolas de la responsabilidad civil, que ahora corre a cargo de... ¿adivinan?  Exacto, nuestros impuestos, los mismos que pagan la gestión de los residuos. En España las centrales son privadas y sus ganancias también, pero su peligrosa basura la gestiona Enresa, una empresa pública. Un accidente en una central puede dejar en bancarrota a un país ¿Se han preguntado por qué pese a tanto lobby nuclear nadie habla de construir nuevas centrales y el debate se queda en la prolongación de la vida de las existentes?  En EE.UU., país nuclear por excelencia, hace más de treinta años que no se construye un reactor, pese a que el Gobierno ofrece cubrir con créditos hasta el ochenta por ciento de la inversión. Una ruina.




¿Y qué se les puede decir a los apocalípticos? Pues que Fukushima no va a ser el fin de la especie, ni siquiera el de Japón. Que no se compren el geiger para buscar trazas de cesio en la Puleva del crío, porque desde hace seis décadas la radiactividad ya está aquí como una vecina molesta. Cuando yo nací el planeta estaba al borde de la destrucción total a cuenta de unos misiles soviéticos en Cuba y en las décadas siguientes estuvimos muchas veces a un paso de la autodestrucción mutua. Somos hijos de una carrera por sembrar la Tierra de artefactos atómicos, cuyo poder mortífero se probó continuamente sobre y bajo la tierra, en la estratosfera y en el fondo del mar. Desde 1945 hasta 2009 se han realizado más de dos mil pruebas nucleares en el planeta, la mitad de ellas estadounidenses, pero también hubo bombas de otras siete nacionalidades. Los EE.UU. arrasaron archipiélagos enteros con la Bomba H -medio siglo después de Castle Bravo el paradisíaco atolón de Bikini sigue siendo inhabitable- y detonaron artefactos en seis estados de su propio territorio, que durante los años cincuenta y sesenta se cubrían cada dos por tres de cenizas radiactivas. El estroncio 90 se quedó a vivir en los huesos de los niños norteamericanos. Francia asesinó población nativa de la Polinesia a millares con sus ensayos y empleó el terrorismo de Estado para asesinar a opositores a sus pruebas nucleares. Ese mismo país utilizó deliberadamente a sus soldados como cobayas humanas en sus pruebas en Argelia para comprobar los efectos inmediatos de una explosión atómica sobre las tropas. El secretismo impide saber gran cosa de los efectos de las más de 900 pruebas nucleares soviéticas, pero sí se ha cifrado en 750.000 las víctimas de las 46 pruebas nucleares superficiales realizadas por China entre 1964 y 1996, en la provincia de Xinjiang, hogar de la perseguida etnia uigur. Hablamos de cientos de megatones sumados, de la liberación de ceniza, polvo y lluvia radiactivos y toda la radiación remanente perdurando miles de años, que -aunque no me atrevería a mantener la comparación delante de quienes van a morir por culpa de Fukushima-, hacen del desastre de la central japonesa, de Chernobyl o deThree Miles Island simples episodios de la larga y penosa convivencia con nuestra vecina la radiactividad y su vástago el cáncer.



Para complementar este artículo no he querido recurrir a una cita científica sino literaria.
En Aventuras y desventuras del Chico Centella, una crónica sentimental de la América de los años cincuenta desde el punto de vista de un niño, el escritor norteamericano Bill Bryson dedica un capítulo entero y parte de otro a retratar con ironía la frivolidad y la despreocupación con la que la población de su país se familiarizó con la bomba atómica y las pruebas nucleares, y la irresponsabilidad con la que el Gobierno abordó estos ensayos y sus consecuencias sobre la población. La novela tiene un prometedor arranque pero acaba convertida en el socorrido ejercicio de amable nostalgia, un Cuéntame del American dream. No obstante, las páginas dedicadas a la bomba no tienen desperdicio.

La gente estaba arrobada con la abrasadora majestuosidad y la potencia antinatural de la bomba atómica. Cuando el ejército empezó a hacer pruebas nucleares en el lecho seco de un lago en Frenchman Flat, en el desierto de Nevada, cerca de Las Vegas, aquello se convirtió en la principal atracción turística de la ciudad. La gente no iba a Las Vegas a jugar, o al menos no exclusivamente a jugar, sino a apostarse al borde del desierto, sentir que la tierra temblaba bajo sus pies y ver que el aire se llenaba con portentosas columnas de humo y polvo. Los visitantes podían alojarse en el Atomic View Motel, beber un Cóctel Atómico (...) en las coctelerías locales, comer Hamburguesas Atómicas, hacerse un peinado atómico, asistir a la coronación anual de Miss Bomba Atómica...

En los años de mayor actividad se realizaron en Nevada hasta cuatro detonaciones nucleares al mes. El hongo nuclear era visible desde cualquier aparcamiento de la ciudad, pero la mayoría de visitantes prefería acercarse al borde mismo del área de pruebas, a menudo con comida para hacer un picnic, presenciar las pruebas y disfrutar de la nube de polvo posterior. Estamos hablando de  grandes detonaciones. Las veían incluso los pilotos comerciales que sobrevolaban el océano Pacífico, a cientos de kilómetros de distancia. El polvo radiactivo a menudo barría Las Vegas y dejaba 
una capa bien visible sobre toda superficie horizontal. Al principio, después de una prueba, los técnicos del gobierno recorrían la ciudad enfundados en sus batas blancas pasando los contadores Geiger por todas partes. La gente hacía cola para ver lo radiactiva que era. Formaba parte de la diversión. Qué satisfacción daba ser indestructible.
(...)

A las 7:15 de la mañana del 1 noviembre de 1952 Estados Unidos hizo explotar la primera bomba de hidrógeno en el atolón de Eniwetok, en las islas Marshall del Pacífico Sur,aunque en realidad no era una bomba, en el sentido de que no era transportable. (...) El nombre más correcto sería el de "ingenio termonuclear". Comoquiera que fuese, era de una potencia enorme.

Puesto que nunca antes se había intentado nada semejante, nadie sabía cómo sería de grande la explosión. Incluso las previsiones más conservadoras, que prevían una fuerza de cinco megatones, suponían una capacidad de destrucción superior a la de todas las armas utilizadas por todos los contendientes durante la Segunda Guerra Mundial, y algunos físicos creían que la explosión podría alcanzar los cien megatones, una liberación de energía de tal magnitud que los científicos sólo podían intentar adivinar sus consecuencias. Una de las posibilidades consideradas era que acabase consumiéndose todo el oxígeno de la atmósfera. Con todo, para aniquilar hay que arriesgar, como sin duda debió decir alguien en el Pentágono. Y así en la mañana del 1 de noviembre alguien prendió la mecha y (a mí me gusta imaginarlo así) salió zumbando de allí.

La explosión superó por poco los diez megatones, una potencia comparativamente modesta pero más que suficiente para borrar de la faz de la tierra una ciudad de un tamaño mil veces superior al de Hiroshima; aunque, evidentemente no hay en todo el mundo ciudades tan grandes. En cuestión de segundos, una bola de fuego de ocho kilómetros de alto y seis de ancho se elevó sobre Eniwetok y formó una nube de humo en forma de hongo que alcanzó los límites de la estratosfera, a 45 kilómetros de altitud y se extendió en más de 1.500 kilómetros a la redonda en una oscura llovizna de polvo y ceniza antes de disiparse. Los humanos nunca habíamos creado hasta entonces nada tan inmenso. Nueve meses más tarde, la Unión Soviética sorprendió a las potencias occidentales al detonar su propio ingenio termonuclear. La carrera hacia el exterminio  de la vida había comenzado, y de qué modo. (...)

Lo aterrador del crecimiento de la bomba no era tanto el crecimiento de la misma en sí como la gente que estaba al frente del crecimiento del artefacto. A las pocas semanas de la prueba de Eniwetok, los mandamases del Pentágono estaban buscando ya la manera de darle una aplicación práctica. Una de las ideas que se plantearon en serio fue la de construir un ingenio cerca de la línea del frente en Corea, atraer a un gran número de tropas norcoreanas y chinas para que echaran un vistazo y detonarla.

El congresista James E. Van Zandt de Pensilvania, uno de los principales adalides de la devastación, prometió que no tardaríamos en disponer de un ingenio de al menos cien megatones, uno que quizá consumiera todo el aire respirable. Al mismo tiempo, Edward Teller, un físico algo loco de origen húngaro y uno de los genios responsables del desarrollo de la Bomba H, soñaba con aplicaciones pacíficas para sus ingenios nucleares. Teller y sus acólitos en la Comisión de la Energía Atómica planeaban la ejecución de inmensas obras civiles jamás imaginadas siquiera hasta entonces: la apertura de gigantescas minas a cielo abierto en el emplazamiento de antiguas montañas, la alteración ventajista del curso de los ríos (de manera que el Danubio, por ejemplo, fluyese sólo por países capitalistas), la eliminación de engorrosos impedimentos al comercio y la navegación como la Gran Barrera de Coral en Australia... Ilusionadísimos, señalaban que con sólo veintiseis bombas colocadas en cadena sobre el itsmo de Panamá podría excavarse un mayor y mejor canal de manera casi instantánea, con la ventaja añadida de ofrecer un bonito espectáculo en el proceso. Llegaron 
incluso a proponer que los ingenios nucleares se utilizasen para modificar el clima terráqueo mediante el ajuste de la cantidad de polvo presente en la atmósfera, desterrando para siempre el invierno del Norte de los Estados Unidos y reubicándolo de manera permanente sobre la Unión Soviética. (...) Básicamente, los creadores de la bomba de hidrógeno pretendían envolver el planeta en niveles impredecibles de radiación, erradicar ecosistemas enteros, desfigurar la faz de la Tierra y provocar y hostigar a nuestros enemigos a la menor oportunidad. Aquellos eran sus sueños para los tiempos de paz.

Sin embargo, resulta evidente que el verdadero sueño era construir una terrorífica bomba portátil que pudiésemos soltar sobre las cabezas de los rusos y demás incordios siempre que nos viniese en gana. El sueño se hizo realidad el 1 de marzo de 1954, cuando Estados Unidos detonó quince megatones de armamento experimental en el atolón de Bikini, en plenas islas Marshall. La explosión superó considerablemente todas las expectativas que se habían depositado en el experimento. El resplandor llegó a verse desde Okinawa, archipiélago situado a 4.000 kilómetros de distancia. Arrojó polvo y cenizas sobre un área aproximada de 18.000 kilómetros cuadrados, y en dirección opuesta a la originalmente prevista. Le estábamos cogiendo gusto no sólo a generar gigantescas explosiones, sino también a provocar consecuencias que escapaban a nuestra capacidad de reacción. (...) Sólo podemos imaginar cómo tuvo que ser la experiencia para quienes la vivieron más de cerca, entre ellos los modestos nativos que habitaban la cercana isla de Rongelap. Se les había avisado de que poco antes de las siete de la mañana habría un fuerte resplandor, pero no se les dieron otras 
indicaciones: nadie les dijo que la detonación podría derribar sus hogares y dejarles con una sordera permanente, ni se les instruyó sobre cómo afrontar los efectos posteriores a la explosión. Cuando la ceniza radiactiva empezó a caer sobre ellos, los desconcertados isleños la probaron para ver a qué sabía (salado, al parecer) y se la sacudieron del pelo. Al cabo de pocos minutos no se encontraban nada bien. Nadie que hubiese estado expuesto a la lluvia de cenizas tuvo ganas de desayunar aquella mañana. A las pocas horas muchos sufrían de 
fuertes nauseas, y allí donde las cenizas habían entrado en contacto con la piel se habían formado numerosas ampollas. Durante el transcurso de los días siguientes, el pelo se les cayó a mechones y algunos desarrollaron hemorragias internas.

La lluvia de cenizas afectó también a los tripulantes de un pesquero japonés bautizado, en una ironía del destino que no pasó desapercibida para nadie, como Dragón afortunado. Para cuando regresaron a Japón, la mayoría de ellos se encontraba muy mal. La captura del barco fue descargada por otras manos y enviada al mercado, donde desapareció entre los miles de capturas llegadas a los puertos japoneses aquel día. Incapaces de determinar qué pescado estaba contaminado, los consumidores nipones evitaron comer pescado durante semanas, lo que estuvo a punto de hundir la industria pesquera.

La nación japonesa no estaba especialmente contenta con la situación. En menos de diez años habían tenido el desagradable honor de ser las primeras víctimas tanto de la bomba atómica como de la de hidrógeno, y como cabía esperar estaban algo desairados y exigieron una disculpa. Disculpa que les negamos. En lugar de ello, Lewis Strauss, el antiguo vendedor de zapatos que se había convertido en presidente de la Comisión de la Energía Atómica, contraatacó afirmando que los pescadores japoneses eran en realidad agentes soviéticos.

De manera gradual, Estados Unidos fue trasladando sus pruebas nucleares a Nevada donde, como ya hemos visto, la gente era mucho más agradecida, aunque no sólo realizando pruebas en las islas Marshall y en Nevada. También detonamos pruebas nucleares en Kirimatti y en el atolón Johnson, en el Pacífico; y en el Atlántico Sur, en superficie y bajo el agua; y en Nuevo México, Colorado, Alaska y Hattiesburg, Misisipí, vaya un sitio, durante los primeros años de pruebas. En conjunto, entre 1946 y 1962, Estados Unidos hizo estallar algo más de mil ojivas nucleares, incluidas unas trescientas suspendidas en el aire que lanzaron incontables toneladas de polvo radiactivo a la atmósfera. La Unión Soviética, China, Reino Unido y Francia detonaron unas cuantas docenas más.

Resultó además que los niños, gracias a sus entecos cuerpecitos y a su pasión por la leche, eran particularmente propensos a absorber y conservar estroncio 90, el principal residuo radiactivo de las explosiones. A tal punto llegaba nuestra afinidad por el estroncio que en 1958, el niño medio (es decir yo, y otros treinta millones de personitas) llevábamos en nuestros cuerpos diez veces más estroncio que un año antes. Casi brillábamos en la oscuridad. 

Las pruebas empezaron entonces a ser subterráneas pero aquello tampoco salió siempre a la perfección. Durante el verano de 1962, los responsables de defensa detonaron una bomba de hidrógeno en las profundidades del desierto de Frenchman Flat, en Nevada. La deflagración fue tan violenta que el terreno circundante se elevó noventa metros y reventó como un grano purulento, dejando un cráter de 250 metros de diámetro. "A las cuatro de la tarde -escribe el historiador Peter Goodchild- la nube de polvo radiactivo era tan espesa en Ely, Nevada, situada a 300 kilómetros del lugar de la explosión, que fue preciso encender las farolas de las calles". La lluvia de cenizas se extendió sobre seis estados occidentales y dos provincias canadienses, pese a lo cual casi nadie reconoció oficialmente el fiasco ni se emitieron comunicados públicos advirtiendo a la población que no tocase la ceniza fresca ni dejase a los niños jugar con ella. En realidad, el incidente se mantuvo en secreto durante dos décadas, hasta que un periodista curioso se acogió a la Ley de Libertad de Información para descubrir qué sucedió aquel día. 

Aventuras y desventuras del Chico Centella. Bill Bryson
Traducción de Pablo Álvarez Ellacuría. RBA, 2010

domingo, 20 de marzo de 2011

Othar

El tarpán -un equino hoy extinto- que montaba el caudillo de los Hunos Atila, aquél con fama de herbicida, se llamaba Othar. Andalucía vive bajo sus cascos. Tarpanes son nuestros gobernantes cuando del medio ambiente se trata. Por eso es una gran noticia la sentencia del Tribunal Constitucional que impone el sentido común sobre el disparatado blindaje nacionalista de los ríos. Andalucía no tendrá un Estatuto de regional, sino de primera”, responde Griñán. Qué altura intelectual la de un presidente que recurre a símiles futbolísticos. Y con Griñán, Chaves, Valderas, Arenas, mediocres políticos que con un fervor autonomista que miraba de reojo a Cataluña, pactaron un Estatuto que no votó ni el Tato, y que rompió la política nacional de aguas en favor de intereses territoriales y de partido y del engorde de la burocracia. Zapatero cedió porque cabalgaba la ola nacionalista, y permitió aquel dislate hidrográfico que rechazaban regantes, ecologistas, científicos, ingenieros y una buena ministra como Cristina Narbona, cuya coherencia le costó cara.


Con la vuelta del Guadalquivir a su cauce no basta. El Gobierno andaluz, bajo el que la única hierba que crece es la de los campos de golf, hace deseable que el Estado le retire todas las competencias en Medio Ambiente. En la última semana hemos visto dos muestras de que en Andalucía toda política ambiental se supedita a la depredación. Una cumbre consejeril anunció desde Sevilla la protección total de la vega de Granada. 26.000 hectáreas de parque agrario, lo que pedían los ecologistas y dos huevos duros. Sigan leyendo: Esa es la declaración de intenciones, sin plazos sin presupuestos, humo. De momento se quedan en el alicatado de 50 hectáreas entre Huetor y Granada, ese Parque del Milenio que ni agricultores ni vecinos ni ecologistas desean, la domesticación de un territorio que solo pide que se fomenten y rentabilicen los usos agrícolas, y blindarse contra el ladrillo y las autovías, como la que la propia Junta promueve desde Neptuno a las Gabias destruyendo entornos como la Huerta del Tamarit.

La segunda en la frente nos la llevamos en la Costa. Le ha caído encima un Plan Subregional, venga campos de golf y puertos deportivos,
modelo de todo lo que no hay que hacer: destruye el territorio, reincide en errores del pasado y ni siquiera da dinero hoy que el golf es un negocio ruinoso y durante bastantes años pocos van a invertir en veleros. Si ofrecen en el Siglo XXI el mismo desarrollismo de los tecnócratas del tardofranquismo es porque las entendederas de los miembros del Gobierno andaluz no dan para más. De la seriedad del ecologismo de la Junta de Andalucía -pura fachada- da idea el que impusieran al jurado del reciente Concurso de Tapas que votara la tapa más sostenible. Digo yo que será aquella que el camarero transporte sin riesgo de volcarla.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Regalos de Navidad

Estas Navidades a los regalos a mis familiares pienso sumar los que, en cuanto tenga oportunidad, haré a un par de consejeros de la Junta. Al de Medio Ambiente, José Juan Díaz Trilllo, le regalaré el libro de Roberto Saviano 'Gomorra' -en edición de bolsillo, que la cosa está muy mala-, donde podrá conocer con quiénes trata su departamento o ciertas empresas que trabajan con la Consejería.

Lo decidí al enterarme por el editorial que publicaron los diarios del Grupo Joly, 'Basura tóxica', del traslado al vertedero industrial de Nerva, en la cuenca minera onubense, de ochenta mil toneladas de residuos tóxicos y peligrosos generados en Italia. En 'Gomorra' Díaz Trillo, que ha bendecido la importación de basura italiana, descubrirá que necesariamente la empresa Befesa, que explota el vertedero de Nerva, ha tenido que negociar con elementos del crimen organizado o sus representantes: No se mueve un gramo de basura en Italia sin la intervención de la Camorra, la Mafia napolitana, que ostenta el monopolio del tráfico de residuos tóxicos. Tres décadas llevan las empresas de la Camorra enterrándolos en el sur de Italia, envenenando terrenos agrícolas y provocando en la región de Nápoles, la Campania, un aumento espectacular de los casos de cáncer. La negociación para dar nuevo destino a la basura italiana puede rastrearse desde hace dos años en la prensa española.

Ya llegan los camiones en largas filas a un vertedero que ha sido un mal negocio para la cuenca minera de Huelva, estafada por la Administración andaluza. Como alternativa a la ruina de la comarca por el cierre de las minas, las dos únicas infraestructuras que les han dejado los gobiernos socialistas han sido un ponzoñoso vertedero y la empresa de colocación de afiliados y de captación de subvenciones que montó la hija de Manuel Chaves... Y ahora los desechos de la Camorra.
No se me olvida otro regalo navideño, éste para la consejera de Agricultura y Pesca, Clara Aguilera. Se trata del documental 'Sushi global', que esta semana emitió TVE. Así la consejera, a quien aún le parece mucho la ridícula reducción en un cuatro por ciento de la cuota de pesca de atún rojo, verá las entrañas de un negocio sucio, lindante con la piratería, en el que los falsamente artesanales atuneros andaluces tienen las manos tan sucias como los japoneses; un negocio que llevará al pez más valioso del mundo a la extinción en menos de una década con el actual ritmo de capturas.
La de Aguilera es la misma propaganda irresponsable y cortoplacista que vende como éxito la prórroga de las ayudas europeas al carbón, y que no es sino el fracaso en la búsqueda de alternativas para los trabajadores -atuneros de Cádiz, mineros de Huelva y de León- empleados en una extracción dañina e insostenible. Tiempo han tenido de sobra para buscarlas.


Ver on line 'Sushi Global'
Ver segunda parte de 'Biutiful cauntri'