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sábado, 28 de enero de 2012

Playlist nº 39 Voluntarios para acabar con la Botella



¿Para dar buena cuenta de una Botella, quién no se presentaría voluntario? La Botella, Ana, exPrimera Dama y alcaldesa de Madrid, ajena en su mundo a la existencia de 5.273.600 desempleados y fiel a sus genes de dama de mesa petitoria, propone que sean voluntarios quienes se encarguen de cubrir los servicios sociales que su arruinado Ayuntamiento no sabe como sufragar, porque "ante la crisis los ciudadanos deben "hacer algo por la sociedad". Sin cobrar, por amor... a la Botella ¿Y quién diría no a la Botella? Yo, al menos, jamás renunciaría a acabar con una Botella.

Dedicada a la ocurrente gaviota reidora y regidora de la capital de España, esta lista de reproducción llena de canciones de todos los tiempos y estilos inspiradas por la Botella. Naz Darovia.



lunes, 14 de junio de 2010

Legalización

¿Quieren una receta efectiva contra la crisis? Legalicemos las drogas, todas las drogas. No se echen las manos a la cabeza, sino a ese bien escaso que es el sentido común y atiendan, no a una boutade, sino a argumentos serios.

España, con uno de los menores índices de criminalidad de Europa, tiene la mayor población reclusa, 77.000 presos, debido a sucesivos endurecimientos del Código Penal hechos a golpe de titular de prensa. Un 28% de los varones presos y la mitad de las mujeres lo son por los llamados delitos contra la salud pública, sin contar delitos de sangre o contra la propiedad derivados del tráfico ilegal de drogas. Mantener a cada interno cuesta unos 25.000 euros anuales, advierte Nahúm Álvarez, director de la prisión de Albolote, luego estas 23.000 personas cuestan al Estado 574 millones de euros al año, un 38% de lo que ahorrará la congelación de las pensiones. Es probable que una legalización de las drogas –con la lógica reserva del acceso de los menores a ellas- incremente el coste sanitario, pero nunca tanto como ya cuestan las drogas legales, alcohol y tabaco.



Las drogas llevan toda la Historia con nosotros; es la utilización sistemática del derecho penal para perseguirlas, ya en el Siglo XX, lo que las convierte en un problema. Mientras las penas para otros delitos se suavizan en nombre de la reinserción, las fijadas para el tráfico de estupefacientes sufren una exacerbación punitiva sin fin. A mayor castigo, mayor es el problema, pero en lugar de reconocer su fracaso los gobiernos se empeñan en gastar más recursos en un inútil empeño por detener el comercio ilegal de narcóticos. Sólo se entiende si eres parte interesada en mantener en la economía sumergida este 8% del comercio mundial, 400.000 millones de dólares al año según la ONU. En Colombia, Marruecos, México, Venezuela o Afganistán el narcotráfico implica a gobernantes, empresarios, policía y ejércitos.



La legalización haría viables estados fallidos, terminaría con los crímenes relacionados con el narcotráfico –miles de muertos sólo en México-, evitaría casos de sobredosis o envenenamiento, secaría uno de los grifos de la corrupción, restaría excusas para recortar nuestras libertades, pero no olvidemos otro factor: El uso terapéutico de determinadas drogas.

La eficacia de la marihuana está demostrada frente a los efectos secundarios de la quimioterapia. Pues bien, en la actualidad cientos de enfermos de cáncer en España recurren al mercado negro sintiéndose delincuentes para poder obtener un alivio que debería suministrarles la Sanidad Pública. Hay sentencias favorables, normas aprobadas por unanimidad en los Parlamentos de Cataluña, Baleares y Aragón, farmacias dispuestas a participar, pero falta la valentía del Gobierno Central para dar el paso definitivo. Falta sentido común.


lunes, 15 de marzo de 2010

Último artículo publicado en Granada Hoy

Mosquitono

Se afilan los bolis, arde bloguilandia y el word echa humo en cuanto asoma la cita multitudinaria de todas las primaveras –hablo del modesto macrobotellón de San José y
no de la Semana Santa, esa ya sabemos que aunque también sea ruidosa y ensucie, es de interés turístico interplanetario-. Con el botellón llega una subliteratura sensacionalista que disfraza de apocalíptico lo integrado, que ve trasgresión donde sólo hay gregarismo y alimenta el terror a la horda beoda, como si de los dóciles muchachitos que beben en los parques fuera a venir ese estallido social que subvertirá el orden global.



Además de versar sobre el ocio, ese debate sobre costumbres generacionales tiene mucho de ocioso, desde el paternalismo rústico con que se despacha el alcalde de Granada -“que se dediquen a estudiar o hacer cosas más productivas que el botellón”-, a la alucinada aplicación de la teoría matemática al fenómeno: “El botellón, modeling the movements of crowds in a city” es un estudio de la Universidad de Birmingham plagado de fórmulas incomprensibles y abstrusas gráficas; pasando por candorosas alternativas como la disco-horchata que promueve la localidad valenciana de Alboraia, paraíso de la chufa.

En la secular tradición que une alcohol y ocio la diferencia entre pasado y presente es la misma que entre remedio, droga y veneno, cuestión de cantidad. Hoy hay bebida barata y poder adquisitivo alto, con lo que antes pagábamos tres copas ahora se toma una docena. Eso les hará alcohólicos pero no trasgresores: Si últimamente hubo jóvenes salvajes fue en la época de los raves, los after, la electrónica a todo volumen, las pastillas y el circuito underground de naves industriales en las afueras. El botellonero viste convencional, escucha música latina y pop inofensivo a volumen moderado, prefiere la charla insustancial al estruendo, es conservador. Es una fierecilla domada pero que doma y asimila las medidas disuasorias. El Consejo de Europa ha pedido la prohibición del "Mosquito, un altavoz que emite un sonido de unos 17 kilohercios inaudible para los adultos. Se basa en la presbiacusia: con los años dejamos de oír las frecuencias más altas. Con el Mosquito la policía disuelve concentraciones de jóvenes, los comerciantes les ahuyentan de sus establecimientos o se disuade a los grafiteros en las estaciones de metro. El Consejo considera que el artefacto “trata a los jóvenes como si fueran mascotas indeseables“. Pero éstos lo han adoptado como tono de móvil ideal para recibir discretas llamadas en el celular sin que se enteren los padres. Lo llaman “Mosquitono”. Yo mismo lo he descargado por Rapidshare con versiones audibles para menores de 12, 20, 30 y 35 años… ¡y funciona!: no oigo nada de nada. Por tanto me abstendré de intentar analizar a quienes oyen lo que yo no.



miércoles, 20 de mayo de 2009

El momento en que se nos frió el cerebro

Visionario

“Los videojuegos no afectan a los niños: Quiero decir, si el Pacman nos hubiera afectado de niños, estariamos todos moviéndonos por habitaciones oscuras, tragando pastillas mágicas y escuchando música electrónica repetitiva.”

Kristian Wilson, Nintendo Inc. 1989