En el
Sands Casino de Las Vegas Frank Sinatra grabó en 1966
un memorable directo junto a la
Orquesta de Count Basie y con la dirección musical de
Quincy Jones.
Frankie, además de cantante excepcional y solvente actor,
era un mafioso, como los dueños del
Sands. Hoy los
Sands se extienden por el mundo dirigidos por el magnate
Sheldon Adelson, benefactor del ala más extremista del
Partido Republicano, que ha fijado su mirada de halcón en España para
obsequiarnos con su macroproyecto
Eurovegas.
Madrid y Cataluña se disputan el regalito.
17.000 millones de euros en inversiones y doscientos mil empleos son una bicoca, y la inefable
Pilar Rahola se queja de que desconfiemos y de que este país sea “
así de estupendo, cuanta más hambre tiene, más ata los perros con longanizas”. No aprendemos: Ni 15-M, ni corrupción a saco en los telediarios, ni burbujas y pelotazos, ni el cacareado cambio de modelo productivo; nada detiene al burro cuando le ponen la zanahoria delante, se apellide el pollino
Aguirre,
Mas o
Sebastián. Con ellos, el respetable, que sigue en el todo vale por un empleo, sea
un cementerio nuclear en terreno inundable o esta alianza entre las instituciones públicas y el crimen organizado. Crimen organizado, sí. Un dato: Los casinos de
Adelson en Macao están controlados por
intermediarios directamente relacionados con la triadas mafiosas.
Roberto Saviano, que de mafias algo sabe, ha advertido de que “
Si aprueban el Eurovegas, Cataluña (o Madrid) se convertiría oficialmente en el centro del reciclaje mafioso de Occidente”.
Lo que nos trae
Mr. Adelson es una zona franca del juego al margen de toda norma. Lo deja claro en l
a docena de exigencias que plantea. Lo de menos es el que se permita fumar o la entrada de menores y ludópatas. Es no pagar impuestos o Seguridad social durante años, es suelo público sin Ley del Suelo, es que el Estado avale los créditos que pida. Es que no haya convenios colectivos, es cambiar la Ley de Extranjería – y aún hay ilusos que creen que darán trabajo a españoles-. Son infraestructuras a cargo de la Administración y manga ancha para el blanqueo de capitales. Combatiendo el dinero negro y el fraude fiscal escaparíamos a la crisis, pero lo que nos venden es corrupción a la luz del día y con fuegos artificiales que la celebren.
Por el aro de
Adelson sólo pueden pasar tontos del culo o sinvergüenzas, o quienes son ambas cosas a la vez.
Miguel Sebastián, paradigma de la falta de escrúpulos en los gobiernos de
Zapatero, fue el primer impulsor.
Ana Botella advierte de que sólo se apuntará si en el proyecto se implica y
lo lidera el gobierno Rajoy y no se traspasan determinadas líneas rojas, pero es un íntimo colaborador de su marido en
FAES, el secretario de Estado de Comercio
Jaime García-Legaz, quien r
epresenta al Gobierno en las negociaciones. Para
Esperanza Aguirre todo es negociable,
se cambian las normas que haya que cambiar y se crea una isla legislativa y fiscal. Una ciudad sin ley dentro de España. Para
Artur Mas, es un proyecto que
atraería a Cataluña "turismo de calidad", muy diferente del "turismo de borrachera" y dispuesto a dejarse mucho dinero. Sólo hay que ir a Las Vegas –o ver el cine que la retrata- para descubrir la calidad de los borrachos que atrae. Cierto es que
el modelo intenta atraer a los millonarios chinos y rusos, pero con ellos también vienen los negocios más oscuros.
Políticos, gacetilleros y todo el comité de recepción de
Mr. Marshall aplauden la creación de empleo, aunque sea un empleo basura que convierte la reforma laboral de
Rajoy en el no va más de los derechos laborales. Se han llenado la boca defendiendo la cultura del esfuerzo para ahora sacralizar la ruleta y el
blackjack. Han elevado a los altares la familia tradicional para que ahora veamos a
Aguirre o
Mas como
madames de los innumerables establecimientos de prostitución que sin duda incluirá
Eurovegas. Seremos putas o esclavos pero contentos de corear junto a imitadores de
Elvis el “
Viva Las Vegas”.