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lunes, 24 de febrero de 2014

Playlist nº 53: Canciones que acojonan

Para todos los que saben que, además de un pueblo de Sevilla, 2 hermanas es una peli coreana de susto. Para quienes no se perdieron ni una secuela de Pesadilla en Elm Street. Para quienes llevan el 666 grabado en el cuero cabelludo. Quienes sacan a bailar a Carrie en la fiesta de fin de curso. Para la niña Medeiros y la niña de El Exorcista. Para quienes como el toro no se crecen frente a las adversidades, sino que se hacen caquita al primer ruido de cadenas. Para toda clase de zombis y fantasmones.

1. Nacha Pop: Miedo al terror
2. Pet Shop Boys: Screaming
3. Alaska y los Pegamoides: Redrum
4. Ramones: I don't wanna live my life again (Pet sematary)
5. Tangerine Dream: Stratosfear
6. Public Enemy: Welcome to the terrordome
7. Blur: The horrors
8. Anthrax: Horror of it all
9. Nadadora: Hablaremos del miedo
10. Gabinete Caligari: Sombras negras
11. Glez: Quién dijo miedo
12. Golpes Bajos: A Santa Compaña
13. Pavement: Terror twilight
14. Nosotrash: Mi pequeño Frankenstein
15. Fangoria: Jason y tú
16. Iron Maiden: The  number of the Beast
17. The Cramps: I was a teenage werewolf
18. Triángulo de Amor Bizarro: El crimen, cómo ocurre y como remediarlo
19. The Cure: A forest
20. Bauhaus: Bela Lugosi's dead

miércoles, 12 de febrero de 2014

El miedo o el retorno de los lazaretos

El coloso de Francisco de Goya
Bien sabe quien me conoce que detesto el optimismo seráfico de los papanatas. A menudo he bramado contra esa calamidad del pensamiento positivo, tan grata a los poderosos pues mantiene a los esclavos esclavos pero contentos, y tu muro de Facebook lleno de gilipollleces buenistas, amaneceres y citas de Paulo Coelho. Aprecio el pesimismo ilustrado que en España es casi una corriente filosófica, la de José Gutiérrez Solana en La España negra y de la pintura de madurez de Goya. Pero no es lo mismo una ciudadanía crítica y escéptica que una sumida en el derrotismo e inmovilizada por la incertidumbre y el miedo. Desde que empezo -o empezaron- la actual e interminable crisis es en ese miedo en el que nos quieren instalados para que, atemorizados y dóciles, no osemos plantar cara a la contrarrevolución de los plutócratas y sus políticos a sueldo.

En esta larga víspera de Armagedón, con la incertidumbre y el miedo al futuro atenazando todos los órdenes de nuestras vidas, miramos alrededor y la única certeza que encontramos es que no hay arma que quienes manejan los hilos no empleen para minar nuestra resistencia, desde dejarnos sin casa o sin trabajo hasta la violencia y la guerra. Y mientras nos mantienen ocupados en procurarnos lo más básico, aplican su programa de tinieblas: el fundamentalismo religioso, moral y económico, la censura, el recorte de libertades...

 Nos convencen de que no es sostenible un sistema basado en la solidaridad y nos inculcan la mala conciencia, para que pensemos que abusamos de las urgencias, las medicinas y los libros, que somos privilegiados por tener un empleo y debemos pagarlo con menos sueldo, menos descanso, menos derechos para las mujeres, peor atención a los mayores. Aceptaras cualquier trabajo si temes al paro tanto como al vacío. Te quieren pobre y con miedo a ser más pobre porque así eres más manejable. Desde el mismo momento en que comenzó este gigantesco timo planificado -¿La gran estafa española?- nos convencieron de nuestra responsabilidad -por haber vivido por encima de nuestras posibilidades, ya saben-.

Lazareto de Mahón
Una vez extendido el miedo, el siguiente paso es el aislamiento del disidente. Ya tuvimos gulag, campos de exterminio, ¿volverán ahora los lazaretos? También llamados leproserías, eran aquellos recintos fortificados donde se confinaba, a veces sin tratamiento y hasta la muerte, a quienes padecían la lepra, enfermedad manifestada sobre todo en la piel y producida por el llamado bacilo de Hansen, no mucho más contagioso que las distintas cepas de la gripe; no obstante el leproso ha estado históricamente estigmatizado y ha sido víctima de un terror supersticioso. Ya el Levítico le condenaba a vagar vestido con harapos y con la cabeza descubierta, proclamando en voz alta ¡Soy inmundo, soy inmundo! Todos hemos oído hablar de la isla hawaiana de Molokay y su Padre Damián, pero no tantos del Lazareto de Mahón, que el Conde de Floridablanca, ministro de Carlos III mandó edificar en 1793. Despojado de su tétrico fin aún sobrevive como colonia de vacaciones para funcionarios del Ministerio de Sanidad, función para la que existe una larga lista de espera. Pero los nuevos lazaretos donde el poder recluirá a sus disidentes, a quienes considera leprosos y muy contagiosos, no serán centros vacacionales ni estarán en Hawaii.
El padre Damián de Molokay









sábado, 28 de diciembre de 2013

Noche y niebla

Durante el Tercer Reich el término noche y niebla tuvo varias acepciones; así se llamó un decreto del mariscal Wilhelm Keitel, Nacht und nebel, que explicaba las directivas para la persecución de las infracciones cometidas contra el Reich o contra las Fuerzas de Ocupación en los territorios ocupados. Igualmente era el seudónimo que definía las redadas nocturnas en las que eran detenidos y  hechos desaparecer opositores políticos, miembros de minorías raciales o cualquiera que no comulgara docilmente con el pensamiento del Führer. También fue el título de un documental dirigido en 1955 por Alain Resnais, con material incautado a los nazis. El documental repasa con ironía, crudeza y, paradójicamente, con una gran delicadeza, las políticas de exterminio sistemático puestas en marcha por el Tercer Reich.

Las leyes del miedo

En la España del Siglo XXI, tras dos años de recorte de derechos, salarios y servicios, el gobierno de Mariano Rajoy se dispone a dedicar la segunda parte de su mandato al recorte de las libertades. Está muy fresca la reciente aprobación de una Ley de Seguridad Ciudadana, inútil en cuanto incide en lo ya regulado por el Código Penal, y de contenido claramente represivo. A esto se ha unido en pocos días el anuncio de que el Ministerio del Interior comprará por medio millón de euros un camión que lanza chorros de agua a presión para disolver manifestaciones, un artilugio casi inofensivo según portavoces del departamento gubernamental. Por si fuera poco con todo esto, el mismo gobierno ha elaborado una Ley de Seguridad privada, que faculta a trabajadores de empresas privadas de seguridad a identificar, cachear y detener a viandantes si observan que están cometiendo un flagrante delito; la ley prevé que la autorización pueda extenderse a cualquier ciudadano en circunstancias similares. Según el Sindicato Unificado de Policía, laseguridad privada hace una importante labor con empresas y particulares, pero no puede suponer una injerencia en las labores de la seguridad estatal. La ley ya ha obtenido el visto bueno del Congreso donde alos votos del Partido Popular se han unido los de los nacionalistas catalanes y vascos
. La justificación del ministro García Margallo para esta norma ha sido el apoyo a un sector que genera gran número de empleos en estos momentos de crisis económica. Tal vez la invasión de Iraq no respondió al deseo de derribar la dictadura de Saddam Hussein ni siquiera de controlar la producción d petróleo y se trataba de dar oxígeno económico a Blackwater y otras compañías dispuestas a hacer el trabajo sucio al que el Ejército no se atrevía, no por falta de ganas sino por una cuestión de imagen.

Estas medidas parecen dictadas por el miedo a la disidencia
Estas medidas parecen dictadas por el miedo a la disidencia, absurdo en un país que ha aguantado carros y carretas sin rebelarse ni casi mover un dedo contra un poder enfangado en la corrupción y que lo sume en miseria y desesperanza; y también responden a la demagogia de quienes prometen a sus súbditos un mundo más seguro y menos peligroso, a cambio de que permanezcan tranquilos y obedientes.

El huevo de la serpiente

Cuando el Estado renuncia a garantizar la seguridad de su ciudadanía o la deja en manos de terceros está incumpliendo su parte del contrato social que lo legitima y que describió Jean-Jacques Rousseau y, por tanto, es el pueblo el legitimado a derribar dicho Estado. Pero no es la privatización lo  más grave de estas decisiones: Cabe suponer que una paliza púbica y profesional no hace menos o más daño que una paliza privada. Hemos visto casos de brutalidad en miembros de las policías nacionales y autónomas; pero se me antoja que estos individuos particulares con entorchados y menor formación que los agentes diplomados y uniformados son más proclives a pasarse al lado oscuro: esos grupos de matones de extrema derecha que proliferan gracias a sus mensajes demagógicos sobre la inmigración y los diferentes; esos mismos que ahora unen sus fuerzas para con currir elecciones intentando rascar migajas de poder de la Europa que detestan. Del huevo de la serpiente sólo pueden salir más serpientes; empollarlo es muy peligroso. Pero en el poder los hay empeñados en considerar la novela 1984 como un manual de instrucciones y el porvenir que sueñan y por el que trabajan en las horas de vigilia es un futuro de noche y niebla.


martes, 6 de agosto de 2013

La isla de los perros


Fue la tercera vez -y última hasta la fecha- que estuve en Londres. Esta vez decidí acercarme a un distrito que antes sólo conocía por su impacto en el skyline londinense, los Docklands y el complejo financiero de Canary Wharf. Me fascina la arquitectura contemporánea y salí del metro fotografiando sin descanso las moles del corazón económico de Inglaterra. Me fijaba en su belleza futurista, en el cristal y el acero cortando el aire, pero la realidad de dónde estaba realmente se me reveló en forma de un tipo de casi dos metros de alto y uno de espalda que me preguntaba por qué hacía fotografías, qué hacía en Canary Wharf, a qué me dedicaba, y que me hizo enseñarle todas las fotos que guardaba en la cámara. Como tras el susto inicial no hice mucho caso y seguí con mis fotos, tuve varios encuentros más con hombretones como aquél, uniformados, con chalecos antibalas, armados como policías pero que no eran policías sino la Canary Wharf Security,empleados de Siemens, una guardia pretoriana del capitalismo que custodia su sancta sanctorum y te explica que para hacer fotos allí necesitas un permiso incluso en plena calle. No dejaba de ser una contradicción que durante uno de esos encuentros un avión volara casi rasante sobre nuestras cabezas –no hay limitaciones que prohíban sobrevolar Londres como sí las hay en Nueva York y otras ciudades desde el 11-S- y aquello se considerara menos amenazador que un turista español haciendo fotos. En el British Museum puedes hacerlas incluso con flash, y nadie te registra la mochila, y en esos mismos días cincuenta activistas de Greenpeace lograron encaramarse a los tejados de las Houses of Parliament, burlando todas las medidas de seguridad en la sede de la Cámara de los Comunes para exigir medidas contra el cambio climático, pero la sede del BSH, y otros cuya codicia alimentó la crisis que padecemos, es más valiosa, ha de estar bien protegida. 



Londres ha sufrido atentados sangrientos pero ocurrieron en el metro, las calles y los autobuses, los padecieron los ciudadanos, no los imperios financieros de la City y los Docklands -se la conoce como Isla de los perros por la gran cantida de estos animales que vivían en los viejos muelles, igual que las islas Canarias deben sunombre no a esos pájaros sino a los canes eque las poblaban-. Para blindarse en sus rascacielos muy claro deben tener hoy los responsables del Credit Suisse, HSBC, Citigroup, Morgan Stanley, Bank of America, Metrovacesa Barclays de que no es respeto y admiración lo que despiertan entre el personal. Saliendo de Canary Wharf pienso en cómo ese lugar cambió del tráfico de contenedores al de capitales; de zona portuaria, canalla y maleva, a santuario de un mal mucho más temible; de centro de la marinería y la tradición corsaria de Inglaterra a refugio de una nueva piratería. Allí en los Docklands y en la City están los bufetes de abogados que se enriquecen intermediando en los secuestros de barcos que somalíes muertos de hambre, a los que sí llamamos piratas, realizan para ellos. Allí  se nplanean secuestros y se negocian rescates para este mundo en el que lo único globalizado es la rapiña.

viernes, 20 de abril de 2012

La guerra: Instrucciones de montaje


Los más radicales defensores del pensamiento neoliberal niegan que fueran las políticas expansivas e intervencionistas promovidas por Franklin D. Roosevelt las que permitieron abandonar el pozo de la Gran Depresión de 1929
Defienden que fue la Segunda Guerra Mundial la hoguera en la que se quemó la crisis. Su teoría calla que la guerra en sí misma es un acto de intervencionismo estatal y de inversión pública cuyos principales beneficiarios son las empresas privadas de los sectores del armamento, la construcción, la seguridad, etcétera. 
Es decir, es la guerra el hecho que saca a la luz cómo funciona realmente el
liberalismo: El Estado concebido como esfuerzo colectivo para enriquecer al sector privado pero evitando todo control estatal sobre ese mismo sector. En esta nueva gran depresión la guerra es también la solución final, es la única receta que conocen quienes aplican tratamientos de austeridad y contención sabiéndolos destinados al fracaso. Por otro lado las guerras, frías o cruentas, son un perfecto Macguffin para desviar la atención de los pueblos de los problemas reales.

Como para que estalle una guerra hace falta generar un mínimo de tensión, si ésta no existe o es insuficiente, uno o los dos bandos crean dicha tensión. Los ejemplos del pasado son innumerables, desde el asesinato del archiduque Francisco Fernando en Sarajevo hasta las inexistentes armas de destrucción masiva de Saddam Hussein. La guerra que hoy se considera inevitable -o eso interesa que creamos- es contra Irán. Poco importa que en la Casa Blanca haya un presidente moderado. Entre Benjamin Netanyahu y los cabilderos judíos, armamentistas y hasta las aseguradoras sanitarias pueden prender la chispa en cualquier momento y arrastrar a los gobiernos a la guerra. Con la moral colectiva de los Estados Unidos concentrada en una nueva cruzada patriótica, nadie se fijará en que se sepulta para siempre el proyecto de una sanidad universal o la legalización de inmigrantes. Negocio redondo.




En el ámbito doméstico, en estos ciento y pocos días de Gobierno Rajoy también suenan tambores de guerra. La nacionalización -poner lo privado al servicio de lo público, el pecado más nefando para el liberalismo- de una filial de Repsol nos ha metido en una guerra fría contra Argentina. Esos partidos que cazan votos abanderando los intereses de pequeñas empresas y autónomos, a la hora de la verdad solo son uña y carne con las grandes, aquellas cuyos consejos de administración reservan asientos para los líderes de los grandes partidos y los gobernantes cuando abandonen la política. Cuando un ministro dice que ser hostil a Repsol es mostrar hostilidad a España nos toma por imbéciles y demuestra ser un corrupto que está donde está sólo para beneficiar intereses privados, pero cobrando de lo público.



Después la propaganda se encarga de que una buena parte de los españoles estén dispuestos a creer que Repsol, Telefónica, ACS o Inditex son España, aunque escondan impuestos a España, se surtan de mano de obra barata fuera de España y cobren tarifas abusivas a los españoles. 
No importa que fuera tal el patriotismo de Repsol que antes de la nacionalización estaba a punto de vender YPF a Sinopec -es decir, al Partido Comunista Chino-; la mayoría de los medios españoles lo ha ocultado. Aquí el mensaje es: Más madera, es la guerra. Si Margaret Thatcher venció a sus mineros y sindicatos con sangre argentina como munición, treinta años después de las Malvinas los muchachos de Rajoy disparan balas dialécticas contra Argentina, y con eso y el Rey disparando a elefantes, nadie se preocupa de que en las retaguardias nos roben la salud, la educación y la vejez.

Y si la guerra fría contra Argentina se desinflara pronto, hay otra más cruenta aguardando, el fantasma de la secesión de Cataluña. Que eleven tanto el tono del enfrentamiento nacionalista dos partidos como PP y CiU, que se apoyan mutuamente y hacen equipo en el recorte de derechos y el saqueo a la ciudadanía debería hacernos pensar que hay gato encerrado. Ambos sirven a los mismos intereses económicos, unos intereses que no entienden de fronteras ni banderas. Pero conforme la situación económica de los ciudadanos se vaya agravando y antes de que degenere en un estallido social, apuesten lo que les quede a que se irá elevando la tensión nacionalista hasta que la cuerda esté por romperse. 
Habrá una proclamación del Estat Catalá por un lado, una recentralización de competencias por otro, las portadas se llenarán de proclamas patrióticas, sonará ruido de sables, incluso habrá alguna escaramuza cruenta, y el pueblo agitará enseñas de colores en nombre de la indisoluble unidad de la patria o de los derechos históricos y la identidad nacional ¿Quién será el traidor que hablará de crisis pudiendo partirse la cara con el enemigo? ¿A qué mal español -o catalán- le importa más el precio de las medicinas que su bandera? Así se solucionan las crisis según el ideario de quienes nos gobiernan.  

domingo, 18 de marzo de 2012

Contra el miedo




The Lonesome Death of Hattie Carroll

But you who philosophize disgrace 
And criticize all fears
Take the rag away from your face
Now ain't the time for your tears.

(Bob Dylan: The Lonesome Death of Hattie Carroll, 1963)
 
Bien sabe quien me conoce que detesto el optimismo seráfico de los papanatas. Aquí mismo he bramado contra esa calamidad del pensamiento positivo, tan grata a los poderosos pues mantiene a los esclavos esclavos pero contentos. Aprecio el pesimismo ilustrado y la crítica a la condición humana que en España es casi una corriente filosófica, desde Quevedo a Unamuno. Pero no es lo mismo una sociedad crítica y escéptica que una hundida en el derrotismo e inmovilizada por la incertidumbre y el miedo. Desde que empezó la actual crisis es en ese miedo en el que nos quieren instalados para que, amilanados y dóciles, no osemos plantar cara a la contrarrevolución de los cleptócratas y sus políticos a sueldo.

No puedo ni debo criticar el miedo y a quien lo siente, pero sí denunciar a quienes lo propagan. En esta larga víspera de Armagedón, con la incertidumbre y el miedo al futuro dominando todos los órdenes de nuestra vida, miramos alrededor y la única certeza es que no habrá arma que quienes manejan los hilos no empleen para minar toda resistencia, desde dejarnos sin casa o sin trabajo hasta la violencia y la guerra. Y mientras nos mantienen ocupados en garantizarnos lo básico, aplican su programa de tinieblas: el fundamentalismo religioso y moral, la censura, el recorte de libertades.

Aceptarás cualquier trabajo si tienes miedo a perderlo
Un pueblo confiado, educado y saludable es peligroso, porque quiere más. Lo quieren con miedo a enfermar y no poder sufragar los tratamientos, con miedo a perder su casa, a no poder pagar la educación de sus hijos. Nos convencen de que no es sostenible un sistema basado en la solidaridad y nos quieren con mala conciencia, creyendo que abusamos de las urgencias, las medicinas o las escuelas o que somos unos privilegiados por tener un empleo y debemos pagarlo con menos sueldo, menos descanso, menos derechos para las mujeres, peor atención a los mayores. Aceptarás cualquier trabajo si tienes miedo a perderlo. Te quieren pobre porque pobre y con miedo a ser más pobre eres más manejable.

En democracia el Poder teme al pueblo y no al contrario

Desde que comenzó esta gigantesca estafa planificada tratan de convencernos de nuestra responsabilidad por vivir por encima de nuestras posibilidades. Si, por ejemplo, los andaluces en una encuesta admiten como necesarios ajustes y recortes, es que la estrategia del miedo logra sus objetivos, y con miedo no hay democracia. En democracia el Poder teme al pueblo y no al contrario. Nos deben temer a nosotros. Debemos mantenernos airados, esperanzados y con confianza en nuestra fuerza, que también se alimenta de odio. Contra el temor debemos actuar. Hay muchas formas; yo de momento, al contrario que en ocasiones anteriores, este 25 de marzo no me voy a quedar en casa. Pondré lo que esté de mi parte para que Andalucía sea un rompeolas donde esa marea de miedo se estrelle.

domingo, 14 de agosto de 2011

In Berlin, by the Wall...

El Muro en Bernauerstrasse

In Berlin, by the Wall
You were five foot
Ten inches Tall
It was very nice
Candelight and Dubonnet on ice
(Berlin, Lou Reed 1973)

El 13 de enero de 1961, hoy se ha cumplido medio siglo, grupos de trabajadores estrechamente vigilados por los vopos del gobierno de la República Democrática Alemana, entonces presidida por Walter Ulbricht, bajo la estrecha vigilancia de la URSS de Nikita Kruschev, comenzaron la construcción del sistema de muros de ladrillo y hormigón, alambradas electrificadas y torres de vigilancia que se conoció como el Muro de Berlín; para la propaganda comunista, Antifaschistischer Schutzwall o Barrera de Protección Antifascista. La estructura constaba de dos partes: El muro propiamente dicho que separaba el sector de Berlín ocupado por la URSS del que estaba bajo administración de Francia, el Reino Unido y los EE.UU. y posteriormente fue parte de la República Federal de Alemania; y los 115 kilómetros de barreras que separaban el territorio de la RDA de Berlín Occidental, convirtiendo a este sector en una isla acosada. En la noche del 9 al 10 de noviembre de 1989, miles de alemanes del Este, armados de martillos, picos y todo lo que encontraron, comenzaron la destrucción del Muro, una tarea con más carga simbólica que otra cosa, puesto que la policía de la RDA abrió horas antes los puntos de acceso ante la imparable demanda de cambio de los ciudadanos de Berlín Este.  En Bernauerstrasse, donde hoy se ha conmemorado el cincuentenario de la construcción del Muro, murió Ida Siekmann, que al saltar desde un tercer piso en uno de los bloques cuyas ventanas miraban al Oeste, se convirtió en la primera víctima mortal de entre 125 y 270 personas, según distintas fuentes de estudio, que perdieron la vida intentando escapar del paraíso socialista.

Bernauerstrasse

Aunque buena parte del Muro de Berlín fue derribado y sus fragmentos -y falsificaciones- se convirtieron en codiciada memorabilia durante los años 90, todo su trazado está marcado en el piso de las calles del Berlín reunificado, y permanece en pie algo más de un kilómetro y medio de muro, la mayor parte de la cual es el lienzo de pared junto al río Speer que se conoce como East Side Gallery y que, totalmente cubierto de grafitos, constituye la mayor y más fascinante muestra de arte pictórico callejero de todo el mundo.

East Side Gallery

Muchos pueden preguntarse el sentido y la efectividad de, en plena era de las comunicaciones y de las armas de alcance global, dividir ciudades y aislar a grupos de población con los sistemas de murallas propios de las ciudades de la Antigüedad. El Muro de Berlín simbolizaba un fracaso, el de un régimen que prometía el paraíso en la Tierra y sólo lograba que sus víctimas quisieran abandonarlo en masa. Pero las dós últimas fotos de este post, las únicas que no son mías, les darán la respuesta. Los muros levantados por el gobierno de Israel en Cisjordania y por el estadounidense en la frontera entre EE.UU. y México -muros que, al contrario que el de Berlín, pretenden frenar la entrada, no la salida- continúan siendo terriblemente efectivos.

Niederkirchnerstraße

El Muro de Berlín y toda la simbología que conlleva ha inspirado todo tipo de obras artísticas, musicales, cinematográficas y literarias. Aquí dejo enlaces a algunas de esas obras inspiradas por el muro:

La tragedia de una pareja de yonkies con un trasfondo de miseria y malos tratos se inscribe perfectamente en el Berlín dividido. El Muro es citado expresamente en la canción del título, una miniatura adaptada de una canción más larga de las primeras grabaciones de Lou Reed como solista.

Heroes puede considerarse pieza central del tríptico de discos producidos y compuestos junto a Brian Eno -entre Low y Lodger- o como la tercera pieza de su trilogía berlinesa -Tras Station to Station y Low. Ese período dió lugar a una serie de colaboraciones entre algunos de los artistas más inquietos del pop y frutos discográficos como The Idiot de Iggy Pop, Peter Gabriel II, Sacred Songs de Daryll Hall y Exposure de Robert Fripp.
Imprescindible novela publicada en la RDA poco después de la construcción del Muro, que aporta una insólita visión sobre la división desde el Este, nada complaciente con el discurso oficial, pero que, no obstante, fue un éxito de ventas, críticas y premios en la Alemania comunista.
East Side Gallery

La obra maestra de Wenders es una fascinante reflexión sobre la separación, el destino y el sacrificio por amor en el que el Berlín dividido es más importante que los ángeles y humanos que la protagonizan. La búsqueda de la geografía destruída de Postdamer Platz es una secuencia que en sí misma resume la tragedia de la división alemana.

Esta premiadísima película (Oscar a la mejor película de habla no inglesa) es un detallista, riguroso y duro retrato del tyerror basado en la desconfianza, la delación y la vigilancia estricta de los ciudadanos que supuso el régimen germano oriental.
Otras referencias para entender la historia y significado del Muro:

Documental de animación de 10 minutos producido por Deutsche Welle

Friedrichstraße 43–45, 10969 Berlin-Kreuzberg
El Museo del Muro situado junto a Checkpoint Charlie es una exposición permanente que da más de lo que promete a primera vista. Su fascinante, inagotable y a veces bizarro muestrario de las distintas formas en que los berlineses del Este intentaron burlar la división y el Muro, a veces con éxito, otras con final trágico, merece una visita tranquila. No decepciona.

Las fotos del Muro de Berlín y de la East Side Gallery son de mi álbum en Flickr Berliner Mauer, y fueron tomadas en invierno de 2008.

El Muro de Cisjordania (2002)


Muro fronterizo entre México y los EE.UU. (1994)




martes, 26 de julio de 2011

Conservadores y antisistema


Cuando el 23 de julio Anders Behring Breivik voló las oficinas gubernamentales del centro de Oslo, matando a ocho personas, y posteriormente asesinó a 68 jóvenes participantes en un campamento de verano del Partido Laborista en la isla lacustre de Utoya, se hizo una primera atribución del atentado a extremistas islámicos a partir de una falsa reivindicación. La derecha global, la de las guerras contra el terror, encantada. Resultó que no había sido cosa del moro, pero la derecha mundial, más encantada todavía porque ahora se hablaba de un antisistema. A ver que tardan en vincularlo al 15-M, vaticinaban algunos. A eso se agarran fervientemente desde los medios ultras españoles -La Gaceta-Intereconomía, Libertad Digital, Periodista Digital...- incluso después de que quedase meridianamente claro que aquel ario de pura cepa que como ellos detestaba la España de Rodríguez Zapatero era uno de sus cachorros, un fruto de la papilla de odio, racismo, cristianismo de cruzados, desprecio a los principios democráticos y justificación de la violencia que vienen suministrando a manos llenas a sus seguidores. Lo diré sin ambages: Uno de los suyos.

Anders Behring Breivik
Ahora esos mismos medios se afanan en hacer ver que el asesino de Oslo es simplemente un majara, un psicópata aislado con ideas de copypaste -Arcadi Espada dixit- y sólo el rojerío más recalcitrante se empeña interesadamente en establecer conexiones con las ideologías del lado oscuro. No es ahora, sino hace unos días cuando el bunker tenía toda la razón: Anders Behring Breivik es, efectivamente, un antisistema, como ellos mismos, como Rupert Murdoch y sus medios, como Dominique Strauss-Kahn ejerciendo el derecho de pernada, como los economistas que desde las universidades estadounidenses inoculan el veneno neoliberal en gobiernos y opinadores, como los tertulianos de la copa de vino en la mano y la ponzoña en la lengua, como el Tea Party, como los partidos del odio que emergen en el Norte de Italia, en Francia, Holanda, Rusia, Austria o la propia Noruega, como los partidos de la derecha convencional -esa que confunde populismo y democracia- que no dudan en tomar la misma deriva con tal de no ceder terreno, como las agencias de calificación y los especuladores que han organizado el mayor y más peligroso golpe de estado contra el sistema democrático, como los empresarios, corporaciones y cabilderos envalentonados que han emprendido una contrarreforma que sólo puede acabar en una restauración de nuevas formas de esclavitud o servidumbre, como tanto canalla como anda suelto y armado de micrófono, ordenador o mando en plaza.

Pero a la caverna le interesa vendernos la imagen del loco, a quien no hay que dar publicidad. No sea que alguien identifique sus ideas con las de la propia caverna.

Timothy Mc Veigh y Jared Lee Loughner







Porque si Anders Behring Breivik, con sus pamplinas templarias y todo, fuera solo un loco, si fuera tan simple, Timothy McVeigh, autor de los atentados de 1995 en Oklahoma City, lo sería también, y no un exmilitar ultraderechista que odiaba al Gobierno, adoraba las armas y creía en la supremacía blanca y cristiana. Y sería un simple orate el seguidor del Tea Party Jared Lee Loughner, que en enero pasado acabó con la vida de seis personas cuando intentaba asesinar en Tucson a la senadora demócrata por Arizona Gabrielle Gifford, a quien Sarah Palin situó bajo la mirilla de un rifle en un ingenioso mapa de los EE.UU. en el que localizaba a los enemigos progresistas a eliminar. No, ninguno de ellos es un psicópata, desequilibrados y fanáticos sin duda, un narcisista patológico que se muere por ser el ídolo de todos los pirados del mundo en el caso de Breivik, pero no locos aislados. De Breivik se van probando sus contactos y conexiones con ultraderechistas de distintos puntos de Europa. Se trata, sí, de antisistema. Antisistema que han llevado al extremo de la violencia indiscriminada el discurso que de forma más o menos matizada mantienen otros antisistema: Murdoch, Palin, Bossi, Aznar, Heider, Le Pen, Friedman, Rodriguez Braun, Espada, Sostres, Vidal, Wolfowitz, Mayor Oreja y tantos otros en los ámbitos de la política, la economía, la universidad y los media. En los más inteligentes apenas encontraremos rastros de fanatismo religioso o racial, no pierden el tiempo en tonterías, pero sí alimentan en los demás ese tipo de sentimientos para servirse del odio que generan.

Los medios de Rupert Murdoch son una fuerza antisistema. Es antisistema un modelo financiero que malgasta, se juega y pierde nuestro dinero y posteriormente recibe más dinero del nuestro para recuperarse. Es una premisa antisistema que ninguna autoridad democrática se imponga y vigile los movimientos del capital. Destruye el sistema el que los gobiernos electos se sometan a cualquier indignidad para salvar el culo a los inversores. No hay nada más antisistema que una religión que impone sus principios a quienes no la profesan y encima cobra del Estado por ello. Si un sistema exige que los trabajadores pierdan sus empleos y recorten sus sueldos y los ciudadanos se queden sin sanidad o educación gratuitas, es que es una falsificación del sistema, es que lo han destruido y reemplazado por otra cosa. Es antisistema que cuando los antisistema ponen en práctica su hoja de ruta se pretenda defendernos con la excepcionalidad: Si la prensa se extralimita, leyes mordaza, leyes antiterroristas si hay matones sueltos, estados de alarma ante una huelga...

Y es la presencia, la influencia y en casos tan extremos como el de Noruega, la acción de los antisistema lo que por oposición lo convierte a uno en un conservador. Nos vemos en la obligación de conservar los logros del estado del bienestar, el derecho a la negociación laboral, las pensiones, la educación, la salud, la libertad de expresión, la igualdad de oportunidades, una democracia hoy devaluada que alguna vez se aproximó a la verdadera representatividad. Quien iba a decirnos que nos veríamos defendiendo el capitalismo, entendido según los principios keynesianos de mercado regulado y vigilado por los poderes públicos, el capitalismo que cree en que el trabajador bien pagado es un motor económico, admitir que mientras era el modelo dominante fue la garantía de la prosperidad y una cierta justicia social, frente a los unabomber de la desregulación, los terroristas del dinero que defienden que el capitalismo es bueno para todos menos para ellos mismos, que exigen que el Estado esté detrás, subvencionando, rescatando o amparando con leyes su impunidad.

Pese a los ingenuistas, iluminados y frikis que han desenfocado el movimiento, descubrimos que la protesta social surgida en España el 15 de mayo es un movimiento en pro del sistema, de un sistema de democracia, libertad, prosperidad y justicia, un movimiento conservador de los valores, los derechos y la decencia. Los antisistema están enfrente, dando clases en la Universidad de Chicago, debatiendo en El Gato al Agua o emprendiendo cacerías humanas en una isla. En medio, los partidos convencionales tienen la obligación de dejar bien claro de que lado están. Guiñar el ojo estratégicamente o hacer estudiados gestos de simpatía como los del candidato Pérez Rubalcaba no basta. No son los Rubalcaba que tantas veces hincaron la rodilla ante los antisistema los que detienen a los antisistema antes de que hagan de las suyas.

domingo, 1 de mayo de 2011

Informe sobre ciegos


El sábado murió Ernesto Sábato. Murió ciego como Borges, su némesis literario y político. A
demás de su admirable obra narrativa y ensayística, Sábato será recordado también como presidente de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas que en su informe 'Nunca más' documentó el terror desatado por las Juntas Militares argentinas desde 1976. Aquel extenuante descenso a los infiernos certificó el plan de exterminio de parte del pueblo al que los militares decían servir. En su novela 'Sobre Héroes y Tumbas' Sábato incluyó su famoso 'Informe sobre ciegos', que habla de las actividades de la Secta Sagrada de los Ciegos, ejerciendo el gobierno del mal sobre la Tierra. Sábato pone el relato de dicha conspiración de tinieblas en labios de su protagonista, Fernando Vidal Olmos, un ser dado al cinismo, fanático y paranoico cuyo discurso apocalíptico se asemeja al de los tiranos de nuestro tiempo. Más tarde, en 'Abaddón el Exterminador', Sábato libera un quinto jinete del Apocalípsis abatiéndose sobre cuanto de bueno tiene el ser humano.

Viñeta de la adaptación al cómic del Informe sobre ciegos por Alberto Breccia


No cuesta identificar los ángeles exterminadores de las ficciones de Sábato y los ángeles de la muerte a las órdenes de Videla y Massera, con el ejército sirio que asesina primero y después masacra a los asistentes a los funerales por los asesinados, o el libio que ha matado ya a treinta mil compatriotas en nombre de un perturbado; con todos los que responden con sangre al pueblo que le sacude el trono.

Pienso en nuestro pasado, sometido al espurio revisionismo de los historiadores neofranquistas, leyendo 'El holocausto español' de Paul Preston, nuestro propio 'Nunca más'.
Es un mastodóntico recuento de las atrocidades que se cometieron antes, durante y después de nuestra Guerra Civil; en ambos bandos pero sin buscar equidistancias dado que el terror franquista fue inmensamente mayor y peor que el republicano. Con la épica que al recuento de horrores otorgó Solzhenitsyn en su 'Archipiélago Gulag', el provocador rigor de Preston irritará a un Ejército que se ganó sus medallas masacrando a su propio pueblo; a una Iglesia partícipe de las mayores abyecciones; y también a quienes minimizan que la represión de las milicias izquierdistas causó mas bajas en su bando que la propia guerra. Sábato, Preston, pero también el Vasili Grossman que en 'Todo fluye' enumera las variedades de canalla que generó el estalinismo: informantes, envidiosos que acusan en falso, fanáticos, trepas que barren a quien les estorba. Y el Martin Amis que en 'Koba el temible' se pregunta por qué a la izquierda europea los crímenes, las hambrunas premeditadas y los campos de la muerte de Lenin y Stalin no le provocan la indignación y el estremecimiento que produce el nazismo. Y lo que vemos en directo sobre Siria, Libia, Yemen... Seremos ciegos si obviamos informes tan demoledores sobre cómo el poder se ejerce contra el pueblo y sobre los cadáveres del pueblo.


lunes, 4 de abril de 2011

Nuestra amiga la radiactividad



Nuclear, sí


Un sorprendente efecto de Fukushima ha sido la proliferación de físicos nucleares y expertos de toda la vida en radiación. Los hay en los dos extremos, el apocalíptico-hipocondriaco y el de los feligreses del átomo. Conforme lo de la central japonesa va superando a Chernobyl, los segundos se empequeñecen. Decían que “temer a la energía nuclear es como tener miedo a los eclipses” -Miguel Sebastián- y descubren que no había tal eclipse, tan sólo estaban ciegos. Es tan obvio que estamos ante lo incontrolabe que ya no rapea el personal de Garoña su “antes muertos que parados”. Fukushima ha llegado cuando empezaba a calar el sofisma de que frente al cambio climático, la única solución es la energía nuclear. Un vertiginoso cambio de chaqueta afecta a poderosos políticos hasta ahora al servicio de los lobbies nucleares como la Merkel. Claro que cuando hay delante unas elecciones, si es necesario hasta bombardeas a quien financió tu última campaña, ¿verdad, Sarko?




El último dogma que cae del argumentario pronuclear es el económico. Para Forbes la energía nuclear es el "mayor fiasco en la historia de la economía”. Estamos ante un clarísimo ejemplo del falso mercado libre, el capitalismo que al menor riesgo de que los beneficios privados puedan caer exige el apoyo del estado, el que rescata bancos cuando dice rescatar economías. Antes de Fukushima el mercado había disipado el sueño nuclear de la energía barataSólo es barata si la gran inversión requerida está amortizada y habitualmente en la construcción de centrales los costes se duplican o triplican respecto a lo presupuestado. Las centrales no han logrado subsistir si no es con subvenciones públicas. Las aseguradoras no les daban cobertura y sólo pasaron por el aro eximiéndolas de la responsabilidad civil, que ahora corre a cargo de... ¿adivinan?  Exacto, nuestros impuestos, los mismos que pagan la gestión de los residuos. En España las centrales son privadas y sus ganancias también, pero su peligrosa basura la gestiona Enresa, una empresa pública. Un accidente en una central puede dejar en bancarrota a un país ¿Se han preguntado por qué pese a tanto lobby nuclear nadie habla de construir nuevas centrales y el debate se queda en la prolongación de la vida de las existentes?  En EE.UU., país nuclear por excelencia, hace más de treinta años que no se construye un reactor, pese a que el Gobierno ofrece cubrir con créditos hasta el ochenta por ciento de la inversión. Una ruina.




¿Y qué se les puede decir a los apocalípticos? Pues que Fukushima no va a ser el fin de la especie, ni siquiera el de Japón. Que no se compren el geiger para buscar trazas de cesio en la Puleva del crío, porque desde hace seis décadas la radiactividad ya está aquí como una vecina molesta. Cuando yo nací el planeta estaba al borde de la destrucción total a cuenta de unos misiles soviéticos en Cuba y en las décadas siguientes estuvimos muchas veces a un paso de la autodestrucción mutua. Somos hijos de una carrera por sembrar la Tierra de artefactos atómicos, cuyo poder mortífero se probó continuamente sobre y bajo la tierra, en la estratosfera y en el fondo del mar. Desde 1945 hasta 2009 se han realizado más de dos mil pruebas nucleares en el planeta, la mitad de ellas estadounidenses, pero también hubo bombas de otras siete nacionalidades. Los EE.UU. arrasaron archipiélagos enteros con la Bomba H -medio siglo después de Castle Bravo el paradisíaco atolón de Bikini sigue siendo inhabitable- y detonaron artefactos en seis estados de su propio territorio, que durante los años cincuenta y sesenta se cubrían cada dos por tres de cenizas radiactivas. El estroncio 90 se quedó a vivir en los huesos de los niños norteamericanos. Francia asesinó población nativa de la Polinesia a millares con sus ensayos y empleó el terrorismo de Estado para asesinar a opositores a sus pruebas nucleares. Ese mismo país utilizó deliberadamente a sus soldados como cobayas humanas en sus pruebas en Argelia para comprobar los efectos inmediatos de una explosión atómica sobre las tropas. El secretismo impide saber gran cosa de los efectos de las más de 900 pruebas nucleares soviéticas, pero sí se ha cifrado en 750.000 las víctimas de las 46 pruebas nucleares superficiales realizadas por China entre 1964 y 1996, en la provincia de Xinjiang, hogar de la perseguida etnia uigur. Hablamos de cientos de megatones sumados, de la liberación de ceniza, polvo y lluvia radiactivos y toda la radiación remanente perdurando miles de años, que -aunque no me atrevería a mantener la comparación delante de quienes van a morir por culpa de Fukushima-, hacen del desastre de la central japonesa, de Chernobyl o deThree Miles Island simples episodios de la larga y penosa convivencia con nuestra vecina la radiactividad y su vástago el cáncer.



Para complementar este artículo no he querido recurrir a una cita científica sino literaria.
En Aventuras y desventuras del Chico Centella, una crónica sentimental de la América de los años cincuenta desde el punto de vista de un niño, el escritor norteamericano Bill Bryson dedica un capítulo entero y parte de otro a retratar con ironía la frivolidad y la despreocupación con la que la población de su país se familiarizó con la bomba atómica y las pruebas nucleares, y la irresponsabilidad con la que el Gobierno abordó estos ensayos y sus consecuencias sobre la población. La novela tiene un prometedor arranque pero acaba convertida en el socorrido ejercicio de amable nostalgia, un Cuéntame del American dream. No obstante, las páginas dedicadas a la bomba no tienen desperdicio.

La gente estaba arrobada con la abrasadora majestuosidad y la potencia antinatural de la bomba atómica. Cuando el ejército empezó a hacer pruebas nucleares en el lecho seco de un lago en Frenchman Flat, en el desierto de Nevada, cerca de Las Vegas, aquello se convirtió en la principal atracción turística de la ciudad. La gente no iba a Las Vegas a jugar, o al menos no exclusivamente a jugar, sino a apostarse al borde del desierto, sentir que la tierra temblaba bajo sus pies y ver que el aire se llenaba con portentosas columnas de humo y polvo. Los visitantes podían alojarse en el Atomic View Motel, beber un Cóctel Atómico (...) en las coctelerías locales, comer Hamburguesas Atómicas, hacerse un peinado atómico, asistir a la coronación anual de Miss Bomba Atómica...

En los años de mayor actividad se realizaron en Nevada hasta cuatro detonaciones nucleares al mes. El hongo nuclear era visible desde cualquier aparcamiento de la ciudad, pero la mayoría de visitantes prefería acercarse al borde mismo del área de pruebas, a menudo con comida para hacer un picnic, presenciar las pruebas y disfrutar de la nube de polvo posterior. Estamos hablando de  grandes detonaciones. Las veían incluso los pilotos comerciales que sobrevolaban el océano Pacífico, a cientos de kilómetros de distancia. El polvo radiactivo a menudo barría Las Vegas y dejaba 
una capa bien visible sobre toda superficie horizontal. Al principio, después de una prueba, los técnicos del gobierno recorrían la ciudad enfundados en sus batas blancas pasando los contadores Geiger por todas partes. La gente hacía cola para ver lo radiactiva que era. Formaba parte de la diversión. Qué satisfacción daba ser indestructible.
(...)

A las 7:15 de la mañana del 1 noviembre de 1952 Estados Unidos hizo explotar la primera bomba de hidrógeno en el atolón de Eniwetok, en las islas Marshall del Pacífico Sur,aunque en realidad no era una bomba, en el sentido de que no era transportable. (...) El nombre más correcto sería el de "ingenio termonuclear". Comoquiera que fuese, era de una potencia enorme.

Puesto que nunca antes se había intentado nada semejante, nadie sabía cómo sería de grande la explosión. Incluso las previsiones más conservadoras, que prevían una fuerza de cinco megatones, suponían una capacidad de destrucción superior a la de todas las armas utilizadas por todos los contendientes durante la Segunda Guerra Mundial, y algunos físicos creían que la explosión podría alcanzar los cien megatones, una liberación de energía de tal magnitud que los científicos sólo podían intentar adivinar sus consecuencias. Una de las posibilidades consideradas era que acabase consumiéndose todo el oxígeno de la atmósfera. Con todo, para aniquilar hay que arriesgar, como sin duda debió decir alguien en el Pentágono. Y así en la mañana del 1 de noviembre alguien prendió la mecha y (a mí me gusta imaginarlo así) salió zumbando de allí.

La explosión superó por poco los diez megatones, una potencia comparativamente modesta pero más que suficiente para borrar de la faz de la tierra una ciudad de un tamaño mil veces superior al de Hiroshima; aunque, evidentemente no hay en todo el mundo ciudades tan grandes. En cuestión de segundos, una bola de fuego de ocho kilómetros de alto y seis de ancho se elevó sobre Eniwetok y formó una nube de humo en forma de hongo que alcanzó los límites de la estratosfera, a 45 kilómetros de altitud y se extendió en más de 1.500 kilómetros a la redonda en una oscura llovizna de polvo y ceniza antes de disiparse. Los humanos nunca habíamos creado hasta entonces nada tan inmenso. Nueve meses más tarde, la Unión Soviética sorprendió a las potencias occidentales al detonar su propio ingenio termonuclear. La carrera hacia el exterminio  de la vida había comenzado, y de qué modo. (...)

Lo aterrador del crecimiento de la bomba no era tanto el crecimiento de la misma en sí como la gente que estaba al frente del crecimiento del artefacto. A las pocas semanas de la prueba de Eniwetok, los mandamases del Pentágono estaban buscando ya la manera de darle una aplicación práctica. Una de las ideas que se plantearon en serio fue la de construir un ingenio cerca de la línea del frente en Corea, atraer a un gran número de tropas norcoreanas y chinas para que echaran un vistazo y detonarla.

El congresista James E. Van Zandt de Pensilvania, uno de los principales adalides de la devastación, prometió que no tardaríamos en disponer de un ingenio de al menos cien megatones, uno que quizá consumiera todo el aire respirable. Al mismo tiempo, Edward Teller, un físico algo loco de origen húngaro y uno de los genios responsables del desarrollo de la Bomba H, soñaba con aplicaciones pacíficas para sus ingenios nucleares. Teller y sus acólitos en la Comisión de la Energía Atómica planeaban la ejecución de inmensas obras civiles jamás imaginadas siquiera hasta entonces: la apertura de gigantescas minas a cielo abierto en el emplazamiento de antiguas montañas, la alteración ventajista del curso de los ríos (de manera que el Danubio, por ejemplo, fluyese sólo por países capitalistas), la eliminación de engorrosos impedimentos al comercio y la navegación como la Gran Barrera de Coral en Australia... Ilusionadísimos, señalaban que con sólo veintiseis bombas colocadas en cadena sobre el itsmo de Panamá podría excavarse un mayor y mejor canal de manera casi instantánea, con la ventaja añadida de ofrecer un bonito espectáculo en el proceso. Llegaron 
incluso a proponer que los ingenios nucleares se utilizasen para modificar el clima terráqueo mediante el ajuste de la cantidad de polvo presente en la atmósfera, desterrando para siempre el invierno del Norte de los Estados Unidos y reubicándolo de manera permanente sobre la Unión Soviética. (...) Básicamente, los creadores de la bomba de hidrógeno pretendían envolver el planeta en niveles impredecibles de radiación, erradicar ecosistemas enteros, desfigurar la faz de la Tierra y provocar y hostigar a nuestros enemigos a la menor oportunidad. Aquellos eran sus sueños para los tiempos de paz.

Sin embargo, resulta evidente que el verdadero sueño era construir una terrorífica bomba portátil que pudiésemos soltar sobre las cabezas de los rusos y demás incordios siempre que nos viniese en gana. El sueño se hizo realidad el 1 de marzo de 1954, cuando Estados Unidos detonó quince megatones de armamento experimental en el atolón de Bikini, en plenas islas Marshall. La explosión superó considerablemente todas las expectativas que se habían depositado en el experimento. El resplandor llegó a verse desde Okinawa, archipiélago situado a 4.000 kilómetros de distancia. Arrojó polvo y cenizas sobre un área aproximada de 18.000 kilómetros cuadrados, y en dirección opuesta a la originalmente prevista. Le estábamos cogiendo gusto no sólo a generar gigantescas explosiones, sino también a provocar consecuencias que escapaban a nuestra capacidad de reacción. (...) Sólo podemos imaginar cómo tuvo que ser la experiencia para quienes la vivieron más de cerca, entre ellos los modestos nativos que habitaban la cercana isla de Rongelap. Se les había avisado de que poco antes de las siete de la mañana habría un fuerte resplandor, pero no se les dieron otras 
indicaciones: nadie les dijo que la detonación podría derribar sus hogares y dejarles con una sordera permanente, ni se les instruyó sobre cómo afrontar los efectos posteriores a la explosión. Cuando la ceniza radiactiva empezó a caer sobre ellos, los desconcertados isleños la probaron para ver a qué sabía (salado, al parecer) y se la sacudieron del pelo. Al cabo de pocos minutos no se encontraban nada bien. Nadie que hubiese estado expuesto a la lluvia de cenizas tuvo ganas de desayunar aquella mañana. A las pocas horas muchos sufrían de 
fuertes nauseas, y allí donde las cenizas habían entrado en contacto con la piel se habían formado numerosas ampollas. Durante el transcurso de los días siguientes, el pelo se les cayó a mechones y algunos desarrollaron hemorragias internas.

La lluvia de cenizas afectó también a los tripulantes de un pesquero japonés bautizado, en una ironía del destino que no pasó desapercibida para nadie, como Dragón afortunado. Para cuando regresaron a Japón, la mayoría de ellos se encontraba muy mal. La captura del barco fue descargada por otras manos y enviada al mercado, donde desapareció entre los miles de capturas llegadas a los puertos japoneses aquel día. Incapaces de determinar qué pescado estaba contaminado, los consumidores nipones evitaron comer pescado durante semanas, lo que estuvo a punto de hundir la industria pesquera.

La nación japonesa no estaba especialmente contenta con la situación. En menos de diez años habían tenido el desagradable honor de ser las primeras víctimas tanto de la bomba atómica como de la de hidrógeno, y como cabía esperar estaban algo desairados y exigieron una disculpa. Disculpa que les negamos. En lugar de ello, Lewis Strauss, el antiguo vendedor de zapatos que se había convertido en presidente de la Comisión de la Energía Atómica, contraatacó afirmando que los pescadores japoneses eran en realidad agentes soviéticos.

De manera gradual, Estados Unidos fue trasladando sus pruebas nucleares a Nevada donde, como ya hemos visto, la gente era mucho más agradecida, aunque no sólo realizando pruebas en las islas Marshall y en Nevada. También detonamos pruebas nucleares en Kirimatti y en el atolón Johnson, en el Pacífico; y en el Atlántico Sur, en superficie y bajo el agua; y en Nuevo México, Colorado, Alaska y Hattiesburg, Misisipí, vaya un sitio, durante los primeros años de pruebas. En conjunto, entre 1946 y 1962, Estados Unidos hizo estallar algo más de mil ojivas nucleares, incluidas unas trescientas suspendidas en el aire que lanzaron incontables toneladas de polvo radiactivo a la atmósfera. La Unión Soviética, China, Reino Unido y Francia detonaron unas cuantas docenas más.

Resultó además que los niños, gracias a sus entecos cuerpecitos y a su pasión por la leche, eran particularmente propensos a absorber y conservar estroncio 90, el principal residuo radiactivo de las explosiones. A tal punto llegaba nuestra afinidad por el estroncio que en 1958, el niño medio (es decir yo, y otros treinta millones de personitas) llevábamos en nuestros cuerpos diez veces más estroncio que un año antes. Casi brillábamos en la oscuridad. 

Las pruebas empezaron entonces a ser subterráneas pero aquello tampoco salió siempre a la perfección. Durante el verano de 1962, los responsables de defensa detonaron una bomba de hidrógeno en las profundidades del desierto de Frenchman Flat, en Nevada. La deflagración fue tan violenta que el terreno circundante se elevó noventa metros y reventó como un grano purulento, dejando un cráter de 250 metros de diámetro. "A las cuatro de la tarde -escribe el historiador Peter Goodchild- la nube de polvo radiactivo era tan espesa en Ely, Nevada, situada a 300 kilómetros del lugar de la explosión, que fue preciso encender las farolas de las calles". La lluvia de cenizas se extendió sobre seis estados occidentales y dos provincias canadienses, pese a lo cual casi nadie reconoció oficialmente el fiasco ni se emitieron comunicados públicos advirtiendo a la población que no tocase la ceniza fresca ni dejase a los niños jugar con ella. En realidad, el incidente se mantuvo en secreto durante dos décadas, hasta que un periodista curioso se acogió a la Ley de Libertad de Información para descubrir qué sucedió aquel día. 

Aventuras y desventuras del Chico Centella. Bill Bryson
Traducción de Pablo Álvarez Ellacuría. RBA, 2010