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miércoles, 29 de noviembre de 2017

El reino de los impunes



"La màquina debe seguir funcionando"
Así justificó el canciller Konrad Adenauer 
la permanencia de altos funcionarios nazis en su gobierno, 
en el aparato judicial y en los organismos de seguridad de la naciente 
República Federal Alemana después de la Segunda Guerra Mundial.

En septiembre de 1980 entraba yo a hacer la matrícula en la Facultad de Ciencias de la Información de la Complutense y me encontré con que un pequeño grupo de guerrilleros de Cristo Rey había irrumpido allí con sus conocidos modos matones -supe que era relativamente habitual y que solían proceder de la cercana Facultad de Drecho; otras veces les vi atacar el Rastro con sus cadenas, palos y banderas del pollo-. Algunos de mis futuros compañeros lograron aislar a uno de ellos y procedieron a someterlo a un juício popular -estaba de moda la revolución de Jomeini-; acojonado delante de tanta mirada hostil, el guerrillerito llegó a suplicar que llamaran a la policía: sabía que los uniformados -no recuerdo si aún vestían de gris o ya iban de marrón, pero seguían siendo de la escuela de Billy el Niño y las mazmorras de la Puerta del Sol- se limitarían a darle un par de vueltas en su jeep y dejarle en cualquier esquina con una palmadita en la espalda: era un hijo de buena familia -imagino- que había hecho una gamberrada y gozaba de impunidad. Y, hablando de ese concepto, hoy, casi cuarenta años después, España es el país más impune de Europa, ocupando el puesto 17º del planeta en el índice publicado recientemente por la universidad mexicana de Puebla (ver www.lainformacion.com/mundo/espana-encabeza-la-lista-de-los-paises-con-mas-impunidad-en-europa_DI7gxggy1ZcAs7BAnkqjA7/), un estudio que analiza un problema en el que están involucradas las instituciones de seguridad y la Justicia. Y si en el siglo XXI seguimos hablando como en 1980 de impunidad en España no debemos extrañarnos si tenemos en cuenta que nuestra democracia se construyó sobre la impunidad de crímenes muy recientes - dos generaciones como máximo-, que su suelo está agujereado de fosas comunes -sólo los kemeres rojos camboyanos ganaron en desapariciones forzadas a nuestro invicto caudillo- y que dos amnistías y el negacionismo, la hostilidad o el desinterés de quienes nos han gobernado en las últimas cuatro décadas han impedido que los criminales rindan cuentas y que tengan calles, plazas y hasta pueblos con su nombre . Quienes desde ámbitos de responsabilidad lo han intentado se han visto acosados y vilipendiados hasta quedar fuera de juego. Nuestra vergüenza se acrecienta ante el ejemplo que nos da la Justicia argentina, que derogó las leyes de amnistía y punto final de sus gobiernos, ha condenado con dureza y sin vacilar los crímenes de lesa humanidad cometidos por sus juntas militares y además es la última esperanza para quienes enEspaña sólo encuentran obstáculos para sacar a sus familiares de las fosas y cunetas del franquismo. Antes de colgar banderas en los balcones muchos patriotas deberían sentir esa vergüenza y preguntarse si de verdad están tan orgullosos de su país de impunes.

Con uniforme, placa y pistola

Palabras de amor a una alcaldesa
Cuando eldiario.es publicó en exclusiva la existencia en la policía local de Madrid de un grupo de güasap (llamado 10 años y de noche y creado para tratar asuntos laborales) en el que se vertían graves insultos y amenazas contra la alcaldesa de la capital ("Lo que es terrible es que ella no estuviera en el despacho de Atocha cuando mataron a sus compañeros" escribe un municipal que remata "Hija de la gran putísima roja de mierda malparida" y en la sucesión de mensajes contra Carmena, otro policía le desea que "Ojalá tenga un accidente y una muerte lenta y agónica" y un tercero "Que se muera la zorra vieja ya"), medios de comunicación ("Ojalá explote la sexta con ellos -Antonio García Ferreras y Ana Pastor- dentro"), izquierdistas en general (también deseaban la muerte a Pablo Iglesias y Gabriel Rufián en la explosión de la que, siguiendo a Jiménez Losantos,la tele de Podemos) e inmigrantes (para los que proponían la receta de "incrustarles casquillos en la cabeza a matillazos"), estaba haciendo pública la denuncia presentada por un sindicalista de Comisiones obreras en la Policía Local madrileña por lo que podrían ser delitos de odio, amenazas y apología del terrorismo. Inmediatamente se desató la guerra entre los presuntos autores de las injurias y los que consideran sus sindicatos -que son mayoría entre los seis mil agentes locales de Madrid- por un lado y por otro el sindicato del policía denunciante: En un comunicado CCCOO se mostró "orgullosa de la valentía y ejemplo de nuestro compañero ante una banda de violentos disfrazados de policías municipales de Madrid. No está sólo, tiene codo a codo a su organización". La Asociación de Policía municipal de Madrid -APMU, mayoritario- respondió de inmediato que "sin pruebas -¿? todos hemos podido leer los mensajes y dan escalofríos- no se puede afirmar que sean agentes quienes hicieron manifestaciones ya que en los grupos privados no se piden credenciales. Un poco de respeto y no ensuciar la imagen del cuerpo -sic- sin pruebas y sin una sentencia que lo confirme". CCOO insiste en que "denunciar a quienes dentro de la Policía Municipal son violentos y amenazan de muerte es precisamente limpiar la imagen. Amparar a los responsables, intentar esquivarlo y no apoyar a las víctimas sí que es ensuciar nuestra imagen como policía democrática". Otro sindicato de policías locales, APM, se muestra en principio de acuerdo con que "por supuesto habrá que limpiar a todos aquellos que no merezcan llevar nuestro uniforme" pero, dándole la vuelta a esta afirmación, llega a cargar contra la persona que, según esta central, filtró a la prensa las conversaciones de este chat de tendencia fascista: "Sabemos que este confidente laboral es delegado de CCOO -sólo hay dos a los que poner en la diana, así que el verdadero confidente laboral puede ser toda una central sindical-, y sabemos ahora que sus expresiones de provocación en este chat desde hace tres meses iban a conseguir estas desgraciadas capturas de mensajes descontextualizadas". Por su parte CSIF, sindicato mayoritartio en la Policía Local en el conjunto de España, censuró también "la conducta de aquel o aquellos que, valiéndose de su condición de miembro del citado grupo privado de mensajería, hayan divulgado sin la autorización de sus participantes tantoconversaciones privadas como datos personales de los que participaban" y atacó también a Comisiones Obreras por defender abiertamente al agente amenazado ("parecería un accidente... conozco gente que conoce gente..." escribían) por presuntamente filtrar el contenido. Defendió que lo que le preocupa es la privacidad de los agentes y que "el contenido de los mensajes y sus supuestos responsables son parte de la investigación judicial y, por tanto la Justicia determinará la responsabilidad última y las consecuencias de los hechos". Destacan también "la profesionalidad de los integrantes de la Policía Local de Madrid que, a diario, ponen lo mejor de sí mismos para salvaguardar la seguridad, los derechos y libertades de los madrileños". En el rupo de guasap del Turno de noche llegaron a participar más de doscientos policías, pero el caracter vejatorio y la violencia verbal de los comentarios proferidos por una minoría hizo que paulatinamente muchos se salieran de .el. Todos ellos patrullan de noche y armados por la capital. Sólo uno, sin embargo, se atrevió a denunciar unas manifestaciones y amenazas que recuerdan mucho a la Cosa Nostra de los noventa y a la izquierda abertzale de los años de plomo. Junto a las capturas de pantalla de los mensajes, el policía denunciante entregó el relato de seis meses de amenazas contra su persona: algunos piden fotos del agente, al que no terminan de localizar: "¿Alguno tiene una foto? Una barra de salchichón a quién suba una foto", comentan dos policías. Dos semanas después de que eldiario.es publicara suexclusiva y estallara el escándalo, en el grupo quedan menos de treinta agentes, una docena de ellos habitualmente activos en el chat, sólo tres han sido identificados y están suspendidos, sin placa, arma reglamentaria ni acceso a bases de datos policiales, aunque con permiso de armas para uso discrecional ¿impunidad?. El agente que presentó la denuncia vive oculto para defenderse de sus propios compañeros, pero tras tomar declaración a los tres identificados e imputarles por amenazas e injurias, el juez no ha querido dictar medidas de protección al denunciante amenazado porque -dice- no corre peligro. Algunos, interesadamente, han querido ver el caso como simple disputa entre sindicatos, pero estamos en una importante lucha política entre la democracia y la impunidad de la barbarie. Ya se detectó a un representante sindical de la Policía Local de Madrid entre un grupo neonazi que insultaba e intentaba agredir en la estación de Atocha a parlamentarios catalanes. El  año pasado el Ayuntamiento de Manuela Carmena modificó los requisitos para acceder a la Policía Local buscando mentes más maduras y abiertas que los ultras y los típicos rambos deseosos de tener placa, pistola y porra que suelen buscarse la vida como policías o vigilantes de seguridad; entonces el grupo municipal del PP que, pese a la salida forzada de Aguirre, representa a la derecha más extrema, puso el grito en el cielo diciendo que eso significa seleccionar trabajadores según su ideología. De hecho estas conductas se dan en otras instancias de la seguridad: El ministerio del Interior investiga desde septiembre improperios similares en otro grupo de güasap de agentes de la Policía Nacional en Zaragoza que se citaron para protestar junto a un grupo de ultraderechistas contra la presencia de líderes de Unidos Podemos y cargos electos de partidos de izquierda y nacionalistas en un acto celebrado en la capital aragonesa, protesta que culminó en agresión a la presidenta del Parlamento regional. Por la misma época el gobierno también se vio obligado a frenar las despedidas patrióticas que se organizaban en cuarteles de la Guardia Civil a los contingentes desplazados a Cataluña con motivo del referéndum del 1 de octubre. Se trata de quienes. con el monopolio legítimo de la violencia, velan por nuestra seguridad.
Amigos para siempre
consideran

El caso ya descrito de la reunión izquierdista boicoteada en Zaragoza es muy significativo de como quienes azuzan a estos neonazis, vayan de uniforme o de paisano despúes disfrazan a los victimarios de víctimas para culpar y acosar legalmente a sus enemigos políticos: En Zaragoza incluso llamaron a comparecer ante el juez a unos jubilados que agitaban banderas españolas y algunas franquistas frente al pabellón donde se reunía Podemos para que dijeran que se sintieron injuriados al ser supuestamente calificados de nazis, y se ha citado también a Alberto Garzón y a Pablo Echenique como presuntos injuriadores. Pero del hecho de que los manifestantes tuvieran encerrados durante horas amás e cuatrocientos cargos públicos y agrediertan a la presidenta del Parlamento de Aragón, nada que investigar. Impunidad. Como la del bocazas Rafael Hernando, que llamó nazis a quienes siguieron la huelga del 3 de octubre en Cataluña.

Ultras con carné y alto cargo

El pasado 18 de octubre, el delegado del gobierno en Castilla-La Mancha, José Julián Gregorio amenazó a la autonomía que preside el socialista -y modosito- Emiliano García-Page: "Está pidiendo a gitos el artículo 155 de la Constitución para que el Estado corrija los problemas de la comunidad", dijo criticando a un gobierno regional "supeditado a las directrices de los separatistas de Podemos" que están en la coalición de gobierno. La más o menos velada amenaza del 155 ha aarecido en más comunidades durante la crisis de Cataluña, donde sí se ha aplicado y ahora hay gobierno disuelto, presencia policial extraordinaria, y exgobernantes fugados y en prisión, sin que se haya resuelto la fractura social abierta por el procès independentista: los presidentes del PP del País Vasco, Alfonso Alonso, y Navarra, Ana Beltrán, también han amenazado con lo mismo sin recibir el menor reproche de Génova o Moncloa. El caso catalán y las banderas españolas en los balcones permiten introducir en el debate colectivo ideas que en otro concepto suscitarían el rechazo del alma democrática: se habla de prohibir partidos independentistas -Pablo Casado, el vicesecretario de comunicaciñon del PP ya lo ha planteado para Cataluña, País Vasco y Galicia-, de centralizar la educación pública, intervenir televisiones autonómicas poblándolas de gente normal o incrementar las atribuciones del Estado contra la protesta en la calle -la Ley mordaza ya no les basta- ¿hay vida inteligente en el Tribunal Constitucional para impedirlo?. PP y Ciudadanos parecen querer aprovechar un contexto favorable para hacer una transformación en profundidad del modelo territorial y del pacto constitucional -la historia de las contrarrevoluciones nos ha enseñado que el reloj puede marchar hacia atrás, y la física que la fuerza centrípeta puede anular e incluso vencer a la fuerza centrífuga-. Para un proceso de involución democrática, recentralización y autoritarismo la derecha se las pinta como nadie; lo preocupante es que personas progresistas y de izquierdas se posicionan en el debate actual a favor de la mano dura, lo que hace temer que se llegue, con un amplio apoyo político (el viejo bipartidismo + Ciudadanos) a una limitación y penalización de la protesta.

Los impunes de antes

No es necesario retrotraerse  a las cunetas, las torturas en la DGS amnistiadas en 1977 o a  las apropiaciones y expropiaciones ilegales que eriquecieron a los de la inquebrantable adhesión. Ya sabemos que Gas Natural Fenosa jamás pagará por el expolio como botin de guerra de Electra Popular Coruñesa, del republicano fusilado José Miñones, precisamente porque nada goza de tanta impunidad como el capital, más aún el de la industria energética. También con Franco ya en la tumba los periódicos de la transición recogían como aún se te podía obligar a cantar el Cara al sol si tenías un mal encuentro en la calle. El Tarancón al paredón se gritaba igual que se garrapateaba en las paredes (años después,cuando fue jubilado de forma express, el cardenal de la democracia fue
Tarancón al paredón gritaban y escribían
reconvenido por el papa polaco
como responsable a su juicio de que el catolicismo retrocediera en España en plena lucha final para doblegar al comunismo); hoy algunos de los que entonces gritaban y pintarrajaban Tarancón van los domingos a misa en San Francisco de Borja y los lunes a los maitines de Génova, 13, tan tranquilos. Ya me referí al principio a la impunidad de aquellos Guerrilleros de Cristo Rey y similares en los primeros años ochenta.Contra las impunidades del pasado a España, el reino de los impunes, le ha tenido que dar lecciones la Justicia argentina: si la española tiene atadas las manos por las leyes de amnistía y los manejos de los gobiernos de la alternancia, la de Buenos Aires, que tuvo la valentía de derogar las infames leyes de obediencia debida y punto final y encarcelar de por vida al dictador Videla y ha obligado a España a sacar de fosas comunes a asesinados por el franquismo, recientemente ha dado ejemplo al mundo con la histórica condena a los responsables de los vuelos de la muerte. La impunidad no es algo inevitable; las naciones civilizadas la combaten hasta imposibilitarla.

Las nuevas generaciones

La cuestión territorial ha exacerbado los animos. En la manifestación multitudinaria organizada por Sociedad Civil Catalana el 8 de octubre en Barcelona figuraban colectivos extremistas que proferían insultos a los Mossos y gritos de Puigdemont a prisión sin que nadie tomara medidas durante ni a posteriori. El pasado 4 de noviembre en Mataró después de a manifestación por la unidad de España un grupo de ultraderecha agredió a puñetazos a un joven que salía de su casa tras exigirle que gritara Viva España; como lo del cara al sol en el 76. Los altercados por grupos de ultras se suceden en los el escrache a la vicepresidenta de la generalitat valenciana, Mónica Oltra, en el que miembros de España 2000 enmascarados gritaron contra el independentismo con la música de un pasodoble a todo volumen. También en Valencia el 9 de octubre, día de la Comunidad Valenciana, miembros de Yomus, ultras del Valencia C. F., atacaron brutalmente a miembros de la izquierda nacionalista que celebraban su manifestación anual por la lengua valenciana -podemos discutir si tal cosa existe, pero de ahí a los golpes...- y a algunos periodistas que grababan las agresiones; en dichas grabaciones y retransmisiones en directo fuimos testigos de la laxitud con que la Policía reaccionó a las agresiones. Más de un mes después, el juez que instruye la causa tuvo que redactar una provisión recordando a la Policía Nacional que no puede dar por concluido su trabajo porque considera que aún quedan muchos agresores por identificar y citó a un mando policial para dar cuentas por su falta de diligencia al no haber dado por identificados a algunos ultras bien conocidos y reconocibles en las imágenes.
últimos meses: tras la riña tumultuaria del día de la Hispanidad en Barcelona, en el que participaron hooligans de varios clubes de fútbol siguió

Cóctel de fobias

Esta ultraderecha del nacionalismo español es aficionada a practicar la coctelería con sus propios odios; los mezcla, agita y bate - no son como James Bond, que toma sus martinis agitados, no batidos-: el 2 de noviembre hubo que denunciar que aquella mañana, a las puertas de la Audiencia Nacional en Madrid el exconseller de Empresa de la Generalitat, Santi Vila, que acudía a declarar ante la juez, fue increpado al grito de maricón. El propio Vila hizo pública en su día su orientación sexual, queno es la misma que la del futbolista catalán Gerard Piqué, insultado de la misma forma en un entrenamiento en la ciudad deportiva de Las Rozas, también por individuos que enarbolaban banderas españolas y pancartas con lemas catalanófobos. Independentista, catalán, homosexual, barcelonista... todo ello es réprobo para esta gente de orden, sólo les faltaba ser negros y de Podemos. Ambos casos llegaron hace un mes a la Fiscalía y aún no ha pasado nada: camino a la impunidad.

Las complicidades

Podría parecer que la impunidad de uno de los personajes más siniestros de las cloacas del Estado en las últimas décadas, el comisario José Villarejo había terminado cuando una juez, muy conservadora, de la Audiencia Nacional ordenó para él prisión incondicional preventiva. pero del mismo modo que Al Capone no fue encarcelado por sus crímenes, sino por fraude fiscal, Villarejo y sus secuaces están entre rejas acusados de diversos cohechos, y no por una larga serie de actividades clandestinas animadas por el poder que han puesto en peligro a nuestra democracia y a ciudadanos españoles públicos y anónimos.

Ala ultraderecha montaraz, nostálgica de viejas tiranías (Falange, España 2000, Hogar Social Madrid) o no (Vox) le han salido aliados con representación parlamentaria. Están, por supuesto, los barones rampantes del Partido Popular (Hernando, Casado) pero nadie, desde que se aprobó la Constitución de 1978 nadie había representado el centralismo y el nacionalismo español a ultranza como lo hace hoy Ciudadanos, con sus escaños y sin necesidad de sacar banderas preconstitucionales. Por poner un ejemplo, a principios de noviembre el partido de Rivera dió luz verde (Cs no apoyaba, pero sí avalaba)  a sus afiliados y simpatizantes valenciano para articipar si lo deseaban en una manifestación regionalista y españolista que, bajo el lema Somos valencianos, somos españoles, convocaron conocidos falangistas (algunos de ellos participantes en las agresiones ultras del 9 de octubre), junto a Vox y una Coordinadora de Entidades del Reino de Valencia cortada según el mismo patrón. Finalmente hubo notable presencia de cargos y militantes de Ciudadanos en la marcha identitaria.

Con este panorama que vemos, parece claro que, como leí a Rosa María Artal, España ha entrado en una deriva tenebrosa: El país camina hacia la involución con la excusa de la crisis catalana, el retrato de esa sociedad irracional y vengativa que prefiere el Viva España como himno nacional, que se anuda al cuello una bandera con un toro, imitando no sé si la capa de Ramón García o la del conde Drácula. Sólo puede ocurrir en un país que adolece de la educación que enseña a discernir y actuar en valores; una sociedad a la que el fango de corrupción en que chapotea su gobierno le resbala, que -cuentan como gracieta simpática los medio- ha agotado el número 155 (el del articulo que deroga autonomías) para la lotería de navidad y no se le ocurre apostar al 81067, número de placa del inspector jefe de la UDEF, Manuel Morocho, ni pide erigir un monumento ni rotular una calle con el nombre de este héroe de la Gürtel, que ha recibido toda clase de presiones, acoso laboral, calumnias de la prensa derechista, intimidaciones de dirigentes populares y amenazas a su familia sin renunciar a perseguir las finanzas ilegales y las corruptelas del Partido Popular y acabar denunciándolas en el Parlamento con nombres y apellidos. Deriva tenebrosa e involución es que no sea portada en todos los medios y que incluso se esconda la explosiva comparecencia de Morocho. Pero, hablando de inmunidad, ¿qué me dicen de quienes, sean electores o elegibles, se muestran tan inmunes al fango de la corrupción que, aunque les llegue a los ojos no modifica su voto o cambia su estatus? ¿a quién le interesan la corrupción, las colas en los hospitales, los colegios infantiles? Siempre habrá tiendas chinas que vendan banderas, cuñados con grupos de guasap, gente a la que encarcelar Constitución en mano, cuestiones políticas que judicializar, aguerridos muchachotes de la sana juventud española dispuestos a hacerle el trabajo sucio en las calles, con porras o con cuentas de tuiter, a la gente de orden que los utilizan desde el sofá o el escaño y les pagan con inmunidad, moneda de uso corriente en este reino.

Ojo, la inmunidad no es para todos. Igual que un juez de Madrid no cree necesario proteger al Sérpico de la policía local de los compañeros de éste que le amenazan, la Audiencia de Navarra sobreprotege a una manada de presuntos violadores y permite escrutar en la vida posterior de la víctima preguntándose por qué no está hundida en la depresión, no se metió a monja ni guarda luto riguroso. El cuñadismo español tiene hasta sus medios de comunicación que inquieren si la mujer opuso suficiente resistencia. Si al final esta manada de fieras, u otras que vengan, queda impune, se encontrará en su ecosistema natural, el reino de los impunes.



lunes, 27 de noviembre de 2017

El polígono de tiro de Scaramanga




Al principio de El hombre de la pistola de oro (The man with the golden gun. Guy Hamilton, 1974), la novena película de James Bond y una de las más logradas de la saga, encontramos al asesino Francisco Scaramanga, interpretado por Christopher Lee, que se entrena en un extraño polígono de tiro construido en una isla secreta de su propiedad y en el que un juego de espejos contrapuestos, figuras que representan a posibles rivales, obstáculos físicos y efectos ópticos sirven para generar confusión, ocultarse y agazaparse frente a cualquier enemigo aunque también puede distraerte para que dispares al blanco inadecuado. Al final de la cinta. el mismo complejo de trampas y engaños será el escenario del combate a muerte entre Scaramanga y el agente 007 (Roger Moore).
Veo claras similitudes entre aquella trama de engañifas, subjetividades que retuercen la realidad y artilugios para nublarla con lo que está ocurriendo en Cataluña en los últimos meses o, más exactamente, con las interpretaciones que le damos a la cuestión, a las conclusiones que extraemos y a las informaciones sobre ella, siempre interesadas, que nos ofrecen medios de comunicación, redes sociales (esas madrigueras de cuñados que son los grupos de guasap, los falsos perfiles de tuiter) y políticos de todo signo. Entre tanta niebla (artificial) se agazapan los gorilas.

Cuando los independentistas se lanzaron a convocar la consulta del 1 de octubre todos, salvo los creyentes  en las promesas del govern y la CUP  y en la fábula de una república libre, próspera y europea - dos millones, milloncejo arriba o milloncejo abajo, según el ábaco de la Generalitat, no son pocos crédulos- sabíamos que aquel referéndum era una pantomima sin garantías, validez legal ni capacidad para modificar la realidad. Por tanto, como ya opiné antes, lo más inteligente hubiera sido dejar a los conversos y los no tantos participar en su encuesta -inefectiva y tan poco fiable como las de Metroscopia para El País- y que luego los independentistas de corazón, al sentirse engañados, hubieran pedido cuentas a quienes les mintieron y les dijeron que las empresas harían cola para entrar en la nueva Cataluña,esa patria ideal donde sólo sobraban los cenizos y feixistes como Serrat, Coixet o Frutos. Pero, en lugar de eso, quienes gobiernan el Estado decidieron enviar lo que a ojos de muchos fue una invasión policial - las cargas, los golpes y los heridos en las portadas de todo el mundo se convirtieron en la nueva imagen de la marca España y son la verdadera causa de la caída del turismo en Cataluña durante el mes de octubre-, sacar las banderas conservadas en alcanfor del nacionalismo español y de paso resucitar a una ultraderecha agresiva que creíamos desactivada o en todo caso camuflada en los escaños de Ciudadanos y en algunos del PP.

La república de los ocho segundos
En este juego de espejos y espejismos lo siguiente fue el discurso del 10 de octubre ante el Parlament en el que Carles Puigdemont dijo asumir el mandato del pueblo de Cataluña expresado en referendum de convertirse en un Estado independiente en forma de república y acto seguido pidió al Parlament que suspendiera los efectos de dicho mandato. Acto seguido no hubo votación alguna. Desde luego está más claro que las aguas de Barcelona -y tanto como las del Canal de Isabel II- para quien lo quiera ver que no hubo declaración de independencia. Estuvo de más el intercambio entre presidentes de cartas, preguntas con amenaza implicita y respuestas ambiguas que siguió. Aquella interminable tarde y noche de envites y capitulaciones, con Uuus y Ooos entre los congregados en el Parc de la Ciutadella esperando el advenimiento e la república culminó en la firma por los independentistas de un documento que noera más que una declaración de intenciones, un compromiso de caminar hacia la independencia. Sin embargo, bastante más tarde se ha conocido que aquel 10 de octubre el Gobierno, ante la contingencia de un posible atrincheramiento de independentistas en la sede del Parlament, tenía preparada una intervención armada al más puro estilo Hollywood (ver  www.elplural.com/cataluna/2017/11/13/asi-querian-detener-puigdemont-300-marines-desde-el-aire-y-las-alcantarillas) ¡demasiadas películas de Stallone y de Seagal! Dos semanas después y tras un amago por parte del president de convocar elecciones como le pedía cualquiera con dos dedos de frente, el Parlament aprobó la declaración unilateral de independencia que nunca existió. La presidenta engañó a los suyos y a los contrarios: la declaración firmada en la noche del día 10 se recogió en una exposición de motivos que no tiene efectos jurídicos, mientras que lo que aprobaron los 72 diputados de Junts Pel Si y la CUP fue el articulado que instaba al Govern a aplicar la denominada Llei de Transitoriedad: no hubo DUI por ningún lado, la bandera monárquica siguió ondeando en Sant Jaume y la decisión no se publicó en boletín oficial alguno. Fue un fake más (ver www.gurusblog.com/archives/no-ha-habido-declaracion-unilateral-de-independencia-the-fake-dui/28/10/2017/).

Sin embargo, puesto que el gobierno de Mariano Rajoy y la mayoría de medios de comunicación estatales dieron por hecho que sí hubo tal DUI, se procedío a cumplir la amenaza de suspender la autonomía catalana; aunque Rajoy contó para ello con el apoyo del PSOE y el entusiasmo impaciente de Ciudadanos para poner en marcha el artículo 155 de la Constitución no los necesitó, pues la tramitación de dicho artículo en el Senado -cámara que controla absolutamente gracias a una ley electoral injusta- fue al menos tan irregular como la aprobación de las leyes de referendum y transitoriedad los días 6 y 7 de septiembre en el Parlament de Cataluña. Entre el 21 y el 27 de septiembre, cuenta una senadora de designación autonómica, se cometieron toda clase de desmanes en el Senado: Se empezó a tramitar incluso antes del Consejo de Ministros, sin pasar por la Junta de Portavoces lo que se sometía a votación y sin dar tiempo a la oposición de presentar alegación ni modificación alguna; una imposición  de la mayoríaen toda regla como la que permitió Carme Forcadell mes y medio antes en Barcelona.

Forcadell fue el objeto de otro bulo que circuló por las redes sociales y algún digital: tras pasar un día en la cárcel por orden de la Audiencia Nacional y salir bajo fianza, ante el magistrado del Supremo la presidenta del Parlament disuelto declaró que aceptaba la realidad de la aplicación del 155, pero en ningún momento dijo estar arrepentida ni renegó del soberanismo, como sí se decía en una versión manipulada del auto judicial del 10 de noviembre que se publicó en Libertad Digital y circuló por las redes y que eminentes tuiteros como el economista ultraliberal José Carlos Díez creyeron y ayudaron a difundir.

Marta en ocasiones ve muertos
Otra especialista en espejismos y cortinas de humo ha resultado ser la dirigente de ERC Marta Rovira, quien se sacó de la manga, como han acabado reconociendo sus propios correligionarios que antes la creían a pies juntillas, que el gobierno central había amenazado con llenar las calles de sangre. Lo preocupante es que la candidata que en ocasiones ve muertos será una más que probable consellera, e incluso presidenta, del próximo govern. Sorpresas te da la vida, y más aún cuando se camina sobre arenas tan resbaladizas: a la lista de marxistas (de Groucho) se ha unido últimamente el autodeclarado president en el exilio. Después de defender contra viento, marea y razón que nadie negaría la europeidad de una república independiente catalana, a la que nadie negaría su lugar entre los estados de la Unión, le bastó con hacer el ridículo entre los compatriotas de Tintín y ser tomado a mofa en las cancillerías europeas para convertirse de la noche a la mañana en un furibundo eurófobo que plantea a los catalanes un referéndum -otro más- sobre la continidad en la Europa comunitaria: un catalexit o algo así. ¿Cuál será la próxima maniobra de distracción de camino al frenopático? ¿desgajarse físicamente de la Península Ibérica al estilo de La balsa de piedra de Saramago?

Elagente Cipollino contra Cospedal
Hay que volver a tratar del gobierno central del Partido Popular. Del mismo modo que tras los atentados del 11-M montó de inmediato una teoría de la conspiración sobre la autoría de los ataques que más le convenía y entonces el diario El Mundo fue el altavoz de la conspiranoia, ahora ha imaginado  unos malos aún más esperpénticos detrás del independentismo catalán y esta vez con la inestimable ayuda de El País: una trama de hackers rusos y venezolanos. Renovarse en la mentira o morir. Primero salieron con el cuento los ministros Méndez de Vigo y Cospedal; después el mismísimo presidente Rajoy le vendió la moto a Carlos Herrera en una forma tan enrevesada que haría palidecer de envidia a Antonio Ozores.Putin, Maduro y Puigdemont, armados con sus ipads, conspirando contra el Occidente cristiano; sólo falta Espectra!- y la ministra de Defensa se tragó la broma en directo de unos humoristas rusos según la cual el president en fuga era el agente secreto Cipollino al servicio del Krenlim. Esta chusca colección de despropósitos me recuerda mucho al disparatado argumento de una película estrenada ¡con notable éxito comercial! en plena era Reagan, Amanecer rojo (Red dawn. John Milius, 1984): Aprovechando que los verdes pacifistas gobiernan Alemania y han dejado Europa desarmada ante el expansionismo rojo, tropas soviéticas, cubanas y ¡nicaragüenses! invaden los Estados Unidos para implantar el comounismo in the home of the brave and the land of the free.
Ciberputin contra la unidad de España
De tal manera se han creído su propia mentira que el presidente la ha planteado en las comunidades europeas-¡horror,









*Algo ha sido modificado en la política de compartir enlaces de Google que me ha impedido enlazar algunas noticias sobre los temas tratados. He incluido entre paréntesis y en cursiva las direcciones de esas noticias para copiar y pegar en el navegador,

viernes, 20 de octubre de 2017

Tratado del mal gobierno



En épocas remotas -existen en este sentido textos del siglo VI antes de Jesucristo- 
se afirmaba como verdad indiscutible que la estirpe determina al hombre 
tanto en lo físico como en lo psíquico.
Y estos conocimientos que el hombre tenía intuitivamente -era un hecho objetivo que los hijos de "buena estirpe" superaban a los demás-
han sido confirmados más adelante por la ciencia:
desde que Mendel formulara sus famosa "Leyes"
nadie pone ya en tela de juicio que el hombre es esencialmente desigual,
no sólo desde el momento del nacimiento sino desde el propio de la fecundación.
(Mariano Rajoy Brey,
diputado de Alianza Popular en el Parlamento gallego
Faro de Vigo, 1983)

"Incompatibilidades, fijación de horarios rígidos, impuestos -cada vez mayores y más progresivos-. igualdad de retribuciones... En ellas no se atiende a criterios de eficacia, responsabilidad,capacidad, conocimientos, méritos, iniciativa y habilidad. Sólo importa la igualdad, el fin al que se subordinan todos los medios". Esto también decía un Rajoy de veintiocho años y desde entonces no parece haber cambiado mucho su discurso sobre la estirpe (eso de la esencial desigualdad de los seres humanos, que los divide entre superioes e inferiores es una idea antigua que está detrás de alguna que otra guerra y persecución) y no me extrañaría que el presidente del gobierno español durante los últimos seis años aspire a que a su retiro el rey le premie con un título nobiliario con el que inaugurar su propia estirpe aristocrática -¿no lo consiguió Suárez?-. A tenor de lo que le escuchamos el pasado 3 de octubre, Felipe VI le otorgará gustoso ese honor -otra cosa es que nosotros lleguemos a ver la retirada de Rajoy-. Adonde es seguro que el pontevedrés non grato en su ciudad y sus reprobados gobiernos pasarán es a la borgiana Historia Universal de la Infamia. Todos ellos han estado redactando incansables un grueso tratado del mal gobernar.

Por proximidad en el tiempo y por gravedad he de referirme a la cuestión catalana como el más claro ejemplo de lo que no se debe hacer desde el Consejo de Ministros y que los gabinetes presididos por Mariano Rajoy han hecho. Lo del pasado 1 de octubre (el ridículo del referendum supuestamente desmantelado -no se votará, decían-, la represión, la catalanofobia) fue narrado de muy distinta forma en los medios de comunización extranjeros y unos cuantos digitales de aquí de como lo hizo la mayor parte de la prensa española seria. También es casi imposible encontrar una versión no sesgada de lo ocurrido inmediatamente antes (unos brutales atentados terroristas que fueron utilizados políticamente por unos y otros y con mala fe desde un Ministerio del Interior que recurrió a la policía política creada por Fernández Díaz  para boicotear y difamar a la Policía Autonómica, calles tomadas, detenciones y citaciones) y lo que vino inmediatamente después (las diferentes interpretaciones de lo ocurrido, la guerra de banderas, la declaración de independencia con freno y marcha atrás, la respuesta de Moncloa, lenta y blanda para algunos como Ciudadanos y El Mundo, una fuga de empresas lógica ante el despropósito  y el delirio independentista que está siendo incentivada por el Ministerio de Economía y magnificada por los medios de comunicación del establishment unionista, las llamadas al diálogo en los oídos de sordos, las amenazas gangsteriles de Babyface Casado- Incluso hay algún lunático iluminado. deseoso de ver los tanques entrando por la Diagonal, para quien Mariano Rajoy y su prensa -¡La Sexta, Cuatro y RTVE!- conspiran con el independentismo para romper España. ¡Es tan tierno Federico!.
Hostias como panes
En Madrid los partidos de orden (PP, PSOE y C's) se han puesto las orejeras y han decidido intervenir Cataluña sin que les importe lo que diga su president (no hace falta ser Hércules Poirot para deducir de su última epístola a los genoveses que no puede haber declarado la independencia quien advierte que la declarará si no hay diálogo). Nos da igual lo que diga un señor que está fuera de la ley, declararon a coro Martínez-Maillo, Girauta y Ábalos (Apoyaremos cualquier cosa que el gobierno decida hacer, sea lo que sea, declaró Rivera con adhesión inquebrantable). Hablando se entiende la gente, vamos.

Parece que en España no hay hoy otro asunto que Cataluña, pero Mariano Rajoy lleva seis años al timón y antes estuvo otros siete al frente de la oposición más irresponsable y vandálica que pueda tener un país democrático, y en todo este tiempo mirando pasar las nubes y pronunciando frases incomprensibles para salir en los memes, de Cataluña sólo le interesaba lo que publicaba el Marca sobre el Barça, mientras sus asesores en la Moncloa y en los medios amigos avivaban el fuego de Cataluña para producir humo tras el que esconder corruptelas, recortes y mala gestión.

Las verduras de la escalivada

Emplear el secesionismo catalán como cortina de humo no es una practica exclusiva de Mariano Rajoy, su gobierno y su partido. Artur Mas, el político que nunca creyó en la independencia -ese concepto anticuado y oxidado, decía hace quince años-,un buen día,  cuando se veía en apuros por los registros en las sedes de su partido, los procedimientos judiciales del 3% y la impopularidad de sus recortes, se fijó en las multitudes que llenaban las calles cada Diada y mentalmente tradujo el número de asistentes en votos. Como Saulo al caer del caballo, Artur vio la luz de la independencia. Este concepto se convirtío en el principal y único de sus programas electorales. Aún así en las elecciones de 2012 le salió el tiro por la culata: pocos se creyeron la súbita conversión de un hijo, nieto y bisnieto de la vieja burguesía catalanista, esa de fábricas textiles, torres en Pedralbes y somatenes. De modo que se alió con sus rivales naturales de Esquerra Republicana, hizo con la extrema izquierda independentista un pacto de no agresión tan chocante como el de Molotov y Von Ribbentrop en 1939 y otorgó a las siguientes autonómicas un autoproclamado caracter plebiscitario. Ni aún así ganó el presunto plebiscito; así que, para garantizar para su partido las altas cotas de poder que estaba acostumbrado a disfrutar, tuvo que refundarlo y rebautizarlo y él mismo sacrificarse: el independentista converso Mas cedió el protagonismo al independentista de cuna Puigdemont que pilota el Procès hacia la separación dirigido como un títere por un par de colectivos a los que no ha elegido nadie (Assemblea Nacional Catalana y Òmnium Cultural) y prisionero de unos gamberretes con indigestión de trotskismo y ultranacionalismo a la kosovar (la CUP,  cuyo idioma no es el catalán ni el castellano, sino la okupación, la algarada y la quema de banderas y fotos). La habilidad de tan excéntrica alianza ha estado en lograr que millones de catalanes compren la quimera de una república independiente próspera, europea, reconocida por todo el orbe y que camina sin lastres hacia la felicidad.

¡Ojo!.aún hay más verduras en la escalivada, porque en la otra trinchera también aviva el fuego alguna asociación de guardias civiles -la Unificada- que desdoran la labor de esos compañeros suyos que vigilan y detienen a los corruptos, fiscales y jueces a quienes la palabra independencia les suena a swahili y un grupo de catalanes a quienes tampoco ha votado nadie y piensan que para representar a la sociedad civil basta con bautizarse como Sociedad Civil. Estos otros no electos gritan que quieren dejar de ser la mayoría silenciosa, aunque nunca han demostrado ser la mayoría. Su Puigdemont a prisión de hace dos domingos me recuerda tanto a aquel Tarancón al paredón de hace cuarenta años. Puede que la historia no se repita pero rima.

Aquellos maravillosos años

Hasta el párrafo anterior me he estado refiriendo al Nuevo Testamento  de esta historia (Los hechos de los gobiernos de Rajoy, a los que volveré), pero para entender la actual crisis de Estado hay que retrotraerse aún más.  En el haber de Mariano Rajoy constará siempre haber encendido la mecha del polvorín. En el principio estaba él: En 2007 el Govern presidido por Pasqual Maragall presentó una amplia reforma del Estatut de autonomía aprobada mayoritariamente en el Parlament y ampliamente refrendado por el pueblo catalán. El Congreso de los Diputados también le dio el visto bueno tras una rebaja bipartidista de su graduación que el infame Alfonso Guerra calificó de cepillao. No era bastante para un PP insaciable que surfeó sobre una ola de catalanofobia en el resto de España (el primer boicot al cava, por ejemplo) con la que abrío el camino a su mayoría absoluta (como siempre se trataba de ganar votos minando la estabilidad y la paz). El propio líder de la oposición salió a la calle y sus fieles le ayudaron a reunir cuatro millones de firmas (no sé si la cifra tiene la fiabilidad
 del recuento de votos en la consulta del 1 de octubre), con las que apoyó un recurso de inconstitucionalidad. Los plazos del Tribunal Constitucional son los que son y en 2010 llegó la sentencia que de un texto con amplio refrendo democrático eliminaba fueros que sí permanecen -y con manga más ancha incluso- en otros estatutos de autonomía reformados como los de Andalucía y Valencia. Por tanto Cataluña lleva siete años con un Estatut recortado y siendo menos autónoma que otras comunidades que se consideran nacionalidades históricas. Y todo gracias a un registrador de la propiedad pontevedrés y a  jueces de su misma pasta.

Tiempo de gobernar

Arreciaba la -hasta ahora- última crisis del capitalismo cuando Mariano Rajoy llegó al Palacio de la Moncloa gozando de una amplia y cómoda mayoría absoluta en el Parlamento, mayoría de la que apenas necesitó alardear, pues durante su primer mandato recurrió a menudo al decreto ley. Con la economía del país hundida por culpa del hundimiento financiero global y el estallido de la burbuja inmobiliaria local, era imprescindible una intervención económica internacional (a la que el ejecutivo socialista anterior ya había abierto las puertas). Aunque en el entorno gubernamental y sus altavoces mediáticos la palabra rescate fue proscrita, la inyección de dinero a la Banca española alcanzó una cifra que puede ir de 40.000 a 60.000 millones de euros que supuestamente no iba a repercutir en los contribuyentes pero que seguirá saliendo de nuestros bolsillos durante décadas. La salida del pozo, hundida la construcción, fue encomendada a otro monocultivo, el turismo, y el país de albañiles se convirtio en un país de camareros, mal pagados, con contratos precarios y a menudo fraudulentos (que no pueden sostener el sistema de pensiones) y sin apenas derechos laborales. La Reforma Laboral de 2012 legalizó un nuevo esclavismo. La otra hormona del crecimiento económico. (empleada en distinta escala, por todos los gobiernos desde Felipe González) fue la privatización de casi todo: AENA, los ferrocarriles, la seguridad de las prisiones, además de los sucesivos intentos de privatizar la salud púbica (la Justicia tumbó a medias algunas decisiones en las comunidades de Madrid y Valencia, pero siguen adelante practicas privatizadoras como las del gobierno nacionalista catalán y el socialista de Andalucía). Los canarios no podrán olvidar las prospecciones petrolíferas de Repsol impuestas a la fuerza por el entonces ministro Soria, ni los tarraconenses los terremotos causados por el almacén de gas por cuyo abandono ahora tenemos todos que indemnizar ¡! a ACS.
Se salió de la recesión, sí, y aseguran que hemos dejado atrás la crisis. Esto último es más que discutible, pues no hay milagro económico; detrás de las relumbrantes cifras de las que cada primero de mes alardean el portavoz del gobierno y la ministra de empleo, lo que hay son salarios y pensiones que prácticamente no suben y pierden poder adquisitivo, niños que van al cole sin desayunar y trabajadores que saben bien lo que es la pobreza.

 No todas las calamidades de estos seis años han sido económicas. Sin querer hacer una crónica exhaustiva de estos tiempos, recordemos tan solo que también han estado la LOMCE  de Wert, que subvenciona escuelas segregadas y españoliza a los niños catalanes (se me olvidaba que los que adoctrinan son los independentistas), la Ley mordaza y la policía patriótica de Fernández Díaz y, lo más vistoso de todo, la corrupción que todo lo pringa.

El humo ciega tus ojos

La cuestión catalana sirve ahora para que se olviden estas cosas como perfecta cortina, pero antes era precisamente lo que Mariano Rajoy quería que pasara a la desmemoria colectiva ¿cómo? no haciendo nada: ha pasado seis años arrellanado en su despacho confiado de que la gente se olvidaría de los tiempos en que el entonces opositor en jefe se dedico a aventar la catalanofobia por los secanos de España para arrancar votos, apoyado por la fuerza manipuladora de TVE y los medios de comunicación controlados por la vicepresidenta, la que da y quita licencias de emisión y publicidad institucional (especialmente los medios del grupo Planeta, teledirigidos por el siniestro Mauricio Casals desde el vestíbulo del Palace, y, en menor medida, Mediaset, más interesada en la telerrealidad y el chafardeo). Esta coraza le protegió cuando salió a la luz que cobraba sobresueldos, que su partido está financiado irregularmente mediante comisiones y reforma sus sedes con dinero negro. ¿le seguirá sirviendo? Es probable, si hasta en los espacios deportivos de Antena 3 y La Sexta se habla más de Cataluña que de fútbol.

El milagro de la multiplicación de los independentistas

¡A por ellos, oe!
¿Panes y peces? Eso es calderilla, cosa de principiantes. En seis años de gobierno Mariano Rajoy ha conseguido lo que ningún nacionalista catalán pudo en la historia de la democracia: llenar las calles y las instituciones de independentistas. Cuando él llegó al poder sólo podía considerarse independentistas a once diputados del Parlament; ahora son 72 y tienen la mayoría.

El juego de la gallina

El problema no estaba en el 1 de octubre, una encuesta sin validez que habría pasado sin pena ni gloria ni consecuencias si desde Madrid no se hubiera respondido con sobreactuación, violencia e invocando a un patriotismo herido. Si había que intervenir en Cataluña para restaurar la legalidad debió ser después del 7 de septiembre, cuando en el Parlament esa mayoría independentista no sólo atropelló la Ley sino el propio reglamento parlamentario. Pero entonces ¿para que quería el gobierno central el famoso artículo 155 y la convocatoria electoral anticipada? A Rajoy le traen al fresco unas elecciones catalanas donde sabe que su partido, en el peor de los casos, quedaría reducido a fuerza extraparlamentaria y, en el mejor, se quedaría como estaba. Además unas elecciones entonces, tras el juego tramposo de los independentistas, eran terreno abonado para los partidarios del diálogo y los equidistantes.

Información ¿deportiva?
De la desidia que confiaba en las soluciones mágicas, el presidente del gobierno de España pirómano, cuando el mundo miraba a Cataluña, se vistió de bombero, pero ya había quemado todos los puentes e inutilizado los extintores. Sólo le quedaban la fiscalía (la misma que se chivaba a sus correligionarios corruptos cuando la UCO iba a por ellos: Sánchez-Maza, Catalá y otras ilustrísimas), las porras y las balas de goma (por cierto, prohibidas en Cataluña), Policía y Guardia Civil desplegadas  de forma tan desproporcionada como demuestra un ejemplo muy reciente: La Administración central ha enviado seiscientos efectivos a apagar el fuego en Galicia; a encenderlo en Cataluña envió diez mil. Al comprobar que nadie se creía su disfraz de apagafuegos, Rajoy volvió a encender el mechero y los suyos enarbolaron la bandera borbónica animando a la Policía a los sones de Manolo Escobar (ignorando que su "Y viva España" lo cantó primero una señora alemana) y el "¡A por ellos, oe!". Su más reciente paso hacia el precipicio (por el que no caerá él; nos precipitará a todos) ha sido cargarse la separación de poderes presionando para encarcelar a líderes independentistas y acosar al major de los Mossos, añadiendo gasolina al fuego (el mundo abertzale sabía cuán útil le era tener presos dispersos por todo el territorio para enarbolar sus fotos en manifestaciones. Todo nacionalismo necesita sus víctimas).

Es cierto que otras partes (independentistas y neutrales) pecan de una ingenuidad infinita creyendo que, escandalizada por las fotos de violencia policial en las portadas, Europa acudirá rauda a salvar a una Cataluña golpeada. Esa misma Europa que teme que las brasas del incendio catalán se expandan a Flandes, Córcega y otros territorios insurrectos. La misma a la que no preocupa tanto que la xenofobia y el fascismo florezcan en su seno. La misma que calumnia a las oenegés que salvan vidas en el Mediterraneo diciendo que fomentan una invasión migratoria (el ministro de Rajoy José Ignacio Zoido puso su voz a esa mentira), la Unión Europea que creó y financia matones libios que atacan a esos cooperantes.

Cálculo electoral

Claro, a Mariano Rajoy no le interesaban elecciones y calma cuando más necesaria era (haber intervenido para calmar las cosas después del despropósito parlamentario del 7 de septiembre). La paz no da votos y él no dialoga con quienes no son de la "buena estirpe". Los desprecia intelectualmente. Es mejor servirse de ellos ahora para destruirlos electoralmente después. Sabe que el seguidismo es la tumba del PSOE y que la gente no compra la equidistancia y la indefinición en que está Podemos. Los datos estadisticos de que dispone Rajoy señalan que alimentar el ultranacionalismo español le permitirá recuperar el apoyo de la extrema derecha -la militante y la sociológica cuñadil- que su anterior inactividad le ha hecho perder; así hace el camino a recuperar la mayoría absoluta en las próximas elecciones generales.

Azuzando los odios territoriales Mariano Rajoy, a quien le importan un bledo Cataluña y España, logra que no se hable de sus corruptelas y su mala administración, pero nos lleva hacia el abismo. Gracias a la irresponsabilidad de nuestro presidente y de los gobiernos del Partido Popular, Cataluña y España están más alejadas que nunca y el terreno de juego tan arrasado que no hay otra solución , ni cercana ni lejana, que un referendum pactado, algo que tampoco quieren Ciudadanos ni los socialistas. Estamos viendo que estos últimos (para ésto no te votò la militancia, Pedro) no están por la única solución sensata para que Cataluña siga siendo parte de España: sacar al actual presidente de la Moncloa.

Los políticos con amplitud de miras y vocación de servicio son la excepción: los mediocres abundan en todo el mundo. En España los malos políticos son la norma. Un escritor poco sospechoso de progresismo, Arturo Pérez-Reverte, describía un país de bravos soldados con mandos torpes y codiciosos al servicio de gobernantes corruptos donde el mal gobierno, más que una práctica, es una tradición y una costumbre. No lo pudo expresar mejor el anónimo autor del Cantar de Mio Cid:

 Dios que buen vassallo si oviesse buen señor







viernes, 18 de septiembre de 2015

Crema catalana



Queda poco más de una semana y  a mitad de la campaña de las terceras elecciones autonómicas que se celebran en Cataluña en los últimos cinco años por obra, gracia, empeño y antojo del president Artur Mas, quien -también hay que reconocer- obró impulsado por el búnker españolista y setentayochista que impidió a los catalanes decidir libre y legalmente su futuro el pasado 9 de noviembre.

No soy precisamente un experto en ajedrez, juego que ni siquiera me gusta, pero jamás había oído que los dos contendientes pudieran enrocarse a la vez. El presidente Rajoy acusa a Mas y el independentismo de dividir en dos a los catalanes, y tal vez no le falte razón, pero son el propio Rajoy y las bravatas de los suyos el máximo común divisor con su negativa a aceptar cualquier modificación, por pequeña que sea, en sus posturas y cerrar cualquier vía de negociación y diálogo. A unos sólo sirve la independencia -ocultando  las probables consecuencias negativas y lo insostenible del final que buscan para el procès- y a los otros sólo les vale la unidad indisoluble. Curiosamente, el 27 de septiembre lo que será decisivo para la victoria de uno de estos bandos irreconciliables o la pervivencia de un tercero de la razón será el millón de catalanes con derecho al voto no nacidos en Cataluña. De hecho de siete millones y medio de catalanes casi cinco millones nacieron fuera de la comunidad.

Si uno hojea el programa de la candidatura independentista Junts Pel Si no encuentra ni una mención a la probabilidad de quedar fuera de las instituciones europeas, e incluso mundiales si se declara la independencia unilateralmente, pero sí la propuesta de que el futuro estado relegue el idioma español a la misma categoría que el occitano y la lengua de signos. Mientras tanto el PP catalán anda tentando a PSC, Ciutadans e incluso a Unió a formar un bloque antiindependentista. Aún en el caso de que los aludidos adoptaran la equivocada estrategia del frentismo debían unirse todos, catalanistas y no, contra la extrema derecha xenófoba de García Albiol y su ralea, tal como las distintas fuerzas francesas se aliaron años atrás para frenar el camino de Jean-Marie Le Pen al Elíseo.

Ya puestos me parece que la propuesta más cargada de razón me resulta la que representa la candidatura de unidad popular Catalunya Si Que Es Pot, que se centra en los problemas económicos y las políticas sociales y en cuanto a la cuestión identitaria aboga por el de el derecho a decidir -o la autodeterminación, que es lo mismo pero sin complejos-, pero de momento veo más trazas de que triunfe la sinrazón; del lado estatal se recurre a esa inadmisible provocación de reformar el Tribunal Constitucional justo antes de las elecciones -la mejor reforma de esa guarida de jueces paniaguados por los partidos sería cerrarla-, y del lado independentista se manipula sin tapujos la televisión pública: TV3 vetó la presencia en sus estudios del economista y exministro Josep Borrell para presentar su exitoso Cuentas y cuentos de la independencia y colabora con toda esta matraca que busca silenciar los escándalos de corrupción en CDC. Entre cuentos de Calleja de unos y amenazas de los otros, esa dulzona mezcla de huevo y crema pastelera cubierta de azúcar caramelizado que es la crema catalana nos tiene más que empalagados. Veremos si no nos termina amargando.





miércoles, 12 de noviembre de 2014

Hagamos mucho ruido para que no se oiga lo que dice la gente (Nuevo homenaje a Cataluña, y a Canarias ya que pasaba por allí)

Se me recriminará opinar a toro pasado, no hablar hasta varios días después de lo ocurrido el 9 de noviembre, pero creo que no tenía por qué hacerlo. No soy catalán, ni residente ni en la diáspora, ni estoy en las filas de los poderosos que podían -debían- sentirse aludidos. Creo que lo sucedido el domingo en Cataluña fue una fiesta de participación aunque no se parecía ni de lejos a lo que debía haber sido: un referéndum con todas las de la ley como el de Escocia hace unas semanas y como los realizados antes en Québec, con todas sus consecuencias jurídicas. Pero la intransigencia de un poder central que esgrimía la Constitución y el statu quo  de 1978 como si fueran tablas de la Ley -y con ese poder me refiero al bipartito, que tanto monta...- impidió que fuera así, apoyados en esa cámara de horrores que es el Tribunal Constitucional, perros cancerberos del inmovilismo de las leyes nombrados por los partidos que las dictaron.

Y si unos con sus amenazas y su legalismo a ultranza negaron a la ciudadanía catalana su derecho a decidir su futuro, desde la otra trinchera, con tal de salvar la cara, lo redujeron a una pantomima sin más valor que el simbólico y sin garantías, simple derecho al pataleo. Todos han intoxicado con mentiras y medias verdades: desde el nacionalismo español identificando el ansia de decidir con el independentismo -con ello alimentaban al segundo, pero eso lo negarán y lo interpretarán como daño colateral-; obvian así que cabían posicionamientos personales como el de Duran i Lleida y como el de la veterana Mercè Bel. Ambos son pruebas de que la doble pregunta y la variedad de opciones hacían al referéndum catalán más democrático que el escocés. Cuando el president Lluis Companys proclamó el stat Catalá lo inscribía dentro de una República Federal Española que nunca existió, fíjense si había alternativas diferentes,  Desde el otro lado se utilizó el victimismo, el agravio y el Espanya ens roba.

En los
dos bandos se trataba de hacer ruido, ruido nacionalista para silenciar el paro, los recortes y los Pujoles, y ruido españolista para que no se constate la corrupción y la descomposición de un régimen moribundo. Mucho me temo que todo este ruido no ha cambiado nada. Como días antes, días después se sigue dinamitando cualquier posible avance. El govern de la Generalitat no sabe por donde tirar y agita el espantajo de unas elecciones adelantadas en las que triunfará la secesión -yo no tengo nada claro que las fuerzas independentistas sumen una mayoría suficiente que además deje de lado la lucha de clases-; mientras tanto una fiscalía dirigida desde el poder prepara acciones punitivas contra el president y los consellers al igual que las fuerzas de la Una, Grande y Libre -UPyD, ciutadan's, Vox, sectores del PP y la prensa heredera de El Alcázar- se quejan de que la policía no se incautara de las urnas y de que los tanques no entraran por la Diagonal -antes Avenida del Generalísimo-. Su actitud se asemeja a la de los protagonistas del único incidente del 9-N, los neofascistas encapuchados que entraron en un centro de votación de Girona para destrozar urnas y papeletas. Yestá también el caso de Canarias, donde el gobierno de Rajoy y los jueces guardianes de las esencias se han lanzado en tromba para impedir que la ciudadanía decida entre su modelo turístico y ambiental y las prospecciones petrolíferas promovidas por Repsol y su ministro amaestrado. ¿Por qué tanto miedo a la gente y a que ésta se exprese libremente? Ya se está impartiendo formación al ejército para sofocar revueltas ciudadanas,  pero a algunos no les basta ¡donde se ponga una guerra civil como Dios manda!

lunes, 14 de julio de 2014

Patria, nación y telas de colores



Hacía muchos años -diría que desde El laberinto de las aceitunas, Sin noticias de Gurb y las novelas de Petros Márkaris protagonizadas por el comisario Kostas Jaritos- que para mi la lectura de un libro no iba asociada a una risa a carcajadas -hasta temer que las mandíbulas se me desencajen y sufrir dolores abdominales-. Ha vuelto a ocurrirme con Catalanes todos, la más reciente novela del joven narrador barcelonés -salvo que sea Rimbaud, a los 48 años un escritor está en la flor de la vida- Javier Pérez Andújar. Reescritura y ampliación de su ensayo Las 15 visitas de Franco a Cataluña publicado en 2002, Catalanes todos es un fresco histórico que relata como los catalanistas conservadores de Cambó celebraron y se unieron al levantamiento franquista, fusilaron rojos con entusiasmo en la Playa del Parapeto -hoy Playa Chernobyl- en Sant Adriá, se enriquecieron durante el franquismo, participaron en la red de fuga de jerarcas nazis, fueron los principales actores de la corrupción y la especulación urbana de aquellos años y, cuando las cosas cambiaron, sobrevivieron manteniendo sus privilegios y la primera fila envolviéndose en senyeras y consignas nacionalistas, pero tan de derechas como siempre. A Franco la ciudad le chiflaba, en especial la sardana, la Moreneta y el Barça. A lo largo de las décadas el lector va encontrando las mismas caras en los desfiles de la victoria, los juegos florales y deportivos del Primero de Mayo -entonces San José Artesano-, las finales de la Copa del Generalísimo a las que el Caudillo era tan aficionado, los cócteles y bailes de la burguesía barcelonesa y las diadas de los últimos lustros, desde la del millón a la de la Vía catalana.

En la novela se repiten apellidos que a muchos sonarán -Vidal-Quadras, Samaranch, Porcioles..-. Sin que en ningún momento el autor lo proclame -no intenta hacer un panfleto-, es sencillo unir por la línea de puntos franquismo, pujolismo y post-pujolismo y concluir que, salvo durante la presidencia de  Lluis Companys y el Tripartito, en Cataluña siempre han mandado los mismos. Se incluyen divertidos episodios escatológicos, delirantes ucronías como la que nos sitúa ante los países del Eje como vencedores de la II Guerra Mundial y otros delirios como el que plantea al exministro franquista y destacado opusino Laureano López-Rodó redactando el borrador del Estatut: Los catalanes, como los demás españoles, son también hijos de Dios. A fuer que Pérez Andújar logra divertirnos con su lengua acerada, y reirse de patrias, banderas y poderosos siempre es sano.
Lo que podrían ser los restos de un rito satánico en Playa Chernobyl

lunes, 10 de diciembre de 2012

Invierno en el florido pensil

El gobierno de Mariano Rajoy está bien surtido de tenebrosas criaturas surgidas de alguna parada de los monstruos o de un estrambótico circo del oscuro pasado, pero ninguno gana en inquietante al ministro de Educación y Cultura José Ignacio Wert. Seguro que a muchos -incluido él mismo- les tienta compararle a los ministros del Opus Dei de los estertores del franquismo que tanto alardeaban de su   eficacia. Pero Wert es menos atávico pero si cabe más siniestro. Desde que avanzó su contrarreforma educativa, hemos perdido mucho tiempo discutiendo de lenguas y de curas, pero así hemos olvidado que lo trágico de la reforma Wert es que convierte la
Universidad española en un secarral sin futuro y que condena a generaciones de niños y niñas a la cochambre, al "que inventen ellos", sin investigación, sin progreso y no hablemos de trabajo. El muy patán justifica en la defensa del español y la libertad de elegir que su gobierno se distraiga legislando lo mismo que  la Ley ha garantizado mil veces. Además calla que los padres que, en sitios como Cataluña, quieran que sus hijos estudien en español sólo podrán recurrir a la escuela privada. De hacer caja se trata. Es cierto que la Educación para la ciudadanía debería ser obligatoria desde Infantil hasta Educación para adultos y que la religión, en  casa de cada uno, pero si no nos libramos de este tipo, la vieja educación nacionalcatólica nos parecerá hasta moderna.

viernes, 20 de abril de 2012

La guerra: Instrucciones de montaje


Los más radicales defensores del pensamiento neoliberal niegan que fueran las políticas expansivas e intervencionistas promovidas por Franklin D. Roosevelt las que permitieron abandonar el pozo de la Gran Depresión de 1929
Defienden que fue la Segunda Guerra Mundial la hoguera en la que se quemó la crisis. Su teoría calla que la guerra en sí misma es un acto de intervencionismo estatal y de inversión pública cuyos principales beneficiarios son las empresas privadas de los sectores del armamento, la construcción, la seguridad, etcétera. 
Es decir, es la guerra el hecho que saca a la luz cómo funciona realmente el
liberalismo: El Estado concebido como esfuerzo colectivo para enriquecer al sector privado pero evitando todo control estatal sobre ese mismo sector. En esta nueva gran depresión la guerra es también la solución final, es la única receta que conocen quienes aplican tratamientos de austeridad y contención sabiéndolos destinados al fracaso. Por otro lado las guerras, frías o cruentas, son un perfecto Macguffin para desviar la atención de los pueblos de los problemas reales.

Como para que estalle una guerra hace falta generar un mínimo de tensión, si ésta no existe o es insuficiente, uno o los dos bandos crean dicha tensión. Los ejemplos del pasado son innumerables, desde el asesinato del archiduque Francisco Fernando en Sarajevo hasta las inexistentes armas de destrucción masiva de Saddam Hussein. La guerra que hoy se considera inevitable -o eso interesa que creamos- es contra Irán. Poco importa que en la Casa Blanca haya un presidente moderado. Entre Benjamin Netanyahu y los cabilderos judíos, armamentistas y hasta las aseguradoras sanitarias pueden prender la chispa en cualquier momento y arrastrar a los gobiernos a la guerra. Con la moral colectiva de los Estados Unidos concentrada en una nueva cruzada patriótica, nadie se fijará en que se sepulta para siempre el proyecto de una sanidad universal o la legalización de inmigrantes. Negocio redondo.




En el ámbito doméstico, en estos ciento y pocos días de Gobierno Rajoy también suenan tambores de guerra. La nacionalización -poner lo privado al servicio de lo público, el pecado más nefando para el liberalismo- de una filial de Repsol nos ha metido en una guerra fría contra Argentina. Esos partidos que cazan votos abanderando los intereses de pequeñas empresas y autónomos, a la hora de la verdad solo son uña y carne con las grandes, aquellas cuyos consejos de administración reservan asientos para los líderes de los grandes partidos y los gobernantes cuando abandonen la política. Cuando un ministro dice que ser hostil a Repsol es mostrar hostilidad a España nos toma por imbéciles y demuestra ser un corrupto que está donde está sólo para beneficiar intereses privados, pero cobrando de lo público.



Después la propaganda se encarga de que una buena parte de los españoles estén dispuestos a creer que Repsol, Telefónica, ACS o Inditex son España, aunque escondan impuestos a España, se surtan de mano de obra barata fuera de España y cobren tarifas abusivas a los españoles. 
No importa que fuera tal el patriotismo de Repsol que antes de la nacionalización estaba a punto de vender YPF a Sinopec -es decir, al Partido Comunista Chino-; la mayoría de los medios españoles lo ha ocultado. Aquí el mensaje es: Más madera, es la guerra. Si Margaret Thatcher venció a sus mineros y sindicatos con sangre argentina como munición, treinta años después de las Malvinas los muchachos de Rajoy disparan balas dialécticas contra Argentina, y con eso y el Rey disparando a elefantes, nadie se preocupa de que en las retaguardias nos roben la salud, la educación y la vejez.

Y si la guerra fría contra Argentina se desinflara pronto, hay otra más cruenta aguardando, el fantasma de la secesión de Cataluña. Que eleven tanto el tono del enfrentamiento nacionalista dos partidos como PP y CiU, que se apoyan mutuamente y hacen equipo en el recorte de derechos y el saqueo a la ciudadanía debería hacernos pensar que hay gato encerrado. Ambos sirven a los mismos intereses económicos, unos intereses que no entienden de fronteras ni banderas. Pero conforme la situación económica de los ciudadanos se vaya agravando y antes de que degenere en un estallido social, apuesten lo que les quede a que se irá elevando la tensión nacionalista hasta que la cuerda esté por romperse. 
Habrá una proclamación del Estat Catalá por un lado, una recentralización de competencias por otro, las portadas se llenarán de proclamas patrióticas, sonará ruido de sables, incluso habrá alguna escaramuza cruenta, y el pueblo agitará enseñas de colores en nombre de la indisoluble unidad de la patria o de los derechos históricos y la identidad nacional ¿Quién será el traidor que hablará de crisis pudiendo partirse la cara con el enemigo? ¿A qué mal español -o catalán- le importa más el precio de las medicinas que su bandera? Así se solucionan las crisis según el ideario de quienes nos gobiernan.