domingo, 12 de julio de 2020

Cine contagioso

28 días después ¿Londres en confinamiento? No se fíen, está plagada de zombis


¿De verdad ha pasado lo peor? Es cierto que en Europa vivimos una resaca que han dado en llamar nueva normalidad de la plaga  de 2020 en la que cada día nos sobresalta un nuevo resugir vírico que se localiza y controla con mayor o menor éxito. También lo es que en otros continentes no sólo no han bajado a la resaca sino que la borrachera va a más y más sin freno ni límite a la vista. Allí y aquí contemplamos a menudo escenas distópicas parecidas a celebraciones y orgías del fin del mundo como sacadas de una novela de Ammanitti o una entrega cinematográfica de Mad Max, desde botellones y raves de los de no hay un mañana hasta escalofriantes fiestas del contagio. Es como si cuarenta y tres años tarde estuvieramos abrazando el no future punk, pensaba este mismo lunes mientras un enfermero al que conozco y que no veía desde hace un par de años al preguntarle inocente "y qué tal tú" me decía muy convencido "vamos a caer todos"; en ese momento no supe si se refería a todos los de su propio gremio sanitario o a todos-todos ¿qué más da? Lo cierto es que después de unos meses en los que ¿qué ibamos hacer encerrados salvo ver películas -y, vale, alguna que otra cosilla más-? hemos tenido tiempo de encontrar o recordar la gran cantidad de ocasiones -de peliculas- en que el cine nos ha puesto delante de la posibilidad de sucumbir ante gran cantidad de enfermedades y epidemias causadas por enemigos diminutos -virus, bacterias o quién sabe qué cosas-. A esta ya sabemos que nada lejana posibilidad dedicaré la presente entrada de este blog, aunque antes recordaré cómo el cine ha ideado unas cuantas formas más de acabar con el mundo y llevarnos a todos con los pies por delante. Veamos primero otros
MÉTODOS DE AUTODESTRUCCIÓN

Fue hace más de veinte años antes de este coronavirus. Hace poco más de dos décadas repasabamos las páginas del Apocalípsis de san Juan porque lo que nos acojonaba era el inminente cambio de dígitos en los calendarios y los cacareados efectos en nuestros sistemas informáticos; aquel temible efecto dos mil se quedó en nada -otros aseguran que sí hubo un peligro real-, pero habían despertado los viejos terrores milenaristas que, salvando las distancias, se daban en el Occidente cristiano cuando se acercaba el año mil. Entonces la viruela y la peste bubónica fueron lo más parecido al apocalipsis que sufrieron los ciudadanos de aquella época tan movida. Ahora los miedos son otros. El efecto 2000 tuvo mucho que ver con las viejas supersticiones, pero lo que vino después fue una sobredosis de presente. El 11 de septiembre de 2001, con su propia carga de locura y con la que desató posteriormente, resucitó la conciencia de que el desastre total puede estar a la vuelta de la esquina. En tiempos de crisis, y al comienzo de un nuevo milenio, si hay un tema recurrente es el del fin del mundo. La posibilidad de que nuestra civilización se colapse y la vida humana sea borrada de la faz del planeta es uno de los argumentos más socorridos para contar una historia del gusto de hoy sin quebrarse mucho la cabeza. Son miedos atávicos que sentiremos también aquí analizando las causas por las que nos pueden cerrar el chiringuito y su reflejo en las más variadas películas ¿Por qué va a acabarse el mundo cualquier día de estos? Nos quedaremos con algunas razones:

Un tipo de apocalipsis hoy un tanto demodé es el de los choques interplanetarios,  la posibilidad de que un cometa, meteorito, planeta o una cochambrosa estación orbital se nos caiga encima y nos haga un boquete en el tejado.  La película clásica más significativa de este apartado de catástrofes es Cuando los mundos chocan (When Worlds Collide. Rudolph Mate, 1951). Años después el cine más escapista nos mostró el sacrificio de Bruce Willis para salvar la tierra de un malintencionado cometa (Armaggedón. Michael Bay, 1998), y, ya en este siglo, hasta un cineasta danés e intelectual usó como recurso dramático el inminente choque fatal de la Tierra con un planeta hasta entonces desconocido llamado Melancolía (Melancholia. Las Von Trier, 2011). Los resultados fueron tan nefastos para el mundo como brillantes para el cine, a mi modesto entender, pues sobre pelíula y director hay opiniones enconadas.

Los desastres naturales
por lo general, suelen destrozar el mundo sólo un poquito. Sólo se atisba la destrucción casi total en La furia del Viento (Slipstream. Steven Lisberger, 1989). El ser humano es el que suele estar detrás de la degeneración del medio natural a causa de desastres poco naturales: el cambio climático sin ir más lejos.Ahí tienen a un Kevin Costner balsero navegando por un planeta enteramente cubierto por las aguas –donde, contra todas las leyes de la meteorología y de la lógica más simple, nunca llueve– en Waterworld (Kevin Reinolds, 1995), un merecido batacazo, acientífica, aburrida e interminable. Sin embargo un perpetrador de espatáculos catastróficos sin pies ni sobre todo cabeza, Roland Emmerich, logró en El día de mañana (The day after tomorrow, 2004) una de las previsiones más científicamente creíbles de las consecuencias del cambio climático, a pesar de que los premiados efectos especiales son lo único que se salva en tan previsible, truculenta y alambicada aventura.

El tercer método de autodestrucción es el más frecuentado: La hecatombe nuclear. Este grupo se subdivide en dos: las películas que cuentan el holocausto atómico y las que describen el mundo postnuclear. Una de las más ambiciosas fue La Hora Final (On The Beach. Stanley Kramer, 1959).  Ava Gardner, Fred Astaire y otras estrellas esperan en Australia a que los efectos de la radiación lleguen al último confín del mundo. En Juegos de Guerra (War Games. John Badham, 1983),  el holocausto nuclear fluctúa entre lo virtual y lo tangible: el viejo miedo a la informática. En dibujos animados y con mucho pasteleo, Cuando el Viento Sopla (When The Wind Blows. Jimmy T. Murakami, 1986) cuenta la historia de dos viejecitos tan tiernos que uno acaba deseando que la bomba les libere cuanto antes de las estrecheces de su pensión. La obra maestra del cine nuclear se llama Teléfono Rojo: Volamos hacia Moscú (Dr. Strangelove, or How I Learnt To Stop Worrying and Loved The Bomb. Staley Kubrick, 1964), recital de mala leche por parte de Kubrick y de interpretación por la de Peter Sellers, que encarna a cuatro personajes. El jefe de una base aérea se vuelve majara y decide disparar sus misiles contra los rusos. No hay manera de detener la destrucción mutua. En la más feroz ridiculización de todo lo militar que jamás haya llegado al cine hay momentos antológicos como el final con Vera Lynn cantando aquello de Nos volveremos a ver en un día soleado mientras las bombas estallan o la inenarrable conversación telefónica entre el presidente americano y el premier soviético. Pero Dejemos la guerra nuclear a un lado y busquemos nuevos motivos para acabar con el mundo.

Otras películas plantean un cuarto método para alcanzar el apocalipsis, la contaminación. La deforestación puede obligar a que un día de estos nos tengamos que llevar los últimos bosques al espacio exterior para salvarlos. Es el planteamiento de la distopía hippy Naves Misteriosas (Silent Running. Douglas Trumbull, 1971). La británica Contaminación (No Blade of Grass. Cornel Wilde, 1970) adornaba con mucha violencia el aburrido periplo de unas familias en busca de un lugar limpio. Hacia el fin del mundo (Crack In The World. Andrew Marton, 1965) se anticipa al género de catástrofes de los setenta para contar los desastres de la mala utilización de la energía. A caballo con otro grupo de películas que veremos más adelante, la interesante Han Llegado (The Arrival. David Twohy, 1996) plantea una invasión extraterrestre que pretende acabar con los humanos y sustituirlos, y mediante el efecto invernadero aclimatan las condiciones de vida de la Tierra a las de su planeta de origen.

Otra posibilidad para la destruccion del mundo es la superpoblacion. Exceso de humanos sobre la Tierra, hambre y contaminación se unen en la excelente y escalofriante Cuando el destino nos alcance (Soylent Green, Richard Fleischer, 1973), el negro futuro está aquí dibujado con colores pop Nos dejará para siempre con la duda de si nos estamos comiendo al vecino, que en paz descanse. En la espantosa La fuga de Logan (Logan’s Run. Michael Anderson, 1976) el problema de la superpoblación se arregla con métodos expeditivos: se acaba con el que tenga más de treinta años.

Esperando el final: La guerra de los mundos
El cine fantástico ha explorado, y explotado hasta la saciedad el posible apocalipsis  más extravagante, o tal vez no: la humanidad destruída por invasores extraterrestres... que por lo general se quedan en puertas. Es el planteamiento de, entre otras muchas recientes, Independence Day (Roland Emmerich, 1996) aunque lapiedra  fundacional es la estupenda adaptación que George Pal produjo de La Guerra de los Mundos (War Of The Worlds. Byron Haskins, 1953) de H.G. Wells. Las bacterias que acaban con los marcianos son más creíbles que los virus informáticos a los que sucumben los malvados alienígenas en la superproducción de Emmerich.

LA NOCHE DE LOS VIRUS VIVIENTES

¿Que son los zombis que se llevan los papeles de villanos en tantas películas sino enfermos contagiosos? ¿Qué es su avance -patoso o rápido, según- y multiplicación sino una plaga?  Encuadrar 28 días después (28 Days Later. Danny Boyle, 2002)
 en el género “de terror” es devaluarla injustamente. Una alucinante secuencia inicial nos presenta a un mensajero interpretado por Cillian Murphy que despierta ¿de un coma? en un hospital vacío y sale a caminar por elcentro de un Londres literalmente desierto, una imagen impactante hace dieciocho años pero terriblemente parecida al Madrid o el Milán de los días del confinamiento. A ese punto de partida inolvidable y hoy reconocible sigue la trepidante historia de una plaga de zombis descontrolados a la cacería de humanos no contagiados, aunque tanto el angustiado protagonista ni muchos espectadores tengan nunca claro si realmente  se trata de muertos revividos o de víctimas y agentes de una enfermedad extremadamente contagiosa.

AHÍ VIENE LA PLAGA

Estallido de ébola
Remontémonos en la historia del cine hasta los thrillers en blanco y negro  Dirigida por Elia Kazan y encuadrada en una tradición de cine negro de posguerra,  Pánico en las calles (Panic in the streets, 1950),  muestra el pánico que provoca el resurgimiento de la peste negra en un contexto social muy particular. Ambientada en los barrios bajos de Nueva Orleans, vincula el homicidio de un inmigrante por deudas de juego, su consiguiente investigación policial y una epidemia inminente. Pero la resolución del caso deriva en una frenética búsqueda de los asesinos-portadores, en secreto y con cuarenta y ocho horas apenas como límite de tiempo para evitar la catástrofe. Años después el italiano Marco Ferreri se plantea si procrear es lícito después de una epidemia mundial en El Semen del Hombre (Il Seme dell’Uomo, 1969). Procrear no es un dilema moral, sino un imposible en Hijos de los hombres (Children of men. Alfonso Cuarón, 2006), donde la plaga es la infertilidad. Basada en la novela homónima del escritor inglés P.D. James, plantea un escenario global para 2027: el último ser humano nació en 2009. Por tanto, la incertidumbre, la desesperanza y el miedo a la extinción de la raza humana reinan. En el Reino Unido, un gobierno fascista asesina, maltrata y expulsa a los inmigrantes ilegales. A su vez, decenas de nuevas religiones y grupos terroristas hacen aparición sin que a nadie parezca importarle lo que reivindican. La sociedad está en shock. En ese contexto, al protagonista interpretado por Clive Owen le “cae del cielo” la mujer embarazada que puede cambiar la historia. La odisea que ambos viven plasma una película profunda y deslumbrante.
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En El puente de Cassandra (The Cassandra Crossing. George Pan Cosmatos, 1976) el virus final se queda dentro de un tren en marcha. La Amenaza de Andrómeda (The Andromeda Strain. Robert Wise, 1971), un clásico en su tiempo que ha envejecido mal, es una cooperación entre Michael CrichtonWise; en ella el virus viene del espacio exterior,

Hasta 1992 no se estrenó una adaptación cinematográfica de La peste, la novela de Albert Camus publicada en 1947 sobre una epidemia de cólera en Orán que el poder tiende a combatir con el autoritarismo -y que vive un resurgir de ventas en Europa en este momento- conoció el cine en Argentina de la mano, sombría y solemne en exceso, de Luis Puenzo.
La más reciente Estallido (Outbreak. Wolfgang Petersen, 1996) está inspirada en el terrible ébola. Fue una de las primeras superproducciones made in Hollywood que exploró de una manera más realista los riesgos de propagación extrema de una enfermedad. Desde un poblado africano y directo a Los Ángeles, un virus mortal de fiebre hemorrágica obliga a tomar medidas extremas de contención que incluyen ley marcial para limitar la circulación y encubre, según descubre el médico infectólogo  al que pone cara Dustin Hoffman en un momento de la trama, un secreto bien guardado por el ejército de los Estados Unidos ,no por Bill Gates como mantendría Miguel Bosé.

Inspirándose en La Jeteé (Chris Marker, 1962), tres décadas después Terry Gilliam fraguó una película menos sugerente, pero espectacular y muy intensa: Doce Monos (Twelve Monkeys, 1995). Mediante saltos en el tiempo los restos de la humanidad intentan encontrar el antídoto a la enfermedad que la destruyó. Todo comienza cuando un comando de animalistas radicales asalta un laboratorio y libera los monos allí utilizados para experimentar virus y f´srmacos y la lían parda.

La gran plaga de finales del siglo XX, el sida, también ha tenido su cine. Nmbraré en primer lugar la hollywoodiense Filadelfia (Philadelphia, Jonathan Demme, 1993), lateralmente Las horas (The hours. Stephen Daldry, 2003) y que no se meolvide lareciente y más intersante Dallas Buyers Club (Jean-Marc Vallée , 2013) con un trabajo excepcional de Matthew McConaughey.

Contagio ¿coronavirus en 2011? casi
De poco antes es Contagio (Contagion, 2013), una pieza mayor de Steven Soderbergh.Un simple resfriado tras contactar con una persona recién regresada de Hong Kong desencadena una terrible epidemia que acaba provocando el caos del mundo entero, mientras las autoridades sanitarias luchan a contrarreloj para frenar el virus bautizado como MEV-1. La historia, en la que también se cita el sars de 2003, tiene todos los males reconocibles es la pandemia de COVID-19: acaparamiento, desinformación dolosa a través de internet, teorías de la conspiración, bulos, acoso a científicos y hasta remedios milagrosos con intereses económicos detrás como el promovido por el bloguero interpretado por Jude Law. Sólo faltan la ingesta de desinfectante recomendada por Trump y los atracones de hidroxicloroquina de Bolsonaro.

La coreana Virus (The flu. Kim Sung Soo, 2013) está hoy entre lo más visto de Netflix Protagonizada por Jang Hyuk y Soo Ae,la película empieza con un grupo de inmigrantes ilegales que llevan unanueva cepa de gripe aviar hasta Corea al ser transportados en un contenedor. Truculento y algo convencional film de acción,  ahonda en cómo en una sociedad el miedo contagia más que la propia enfermedad.






lunes, 18 de mayo de 2020

Cayetano cogió su cacerola




Sólo con recorrer un kilómetro cuadrado tienes a tu alcance las mayores firmas de moda, 
decoración y joyería. Es la “Milla de Oro”, en el corazón del Barrio de Salamanca. 
Ideal para ir de compras, pero también para pasear o tomar algo en plan chic. 
¡Un lujo asequible! Joyerías, zapaterías, tiendas de ropa y complementos, 
todo en el centro de Madrid. 
Si paseas por las calles Serrano, Ortega y Gasset, Velázquez, Lagasca, Ayala y 
Claudio Coello, encontrarás las firmas más prestigiosas nacionales e internacionales. 
En ellas, también encontrarás tiendas de antigüedades y galerías de arte 
que harán que tu día de compras sea perfecto.
Si te apasiona la moda podrás sumergirte en las tiendas de las grandes firmas 
de moda españolas. Destaca Loewe, una de las firmas de accesorios más reconocidas
 a nivel mundial que hace la delicia de todo el que entra en ella, Manolo Blahnik, 
Amaya Arzuaga, Kina Fernández, Adolfo Domínguez, Agatha Ruiz de la Prada, 
Roberto Verino o Ángel Schlesser que comparten espacio con los principales diseñadores 
como Chanel, Armani, Valentino o Louis Vuitton.
También dispones de las mejores joyerías, en las que encontrarás las piezas 
más exclusivas o accesorios a la última en tiendas como Bulgari, Cartier, Tous o Tiffany, 
que exhiben los más preciados diamantes y brillantes en sus escaparates.
(de la web de Madrid Turismo. 2017)

Quisiera encontrar, mas no puedo, las siete diferencias del juego de atención entre el enmascarado de la fotografía de la derecha con aquellos que hace más de una década volcaban contenedores e incendiaban autobuses en lo que en un rincón del norte de España se conoció como kale borroka. Casi sería necesario recurrir a los metadatos de la imagen para comprobar que el señor encapuchado con gorra a lo comisario Villarejo y bandera de España al cuello no está montando el pollo en Hernani sino que es un respetabilísimo señor que se manifiesta en la calle Núñez de Balboa de la capital del reino -tras encontrar dónde guarda el servicio las cacerolas- por la libertad que este gobierno socialcomunista hurta a los habitantes del céntrico barrio fundado por el catatónico marqués de Salamanca.

Comenzó a las nueve de la noche del miércoles 13 de mayo en la estrecha calle que lleva los apellidos del explorador extremeño que fue el primer europeo en divisar el Océano Pacífico, aunque desde entonces los amontonamientos de Cayetanos y Pilucas se han extendido a otros barrios pudientes de Madrid y otras capitales en las que abunda la gente de-derechas-de-toda-la-vida. Es  esta una revolución callejera de gente guapa llena de pulseras, banderas y cositas de Loewe, arremolinados en las esquinas.
Ellos y ellas, que construyeron en el madrileño barrio de Salamanca sus modestas viviendas con tres salones y sin calefacción para el servicio, para qué tanto gasto, claman libertad como papagayos, pues solo vociferan lo que oyen y leen a los zánganos de la caverna, sin darse cuenta de que en realidad lo que quieren es impunidad, esa caduca regalía que siempre han utilizado para circular por el mundo como los señorones que son, que "usted no sabe con quién está hablando". Cierto que algunos se indignan, otros nos debatimos entre la risa y la pena, pues estos petimetres amontonados que tienen asistencia asegurada en  clínicas privadas ponen en peligro la salud pública animados por incendiarios como Díaz Ayuso, Abascal y sus palmeros mediáticos mientras, como puede observarse en la viñeta de la izquierda, los virus se frotan las coronas.

Del mismo modo que en Alemania las manifestaciones contra el confinamiento unen ¡demasiado cerca! a extrema derecha, extrema izquierda y antivacunas, en la milla de oro madrileña se escuchan hasta a negacionistas de la pandemia cacareando argumentos de la solidez científica de un Paracelso

Vale, no es el Barrio de Salamanca en 2020,
es la plaza de Mayo de Buenos Aires en 2012,
pero antes de gritar ¡bulo! sigan leyendo a la izquierda.
No hay tanta diferencia en que sea en Colorado con rifles al hombro, en Argentina sacando a la mucama indígena con su uniforme para que haga sonar la cacerola sin que su señora se canse o que en el barrio de Salamanca salgan armados con palos de golf a protestar porque Pedro Sánchez y el sincorbata Fernando Simón no les dejen ir a  gastar en Bulgari, con lo cerca que lo tienen. Siempre son pocos, privilegiados,están muy cabreados y pueden ser peligrosos. Con el consiguiente cabreo de las cloacas mediáticas ya alguna juez que ha calificado a esta gente tan distinguida como una amenaza para la democracia (amenacilla¿no?.

Claro, que cuando los cayetanos salen de su zona de confort y se adentran en territorio enemigo pueden perder los papeles y buena parte de su exclusiva educación de colegios de élite. Si eres una vecina de la calle de Ferraz, donde tiene su sede el PSOE, y se te ocurre recriminarles que en alguna de sus algaradas no respeten las distancias de seguridad, te responderan con palabras tan hermosas como "basura comunista, lavate", iros a Vallecas" “puta roja”, vete a fregar, “perros judíos”, “os quedan dos días” o “estamos cavando vuestras putas tumbas”.

Hay que entenderlos: no están acostumbrados a cumplir órdenes, sólo a darlas. Total, estos pobres oprimidos no tienen la desfachatez de pedir que les den de comer gratis como los de las colas de Aluche; solo piden libertad. “Libertad” significa la posibilidad que han de tener ellos de hacer lo que les dé la puta gana y “libertinaje” es lo mismo, pero referido a los demás.


sábado, 9 de mayo de 2020

Los payasos y los monstruos


Entierros masivos en Sao Paulo

Sí, es nuestra culpa, es el mundo que hemos construido. 
Hace diez mil días yo estaba aquí y pensaba ¡ya está, misión cumplida! tenemos un
 mundo agradable. Felicidades Occidente, lo hemos conseguido, hemos sobrevivido 
¡qué idiota! era una ilusa incapaz de ver a los payasos y los monstruos 
que acechaban en la esquina, saltando unos sobre otros, sonriendo 
¡Por Dios, menudo carnaval! y no hizo falta más. diez mil días.
 Algunos ya no están, nos libramos de ellos, pero esperad, te libras de un monstruo 
y acto seguido otro sale de su cueva.
 Cuidado con esos hombres, los de la eterna sonrisa, los bromistas y los payasos.
Del monólogo final de Muriel Deacon (interpretada por Anne Reid),
 abuela de la familia Lyons en la serie Years and years (HBO, 2019)

En su discurso ante el Foro de Davos de 2015, Larry Fink, presidente del gigantesco fondo de inversión Blackrock, definió textualmente elejercicio democrático como "la elección del candidato correcto, el que fuera capaz de adoptar las decisiones adecuadas", lo que en aquel momento de crisis y austeridad denominó reformas estructurales. Tras este mensaje, tan simple como críptico, yacía un subtexto tecnocrático que puede justificarlo casi todo y que marcaba un camino que estamos recorriendo a gran velocidad: los dirigentes democráticamente elegidos necesitan legitimarse a partir del acuerdo con quienes financian las democracias. La democracia tiene propietarios y las decisiones políticas han de rendirles un respeto.

En La doctrina del shock Naomi Klein se detenía en el caso del Chile de 1973, cuando los economistas de la Escuela de Chicago llevaron al extremo su premisa de que el poder político debe estar de acuerdo con quienes lo financian incluso si para ello era preciso sacrificar la propia democracia y sustituirla por un fantoche como el general Pinochet que aplicara fielmente las políticas económicas de Milton Friedman y sus compinches de Chicago: el infausto monetarismo.

En estos tiempos de pandemia no sufren y mueren tan solo las personas, sino que es la vida en libertad la que está en peligro. También el autoritarismo se contagia. Rosa María Artal  dijo muy claro con su lucidez de siempre en un reciente artículo que la mayor amenaza a la que hoy nos enfrentamos no es microscópica sino grande y antigua, aunque para muchos es invisible y lo son sus síntomas: el fascismo: "Los titulares alarmantes sobre la epidemia del coronavirus pueden servir para ilustrar la ligereza con la que se abordan amenazas mucho más graves. No, no hay organismos que alerten de la extensión del fascismo, ni "planes de contingencia" para hacerle frente, ni se aísla a los portadores, ni bajan precisamente las bolsas". Sobre el fascismo vuelvo a recurrir a palabras de La educación católica, la novela de Edoardo Albinati que ya cité en la anterior entrada de este blog, la que dediqué a la pandemia de mentiras y bulos:

¿Por qué -me pregunto desapasionadamente-el fascismo resulta tan ridículo si lo sometemos a un análisis profundo y racional? Grandioso quizá, terrible o trágico a veces, 
es posible, incluso admirable, pero en todo caso ridículo. Cada vez que leemos testimonios, vemos grabaciones o escuchamos discursos, nos quedamos de piedra. Surgen espontáneamente 
las ganas de parodiarlo, pero como si el fascismo mismo fuera el principio consciente y 
burlón de esa mofa. No parece posible que semejante payasada haya generado tantas esperanzas 
y tragedias, haya agitado tantos corazones, bastones, puñales, bombas de mano y vehículos blindados. Pero sí, fue posible y quizá siempre lo sea. Lo que significa que cuando al fascismo 
se lo ilumina con la luz de la razón, se lo descubre, desvela o extrae de la 
materia concreta de la acción histórica para escrutarlo bajo la razón y la crítica, 
muta su esencia a esqueleto carnavalesco que sólo sirve para asustar y hacer reir. 
Como un pez de los abismos que pierde su misteriosa luminosidad en la superficie, 
donde sólo parece un mísero monstruito. ¿Era ese chisme el que suscitaba tanto miedo 
o un entusiasmo tan desenfrenado? De la tragedia y la épica sólo quedan montones de ceniza,
y lo poco que sobrevive presenta el aspecto de una escenografía teatral al final del espectáculo: 
árboles pintados, espadas de cartón y pollos de yeso.

Los peligrosos payasos de los que habla la abuela Muriel en Years and years no se parecen nada a Fofó o Milikito, pero son clavaditos al presidente filipìno Rodrigo Dutarte
Rodigo Dutarte, disparar a matar
, ese bajo cuyo mandato han muerto asesinados dieciseis periodistas y que ha ordenado disparar a matar a quien se salte el confinamiento. No lo lllamen populismo -el premio Nobel de Economía Paul Krugman avisa de que, en cierta forma, el término sugiere que quienes asi llamamos están haciendo algo por las personas y no es así. no se queden en hablar de autoritarismo. Tampoco empleen prefijos -ni post ni neo, ni progno-. El historiador asturiano Francisco Carantoña gusta de usar los términos con precisión, y señala que la amenaza que ya es una realidad al comenzar la tercera década del siglo XX-o terminar la segunda, ustedes eligen-hay que llamarla fascismo, ni más ni menos.

Sigamos dando la vuelta al mundo del fascismo y detengámonos en Brasil. Desde el Palacio de la Alvorada de Brasilia, el presidente, ex capitán y exterrorista frustrado Jair Bolsonaro rompe a menudo el confinamiento que desprecia y ante cientos de sus hoolligans amontonados y enfervorizados amenaza con un golpe de estado aún sabiendo que cada vez son más los militares de su país que no ríen sus payasadas y están hartos de su irresponsabilidad criminal que hace abrir cada día nuevos cementerios para acoger los cadáveres de víctimas del Covid-19.

Dios los cría...
En pleno corazón geográfico e histórico de Europa, el primer ministro húngaro Viktor Orban está quemando puentes tras atravesar los límites entre autoritarismo y fascismo y aprovecha la pandemia para otorgarse poderes extraordinarios indefinidos -¡ojo a este segundo adjetivo! que le permiten ordenar y mandar orillando al Parlamento -aunque según Santiago Abascal reparte mascarillas para todo quisque-. Que alguién me explique la diferencia entre esto y una dictadura fascista, y sobre todo que alguién se lo explique a la Unión Europea a la que Hungría aún pertenece.
Orban, hermanita de la caridad



Ni China, ni Rusia, ni Irán; pese a lo que muchos ingenuos y estafados piensan, los regímenes autoritarios no están gestionando mejor que las democracias la lucha contra la pandemia y sus poblaciones tienen la desventaja añadida de la falta de transparencia. Por el contrario la peor amenaza para los países democráticos  enfrentan ahora otro riesgo: que el miedo aliente los discursos autoritarios y populistas, hablando clar, el fascismo. Eso ya es más que una posibilidad, es presente.

Pero dejemos ya de vagabundear por el mundo y centrémonos en el fascismo de casa. A quienes les asusta, sorprende o escandalice escuchar a Pablo Casado en el Congreso desplegar los discursos más extremi stas y faltones exigiendo el fin del estado de alarma y acusando a Sánchez y su gobierno de un sinfín de delitos basados en los últimos bulos que le han llegado les bastarìa un poco de edad o hemeroteca -les aconsejo que consulten noticias de los últimos mandatos de Gonzalez y los dos de Zapatero- para darse cuenta de que no hay invención, giro o cambio alguno y que la estrategia de crispar y desestabilizar son marca de la casa popular desde hace treinta años, es seña de identidad deuna derecha, la española, .que no soporta la democracia salvo que ella gobierne. Si en todas ocasiones en que se rozó la desestabilización del Estado buscando el acoso y derribo de gobiernos rivales contó con el apoyo de empresas mediáticas, periodistas poderosos, gran parte de la jerarquía católica y un sector del poder judicial. Miembros destacados del brazo periodístico de lo que Felipe González llamó el sindicato del crimen como Luis María Ansón y Pedro J. Ramírez   han confesado en alguna ocasión cómo se diseñaron esas estrategias y quienes participaron en ellas en los primeros noventa. El error de Casado que le puede llevar al precipicio -además de querer jugar en el terreno de Vox- es seguir todo lo que le dicta la FAES de José María Aznar,que también le impone nombres -Álvarez de Toledo en el Congreso, Timmermans, Miguel Ángel Rodríguez y Fernández Lasquetti en la Puerta del Sol, tiburones maquiavélicos salidos de tiempos Aznrianos que sin problemas ante las formas que tensionan la democracia con tal de volver al poder-. Definitivamente, la nueva pandemia es vieja y se llama fascismo.






domingo, 5 de abril de 2020

EMOSIDO ENGAÑADO





Mucha gente que ha sido engañada sigue creyendo en el engaño. 
Ni una buena dosis de evidencia logra resquebrajar la fe en una mentira,
si esa fe es verdadera. 
Tomemos como ejemplo las reliquias religiosas: aunque no fueran auténticas, 
el hecho de haber sido veneradas por tanto tiempo y con tanta fe es suficiente 
para convertirlas en sagradas.
(Edoardo Albinati
"La escuela católica". Lumen, 2019)

La obviedad habría sido usar la famosa cita -real o apócrifa- de Goebbels de la mentira que repetida mil veces veces acaba convertida en verdad, pero créanme que no es por pedantería por lo que escojo el tocho que, alrededor de la masacre del Circeo de 1975, Albinati plagó de reflexiones sobre el aberrante viaje a la locura y el crimen de sus antiguos compañeros de colegio masculino religioso y elitista, unos niñatos romanos de familias ricas y poderosas e ideología fascista. Es en uno de sus últimos capítulos donde el novelista incluye entre las notas póstumas de su supuesto profesor Cosmo unos fascinantes pensamientos sobre la preponderancia y el triunfo de la mentira sobre la verdad. Me sirve tanto como la mítica y viral pintada EMOSIDO ENGAÑADO, desaparecida hace unos años -aquel hito del desengaño y la ortografía creativa- para referirme a la desinformación interesada y con fines políticos  y desestabilizadores -quienes de esto más saben desaconsejan hablar de fake news ni siquiera en español- alcanza sus más altas cotas en estos tiempos de plaga y obligado encierro, aunque no se trate de algo nuevo.

Que tire la primera piedra quien, hasta hace no muchas semanas, no decía igual que Bolsonaro con su resfriadinho, que lo que se nos venía encima no era más que una simple gripe que pasaría como llegaba y que no podíamos repetir el despilfarro de la compra de millones de vacunas de la gripe A hace once años. Cuando comenzó a hablarse de la posible suspensión del Mobile World Congress de Barcelona al comenzar a desertar muchas grandes empresas y operadoras tecnológicas, hubo medios y analistas que sugirieron, y no de forma indocumentada o irresponsable, que la epidemia china de entonces proporcionaba una excusa a aquellas firmas que no tenían novedades que presentar, atravesaban dificultades económicas o financieras o no tenían nada que ganar con su presencia en este tipo de foros. En aquellos posicionamientos no había ánimo de manipular ni desinformar pero ¡menos mal que aquello se suspendió! Entonces ni desde el poder ni desde el común de los mortales supimos escuchar a quienes lo vieron venir y hace ya mucho decían que no era cosa de contraponer salud a economía, que de nada sirve ser los más ricos del cementerio
.
A lo que íbamos. El empleo bien dirigido de la desinformación y la noticia falsa ha obtenido resultados positivos -para quienes lo usaron- en la llegada tramposa de Donald Trump a la Casa Blanca, la campaña del Brexit y no tan exitosos - en la Unión Europea no son tan tontos- en las campañas de desprestigio contra las instituciones españolas desplegadas por el independentismo catalán en Europa. En los casos de EE. UU. y Gran Bretaña es en la película de HBO Brexit (Brexit: the uncivil war. Toby Haynes, 2019) donde mejor se describe cómo, tanto en las presidenciales norteamericanas comoen el referéndum británico, ambos en 2016, mediante el cual el pueblo británico tomó la decisión de abandonar la Unión Europea en particular las técnicas de utilización de datos masivos (big data) tomados de la redes sociales, como Facebook y Twitter, para influenciar el voto de la población, aplicadas bajo la dirección de Dominic Cummings -director de campaña a favor del Brexit- y la empresa Cambridge Analytica que también tuvo una escandalosa participación en la elección de Trump difundiendo de forma datos falsos y calumnias contra los candidatos o argumentos rivales.En el caso británico narrado en la película, Haynes y su guionista James Graham tienen la habilidad de obtener de una obra de ficción la fría, neutral y desoladora credibilidad
que no habría logrado un documental. Si los casos británico y norteamericano tuvieron en común la participación de Cambridge Analytica, los secuaces de Trump y los indepes contaron con la colaboración de unos grandes maestros en desinformar y desestabilizar, el espionaje ruso.

La derecha y la extrema dercha se han echado al monte tanto o más que en los tiempos de acoso a Zapatero por un embrión o un Estatut, pimero durante la investidura de separatistas, etarras y venezolanos, y ahora en plena emergencia sanitaria ven el cielo abierto para sacar rédito político dedesatar una tormenta perfecta de falsedades, calumnias y ataques a lo personal usando la mentira que estábamos acostumbrados a ver en digitales de las cloacas -los de Inda, RojoLosantos y similares- pero que ahora la prensa conservadora convencional en papel también usa sin recato. Se puede ver en ABC, La Razón, El Mundo... Cuando los hechos y los datos desmienten tales barbaridades la noticia falsa desaparece de las páginas por arte de magia  -por supuesto, nada de rectificar- y otra la sustituye. Antes eran simples twits o columnas envenenadas, ahora se distribuyen sin pudor audios y vídeos manipulados. Es el viejo calumnia, que algo queda. Y Albinati sabe bien que queda bastante:

Había una secta cuyo jefe anunció que el mundo sería destruído por los ovnis. 
Llegó la fecha señalada para el fin del mundo. No pasó nada. Cuando quedó claro 
que la profecía era un bulo, el número de adeptos, en vez de disminuir, aumentó.

Y como la prensa, también trafican con una pandemia de bulos los partidos de la derecha y la ultraderecha: Ayer mismo la Policía tuvo que alertar de la aparición de un millón y medio de cuentas falsas en las redes sociales relacionadas con el coronavirus destinadas a divulgar noticias falsas y rumores malintencionadoy y difundir un discurso de odio que ya conocíamos antes de la infección. La mayoría son bots creados pot Vox y sus simpatizantes y dirigentes, alguno de los cuales ha llegado a pedir un golpe de estado, ¡demócratas de toda la vida!

Y como Vox, otros expertos en obtener réditos de las desgracias comunes son los chicos y chicas del Partido Popular, a quienes hanpillado aprovechando el confinamiento para pagar anuncios en las redes sociales en los que acusan al gobierno de falsear las cifras de muertos. ¿no les suena de algo?
En esta estrategia tienen un lugar destacado los insultos y las calumnias contra las personas destacadas del bando contrario. Fernando Simónla familia del presidente del gobiernoPablo Iglesias e Irene Montero son víctimas propiciatorias de lo bulos del covid-19.

Vuelvo a recurrir a una película que aborda estos turbios asuntos, en su caso de forma visionaria: en Contagio (Contagion. Steven Soderberg, 2011) el bloguero interpretado por Jude Law se dedica desde sutribuna digital s desprestigiar los trabajos para obtener y distribuir la vacuna contra unapandemia global para promocionar la milagrosa solución homeopática que él vende. Emplea argumentos muy similares a los antivacunas, hoy tan calladitos: que si las vacunas pueden provocar autismo, pueden tener efectos secundarios desconocidos, si tras ellas están los intereses espúrios de las farmacéuticas. en fin. Puede verse en Netflix.

¿Es posible combatir -o al menos defenderse de- la ola de desinformación selectiva? Hay quienes pretenden hacerlo o al menos dar pistas. Lo hace el  Ayuntamiento de Barcelona; La Comisión Europea también ha publicado su guía orientativa- En España existen portales de verificación especialuzados en cofrontar bulos con hechos como Newtral o como MalditoBulo. que ha hecho su propia recopilación de falsedades, rumores sin esntido relacionados con la pandemia de coronavirus.

¿HEMOSIDO ENGAÑADO? Sí, y parece que nos gusta.