miércoles, 11 de diciembre de 2013

La impaciencia de Job


Aquí la envidia y mentira

me tuvieron encerrado.
¡Dichoso el humilde estado
del sabio que se retira
de aqueste mundo malvado,
y, con pobre mesa y casa,
en el campo deleitoso,
con sólo Dios se compasa
y a solas su vida pasa,

ni envidiado, ni envidioso!

Esto escribió Fray Luis de León en las paredes de su celda, tras cumplir una condena de cárcel que él consideraba injusta. Entre las obras literarias más destacadas del agustino del Siglo de Oro permanece su Exposición del libro de Job, una reflexión sobre el libro considerado más complicado del Antiguo Testamento que precisamente versa sobre el castigo injustamente infligido al inocente mientras las villanías del culpable quedan impunes. Javeh reprende a Job por no haber aceptado su voluntad y por sus quejas cuando tuvo que sufrir y encarar las tentaciones de Satanás, mientras los amigos de aquel hombre justo, Elifaz, Bildad y Sofar, intentan convencerle de que el pecado siempre es castigado, aunque su autor lo haya olvidado, y que Dios ve faltas en todos, incluído el propìo Job, pero éste sigue lamentándose impaciente.

 Como Job en algunos momentos de sus desventuras, hoy son otros quienes se obstinan en su total inocencia y reclaman, si no exigen, el perdón de la superioridad. Acaba de suceder con el exministro Jaume Matas y con el exalcalde de Torrevieja, cuya petición de indulto apoya el ochenta por ciento del PP valenciano y de momento le ha librado de la cárcel. Incluso el nefando José María del Nido se ha sumado a este circo de los impacientes. ¡Algo habrán hecho!, pensarían Elifaz, Bildad y Sofar, que hasta dudarían del mismísimo Job.


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