lunes, 31 de mayo de 2010

¿Y si hubieran hundido el Éxodo?


En julio de 1947, el Éxodo, un viejo buque de pasajeros destinado a la chatarra, zarpó desde la costa de Francia hacia Palestina con más de 4.500 hombres, mujeres y niños judíos, todos supervivientes del Holocausto. Antes de que el barco llegara a las aguas territoriales de Palestina, buques destructores británicos -la potencia colonial que gobernaba en la zona- lo rodearon. Se suscitó un enfrentamiento en el que un tripulante y dos pasajeros judíos resultaron asesinados. Docenas sufrieron heridas de bala y otras lesiones. Esta noche unidades de élite del Ejército de Israel han atacado en aguas internacionales la 'Flota de la Libertad', un grupo de seis barcos —tres de ellos turcos—, que transporta a más de 750 personas con diez mil toneladas de ayuda a Gaza: equipos médicos, productos de primera necesidad y elementos para reconstruir la capital de la franja, machacada durante la pasada Navidad por el propio ejército de Israel.



Contra civiles desarmados que iban a ayudar -contraviniendo las órdenes y las leyes de los antiguos ocupantes de Gaza, sí, justo como hizo el Éxodo hace 63 años ante los ocupantes británicos- las tropas mejor preparadas del planeta han abierto fuego indiscriminadamente asesinando al menos a 19 personas. A la masacre los israelíes han sumado el crimen de la mentira y la insidia. El viceministro de Asuntos Exteriores de Israel, Danny Ayalon, ha asegurado que los activistas tenían vínculos con Al Qaeda y con las organizaciones islamistas palestinas Hamás y Yihad Islámica.



A ningún otro pueblo en el mundo se le ha olvidado la Historia como al israelí, a pesar de que su estado racial y religioso se asienta y justifica en su historia de persecuciones y diásporas. En unas pocas generaciones las víctimas de ayer se han mimetizado con sus verdugos. La experiencia lleva a pensar que una vez más los crímenes y excesos del gobierno y el Ejército de Israel -frente a los que la rebeldía y la oposición entre el pueblo judío es mínima- obtendrán la impunidad. Y menos dudas aún pueden caber hoy en día sobre la comparación que más molesta, indigna e incomoda a los sionistas: Los israelíes son los nuevos nazis.


A lo loco



Gloria Lasso – A lo loco (remastered)

en Spotify

A lo loco fue una tonada que en los años cincuenta popularizó Gloria Lasso. A lo loco llegó a Granada la ministra de Defensa, para presentar al Combatiente Futuro. Vino Carme Chacón en avión militar con séquito de quince acompañantes, y fue recibida a pie de escalerilla por un coche blindado, perros, escoltas, Guardia Civil, Policía y una comitiva propia del maharajá de Kapurthala. En equipar al cibersoldado van gastados 26 millones de euros -con experimentos fallidos a lo profesor Bacterio como calzarle botas que al andar recargan las pilas de sus gadgets- y debe vestir chaleco anticrisis pues, ajeno a recortes, en un año estará apatrullando Afganistán y apuntará su láser al inicuo talibán mientras chatea con el coronel al mando.

A lo loco enfilan las carreteras de España los haigas oficiales –no siempre tan veloces como el del presidente extremeño-, símbolos para el poder de magnificencia como para la clase mediocre lo es el Audi en el garaje. A treinta y cinco mil asciende el parque de coches oficiales en España, 431 tiene el Gobierno, el Ayuntamiento de Ruiz Gallardón 174 y el de Granada, 74 que quedarán en 43. Pero ha sido tan divertido ir a lo loco hasta el final; gastar, ya en crisis, cuatro kilos en una televisión municipal desde la que oímos comentarios tan ecuánimes como “Si además sube al Granada a Primera éste será el mejor alcalde de la historia” –textual de la retrasmisión del recibimiento al club de fútbol-. Y a lo loco prometen ampliar el aforo de Los Cármenes, 1,2 millones a escote en una ciudad que echa el cierre asfixiada por lo que su Ayuntamiento les debe.

Como a los coches la tijera llega a los sueldos de los alcaldes. El de Granada se recorta nueve puntos y queda en 61.840 euros. Mucho menos que su homólogo de Huelva que, a lo loco, en 2009, con la crisis en todo lo alto, se subió la soldada a 97.100 euros, pero también es cierto que desde que Torres Hurtado accedió a la alcaldía los concejales populares y socialistas se han incrementado la paga en un 41 por ciento, no así los de IU, que rechazaron el aumento y han venido cobrando lo mismo que en 2003.



Y a lo loco seguimos: En el Senado de la nación costará ocho mil euros al día traducir a los representantes autonómicos de un país con lengua común. A lo loco y por alegrías avanza Andalucía hacia la ruina pero con 27 delegados por provincia y sus jefes de prensa. A lo loco nos embargan por no poder pagar la hipoteca pero 47 altos cargos de la Junta cobran por tener que residir en Sevilla, y los consejeros inventan actos públicos y ruedas de prensa lunes y viernes en su provincia de origen para embolsarse las dietas de viaje cuando vuelven a casa de finde. Andaluces por el mundo a lo loco: mantenemos treinta oficinas de representación en lugares tan exóticos como Seúl, Kiev, Luanda o Sao Paulo. Decididamente, a lo loco se vive mejor.


jueves, 27 de mayo de 2010

Qué vida digital más triste

Genial. No se puede contar mejor y en menos tiempo el catálogo de memeces, jerga estúpida para iniciados, cursilería e hipocresía a la que nos condena la presencia en una red social como Facebook. Natxo del Agua y Rubén Ontiveros lo clavan en uno de los episodios recientes de la serie, antes videoblog Qué vida más triste -¡aunque la propia serie está en Facebook!. Que no, que no quiero ser tu amigo, ni responder a una estúpida encuesta ni ser fan de señoras que... Así que no me mandéis más invitaciones para unirme a la secta global.

lunes, 24 de mayo de 2010

Lost, la muerte y más allá

Si algo malo ha tenido el Episodio Final de Perdidos ha sido la calidad de la emisión. Un desastre lo de los subtítulos de Cuatro, las imágenes congeladas, o que se merendaran casi diez minutos del Episodio 16, el previo, en su empeño por no estrenarlo hasta hoy, a pesar de que todos lo habíamos visto por internet. Pero según quienes lo han visto en versión original sin subtitular, lo de Fox fue aún peor, con fragmentos sin audio y otros pixelados. Esto me reafirma en que la televisión hay que dejar de verla en directo y estoy convencido de que yo, que entré en Perdidos a través de los episodios descargados de Internet, por la curiosidad ante el fenómeno de masas y cuando ya se habían emitido dos temporadas y media -me puse al día al final de la cuarta-, he disfrutado más la serie sin aguantar cortes publicitarios y sin depender de la tiranía de los horarios de emisión.

Otra historia son las reacciones a un final tal vez resuelto por un camino ya trillado -se ha citado El sexto sentido-, pero también con la necesaria ambigüedad que era necesaria en una serie en la que las interpretaciones nos las hemos ido construyendo cada espectador y esa es su gran virtud. Eso no lo soportan quienes, incapaces de leer entre líneas, se han acostumbrado a esquemas narrativos lineales, tan ajenos a Lost, y están visualmente embrutecidos por el cine de acción al uso y la mayor parte de la producción televisiva. "¿Así que todos muertos? -se quejan-. Pues vaya truco más facilón". Lamento indicarles que no se han enterado de nada. Del mismo modo que esperaban en vano si pretendían respuestas para todos y cada uno de los misterios.

Pero para explicarlo mejor, un artículo publicado cuando apenas había terminado la emisión del episodio final y que coincide con lo que venía pensando en las dos últimas temporadas: Perdidos es una serie de personajes, no de situaciones y la isla era un gigantesco macguffin. El Piloto Automático, que ya venía publicando atinados análisis de los episodios anteriores, sin ahorrar críticas pero alabando la valentía de los guionistas, ofrece una visión no por urgente menos esclarecedora sobre...

¿Qué ha pasado en Lost?
Una serie no es una quiniela

Una ficción se escribe desde atrás. Syd Field lo dice en su “El libro del Guión”. El autor concibe un tema, reúne unos personajes y situaciones, resuelve una conclusión que detone las intenciones de su trama, y desde ese momento, rebobina hasta el principio para empezar a rellenar huecos partiendo de la estructura de planteamiento, nudo y desenlace, heredera de la propuesta en cinco actos que propone Aristóteles en su “Poética”.

En Lost no vale ese planteamiento

Lost no es una ficción que responda a este paradigma. Primero, porque cada temporada pertenece a un género (como apuntó Hernán Casciari hace un tiempo) y cada una plantea una fórmula narrativa. Y segundo, porque Lost no es una ficción autónoma, sino que se retroalimenta como la imagen de un espejo con la participación y presencia del espectador. Esto hace que Lost no sea una sola serie, sino una serie por cada fan que la ha seguido con enfermiza avidez.

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Zeitgeist


En el día de hoy, desmotivados y derrotados los últimos bastiones de resistencia socialdemócrata, los mercados han obtenido sus últimos objetivos. El Estado, tal y como lo conocíamos, queda abolido”. Así, como un parte del general Franco, podría comenzar el mañana. ¿Ciencia ficción? ¡Y un cuerno! Está pasando ante nuestras narices. Profetizar ese futuro es fácil interpretando el presente: Primero nos convencen de que nada hay más urgente que reducir el déficit y para ello solo hay una fórmula: Ajustes salariales, deflación, empobrecimiento, adelgazamiento de lo público y renuncia al crecimiento –y para compensar, el insulso caramelo de los impuestos para rentas altas- y así más pronto que tarde volverá la prosperidad. Nos ocultan que esa receta lleva tres décadas, toda la era neoliberal, fracasando... o tal vez no... ¿y si el verdadero objetivo no es salir de la crisis?



No funcionará una receta centrada en combatir el déficit público porque el problema es la deuda privada: Las familias y las empresas endeudándose por encima de sus posibilidades –y hoy afrontando sin ayudas embargos y cierres- y los inversores y la banca sacando tajada de la locura especulativa a sabiendas de que siempre habría instituciones dispuestas a salvarles. Hay sector privado y Sector Privado; y el público se subordina al que lleva mayúsculas. Lo que ocurre es que a los doctores que firman estas recetas lo público les sobra y, una vez exprimido, lo están desacreditando hasta tales extremos que peligra el propio sistema democrático. Su perverso mensaje convence: Gran parte de la población apoya el recorte salarial de los funcionarios; la derecha pide cortar el grifo a partidos y sindicatos, que salen tan caros. ¿Y si, ya puestos, los eliminamos? La solvencia de una nación la debería determinar el concepto que de ella tengan sus ciudadanos, no la calificación que le den los mercados, y está ocurriendo lo contrario: es el sector financiero el que evalúa la fiabilidad de los estados. El zeitgeist, el espíritu de este tiempo, dicta que quienes no se presentan a elecciones deciden por nosotros y han decidido perjudicarnos.

Es por tanto la propia democracia, y con ella los derechos civiles y económicos, la que está en peligro y es blanco de los ataques. No se trata de paranoia conspirativa. Esa élite que se autodenomina “el mercado” no es ninguna secta salida del último best-seller templario: Son agentes financieros, empresarios de la sanidad, de la educación, la industria farmacéutica, la energía o las pensiones privadas. Sus intereses son diáfanos, el sector público es una competencia con la que hay que acabar. Y cuando lo logren, ¿qué podemos esperar de un gobierno global de las corporaciones? Piensen en el tirano más siniestro que se les ocurra y se habrán quedado cortos.