domingo, 14 de agosto de 2011

In Berlin, by the Wall...

El Muro en Bernauerstrasse

In Berlin, by the Wall
You were five foot
Ten inches Tall
It was very nice
Candelight and Dubonnet on ice
(Berlin, Lou Reed 1973)

El 13 de enero de 1961, hoy se ha cumplido medio siglo, grupos de trabajadores estrechamente vigilados por los vopos del gobierno de la República Democrática Alemana, entonces presidida por Walter Ulbricht, bajo la estrecha vigilancia de la URSS de Nikita Kruschev, comenzaron la construcción del sistema de muros de ladrillo y hormigón, alambradas electrificadas y torres de vigilancia que se conoció como el Muro de Berlín; para la propaganda comunista, Antifaschistischer Schutzwall o Barrera de Protección Antifascista. La estructura constaba de dos partes: El muro propiamente dicho que separaba el sector de Berlín ocupado por la URSS del que estaba bajo administración de Francia, el Reino Unido y los EE.UU. y posteriormente fue parte de la República Federal de Alemania; y los 115 kilómetros de barreras que separaban el territorio de la RDA de Berlín Occidental, convirtiendo a este sector en una isla acosada. En la noche del 9 al 10 de noviembre de 1989, miles de alemanes del Este, armados de martillos, picos y todo lo que encontraron, comenzaron la destrucción del Muro, una tarea con más carga simbólica que otra cosa, puesto que la policía de la RDA abrió horas antes los puntos de acceso ante la imparable demanda de cambio de los ciudadanos de Berlín Este.  En Bernauerstrasse, donde hoy se ha conmemorado el cincuentenario de la construcción del Muro, murió Ida Siekmann, que al saltar desde un tercer piso en uno de los bloques cuyas ventanas miraban al Oeste, se convirtió en la primera víctima mortal de entre 125 y 270 personas, según distintas fuentes de estudio, que perdieron la vida intentando escapar del paraíso socialista.

Bernauerstrasse

Aunque buena parte del Muro de Berlín fue derribado y sus fragmentos -y falsificaciones- se convirtieron en codiciada memorabilia durante los años 90, todo su trazado está marcado en el piso de las calles del Berlín reunificado, y permanece en pie algo más de un kilómetro y medio de muro, la mayor parte de la cual es el lienzo de pared junto al río Speer que se conoce como East Side Gallery y que, totalmente cubierto de grafitos, constituye la mayor y más fascinante muestra de arte pictórico callejero de todo el mundo.

East Side Gallery

Muchos pueden preguntarse el sentido y la efectividad de, en plena era de las comunicaciones y de las armas de alcance global, dividir ciudades y aislar a grupos de población con los sistemas de murallas propios de las ciudades de la Antigüedad. El Muro de Berlín simbolizaba un fracaso, el de un régimen que prometía el paraíso en la Tierra y sólo lograba que sus víctimas quisieran abandonarlo en masa. Pero las dós últimas fotos de este post, las únicas que no son mías, les darán la respuesta. Los muros levantados por el gobierno de Israel en Cisjordania y por el estadounidense en la frontera entre EE.UU. y México -muros que, al contrario que el de Berlín, pretenden frenar la entrada, no la salida- continúan siendo terriblemente efectivos.

Niederkirchnerstraße

El Muro de Berlín y toda la simbología que conlleva ha inspirado todo tipo de obras artísticas, musicales, cinematográficas y literarias. Aquí dejo enlaces a algunas de esas obras inspiradas por el muro:

La tragedia de una pareja de yonkies con un trasfondo de miseria y malos tratos se inscribe perfectamente en el Berlín dividido. El Muro es citado expresamente en la canción del título, una miniatura adaptada de una canción más larga de las primeras grabaciones de Lou Reed como solista.

Heroes puede considerarse pieza central del tríptico de discos producidos y compuestos junto a Brian Eno -entre Low y Lodger- o como la tercera pieza de su trilogía berlinesa -Tras Station to Station y Low. Ese período dió lugar a una serie de colaboraciones entre algunos de los artistas más inquietos del pop y frutos discográficos como The Idiot de Iggy Pop, Peter Gabriel II, Sacred Songs de Daryll Hall y Exposure de Robert Fripp.
Imprescindible novela publicada en la RDA poco después de la construcción del Muro, que aporta una insólita visión sobre la división desde el Este, nada complaciente con el discurso oficial, pero que, no obstante, fue un éxito de ventas, críticas y premios en la Alemania comunista.
East Side Gallery

La obra maestra de Wenders es una fascinante reflexión sobre la separación, el destino y el sacrificio por amor en el que el Berlín dividido es más importante que los ángeles y humanos que la protagonizan. La búsqueda de la geografía destruída de Postdamer Platz es una secuencia que en sí misma resume la tragedia de la división alemana.

Esta premiadísima película (Oscar a la mejor película de habla no inglesa) es un detallista, riguroso y duro retrato del tyerror basado en la desconfianza, la delación y la vigilancia estricta de los ciudadanos que supuso el régimen germano oriental.
Otras referencias para entender la historia y significado del Muro:

Documental de animación de 10 minutos producido por Deutsche Welle

Friedrichstraße 43–45, 10969 Berlin-Kreuzberg
El Museo del Muro situado junto a Checkpoint Charlie es una exposición permanente que da más de lo que promete a primera vista. Su fascinante, inagotable y a veces bizarro muestrario de las distintas formas en que los berlineses del Este intentaron burlar la división y el Muro, a veces con éxito, otras con final trágico, merece una visita tranquila. No decepciona.

Las fotos del Muro de Berlín y de la East Side Gallery son de mi álbum en Flickr Berliner Mauer, y fueron tomadas en invierno de 2008.

El Muro de Cisjordania (2002)


Muro fronterizo entre México y los EE.UU. (1994)




domingo, 7 de agosto de 2011

Más que indignado


Rodríguez Zapatero abandona a toda prisa Doñana, y González Páramo, un mandamás del Banco Central Europeo, proclama que se acabaron las vacaciones ¿Será la pobreza que avanza en los barrios?
¿La represión en las calles de Madrid? ¿El desmantelamiento de la sanidad pública en Cataluña o La Mancha? Me temo que no son esos problemas los que interrumpen las vacaciones del gobierno y de las mentes pensantes de la economía.
Es la prima de riesgo en los 400 puntos, es el Ibex 35, son Moody's y Standard and Poor's, es cómo colocar deuda para pagar deuda. Tiemblan de superstición ante cada estornudo de los mercados, y les ofrecen la inmolación de los países del Sur de Europa. Nos dicen los gobernantes de hoy y los que vendrán en noviembre que los mercados exigen sacrificios, no explican que a esos tahures y apostadores les da lo mismo cuánto cobre usted de pensión y lo que cueste un despido. Después de todas las reformas somos más pobres, hay menos actividad económica y más paro, la deuda vale menos y los diferenciales de riesgo están disparados. No, no son los mercados, sino la oligarquía de siempre, la de los beneficios obscenos, la de los sueldazos, la de los bonus, quien da las órdenes, quien ordenó el derribo del estado del bienestar y ahora pretende poner fin al espejismo democrático.


Con este panorama los gestos electoralistas dan risa o vergüenza. Con los ojos morados por las balas de goma que les lanza la policía los indignados no pueden devolverles los guiños a Rubalcaba. Un PP envalentonado quiere mandar a sus 90.000 militantes madrileños a tomar la Puerta del Sol, como los matones de Mubarak asediaban Tahrir.
La presidenta Aguirre exige que se prohíban las manifestaciones de laicos ante la visita del Papa, que deroguen la libertad de expresión. Me pregunto si como están las cosas yo también debería abandonar mi dolce farniente sobre las rocas de una oculta garganta del Tiétar, a la sombra de los alisos, y hacer algo... ¿Pero para qué? Si no pinto -pintamos- nada; si el plan incluía privar a la ciudadanía de toda influencia en la política. Si estáis indignados, fundad un partido, decían ¡Qué cara más dura! PSOE y PP habían amañado una reforma electoral para blindar su cortijo. Toda formación que hoy carece de representación parlamentaria no podrá presentarse a las elecciones sin las firmas de, al menos, el 0,1% de los electores inscritos en el censo de cada circunscripción, y con sólo veinte días para obtenerlas. Eso puede dejar fuera a nuevos movimientos como Equo o al mismísimo Partido Andalucista. Eso puede convertir la cita del 20-N en una farsa.


Sí, tenían razón las pancartas: “Lo llaman democracia pero no lo es”, “No nos representan”... Sólo que a muchos lo de indignados se nos ha quedado pequeño. El que firma no está indignado, está hasta los huevos.

sábado, 30 de julio de 2011

Se lo dijo Pérez

 
Se lo dijo Pérez a Rodríguez. Sólo a Alfredo Pérez se le ocurriría la broma pesada de convocar en 20 de noviembre las elecciones que El País -el periódico de Pérez- había exigido el 18 de julio. Pero claro, ya no se sostiene ver al candidato Pérez enarbolando la bandera de la izquierda mientras el presidente Rodríguez y la vicepresidenta Salgado cumplen la hoja de ruta de los mercados. Para el PSOE la izquierda es esa endorfina que le salía por los poros a los españoles desde 2004 hasta el estallido de la crisis, droga euforizante que hace ver grandes conquistas donde apenas se hacen avances testimoniales. Cuando no han podido seguir pagándose la dosis diaria que les inhibía de la realidad han descubierto que tras el halo romántico y utópico de su líder se transparentan las garras de Botín, Alierta y Moody's.

El candidato Pérez no tiene tan complicada su reinvención como la credibilidad de la misma. Es hombre de recursos; si Rajoy no acepta preguntas, él es capaz de hacerse preguntas a sí mismo para evitar las de los periodistas. Pero era hasta anteayer el portavoz y vicepresidente de los recortes sociales, del rescate de bancos, del sí señor a los mercados. Ahora Pérez es el candidato del impuesto sobre el patrimonio que él mismo derogó; es el que propone las listas abiertas, él, que blindó el bipartidismo de forma que es casi imposible que a las próximas elecciones concurran nuevas opciones, quien pretende “abrir debates que están en la sociedad” y a los que su partido y su gobierno han sido sordos como una tapia.

Quien dice querer llevar la voz del 15-M a las Cortes, anteayer mandaba a la policía que seleccionaba según el aspecto quien podía y quien no acceder a la Carrera de San Jerónimo. Cuando anuncia que creará “el mismo impuesto a los bancos que Merkel, Sarkozy y Brown crearon en sus países”, reconoce que el gobierno socialista de Rodríguez y Pérez ha sido más sumiso con el poder económico que sus colegas conservadores europeos. Como un crío en Halloween llama a las puertas de los bancos: “¡Susto o muerte!”; pero era parte del gobierno que, presidiendo Europa, desobedeció al Parlamento que exigía una autoridad europea que supervisara el sistema financiero. Tras el candidato Pérez hay la misma sinsustancia que en el presidente Rodríguez: Otro traficante de endorfina capaz de euforizar a sus fieles, de hacerles creer en que de una democracia sorda y recortada, de una partitocracia solipsista, de un chapapote de corrupción, puede salir un cambio social.

Pérez no superará el reto de la credibilidad, así que más pronto que tarde optará por el discurso del miedo. Lo tiene más fácil: Quienes votan no a que el general Franco deje de ser alcalde honorario de Valencia o le suben un cincuenta por ciento el billete de metro a las clases humildes de Madrid, dan bastante miedo.

martes, 26 de julio de 2011

Conservadores y antisistema


Cuando el 23 de julio Anders Behring Breivik voló las oficinas gubernamentales del centro de Oslo, matando a ocho personas, y posteriormente asesinó a 68 jóvenes participantes en un campamento de verano del Partido Laborista en la isla lacustre de Utoya, se hizo una primera atribución del atentado a extremistas islámicos a partir de una falsa reivindicación. La derecha global, la de las guerras contra el terror, encantada. Resultó que no había sido cosa del moro, pero la derecha mundial, más encantada todavía porque ahora se hablaba de un antisistema. A ver que tardan en vincularlo al 15-M, vaticinaban algunos. A eso se agarran fervientemente desde los medios ultras españoles -La Gaceta-Intereconomía, Libertad Digital, Periodista Digital...- incluso después de que quedase meridianamente claro que aquel ario de pura cepa que como ellos detestaba la España de Rodríguez Zapatero era uno de sus cachorros, un fruto de la papilla de odio, racismo, cristianismo de cruzados, desprecio a los principios democráticos y justificación de la violencia que vienen suministrando a manos llenas a sus seguidores. Lo diré sin ambages: Uno de los suyos.

Anders Behring Breivik
Ahora esos mismos medios se afanan en hacer ver que el asesino de Oslo es simplemente un majara, un psicópata aislado con ideas de copypaste -Arcadi Espada dixit- y sólo el rojerío más recalcitrante se empeña interesadamente en establecer conexiones con las ideologías del lado oscuro. No es ahora, sino hace unos días cuando el bunker tenía toda la razón: Anders Behring Breivik es, efectivamente, un antisistema, como ellos mismos, como Rupert Murdoch y sus medios, como Dominique Strauss-Kahn ejerciendo el derecho de pernada, como los economistas que desde las universidades estadounidenses inoculan el veneno neoliberal en gobiernos y opinadores, como los tertulianos de la copa de vino en la mano y la ponzoña en la lengua, como el Tea Party, como los partidos del odio que emergen en el Norte de Italia, en Francia, Holanda, Rusia, Austria o la propia Noruega, como los partidos de la derecha convencional -esa que confunde populismo y democracia- que no dudan en tomar la misma deriva con tal de no ceder terreno, como las agencias de calificación y los especuladores que han organizado el mayor y más peligroso golpe de estado contra el sistema democrático, como los empresarios, corporaciones y cabilderos envalentonados que han emprendido una contrarreforma que sólo puede acabar en una restauración de nuevas formas de esclavitud o servidumbre, como tanto canalla como anda suelto y armado de micrófono, ordenador o mando en plaza.

Pero a la caverna le interesa vendernos la imagen del loco, a quien no hay que dar publicidad. No sea que alguien identifique sus ideas con las de la propia caverna.

Timothy Mc Veigh y Jared Lee Loughner







Porque si Anders Behring Breivik, con sus pamplinas templarias y todo, fuera solo un loco, si fuera tan simple, Timothy McVeigh, autor de los atentados de 1995 en Oklahoma City, lo sería también, y no un exmilitar ultraderechista que odiaba al Gobierno, adoraba las armas y creía en la supremacía blanca y cristiana. Y sería un simple orate el seguidor del Tea Party Jared Lee Loughner, que en enero pasado acabó con la vida de seis personas cuando intentaba asesinar en Tucson a la senadora demócrata por Arizona Gabrielle Gifford, a quien Sarah Palin situó bajo la mirilla de un rifle en un ingenioso mapa de los EE.UU. en el que localizaba a los enemigos progresistas a eliminar. No, ninguno de ellos es un psicópata, desequilibrados y fanáticos sin duda, un narcisista patológico que se muere por ser el ídolo de todos los pirados del mundo en el caso de Breivik, pero no locos aislados. De Breivik se van probando sus contactos y conexiones con ultraderechistas de distintos puntos de Europa. Se trata, sí, de antisistema. Antisistema que han llevado al extremo de la violencia indiscriminada el discurso que de forma más o menos matizada mantienen otros antisistema: Murdoch, Palin, Bossi, Aznar, Heider, Le Pen, Friedman, Rodriguez Braun, Espada, Sostres, Vidal, Wolfowitz, Mayor Oreja y tantos otros en los ámbitos de la política, la economía, la universidad y los media. En los más inteligentes apenas encontraremos rastros de fanatismo religioso o racial, no pierden el tiempo en tonterías, pero sí alimentan en los demás ese tipo de sentimientos para servirse del odio que generan.

Los medios de Rupert Murdoch son una fuerza antisistema. Es antisistema un modelo financiero que malgasta, se juega y pierde nuestro dinero y posteriormente recibe más dinero del nuestro para recuperarse. Es una premisa antisistema que ninguna autoridad democrática se imponga y vigile los movimientos del capital. Destruye el sistema el que los gobiernos electos se sometan a cualquier indignidad para salvar el culo a los inversores. No hay nada más antisistema que una religión que impone sus principios a quienes no la profesan y encima cobra del Estado por ello. Si un sistema exige que los trabajadores pierdan sus empleos y recorten sus sueldos y los ciudadanos se queden sin sanidad o educación gratuitas, es que es una falsificación del sistema, es que lo han destruido y reemplazado por otra cosa. Es antisistema que cuando los antisistema ponen en práctica su hoja de ruta se pretenda defendernos con la excepcionalidad: Si la prensa se extralimita, leyes mordaza, leyes antiterroristas si hay matones sueltos, estados de alarma ante una huelga...

Y es la presencia, la influencia y en casos tan extremos como el de Noruega, la acción de los antisistema lo que por oposición lo convierte a uno en un conservador. Nos vemos en la obligación de conservar los logros del estado del bienestar, el derecho a la negociación laboral, las pensiones, la educación, la salud, la libertad de expresión, la igualdad de oportunidades, una democracia hoy devaluada que alguna vez se aproximó a la verdadera representatividad. Quien iba a decirnos que nos veríamos defendiendo el capitalismo, entendido según los principios keynesianos de mercado regulado y vigilado por los poderes públicos, el capitalismo que cree en que el trabajador bien pagado es un motor económico, admitir que mientras era el modelo dominante fue la garantía de la prosperidad y una cierta justicia social, frente a los unabomber de la desregulación, los terroristas del dinero que defienden que el capitalismo es bueno para todos menos para ellos mismos, que exigen que el Estado esté detrás, subvencionando, rescatando o amparando con leyes su impunidad.

Pese a los ingenuistas, iluminados y frikis que han desenfocado el movimiento, descubrimos que la protesta social surgida en España el 15 de mayo es un movimiento en pro del sistema, de un sistema de democracia, libertad, prosperidad y justicia, un movimiento conservador de los valores, los derechos y la decencia. Los antisistema están enfrente, dando clases en la Universidad de Chicago, debatiendo en El Gato al Agua o emprendiendo cacerías humanas en una isla. En medio, los partidos convencionales tienen la obligación de dejar bien claro de que lado están. Guiñar el ojo estratégicamente o hacer estudiados gestos de simpatía como los del candidato Pérez Rubalcaba no basta. No son los Rubalcaba que tantas veces hincaron la rodilla ante los antisistema los que detienen a los antisistema antes de que hagan de las suyas.

sábado, 16 de julio de 2011

Una rosa de plástico


Anuncia Umberto Eco una actualización de 'El nombre de la rosa' “para acercarla a las nuevas tecnologías y generaciones” ¡Qué memez! El semiólogo y literato habla de “agilizar algunos pasajes y refrescar el lenguaje”. Eco detesta que se le recuerde siempre por una primera novela que sólo él considera la peor de cuantas ha publicado, síntoma común a quienes nunca lograron alcanzar, ni de lejos, la calidad de un primer trabajo.

'El nombre de la Rosa' no es ni vanguardista ni revolucionaria ni genial. Es un buen best-seller, de un tiempo en que los best-sellers no eran novelitas rosas de vampiros, tochos nórdicos, penosas mediocridades con cátaros y templarios o intrigas históricas que insultan tanto a la historia como a la literatura. Con todos sus saltos idiomáticos y sus abundantes citas culteranas, vendió treinta millones de ejemplares. En tiempos en que los legos en latinajos -objetor del latín, huyendo de Catulo opté por un combinado de letras y matemáticas en el instituto- no podíamos recurrir a Internet, nos buscábamos la vida, consultábamos y preguntábamos para no perdernos nada. La pereza no nos había vencido.

¿Qué mueve a un autor a rebajar el nivel para simpatizar con una nueva generación? ¿Por qué estas adaptaciones desnatadas al estilo de los manuales de 'Informática para torpes'? Es la Logse, respondería un hincha de Intereconomía. No es tan simple. Tal vez la clave la dé un artículo de Javier Marías sobre la imposible supervivencia del western como género cinematográfico en nuestros tiempos: “el western tradicionalmente ha expuesto como aceptables sentimientos y conductas que hoy escandalizan a la hipócrita masa mundial de biempensantes voluntariosos; es decir, de aquellos que se esfuerzan con ahínco por apartar de sí, y además condenan, pasiones connaturales a la humanidad de todas las épocas”. Tiempos de corrección política, de lenguaje no sexista, de juguetes no bélicos, de no llamar a nada por su nombre mueven a la pereza mental, sus víctimas a duras penas comprenderán la sencilla trama detectivesca de 'El nombre de la Rosa', así que no les hablen de las discusiones entre benedictinos y franciscanos sobre las posesiones materiales de Cristo, de bromas pesadas a costa de Jorge Luis Borges o de ancianos monjes que con naturalidad se llevaban a la celda a tiernos novicios, como no olerían ni de lejos la tragedia shakespeariana que subyace detrás de 'El hombre que mató a Liberty Valance'.




Estos son tiempos de estulticia y censura. Es más que probable que si hoy se rehicieran determinados clásicos, serían privados de todo lo que la moral dominante no puede asumir. ¿Alguien toleraría la escena en que una vecina de Innisfree le da a Sean Thornton (John Wayne) una vara resistente para que meta en vereda a su mujer Mary Kate Danaher (Maureen O'Hara) en 'El hombre tranquilo'? Las acusaciones de apología de la violencia de género levantarían de la tumba a John Ford.

Pese a que con la notable adaptación cinematográfica de Jean-Jacques Annaud, 'El nombre de la rosa' ya se hizo asequible a públicos más amplios, siente ahora Eco la vana necesidad de hacerse entender por los perezosos, y para tranquilizarnos asegura que “no va a modificar la trama”. Como si a alguien le importase la trama de 'El nombre de la Rosa', como si en el noir fuese la excusa argumental lo que distingue a Jim Thompson, Dashiel Hammet o Chester Himes de los aficionados escandinavos. “De la rosa original sólo nos queda el nombre, conservamos nombres desnudos”. Con esa cita, en latín -Stat rosa pristina nomine, nomina nude tenemus-, termina “El nombre de la Rosa”. Las rosas no importan, en los nombres, en la palabra desnuda se asienta nuestra cultura. Para estos tiempos en los que es incorrecto y obsceno pronunciar el nombre de las cosas, Umberto Eco nos ofrece una rosa de plástico sin nombre.