lunes, 22 de noviembre de 2010

Multisexismo


Angela Merkel sentencia que el multiculturalismo ha sido un absoluto fracaso y la progresía global se escandaliza. Pero la Merkel se queda corta:
El multiculturalismo es una forma de racismo, un nefasto discurso que defiende lo identitario, el ‘juntos pero no revueltos’ y las excepciones a la Ley para minorías nacionales o religiosas. Eso sí ha fracasado, no el interculturalismo, que promueve la integración, el enriquecimiento mutuo y la mezcla: Aceptar las reglas de convivencia de la sociedad acogedora, familias interraciales, ni barrios ni escuelas segregados, ni sharías de tapadillo ni crucifijos en las aulas. Eso de cada uno en su gueto y de respetar hasta lo más sórdido de su cultura, pretendiendo lo contrario conduce al nazismo.



Una clase de multiculturalismo en boga es lo que llamaré multisexismo, el aislacionismo determinado por la opción sexual al que se apuntan quienes dicen representar a gays y lesbianas –LGBT, según lo políticamente cursi- y la oficialidad que los patrocina. A ese multisexismo responden esas Jornadas de Turismo Gay que organiza la Diputación de Granada. Restaurantes, cruceros, resorts gays... Guetos de entrada voluntaria –y sobre todo de pago- donde olvidar que políticos y activistas no han sabido erradicar la homofobia y la discriminación. Según Diputación casi todos los establecimientos hosteleros de la provincia se colgarán la etiqueta gay-friendly. Permítanme que sea escéptico ¿Saben a qué les compromete eso? Desde luego no sólo a respetar lo que se haga de puertas adentro. Si dos clientas de un hotel quieren besarse en el vestíbulo, no basta con no echarlas a patadas, tampoco vale disuadirlas educadamente, y si otro huésped se queja es a éste al que debe afearse su conducta. A ver cuántos hoteles o bares superan esa prueba del algodón.

Inventos como las Jornadas de Turismo Gay se basan en mitos: Que Granada es una ciudad atractiva para el turismo gay. No, Granada es atractiva para todo el mundo y lesbiana no es sinónimo de marciana. La oferta específica de Granada es cortita y con sifón, a años luz de Sevilla, Torremolinos o Madrid. Otro mito: El gay es rico, sibarita y consumista. Como si los homosexuales fueran inmunes al mileurismo y el paro, como si no hubiera cientos de transexuales –si escribo transgénero me da la risa floja- en la calle porque no les alquilan un piso o en la prostitución porque les niegan un trabajo. El sitio de ambiente, sea bar, sauna, playa, página web o bosquecillo oscuro sólo cumple dos funciones, protegerse de la homofobia aún dominante y facilitar el contacto y el ligue. Más allá de eso la perspectiva de unas vacaciones rodeado de endogamia vigoréxica y depilada es de pesadilla. El viajero busca lo nuevo, la inmersión en lo diferente, no autoafirmarse entre iguales. Para guetos con Varsovia hubo suficiente.

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