sábado, 15 de junio de 2013

El retorno de la criatura de la Laguna Negra



Aunque nos  quite el sueño y despierte en nosotros atávicos terrores que ya quisiera Lovecraft, la criatura ha vuelto,  y esta vez amenaza con quedarse. Tras su meditada entrevista en el programa Espejo Público, José María Aznar no se limita a amagar un retorno a la política, sino que, como el malvado visir Iznogud, planea ser el presidente en lugar del presidente.   Pero algo terrible ha ocurrido a su rostro en todo este tiempo en las profundidades. Como el retrato de Dorian  Gray, su cara parece haber recogido toda la vileza, la miseria y la fealdad concentradas en su alma. Sin embargo,  al contrario cue aquella vulnerable criatura de La mujer y el monstruo, él no regresa por amor.  Debería volver cuanto antes al fondo y arrastrar consigo a Ana Botella hasta el lodo.

Hoy como entonces se pretende en posesión de la verdad y la sabiduría. Cierto es que Mariano  Rajoy, otrora obediente discípulo,  preside un gobierno oligofrénico -ninguno de sus ministros superaría una sola de las cuatro reválidas  que ellos mismos han reinstaurado-, pero fue  Aznar el primer jefe de gobierno en incluir en su ejecutivo y sus altos cargos a miembros de una peligrosa secta de pedófilos  -junto a Rodríguez Zapatro ilegalizó Batasuna, pero no se atrevieron a hace lo mismo con los Legionarios de Cristo-, y fue él quien recuperó del franquismo la figura del ministro perteneciente a otra secta nociva, el Opus Dei.


Ahora, este mesías de tres al cuarto asegura tener un  programa de  gobierno, y su profeta, Pedro J. Ramírez, lo proclama. De alguna forma el presunto periodista debía recompensarle por haber ordenado a la Policía Nacional la distribución de El Mundo durante la exitosa huelga general de 2002 -la del decretazo-.

Es una cuestión de salud pública y de cordura frenar su carrera a ninguna parte. Si cumple su amenaza de intentar volver al timón debe encontrar rivales capaces, en hipotéticos cara a cara, de mirarle de frente y llamarle mentiroso. Porque, no nos engañemos más, no fue su implicación en la segunda Guerra del golfo, sino sus mentiras y las de los suyos sobre la identidad de los asesinos de casi doscientas personas, lo que precipitó su derrumbe en 2004. Cualquier método legal es válido para obligarle a hundirse de nuevo, y para siempre, en la Laguna Negra, pero no se me ocurre ninguno tan efectivo como el voto.

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