lunes, 14 de febrero de 2011

35 formas de dejar a tu amante (y 35 razones para dejarlo para otro día)

Ante la cada día más extendida, empalagosa y odiosa manía de celebrar el 14 de febrero y el inmenso negocio que genera -llevo un mes recibiendo spams vendiéndome escapadas y cenas de San Valentín, he decidido contratacar con este playlist -lo podéis encontrar también en Spotify- en el que, parafraseando el conocido tema de Paul Simon "50 ways to leave your lover" -también incluido aquí- recopilo 35 temas de desamor, despecho, abandono, divorcio, que te jodan y vete a tomar por... Un chute de insulina para tan azucarado día.

Hay tres Dylans,
uno de ellos en versión de Them, comenzando por el contundente "It Ain't Me Babe", seguido de la que podría ser su versión femenina, nada menos que "Yo no soy esa" de Mari Trini. Sigue una secuencia que pasa por el deterioro de las relaciones, los reproches, ser abandonado, mandar al cuerno al otro, llamarle de todo menos bonito, ser capaz de sobrevivir sin ella o él, y hacérse el firme propósito de no volver a caer.



Pero, no, no soy tan despiadado. Para compensar, o por aquello del ying y el yang y otras chorradas new age, también os traigo el reverso de la lista, porque al fin y al cabo una parte muy importante de mis canciones favoritas son canciones de amor. Ahí va la selección, -aquí en Spotify- que, por supuesto, también abre Bob Dylan. En Spotify, las versiones originales, aunque aquí podéis ver vídeos muy jugosos.




Sueño con serpientes

Silvio Rodríguez - Sueño con serpientes
La canción de Silvio Rodríguez da vueltas en mi cabeza desde que en Andalucía se habla de reptiles que, como en las viejas novelas de buscadores de tesoros, silban alrededor de un botín, el hurtado al millón de parados andaluces. Un exdirector general lo llamó fondo de reptiles, dinero ponzoñoso que te pagaba la prejubilación sin jamás haber pisado la empresa que te hacía pensionista de por vida.

Por las rendijas del sistema, mayores cuanto más se deteriora éste, se cuelan cientos de culebras a las que se debe un favor, o que simplemente pertenecen a una casta a la que no se deja tirada. Saurios a quienes se busca teta libre en la vaca de la Administración Pública, ofidios reptando de un cargo a otro, arrastrándose por la perversa maquinaria que inventa puestos, patronatos y fundaciones a medida para cobijar a quienes llevan décadas sin otro oficio que la política, incluso para que las crías de las serpientes no sepan lo que es el paro que afecta a la mitad de los jóvenes andaluces o los trabajos basura de los que malvive la otra mitad.
La mato y aparece una mayor”, cantaba Silvio. Cada nueva infección diagnosticada al moribundo es fruto de la anterior. El escándalo de Mercasevilla gangrena órganos vitales del PSOE andaluz; pero el monstruo ha engendrado otro mayor sacando a la luz esa manteca reptílica robada a quienes peor lo pasan. Y en el entramado de las falsas prejubilaciones, ¿quiénes se retratan junto al gobierno socialista?: Los sindicatos mayoritarios, colaboradores necesarios y accionistas de la rapiña. Así se conecta esta plaga de reptiles con otra, la que ha tomado al asalto la función pública, primero con la externalización, las administraciones paralelas como la mejor herramienta del clientelismo. Después vino la reforma por la que los cuadros con mayor perfil político acceden cómodamente al funcionariado obviando la meritocracia. Desde años atrás asistimos en empresas públicas con pedigrí a la consolidación laboral por paquetes de centenares de individuos que nunca pasaron una criba de méritos o formación. PSOE, CC.OO. y UGT han querido ser amas de llaves en la entrada y salida al codiciado tesoro de un sueldo de por vida.

Al soldado que agoniza en el campo de batalla todo se le vuelven gusanos. Andalucía asiste a un estertor, un fin de época, una descomposición total del régimen que confundió lo oficial con lo real, la política con el usufructo del Poder, la responsabilidad que éste implica con el derecho a ejercerlo. Así se ha alimentado este nudo de víboras, que por primera vez es llamado por su nombre: A una de las serpientes el resentimiento le ha hecho hablar con crudeza de otros reptiles. El Poder, ciego y en descomposición, responde con circunloquios y paráfrasis. Es un uróboros condenado a devorarse a sí mismo por la cola.


sábado, 29 de enero de 2011

Pedir lo imposible


El escepticismo, arma esencial frente a supercherías y mitos, tiene doble filo. Hay un escepticismo eurocéntrico y reaccionario, con el que observamos cómo los pueblos del Norte de África toman las riendas y mandan al infierno a sus gobernantes. Si alguien comenta la importancia de la Red en las revueltas de Túnez, Egipto y las que vendrán, otro apunta con suficiencia que nueve de cada diez hogares egipcios no tiene Internet. Lo cual es cierto, como lo es que toda revolución, motín o algarada que haya transformado la historia o lo haya intentado estuvo protagonizada por élites, nos guste o no, aunque la mecha la enciendan los desarrapados. Quienes tienen acceso a la formación y a la información y desarrollan capacidad crítica están en la vanguardia, mientras las mayorías se refugian temerosas en sus casas a verlas venir. Importa, sin embargo, que medio millón de habitantes de Alejandría tome las calles y asuma el control, no lo que hacen los otros tres millones.


Al escepticismo y la cobardía se suma la ignorancia de pensar que para los árabes no hay otra alternativa a la tiranía que la religión, quedémonos con la cleptocracia no sea que venga el islamismo, como si sólo los europeos, maestros del fracaso, supiéramos hacer revoluciones. En esa apelación a la estabilidad, en el vértigo por el poder del pueblo descontrolado y en las calles va nuestro conformismo con el mismo régimen de ladrones que compartimos a ambas orillas del Mediterráneo, nuestro sometimiento a la red de intereses comunes que sostiene tanto a sus tiranos como a nuestros líderes electos.


Así se retratan esos sindicatos dóciles y carentes de ambición que han firmado el pacto social –palabras malsonantes en otros tiempos-. Han jugado a perder, se han dejado robar la cartera ignorando que el maximalismo ha de ser la estrategia de quien quiere conseguir algo, como bien saben quienes han aprovechado la crisis para atracarnos, los bancos, los inversores, el Gobierno... Cualquiera versado en el arte del regateo sabe que hay que ir a por todas para obtener algo, o al menos no perder. Para reformar el sistema hay que tener en el horizonte su destrucción. Debimos haber planteado la crisis en términos bélicos, de conquista: Ir a por las 35 horas obligatorias, la erradicación de los contratos temporales o el adelanto, y no el retraso, de la edad de jubilación. Fue al revés y miren lo que tenemos.

No sé ni pretendo saber en qué acabarán las revueltas de los árabes. Las revoluciones no necesitan futurólogos; se improvisan, no se planifican. Pero admiro que tras echar a un presidente vayan a por el resto del régimen, y después a por más. A por todas sin amilanarse, que algo quedará; gran lección para nuestros izquierdistas de salón. Del baúl de consignas tan bellas como vacías que nos dejó el sesenta y ocho la única con plena vigencia es la que nos enseña que ser realistas es pedir lo imposible.

P.S.: Alucino por completo con la soberana gilipollez que publica algún medio bolivariano con membrete del gobierno Chavez: Resulta que según el Ministerio del Poder Popular para la Información y la Comunicación -Orwell hubiera gastado menos saliva-, detrás de las revueltas árabes está la CIA. Pobres necios.

domingo, 16 de enero de 2011

Vendetta: Calle 13 contra Sony, contra la industria musical y contra el mundo

Es bastante deprimente que nadie se haya acordado del cuarto álbum de los portorriqueños Calle 13, "Entren los que quieran", en sus listados de destacados de 2010, pese a contener algunos de los mejores temas de Residente y Visitante: El ultra-ego-trip de "Muerte en Hawaii" es una de las canciones del año y "Todo se mueve" contiene rimas tan gloriosas como:
"Por eso no hay excusa para el que no menea. Si no tienes cuerpo, menea las ideas.
¡Por dios! Menea lo que sea. Si no Fela Kuti te va a dar con la correa".


Lo que no es tan extraño que el disco haya pasado desapercibido en las listas de ventas o las emisoras de radio, a pesar de que el dúo hasta ahoraha obtenido Grammys y se ha hecho respetar por el mainstream. Pero la censura es la censura, y la moribunda industria discográfica y del espectáculo no perdona a quienes muerden la mano que les da de comer. La apuesta de Calle 13 en este disco ha sido la radicalidad y el ensañamiento con los mecanismos de la industria del entretenimiento. El vídeo de Alejandro Santiago Ciena para "Calma pueblo" fue censurado por sus escenas de desnudos, su violencia y sus ataques al clero. Pero seguro que han dolido mucho más sus ataques a sus compañeros del establishment musical, a quienes dedica versos tan explosivos como éstos:

"A ti te ofende lo que escribo
A mi me ofende tu playback, que estés doblando en vivo
A mi me ofende cuando tú sobornas a la radio,
con plata, con dinero para que te suenes a diario.
Ni siquiera los Beatles tenían cuatros canciones
sonando al mismo tiempo en la radioestaciones
Esto lo puede ver hasta un bizco, tu vendes porque tú mismo te compras tus propios discos
No me digas que no, si a mí me han ofrecido hacer eso,
la mitad de los artistas deberían estar presos."

Pero la patada en toda la boca se la lleva Sony. "Entren los que quieran" es el disco con el que cumplen el contrato que les ligaba a la discográfica, y la obtención de la libertad la celebran dedicando a Sony la envenenada introducción del disco, una pieza al estilo de las canciones con que comenzaban las revistas de los viejos cabarés, toda una venganza en la que invitan incluso a piraterar el disco. Todo un alarde de mala leche y coherencia del que muchos músicos lloricas deberían aprender:


Este es nuestro último disco, ¡con Sony! .Se venció nuestro contrato, ¡con Sony!
Nos deben dinero, tienen que pagar o para La Perla los vamos a llevar.
Si no nos quieren pagar no volveremos a firmar
Nos cogieron por el culo, así que ahora vamos a pedirles
dos millones!, cuatro millones!, cinco millones más...

Cinco es muy poco, queremos diez...
Vale la pena, merece la pena, con nosotros estar de buenas.
Les prometemos que no insultaremos, ni ofenderemos a nadie más...

Si amigos!, durante estos últimos años Calle 13 ha recibido muchas amenazas de muerte,

12 Grammy's y nos han censurado en la radio!
Pero no nos importa, porque...
El pueblo nos quiere apoyar!... Ya no nos pueden parar!...
Y si te gusta el disco por el Internet lo puedes bajar y piratear!


Demagogia

Me voy a permitir en estas líneas ser un completo demagogo. La demagogia es una práctica que el diccionario reserva en exclusiva a los políticos, pero éstos descalifican con ella a cualquiera que haga comparaciones incómodas. Por ejemplo, soy un demagogo si contrapongo el retraso en la edad de jubilación y las pensiones congeladas al retiro de 120.000 euros que el expresident José Montilla cobrará durante los dos próximos años, y de 90.000 para el resto de su vida y la de su esposa Ana Hernández, que ya cobra de quince cargos en empresas públicas y privadas.


Recuerdo que más de la mitad de los granadinos -que trabajan- no cobra ni mil euros al mes cuando la Comisión Europea pide recortar el seguro de paro y flexibilizar los salarios de los sobreprotegidos trabajadores españoles. De demagogo que soy creo que ya estamos tardando en salirnos de Europa. Y soy tan simplista que relaciono la subida del 10% en los recibos de electricidad y gas con los sueldos de 200.000 y 126.000 euros que percibirán José María Aznar y Felipe González de Endesa y Gas Natural respectivamente, y que se suman a sus pensiones vitalicias de 80.000 euros, oficina, coche oficial y seguridad por cuenta del Estado.
















Si fuera empleado de alguna de las firmas del Ibex-35 sería un demagogo irresponsable si me negara a cualquier recorte salarial pasteleado con los sindicatos a cambio de evitar despidos, con el argumento de que en plena crisis las retribuciones medias de sus consejeros subieron un 8%, y un 7% las de los directivos. Seré un demagogo -entre fascista y batasuno, según el Gobierno Griñán- si estoy con los funcionarios en que todas las modificaciones en el Decreto de Reforma de la Función Pública mantienen el blindaje del pesebre que garantiza el puesto a miles de enchufados del PSOE, gobierne quien gobierne. Pero mi demagogia no es bipartidista; fíjense en que mientras asisto a la firma del acuerdo para que el legado Guerrero se quede en Granada mi atención se va a los ocho gabinetes de prensa presentes en el acto y a la nutrida representación de los 120 empleados que Izquierda Unida ha colado en la Diputación de Granada.
Mientras calculo cuántos años he de cotizar para que mi pensión me dé de comer, leo que no se tocará el blindaje de los diputados y senadores: Dos legislaturas y ya tienen garantizada la pensión máxima. La demagogia se me dispara y sueño con lo que José Saramago describía en 'Ensayo sobre la lucidez': En mayo y en marzo del año que viene, mayoría absoluta para los votos en blanco. O sueño con irme a Túnez donde miles de demagogos han puesto de patitas en la calle al presidente tan querido del Banco Mundial; o a las calles de Londres para ver el terror en las caras de los príncipes herederos en su coche zarandeado por miles de estudiantes a quienes ciega la demagogia.