martes, 13 de abril de 2010

Cifras y letras


No es esto un artículo de opinión. Lo que sigue son sólo cifras y letras, una mínima parte de las que caben en 50.000 folios. Antepongan allá donde lo echen en falta el adverbio ‘presuntamente’, aunque a estas alturas de la película se pregunten si eso cambia algo.


140.000 euros es lo que Francisco Correa gastó en relojes de lujo. Seis millones lo que ingresó en las Islas Caimán y fue transfiriendo a bancos en Colombia, Panamá, Suiza, Costa Rica y Mónaco. 652.310 euros es lo que el ex portavoz del PP en el Parlamento Europeo Gerardo Galeote habría recibido de la red de Correa. 1,3 millones, lo que el ex tesorero y senador del PP Luis Bárcenas cobró en comisiones de Gürtel. 5.891 es el número de acciones en bolsa que adquirió su esposa Rosalía Iglesias, pese a carecer de ingresos conocidos.

500 son las veces que el PP de Madrid contrató con empresas de la red Gürtel; 141.002 euros lo que Easy Concept facturó al Gobierno de Esperanza Aguirre por un homenaje a los voluntarios que trabajaron el 11-M, en facturas fraccionadas para eludir el concurso público. 3.189.565 euros es el valor de los 367 contratos con el Gobierno de Madrid obtenidos por la trama. 34.779 euros pagaron las empresas de Francisco Correa por la boda del diputado en la Asamblea de Madrid Benjamín Martín Vasco, incluido el viaje de novios a la Polinesia. A 345.166 euros asciende el total de lo entregado por la red Gürtel al parlamentario. Con 382.000 euros le supera el ex consejero de Deportes, Alberto López Viejo. 480.000 euros habría cobrado el ex alcalde de Arganda Ginés Lopez de la caja B de Correa, que además le pagaba las vacaciones. 420.000 euros obtuvo de Gürtelandia Jesús Sepúlveda, ex alcalde de Pozuelo.

Ocho eran los consellers del Gobierno de Francisco Camps que figuraban en la lista de personalidades a las que Orange Market entregó obsequios por Navidad. 957.000 euros fue lo que la misma firma cobró por organizar la visita del Papa a Valencia en 2006. Cuatro millones ingresó y no declaró Orange Market en 2008.

6 millones de euros costaron los actos del PP de Galicia pagados con dinero negro mientras el número dos de la trama, Pablo Crespo, fue secretario de organización. 6’3 millones de euros sería según la Brigada Antiblanqueo la financiación obtenida por el PP valenciano de empresarios a quienes se adjudicaban contratos a cambio, con Ricardo Costa como mediador. Un millón recibió Fundescan, presunta mediadora en Madrid, de empresarios que obtuvieron contratos de la Comunidad. 144.220 habrían entregado las empresas de correa al PP de Castilla y León en 2003. Según Mariano Rajoy el sumario del caso Gürtel demuestra que no hubo financiación irregular del PP.


Eso, sólo cifras y letras, aunque estos magos de las finanzas tienen todos los papeles para gobernar España en menos de dos años. Ustedes verán lo que hacen.

viernes, 9 de abril de 2010

Playlist nº 21 Who Killed McLaren


La gran estafa del Rock 'n' Roll

1.The Great Rock 'n' Roll Swindle. Tema principal de la película del mismo nombre, en la que la historia del punk y de los Sex Pistols se cuenta desde la perspectiva, mentirosa pero divertida, de Malcolm McLaren. La cantan los Pistols Steve Jones y Paul Cook sobre el escenario con un buen número de cantantes espontáneos.

2. God Save The Queen. La canción de la leyenda: McLaren hizo a los Pistols cantarla en un barco sobre el Támesis mientras Isabel II celebraba su jubileo. la cosa acabó en comisaría.

3. Buffalo Gals. El single principal de Duck Rock, el álbum visionario de McLaren en el que lo copió todo pero sabiendo muy bien qué copiar, en este caso todo el naciente universo hip hop, que inteligentemente relacionó con las promenade, los bailes con animador del viejo Oeste.

4. My Way. Tan sensacionalista como hipnótica, la imagen de Sid Vicious masacrando el clásico de Paul Anka y al público que le escucha, aparece también en Rock 'n' Roll Swindle y fue grabada durante la gira estadounidense que acabó con los Sex Pistols.

5. Anarchy in the UK. Sigue siendo el mejor tema de los Sex Pistols y uno de los mejores de todo el rock de los 70.

6. No One is Innocent. McLaren puso a Jones y Cook a buscar a Ronnie Biggs, el autor del robo al tren de Glasgow en su exilio brasileño, fichó a Biggs y lo puso a cantar con los ex Pistols, aunque la trasgresión se quedara en bufonada.

7. I Want Candy. Bow Bow Bow fue el primer intento de McLaren de hallar vida después de los Pistols, apostando por las percusiones africanas y mucha peluquería. Fue un fracaso.

8. Double Dutch. El segundo gran éxito de Duck Rock. En este caso McLaren cambió el Bronx por otro gueto y se anticipó tres años a Paul Simon a la hora de rapiñar de la riqueza musical de Soweto. El título hace referencia a un juego de saltar a la comba con dos cuerdas, acompañándose de música.

9. Ant Music. Adam and the Ants ha sido uno de los grupos prefabricados más fascinantes de la historia del pop. Aunque fueron tratados por la crítica como producto de usar y tirar, escucharlos hoy prueba que tenían ideas y buenas canciones. Jack Sparrow les plagió descaradamente el vestuario.

10. Madame Butterfly. Fans, el disco de adaptaciones de ópera al techno-pop que grabó McLaren en 1984 era ligeramente más digno que Luis Cobos y poco más que chill out resultón.

11. About Her. Adaptación del She's Not There de The Zombies con sampleados de St. Louis Blues recuperada por quentin tarantino para la banda sonora de Kill Bill vol. 2

12.Tantalise. Qué vió McLaren en aquel petrimetre llamado Jimmy The Hoover, un Rick Astley aún más cutre que el original, es un misterio, pero intentó lanzarlo a la fama y el chico se quedó en un merecido olvido. A no perderse el vídeo.

13. Who Killed Bambi. Hoy ve uno las pintas que se gastaban los Tenpole Tudor en Wunderbar y se pregunta cómo pudo gustarle aquella canción y aquellos tipejos que si no recuerdo mal llegué a ver actuar en Rockola. McLaren les fichó para interpretar el tema con el que simbolizaba la conversión de los Pistols y del punk en general en un juguete roto. Era el título previsto para la película, pero prevaleció el más sensacionalista de La gran estafa del Rock 'n' Roll.

miércoles, 7 de abril de 2010

Playlist nº 20: Hombres-lobo de Londres

No vayáis por el páramo



El hombre lobo de Joe Johnston, tan digna y bienintencionada como poco innovadora y torpemente escrita, cierra de momento la historia de la cinematografía licantrópica, las múltiples revisiones del monstruo más romántico de cuantos formaron la galería de los grandes filmes de terror que en los años treinta del siglo pasado llevaba la marca de Universal. Era el monstruo a su pesar, con doble identidad como Jekyll y Hyde y con el drama existencial la inútil búsqueda de la felicidad y las contradicciones que el cómic desarrolló en la figura del superhéroe.

El mito del lobisome ha dado lecturas bien diferentes: la triste y folletinesca de Lon Chaney Jr. en aquellos clásicos Universal, la sangrienta y erótica de Hammer y de Paul Naschy, el mito rural de Pedro Olea, la parodia de Abbott y Costello -con el propio Chaney-, Michael Landon o Michael J. Fox o la vacuidad hi-tech del enfrentamiento entre licántropos y vampiros de la saga Underworld, así como otras revisitaciones más o menos prescindibles como la que protagonizó Jack Nicholson. El mito del lobo humano tiene el componente añadido de estar directamente extraído de las supersticiones populares. En mi pueblo la figura del lobisome fue empleada por los contrabandistas para aterrorizar a la gente y encerrarla en sus casas evitando testigos molestos en la época del estraperlo.

Fue en los años ochenta cuando el cine rescató la imagen del hombre lobo como el último gran mito romántico, muy cercano al de La bella y la bestia y nos dejó las mejores muestras del subgénero. Fue con obras maestras como Aullidos, de Joe Dante o En compañía de Lobos de Neil Jordan. A punto de cumplir tres décadas brilla entre todas ellas una cinta de John Landis que cambió, para bien y para mal, el cine de terror moderno: Un hombre lobo americano en Londres. Comedias de terror ha habido muchas, pero en ninguna como ésta los momentos paródicos se integran con los de verdadero terror sin anularlos. Su extraordinario uso de los efectos visuales -de época predigital- y su tono tan sobrecogedor como desenfadado le valieron a Landis el encargo de realizar el archifamoso vídeo de Thriller para Michael Jackson.



De aquella mítica película han quedado frases y situaciones convertidas en citas recurrentes: la reacción de los parroquianos de La oveja degollada cuando unos extraños entran en su pub, el caos en Piccadilly Circus cuando el lobo ataca en el cine porno o la famosa advertencia: "Seguid siempre por la carretera, no vayáis por el páramo". Y la música. Landis recurrió a sólo cinco temas musicales, y tres de ellos eran versiones del Blue Moon de Rodgers & Hart, la arrolladora de The Marcels y las sentimentales de Sam Cooke y Bobby Vinton. Junto a ellas la inmensa Bad Moon Rising de Creedence... y el Moondance de Van Morrison. En este playlist están todas ellas junto a otros temas que podrían haber estado, particularmente una de las más grandes canciones de la historia del pop, Werewolves of London del inolvidable Warren Zevon -siento no haber encontrado la gran versión que Flamin Groovies grabaron de ella en 1979-. La más reciente es la tremenda Flesh Blood, tema central de Hombre Lobo, uno de los dos discos que Eels lleva editados en lo que llevamos de año. Y por favor, no me preguntéis por qué no está La Unión.





domingo, 4 de abril de 2010

Biodegradables

La Junta de Andalucía no permite a los licenciados en Ciencias Ambientales crear un Colegio Oficial, y éstos lo atribuyen a que un Gobierno que practica un ecologismo de boquilla prefiere no contar con unos profesionales que pueden resultar muy molestos si desacreditan una política ambiental, la de la propia Junta, a menudo equiparable a la de Paco el Pocero. Escama que los dos últimos consejeros de Medio Ambiente vengan de Huelva, la ciudad más contaminada de España.



Sólo el Prestige estuvo peor gestionado que Aznalcóllar. Y no se ha gestionado mejor el pequeño Aznalcóllar de Loja, los detergentes vertidos por la tuneladora del AVE, que sólo las incontestables revelaciones de Granada Hoy han rescatado del silencio que la Administración había impuesto, forzándola a tomar decisiones a golpe de titular aunque tres meses después de que el veneno llegara a los ríos. Cuando toque, empresas y Ministerio responderán por el daño causado, pero la gestión informativa del incidente ha estado en manos de botarates. Es difícil mentir de forma más burda que como lo han hecho el alcalde de Loja, el PSOE de Granada, ADIF, Dragados y el delegado de Medio Ambiente. Nos tomaron por bobos fabulando una campaña dirigida a impedir que los socialistas cumplan su promesa de traer el AVE a Granada. Imaginen, guardias civiles del Seprona, piscifactorías, pastores, el PP, Los Verdes y Lola Quero, la redactora que nos lo contó, compinchados en una conspiración que ni Pedro Jota habría soñado. Y las 72 cabras seguramente se suicidaron aguantando la respiración con tal de boicotear el AVE.

El medio ambiente, el patrimonio y la economía no valen siempre lo mismo para las administraciones socialistas. Hubo que rescatar hasta el último pedrusco de una plaza de toros que era pura bisutería arqueológica, pero si al paso del metro por Fuentenueva las tumbas romanas brotan a docenas como en la piscina de ‘Poltergeist’, es irrelevante; que el AVE –de nuevo el AVE- pueda arrasar los restos de Medina Elvira no es para preocuparse, y las playas de Motril se rellenan con arena de yacimientos arqueológicos; los niños no tendrán que construir castillos en la arena, los encontrarán hechos. Tras cruzarse en el camino de un vertido tóxico de interés general, las factorías de caviar dejan de ser puro I+D+I, y ya no las visitará Paco Cuenca.

Hay un profundo poso posfranquista en la apelación de todo un delegado de Medio Ambiente a que no seamos quisquillosos ni pongamos chinitas en el camino del AVE. Los hilillos de plastilina del Prestige asoman en el detergente biodegradable e inofensivo descrito por Miguel Castellano. Uno acaba deseando que los biodegradables sean estos políticos, que se desintegren en su propia ineficacia, que su recuerdo se disuelva y las cloacas lo lleven hasta el mar.