domingo, 14 de junio de 2009

Cines del Sur. Sección Oficial: Críticas en Granada Hoy



Geometría del Palet

Dernier maquis

(Adhen)
Francia / Argelia, 2008. 35 mm. Color. 93’
Dir: Rabah Ameur-Zaimeche

Guión: Rabah Ameur-Zaimeche, Louise Thermes

Int: Rabah Ameur-Zaimeche,
Abel Jafri, Sylvain Roume, Christian Milia-Darmezin


Es ésta una película construida a partir de una fascinación: La armonía geométrica de las torres de palets rojos apilados en un área industrial, la danza de esos palets transportados de un lado a otro por los obreros inmigrantes y por último los sonidos de la industria, marcando sus propios ritmos y cadencias. A partir de esa premisa estética Rabah Ameur-Zaimeche, director, protagonista y productor cuyas tres películas han tenido a la emigración como tema común, construye un film político poderoso aunque de discutible ritmo, y al mismo tiempo con fuerte carga espiritual.

Dernier maquis, que situaremos en cualquier suburbio industrial de Francia, nos habla del uso que hace un empresario de la religión, el Islam, como forma de controlar a sus trabajadores y disuadirlos de reivindicar sus derechos, pero al mismo tiempo fundar cierta fraternidad entre ellos. Pero veremos que por fuerte que sea la fe como mortero para unir y dominar al grupo, las leyes del capitalismo siempre son más fuertes que las de la religión, por la que el autor se muestra tan crítico como seducido. Mao, el personaje que interpreta el propio director provoca un cisma entre sus trabajadores cuando revela sus planes de despedir a muchos: los norteafricanos se organizan y se rebelan violentamente, los subsaharianos se sienten agradecidos por el trabajo otorgado y la mezquita que les ha construido el jefe; se retratan así dos generaciones de la emigración bien diferentes.

Las pegas hay que buscarlas en la escasa tensión interna de la narración y un ritmo cansino que se rompe con dos secuencias grotescas, la autocircuncisión del converso que aspira a ser imán y el enorme roedor atrapado en el taller, que parecen fugas de una trama que por momentos dejara de interesar a su autor. Cierto maniqueísmo en su discurso de lucha de clases tampoco le favorece. Las mayores virtudes residen en la textura de la película; te hipnotizan los movimientos internos de la explotación industrial, el trasiego de palets de un lado a otro, especialmente en la cautivadora escena nocturna del final, y te suenan a música los sonidos rítmicos del trabajo con el ruido de los aviones volando rasantes como diapasón.

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