martes, 16 de junio de 2009

Cines del Sur. Sección oficial. Críticas en Granada Hoy


Humo

Jailanur

(Zha Lai Nuo Er)

China 2008. Digi Beta. Color. 92´

Dirección y guión: Zhao Ye

Int: Liu Yuansheng, Li Zhihong



Nos lo han contado muchas veces: Actividad humana al filo de la extinción; viejo maestro cuya vida ha estado ligada ese trabajo y joven discípulo que se niega a separarse del maestro y de su industria, para él la misma cosa. Esta recurrente anécdota mueve la película en torno a un significado trascendente, el final de una forma de vida. Es el viaje del viejo Youxiang tras su jubilación para ver a su familia con el joven Zhizhong acompañándole contra su voluntad, eso es todo; junto a ello encontraremos una exaltación de la camaradería y la lealtad y un requiem por un mundo que desaparece. Lo que realmente interesa a Zhao Ye es el paisaje, primero el de una de las últimas minas de carbón a cielo abierto, con vetustas locomotoras de vapor transportando el mineral, y después las inmensas estepas bajo un sol crepuscular. Por encima de una historia quiere ser una película visual y de texturas; ahí estriban sus atractivos y sus graves carencias.

Las ruinas industriales, los trenes y el humo, sobre todo el humo –casi un personaje más- son los elementos con los que en la primera mitad del metraje Zhao Ye intenta fascinarnos, hay una constante ambición de monumentalidad que en la segunda parte, con los paisajes abiertos, se torna preciosismo. Colabora, y bastante, una ajustada y sugestiva partitura musical. El problema –¡y vaya problemón!- es que una obra basada en la fuerza de sus imágenes debe estar bien fotografiada, y no es el caso. A la pobreza de unas imágenes a ratos sobrexpuestas, oscuras o excesivamente contrastadas no colabora la grabación en vídeo de baja definición y hay tomas en las que casi no distinguimos nada. Y si una película renuncia en gran parte a su argumento a favor de las texturas las paletadas no pueden ser tan gruesas y torpes, porque, diluidos en su inanidad los personajes humanos, nos queda sólo el tercer personaje al que me refería: el humo.

Me dirán, con razón, que humo es justo lo que nos vende la mayor parte del cine que llega a las pantallas comerciales, y que el exceso de ambición de Jailanur no es incompatible con la modestia y la honestidad, que incluso se iba por buen camino a la hora de plasmar esas buenas intenciones en pantalla. Bien, pero ¿Son suficientes las buenas intenciones o debemos exigir que un producto cinematográfico esté a la altura de sus pretensiones?

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