lunes, 18 de abril de 2011

Rajoy


“A ver si se va el inútil de Zapatero y se recupera la confianza”, comentaba al borde de la piscina comunitaria un propietario de varios pisos que había comprado "como inversión” cuando la burbuja y que ahora se come con patatas. Anunciada ya la despedida del inútil aludido, pronto esa pequeña burguesía codiciosa y corta de miras llevará al poder a Mariano Rajoy; ellos y, claro, los errores y la traición del actual inquilino de la Moncloa, a cuyo partido no nos apetece nada salvar del naufragio.
Si este 22 de mayo el Partido Popular se adueña de ayuntamientos y autonomías, a partir de marzo de 2012 nos espera un poder hegemónico monocolor que hará palidecer la mayoría absoluta de José María Aznar. Vienen años oscuros de intereconomías, sotanas, magnates y desigualdades como hace mucho no conocíamos en este país de desiguales. O eso supongo, porque Rajoy, la esfinge de la calle Génova, no contesta a las preguntas que la sociedad se hace sobre él. No contesta ni a los periodistas. Su ambigüedad recuerda la cita de Groucho Marx: “Tengo unos principios, pero si no le gustan tengo otros”. Pero los problemas no se arreglan solos en lo que te dura un puro, y cuando en otoño quien fue su sostén y hoy es su forúnculo Francisco Camps se siente en el banquillo por corrupción, Mariano habrá de asumir la responsabilidad de permitir que el presidente valenciano y su cueva de Ali Babá sigan en política.

Parece que a Angela Merkel Rajoy sí le ha conta
do esos planes para la economía española que los españoles desconocemos y que no serían otra cosa que culminar la mayor contrarrevolución desde Metternich, cuyo trabajo sucio le ha hecho ya Zapatero, el último asalto al Estado del Bienestar. De su programa sólo suelta obviedades expresadas en tono solemne y en nombre de todos los españoles; esas soluciones al paro escritas en una letra que él mismo no entiende y frases lapidarias como “Hay que trabajar unas poquitas horas más o ganar un poquito menos”, dichas por alguien que gana 22 veces el salario mínimo y a quien el trabajo le luce muy poco. Con pedir elecciones anticipadas piensa que ya cumple.
De vez en cuando a alguno de los suyos se les escapa algún detalle del supuesto programa oculto: Varcárcel y el copago en Sanidad y Educación, Gallardón resucitando la Ley de Vagos y Maleantes,
Trillo recurriendo ante el Constitucional cualquier tímido avance social... El líder ni afirma ni desmiente; no es capaz ni de desautorizar las bufonadas del amigo de Gadafi, el que le puso donde está; ni rompe con la ruin ecuación de que el terrorismo da votos. Mariano Rajoy llegará al Gobierno cargando en las alforjas el peso de la corrupción y la financiación ilegal que otros soportaron al final de sus mandatos. Dice que él no hace las listas, que él “es un mandado”. El suyo será el triunfo de la mediocridad y la desgana.

1 comentario:

The Doll dijo...

Totalmente de acuerdo.
un saludo desde el norte